Margarito Martínez Esquivel y José Luis Gamboa, hoy mártires de una profesión comprometida
 
Por Jean Georges Almendras-18 de enero de 2022

Hace pocos días desde nuestra redacción escribíamos sobre el asesinato de dos periodistas en Haití, ahora nos toca relatarles a ustedes -casi con naturalidad dramática- que, otros dos trabajadores de la prensa fueron ultimados, pero en México. Se trata del fotoperiodista Margarito Martínez Esquivel, de 49 años, quien fue baleado en la puerta misma de su casa en el estado de Tijuana, y del director del medio digital "Inforegio”, José Luis Gamboa, apuñalado en el puerto de Veracruz. Nos vamos acostumbrando, no desde hace días, sino desde hace años, a estas novedades que nos dejan absortos y nos apretujan el corazón y el alma, porque ellos realizaban nuestro mismo trabajo, el de informar, solo que allá en México, nuestra profesión está abrazada (fagocitada, si se quiere) por el riesgo de morir en cualquier momento, al punto de que ya es norma del periodismo de aquellas latitudes, recalcar, en cada información de esta naturaleza, que ese es el país más letal del mundo para la prensa.

Sobrellevando nuestra conmoción, porque en el fuero más íntimo no puedo desdoblarme y ser indiferente a lo ocurrido con dos colegas que vivieron (en su tierra natal) el periodismo de denuncia con mi misma carga de pasión (la que tienen además mis compañeros de Antimafia sudamericana e italiana) es que me siento obligado desde mis entrañas a denunciar los hechos, con la sola idea de despertar a los colegas y no colegas que viven -cotidianamente- sumergidos en los submundos de la frivolidad y de la indiferencia. Sumergidos, en una pompa de jabón, inhalando, además, de las empresas periodísticas del establishment las luminarias de un sistema, dando espaldas a los problemas sociales y a las corrupciones, y a los abusos de poder, y a las muertes de periodistas de otros lares, con el solo cometido de no sufrir las consecuencias en su forma de vivir y en su vida, a diferencia de los periodistas libres, que no se dejan arrinconar ni condicionar por esos temores, por más que los padezcan, a su forma y muchas veces, en las soledades más inimaginables. Marcando bien estas diferencias me zambullo en la nada agradable tarea de describirles los hechos apelando a los despachos internacionales, los que rápidamente difundieron la infausta noticia, que en no pocas redacciones debe haber desatado indignaciones, llantos y rabia, mucha rabia.

Las informaciones que se extendieron por el mundo dieron cuenta que Margarito Martínez Esquivel fue emboscado en la entrada de su domicilio en Tijuana, Baja California, el pasado 17 del corriente mes. El colega trabajaba para diferentes medios mexicanos e internacionales, especializado en temas de seguridad, siendo en concreto, un periodista de la crónica policial, especialidad que me compete desde hace 30 años, razón por la cual, entonces, asimilar su deceso -por simbiosis a su desempeño diario- me resultó ser un trago más difícil de digerir.

Uno de los medios con los cuales colaboraba informó que el ataque se perpetró sobre las 13 horas y que cuando llegaron las autoridades policiales al lugar de los hechos comprobaron que el periodista presentaba una herida de bala a nivel del cráneo, trascendiendo, además, que días antes del atentado el colega había solicitado infructuosamente protección policial, seguramente porque debe haber recibido amenazas de muerte.

Haciendo la detestable estadística que nos impone el oficio, podemos decir que a tan solo 18 días de haber comenzado el 2022, ya estas dos víctimas comienzan la nómina trágica del año en curso, tomando en cuenta que en el pasado 2021, fueron nueve reporteros los que perdieron la vida en forma violenta, siempre en el marco de atentados relacionados estrechamente con el desempeño de la profesión. 

En cuanto al colega José Luis Gamboa, quien fue apuñalado a los diez días del mes de enero, en el puerto de Veracruz, se ha consignado que su cuerpo fue hallado en una calle del fraccionamiento Floresta, al sur del puerto de Veracruz. Sobre su persona se ha dicho que provenía de una muy respetada familia de periodistas de Veracruz, siendo su padre -Apolonio Gamboa- el fundador del diario La Noticia, del que José Luis fue su director. A todo esto, su hermano, Polo Gamboa, también fue un reconocido comunicador estatal. 

José Luis Gamboa había fundado en el 2003 una página de noticias semanales denominada Inforegio en la que se colgaban noticias y artículos de información nacional y política, como así también hechos de diferente tenor, y editoriales que eran muy bien recibidos a través de Twitter, y videos que se divulgaban por YouTube.

Colegas de José Luis Gamboa informaron a los periodistas locales que él desarrollaba una valiosa labor de investigación, con la característica de que compartía con sus lectores las supuestas conexiones entre el crimen organizado y los integrantes más selectos del sistema político del Estado de Veracruz. En alguna oportunidad Gamboa escribió: "La tragedia de México es que lo que está sometiendo al país por municipios es el narcotráfico, a la inversa de combatirlo, toda la estructura de poderes gubernamentales está vinculada en una gran asociación delictuosa”.

Algunas veces Gamboa era directo, llegando incluso a aludir al exgobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, y a sus familiares, personajes en su gran mayoría involucrados en las alcaldías de no pocos municipios de Veracruz.

Oportunamente, según lo difundido por medios locales, Gamboa escribió: "El Puerto de Veracruz tiene 35 años bajo el dominio del crimen internacional. El CJNG opera en la zona portuaria, donde se vinculan familias de poder político entre ellos los Yunes”.

"Desde el momento que la prensa mexicana exhibe o señala vínculos de actores políticos o empresariales con el narcotráfico, la autoridad debe proceder a la investigación, y sucede a la inversa, el Estado y sus instituciones investigan y persiguen al periodista, si es que antes no lo matan”.

¿Profético fue Gamboa? Fue más que profético. Aplicó sin tapujos ni medias tintas el sentido común y la lógica de los criminales. Y él personalmente, más tarde, lo sufrió en carne propia. Terrible verdad, con la que él tuvo que enfrentarse, al momento mismo de ser atacado. Terrible verdad con la que todos los trabajadores de la prensa mexicana deben convivir a diario en su tierra natal, hoy literalmente carcomida por la criminalidad, que no deja de mecerse, en las cunas de la incertidumbre y de la corrupción, cómodamente ubicadas, dentro de los nidos de víboras que resultan ser -la mayor de las veces- las “respetables” instituciones de los Estados mexicanos. 

Jan Albert Hoosten, representante del Comité de Protección de los Periodistas (CPJ, siglas en inglés) dijo al diario El País de Madrid que México es la única nación donde los niveles de violencia letales contra los periodistas no han cambiado, sino que se mantienen con los distintos gobiernos, agregando que "la violencia es una constante. Y la conclusión después de tres años de Gobierno de López Obrador es que no solo no ha podido resolver las decenas de asesinatos de periodistas, defensores y activistas, sino que ha hecho muy poco para prevenirlos”.

Un conteo global de estos ataques que pertenece a la organización CPJ, permite establecer que desde 1992 hasta finales del 2021, se han asesinado a 138 periodistas en México. Por su parte otra organización de México, defensora de la libertad de expresión, “Articulo 19” aportó cifras más estremecedoras: desde el 2000 a la fecha, se registraron un total de 145 asesinatos. 

Denuncias de corrupción, cifras estremecedoras de asesinatos, caos por doquier, corrupción, sicarios, impunidades, desprotecciones voluntarias, investigaciones que nunca se inician, y toda suerte de manipulaciones a diferente nivel (y niveles) hacen que la criminalidad sea la rectora y la más encubridora de todas las encubridoras, dentro de las filas estatales y de la Justicia y Fiscalía mexicanas, que en el embudo de su respectivo accionar, lo único que cosecha son ataúdes, sufrimientos y silencios, que se tejen a la vista de todos, con descaro increíble.

Aberraciones que se cometen desde tiendas gubernamentales y no gubernamentales, y que nosotros continuaremos denunciando desde nuestras páginas, porque nos es inherente a nosotros la sed de justicia y la no participación de la repulsiva omertá, que el periodismo complaciente y pacato ejerce, ya sea por miedo, ya sea por comodidad, o ya sea porque hace parte o usufructúa de las mieles de la criminalidad diseminada, allá en México o acá, más abajo, en nuestra América Latina, o la cuenca del Plata, donde el sistema criminal integrado, se viene devorando todo, sutilmente en algunos casos, y en otros burda y descaradamente, y el pueblo, como si tal cosa. O en la luna.

Los unos por cómodos, los otros por insensibles, u otros por estar involucrados, ni se inmutan, cuando las balas cercenan vidas de periodistas. Tal es el panorama. Vergonzoso panorama de nuestra comunidad humana. De nuestra familia periodística mundial, también.

Vergonzoso pero cierto. Muy cierto.

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*Foto de portada: El País de Madrid / Reuters

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