Jueves 23 Mayo 2024

La entrevista con el ex fiscal general de Palermo en La Repubblica

Vincenzo Agostino "me dijo una vez que 'las masacres de Capaci y via d'Amelio comenzaron en mi casa'. Fue una intuición profunda a la que llegó con el corazón y que nuestras investigaciones confirmaron". De hecho, "investigando el asesinato de Agostino (Nino, ndr) llegamos a relaciones estables entre algunos hombres de los servicios y los Madonia del barrio de Resuttana, una familia muy poderosa especializada en homicidios excelentes como los de Chinnici y dalla Chiesa, e involucrada en el ataque de Addaura, que Giovanni Falcone definió como orquestado por "mentes muy refinadas" que guiaron la acción de la mafia. Agostino se infiltra en este mundo y descubre la conexión entre mafiosos y hombres infieles de las instituciones que, cuando descubren su doble juego, deciden eliminarlo, junto con la esposa, porque ella conoce los secretos de su marido. En las investigaciones del caso de su hijo hemos tocado el fonco, lamentablemente inescrutable, de las relaciones entre las mafias y el Estado profundo de este país".

Así se expresó el ex fiscal general de Palermo y hoy senador Roberto Scarpinato en una entrevista concedida al diario La Repubblica sobre la muerte de Vincenzo Agostino, padre del policía Nino Agostino, asesinado junto con su esposa Ida Castelluccio el 5 de agosto de 1989.

Fue Scarpinato quien hizo reabrir las investigaciones en el 2015: el jefe Nino Madonia, condenado a cadena perpetua en ambas instancias, Gaetano Scotto, acusado como Madonia de ser el asesino de Agostino, y Francesco Paolo Rizzuto, entonces un joven amigo de la víctima que terminó en prisión, acusado de complicidad.

Durante el proceso en curso, la fiscal general de Palermo, Lia Sava, vinculó al ex agente de la Escuadra Móvil, Giovanni Aiello (a quien el propio Agostino identificó como "Cara de Monstruo") con el doble asesinato: "Creemos que la versatilidad de la figura de Giovanni Aiello está plenamente demostrada, así como su papel inequívoco de vínculo entre los servicios secretos desviados y las camarillas de tipo mafioso, en particular Cosa Nostra y 'Ndrangheta. Un papel inquietante y absolutamente central en la dinámica relacionada con el doble asesinato Agostino-Castelluccio, y otras cosas más. Y lo que evidentemente todavía suscita mucho miedo -debido a los secretos que su muerte dejó y que constituyen la esencia de los cables de altísima tensión- como lo demuestran ampliamente las vacilaciones y reticencias de algunos testigos interrogados ante este tribunal", afirmó la magistrada en la acusación del proceso, ahora en su fase final, que se desarrolla ante la Corte penal de Palermo (presidida por Sergio Gulotta, juez a latere Mónica Sammartino).

Scarpinato recordó que aquel terrible 5 de agosto de 1989 estuvo vinculado a las masacres de 1992: "Como en el caso de Via d'Amelio, se caracterizó por desvíos, obra del mismo grupo de policías dirigidos por Arnaldo La Barbera, que como ahora se sabe, estaban vinculados a los servicios. Para el asesinato de Agostino crearon una pista sentimental inexistente, del mismo modo que más tarde se creó la pista falsa de Scarantino para la investigación de la masacre de via d'Amelio. Los documentos que conservaba Agostino fueron destruidos, al igual que la agenda roja, y La Barbera intentó convencer a Scarantino de que se atribuyera el asesinato".

En cambio, respecto a la masacre de Capaci: "Frente a su ataúd -dice Scarpinato en La Repubblica- Giovanni Falcone le dijo al Comisario Montalbano 'este es un mensaje para usted y para mí'. Agostino había entrado en un gran juego, que tenía que ver con las investigaciones que Falcone llevaba a cabo sobre una serie de homicidios excelentes institucionales: Pio La Torre, Carlo Alberto dalla Chiesa, Piersanti Mattarella. En todos estos casos, Cosa Nostra proporcionó la mano de obra o el motivo encubierto, pero nunca se trató simplemente de un caso de asesinatos de la mafia. Cristiano Fioravanti, hermano de Valerio, condenado por la masacre de Bolonia, dio información precisa sobre el asesinato de Mattarella antes de echarse atrás".

Ante esto, el ex fiscal general expresó perplejidad: "La sensación -dijo- es que incluso con los ojos abiertos, persistimos en no ver. En primer lugar, porque la comunidad ha sido privada de las herramientas para hacerlo. Hemos sido testigos de una especie de infantilización de la historia de la temporada de masacres. Atribuir todo sólo a Totò Riina y sus seguidores, eludiendo el papel del Estado profundo, de la subversión negra, así como el peso del contexto internacional. Y la gente recuerda solo aquello que las clases dominantes quieren que recuerde.



*Fuente: palermo.repubblica.it
*Foto de Portada: © Paolo Bassani