Jueves 23 Mayo 2024

Su barba es el signo de su determinación de buscar verdad y justicia

Una barba tan larga como el sufrimiento de Vincenzo: 35 años de luto por un hijo asesinado por la mafia. Fue su rasgo distintivo el que nos hizo reconocerlo entre la multitud en manifestaciones y reuniones públicas. Se lo podía ver de lejos, con la barba blanca casi como un personaje de cuento de hadas, y una expresión que era capaz de transmitir ternura y ardor. Hoy queremos recordar a esa barba como un signo de la constancia de Vincenzo, de su determinación de buscar verdad y justicia para su hijo, su nuera y su nieto por nacer.

Era el 5 de agosto de 1989 cuando Nino Agostino, su esposa Ida Castelluccio y el bebé que llevaba en su seno fueron víctimas de una emboscada de la mafia. Inmediatamente hubo quienes intentaron contaminar las aguas y arrojar barro sobre la figura de Nino, policía de servicio en Palermo, involucrado en delicadas operaciones contra Cosa Nostra. Para Vincenzo, su esposa Augusta, sus hermanas y su hermano fue un dolor que se sumó al dolor: ignorar el motivo del asesinato y temer que el compromiso de encontrar a los culpables fuera anulado por el silencio y los desvíos de las investigaciones, incluso en el interior de esas mismas instituciones a las que Nino había servido valientemente.

En la desesperación, la voluntad compartida e inquebrantable de exigir la verdad -una verdad histórica y judicial- maduró como único homenaje posible a la muerte de Nino e Ida. Y es a esta voluntad a la que Vincenzo se aferró, junto con su familia, para evitar el naufragio. Colaborando personalmente en las investigaciones y ofreciendo testimonio decisivo sobre los hechos que dieron lugar al crimen. Con el paso de los años, su decisión de no cortarse la barba hasta recibir respuestas claras del Estado lo convirtió en una figura simbólica a los ojos de muchas otras personas en la misma situación. Agostino nunca faltó a las reuniones de los familiares de Libera y a las numerosas oportunidades de debate y sensibilización sobre el crimen organizado. Era posible encontrarse con él en cualquier parte de Italia donde hubiera un testimonio que dar, un estímulo, pero también una palabra de aliento para otros que sufrían como él.

Siempre franco al hablar, siempre generoso al participar, siempre inflexible al pedir cuentas a las instituciones por sus esfuerzos para combatir a las mafias y proteger a las víctimas. Se fue silenciosamente, justo cuando parecía que estaba muy cerca de su objetivo. No tuvo tiempo de afeitarse la barba, pero le llevará la noticia a su querida Augusta, fallecida hace cinco años, y en cuya tumba había escrito: "Aquí yace Augusta Schiera, madre del agente Antonino Agostino. Una madre que espera justicia incluso más allá de la muerte".

"Hoy, todos esperamos que esa larga e insoportable espera no haya sido en vano. En unas semanas finalizará el último de los juicios aún en curso por el crimen de Agostino, después de que ya se hayan dictado algunas sentencias".

"Nuestra despedida a Vincenzo se vuelve menos amarga al saber que el resultado buscado durante todos estos años finalmente está a nuestro alcance. Y desde el agradecimiento sentimos que, a través de su ejemplo, muchas otras personas y familias han encontrado la fuerza para transformar su memoria de sufrimiento en un compromiso de esperanza".

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*Tomado de: libera.it