Por Antimafia Dos Mil-6 de enero de 2022

La violencia, la corrupción y el narcotráfico en Uruguay han alcanzado niveles escandalosos. La situación es alarmante. Reflejo de esto es lo que sucede dentro del sistema penitenciario, donde se avecina una lucha por el poder y el control, “donde va a correr mucha sangre”. Esta es una de las reflexiones que nos dejaron el sociólogo Gustavo Leal y el periodista Antonio Ladra durante la presentación de sus libros 'Historia de sicarios en Uruguay', y 'Uruguay en la mira del narco', respectivamente.

El encuentro tuvo lugar el pasado 10 de diciembre, del 2021, en La libélula-Libros y café. Apenas dos días después, Marcio Portes, uno de los sicarios entrevistados por Leal, e integrante del Primer Comando Capital de Brasil (PCC), fue asesinado por su compañero de celda mientras cumplía condena en el ex Penal de Libertad. Un homicidio que engrosa la lista de muertos en las cárceles uruguayas que este año alcanzó cifras históricas.

El evento fue moderado por el psicólogo Richard Prieto y contó con la participación de Juan Raúl Ferreira, y de Roberto Bennett, uno de los conductores de Transformaciones, programa de Radio Sarandí que produce Nazarena Méndez, una de las organizadoras del evento.

Ferreira fue el primero en tomar la palabra. A raíz de la lectura del libro de Leal, consideró que el sicariato “es un fenómeno cultural”. “Cuando uno empieza a hurgar en la vida de cada uno de ellos (los sicarios, ndr), encuentra una gran frustración social, un problema de cultura, de educación”.

Además, destacó el hecho de que “sería un gravísimo error pensar que la marginalidad surge de los sectores más deprimidos”, puesto que el sicariato atraviesa la sociedad sin distinción de clases. En base a esta reflexión, Prieto presentó la primera pregunta a Leal, respecto de si es un producto del capitalismo.

“La violencia y el delito no es producto del capitalismo, tiene que ver con la condición humana”, contestó Leal, y recordó que el sicariato, con el propio nombre, fue instalado en el Imperio Romano: “Si uno piensa que el delito es producto del capitalismo, ahí viene la teoría de que con políticas sociales uno elimina el delito, y con mejor distribución. Eso es un profundo error”, destacó. “El contexto social y económico no son necesariamente origen en sí mismo”. Y sentenció: “La baja de la pobreza no va a descender el delito”.

El otro invitado a la presentación, el psicólogo Roberto Bennett, hizo su apreciación sobre el texto de Ladra. El narcotráfico es “una realidad que no tenemos ganas de ver que existe, y no tenemos ganas de ver lo difícil que es combatirla, porque no es solamente con más policía, con más armamento”. “Es un problema para todos”.

Luego llegó el momento de la intervención del periodista Antonio Ladra. El autor de ‘Uruguay en la mira del narco’, explicó que “en general los narcos se presentan ante la sociedad como si fueran empresarios que vienen a hacer inversiones”. “El poder que tienen es muy pero muy grande, desestabilizan Estados”, dijo.

También habló sobre la mafia, que actúa en nuestro país: “La ‘Ndrangheta, la mafia calabresa, la de (Rocco) Morabito, mueve en tareas ilegales, no solamente narcotráfico; hay tráfico de personas, tráfico de armas, todo lo que sea ilegal lo tienen (…), contrataciones con los gobiernos, coimas y todo eso. Mueven cinco veces el PBI de Uruguay, lo que generamos todos los uruguayos”.

Leal fue crítico con las políticas actuales para combatir estos crímenes, y se mostró alarmado por “las consecuencias culturales de la lógica narco. Hoy los códigos están empezando a cambiar, hay fenómenos de ese mundo que se profundizan cuando hay políticas equivocadas”. Para explicar sus comentarios, recordó la noticia de la instalación en Uruguay de un laboratorio de drogas sintéticas, lo que considera “un fracaso de la política de seguridad”.

“Lo que nos va a pasar en función de eso, es lo que le pasó a la ciudad de Rosario en Argentina. Estudien ese caso y eso es lo que se nos viene. La instalación del laboratorio cambia la ecuación económica del narcotráfico, diez a uno". “La aparición de los laboratorios es lo que instaló la guerra en Rosario”, insistió.

Y apuntó al gobierno actual: “Hay responsabilidades políticas, por haber desarticulado la Dirección Nacional de Drogas”. “Ahí se pierde el conocimiento acumulado del Estado”.

Bennett, por su parte, dijo que en nuestro país “hay una complicidad” con el lavado de dinero. ”La población de nuestro país tiene la culpa de que, si alguien viene con plata, con dólares, bienvenido sea y nadie pregunta de dónde vino”. También agregó: “No somos nabos, todos sabemos que hay mucho construido en Uruguay, y muchas propiedades, inversiones en técnica embrionaria -que era una tapadera-. Estoy seguro que muchos lo sabían, y que muy probablemente, autoridades locales lo sabían, se callaron la boca y miraron para otro lado”.

Desde Antimafia Dos Mil preguntamos a Leal si entre los estudios que realizó hay una tradición de formación de escuela de sicarios. A este punto, el autor dijo que en Uruguay “esa idea de que el sicario es un delincuente que ya superó una cantidad de escalones y hoy está en un punto alto de la estructura criminal, no es cierta” para todos los casos. “Hay sicarios muy amateurs”, “absolutamente novatos en el mundo del crimen, que no tienen antecedentes previos”, afirmó.

En Uruguay, dijo que hay dos grupos criminales “que tienen una estructura de formación, enrolamiento y capacitación de sicarios”.

Luego se enfocó en el problema del crimen en las cárceles. “Hoy en Uruguay estamos camino a un proceso de organización delictiva mucho más fuerte dentro de las cárceles, por la dinámica que está habiendo, porque esa organización delictiva se va a formar no por una lógica inicial de enfrentamiento con el Estado, sino con una lógica de supervivencia”.

“Los narcos, al igual que los violadores, eran gente muy mal vista en la cárcel, hasta que el narco se fue imponiendo desde el punto de vista del dinero, en la cárcel. Se fue imponiendo en el mundo criminal, y cambió la lógica”.

Leal recordó que este año hubo récord de homicidios, y que cinco días antes de la presentación de los libros en La Libélula, hubo un incendio donde fallecieron varios presos. “Ese tipo de cosas son el caldo de cultivo para que rápidamente uno tenga que pasar a un estadio de organización que hasta ahora no lo tenían, y que para tenerlo creo que va a correr mucha sangre”.

Resumiendo, los fenómenos del sicariato y del narcotráfico vienen permeando el entramado social uruguayo, y se han impuesto en los centros penitenciarios, donde las luchas de poder y dominio son cada vez más agresivas. Uruguay no está exento de los entramados de corrupción, y del cada vez más visible narcotráfico que impera en la región. Uruguay es lugar de tráfico de drogas, personas, de lavado de dinero, y de otros nichos de corrupción que, si no se trabaja fuertemente desde las instituciones en combatir, con políticas firmes y alianzas estratégicas, será un fenómeno cada vez más difícil de enfrentar.

Desde las páginas de Antimafia Dos Mil, en Sudamérica y en Antimafia Duemila, en Italia, todo este contexto de informaciones que aportan ambos libros, en su esencia, lo hemos venido anunciando, desde tiempo atrás.

En reiteradas oportunidades, en nuestros artículos hemos puntualizando, entre otros aspectos, que el narcotráfico -básicamente la criminalidad organizada- es uno -o quizás el único- de los males de la sociedad moderna, que con su sola presencia es generador de otros males que se relacionan estrechamente con la expansión del sicariato (en este caso, dentro de la sociedad uruguaya), con el crecimiento del delito en menor y mayor escala en las calles, con el deterioro en la convivencia carcelaria y mismo, en la administración carcelaria, que incluye muchas veces un alto índice de corrupción dentro del sistema carcelario especialmente en su rutina más íntima, alcanzado las corruptelas a filas de autoridades de alto rango o mandos medios (a propósito, no podemos ni olvidar, ni distanciar del narcotráfico internacional, por ejemplo, la fuga de Cárcel Central del mafioso italiano Rocco Morabito) o en las fuerzas de seguridad, sin olvidarnos, también, que estas modalidades criminales que mueven millones de euros, involucran también a personajes del sistema político, que no solo hacen parte de la criminalidad , sino que además -con sutileza admirable- son funcionales a un sistema criminal integrado, del que hace parte, por ejemplo, la organización mafiosa italiana la ‘Ndrangheta, la que además está en estrecho vínculo con grupos criminales de la frontera y de la región, y seguramente a personalidades de nivel gubernamental, judicial o de la fiscalía.

Ambos libros, seguramente ilustrarán al lector (que es ajeno absolutamente a estos temas) sobre realidades que hacen parte de nuestra realidad social e institucional (y del mundo), erosionadas por el tejido criminal de nuestros días, pero entendemos que no han profundizado convenientemente en las entrañas mismas de las problemáticas expuestas.

El libro de Ladra, especialmente, porque la problemática en sí, se reduce prolijamente en la sola recopilación casuística, donde las terminologías no dicen mucho, ni aclaran dudas, apelando a una narrativa, que, si bien se hace amena y cautivante (porque Ladra maneja muy bien el oficio de escribir) deja al lector sumido en grandes lagunas respecto a las muchas interrogantes que hay en torno a una temática, que, en nuestro país, ha tenido su punto caliente de rating, en las páginas policiales, de diarios y noticieros.

El libro de Leal, resulta ser más acertado, porque en cada una de las entrevistas (de neto corte técnico con impacto periodístico) visibiliza realidades que son ajenas al ciudadano común, que conoce del sicariato solo lo que se le aporta desde series televisivas, películas o publicaciones monotemáticas extranjeras, dentro del rubro, sin tener acceso a la figura real del sicario. En sus páginas el lector puede ampliar sus horizontes, pero debe saber que el sicario uruguayo, obviamente, no es la figura del sicario de Colombia o México, por ejemplo, porque ellos se inscriben (operan) dentro de otro contexto social, cultural y delictual, muy diferente al del Uruguay, y un poco más cercano al de Argentina (Rosario), Paraguay o Brasil. Nuestro país, en materia de sicariato, aún no ha llegado a esos temibles niveles de su práctica, en esos países, que, además, no son ni comparables con la realidad italiana, donde el sistema mafioso se maneja bajo otros parámetros, y tiene historiales más profusos y de vieja data. Y si bien, la Cosa Nostra, la Camorra, la Sacra Corona Unita y la ‘Ndrangheta, (los cuatro grupos mafiosos de la bota italiana) hoy por hoy, hacen parte de otra realidad y de otro pasado, mal que nos pese, su accionar, sus metodologías, sus alcances y su alto nivel de malignidad, constituyen un tema transnacional por naturaleza, de una vigencia increíble, de la que Uruguay no está exento. En materia de publicaciones sobre estas dos temáticas, aún queda mucho camino por recorrer.

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*Foto de portada: Antimafia Dos Mil

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