Por Saverio Lodato-18 de julio de 2022

La fuerte tentación, en este trigésimo aniversario de vía D'Amelio, fue la de no escribir una sola palabra. Por el riesgo de acabar succionado por el pozo negro del bla bla bla, de las banalidades de siempre, de los actos debidos por respeto al calendario, por la enésima palabrería retórica.

O, peor aún, para no caer en el estúpido carrusel del ajuste de cuentas entre quienes querían conclusiones procesales del asunto para su propio uso y consumo y quienes esperaban lo contrario.

Lo decimos de inmediato: nos bajamos del carrusel.

Pero, tenemos un replanteamiento de última hora.

Hoy queremos escribir sobre este trigésimo aniversario.

En las últimas semanas hemos devorado, literalmente, todo lo publicado sobre la masacre de Via D'Amelio.

Después de tres décadas y media docena de juicios celebrados en Caltanissetta, la lista de lo adquirido es, sin embargo, miserable. Y lo publicado en artículos, editoriales, resúmenes, reconstrucciones filmadas y biopics (parece que se dice así), podcasts (parece que también se dice así), o cold case (perdonen de nuevo, pero parece que se dice así), nos deja en las manos un puñado de bochornosas obviedades. Vamos a ver.

1) Después de Capaci, Paolo Borsellino entendió que había llegado su hora.

2) Borsellino, examinando la primera versión de la madeja asesina (Capaci), había vislumbrado la clave e iniciado su personalísima carrera contra el tiempo. Para entender todo lo que había que entender. O morir.

3) No por casualidad habló del "Judas" que había traicionado a Falcone; no por casualidad confirmó la veracidad de las páginas del diario de su amigo y colega Giovanni, que sobrevivió a las garras del Estado; no por casualidad se puso públicamente a disposición, en la biblioteca municipal, de los magistrados de Caltanissetta que, sin embargo, se cuidaron muy bien de interrogarlo.

4) Cuando llegó el explosivo para él, a su alrededor solo estuvo el frío institucional y, en particular, el de sus compañeros del Palacio de Justicia de Palermo.

5) El día de la masacre, la limpieza antiexplosivos fue suspendida en vía D'Amelio.

6) El día de la masacre, vía D'Amelio se convirtió en el lugar de reunión de todos los servicios secretos legales e ilegales.

7) La danza de la agenda roja, cuya existencia desde hace treinta años fue certificada por todos los familiares de Paolo Borsellino -un punto sobre el cual, a diferencia de muchas otras cosas, todos tienen idéntica opinión- fue incluso confirmada por imágenes de todo tipo. Salvo por un detalle: falta el destino final de la desaparecida agenda roja. Ese fotograma no está.

8) Por último, para complacer, está la figura de Vincenzo Scarantino, fabricante de despistes por cuenta de terceros. Nunca revelados de verdad. Y con representantes de las instituciones y algunos familiares que se han prendido en el juego.

Perdonen, pero son todas cosas que se saben desde hace décadas.

¿Es posible que no haya ni un rastro de noticia? Intentemos resumir todo en un despacho telegráfico.

Paolo Borsellino, que había comenzado a comprender por qué habían asesinado a Giovanni Falcone, tomó notas en su agenda roja. Cuando lo hicieron volar por los aires en vía D'Amelio -junto a Emanuela Loi, Walter Cosina, Vincenzo Li Muli, Claudio Traina y Agostino Catalano- alguien (¿solo uno?) de los servicios hizo desaparecer el documento comprometedor.

Finalmente, los directores y protagonistas de la masacre, subieron a Scarantino al escenario para que cayera el telón y cubriera todo.

Así fue. El hecho de que en Caltanissetta se celebraran media docena de juicios, con sentencias ejemplares para los ejecutores mafiosos, no cambió, ni una coma, nuestro grado de comprensión del turbio escenario de la masacre.

La propia anormalidad de lo sucedido nos dice que el Estado italiano fue un magna pars criminale en vía D'Amelio.

La limpieza fue suspendida. El explosivo pasó desapercibido. Nadie interrogó nunca a Paolo Borsellino. Su agenda quedó perdida en la nada.

Y el diabólico Vincenzo Scarantino, fue obligado al son de bofetadas y golpes, a prolongar indefinidamente (al menos dentro de lo posible) el trabajo sucio de ocultar la verdad.

Así es.

Ahora lo sabemos. Y tenemos las pruebas. Todas las que acabamos de enumerar.

Mantener la lupa eternamente fija en via d'Amelio es una forma de no ver o de no querer ver lo que hay al lado.

Veamos.

¡Oh Dios! Si hubiera alguien en estos días dispuesto a hacer "focus" (perdón: pero parece que se dice así) sobre la figura de Matteo Messina Denaro. Imposible de encontrar desde esos días. Pero quién, según la avalancha de arrepentidos, policías y carabineros, sabe mucho de esa masacre, pero mucho, mucho.

¿Es normal que no lo encuentren?

¿Y por qué Europa no nos pide que lo encontremos?

¿El primer ministro Draghi y la ministra Cartabia alguna vez pronunciaron su nombre?

Y seguimos.

¡Oh Dios! Si hubiese alguien, en estos días, dispuesto a aventurar una atrevida conexión entre la reforma de justicia de Cartabia, en cuanto a las disposiciones relativas a los detenidos mafiosos, y los deseos del alma buena de Totò Riina en cuanto a la cadena perpetua y la cárcel dura.

O ¿cómo se debe interpretar la genialidad de Carlo Renoldi, el nuevo titular del DAP (Departamento de Administración Penitenciaria), quien admitió que el 41 bis se va a convertir en una puerta giratoria, no solo para las delegaciones políticas, sino también para las asociaciones sensibles al tema?

Y el tema podrá ser tratado libremente, como si fuese materia de un talk show, pero sin el límite de los espacios publicitarios.

Pero volvamos a Borsellino.

Los jueces antimafia, los más serios que tenemos, han dicho y repetido en todos los sentidos que Borsellino murió por la Tratativa entre el Estado-Mafia y la Mafia-Estado.

Porque no la aceptaba. Porque se opuso. Porque se interpuso en el camino. Pero el proceso prácticamente sigue en pie y no sabemos cómo va a terminar.

Y estaremos momentáneamente satisfechos cuando podamos conocer (cuándo será) los fundamentos de la sentencia de segunda instancia de la Corte de Apelaciones de Palermo - presidida por Angelo Pellino, con Vittorio Anania como juez a latere - quien por la Tratativa Estado- mafia condenó a los mafiosos, pero absolvió a los miembros de las instituciones, con los carabineros a la cabeza.

¡Ah! Nos olvidábamos. 

Como escribieron algunos diarios en estos días: Paolo Borsellino "fue solo al encuentro de la muerte".

Ya está. Contentémonos con esto, treinta años después.

PD: En verdad, habría un nuevo elemento de investigación. Es el de una posible "pista negra", adelantada por el programa Report de Rai 3. Y se ha levantado un avispero debido a la hipótesis de la presencia en Palermo, en los días de la masacre de Capaci, preludio de la de Via D'Amelio, de Stefano Delle Chiaie, criminal fascista, ya fallecido. Roberto Scarpinato, fiscal gereral retirado, confirmó que habría rastros de esa presencia en documentos judiciales. Pero el abogado Fabio Trizzino, defensor de los hijos de Paolo Borsellino, declaró, más o menos, que considera a esta historia como "otro desvío".

Paolo Borsellino -es bien sabido- había sido fascista. Y a menudo bromeábamos sobre esto. Ello no le impidió -y sería superfluo subrayarlo- ser el gran magistrado antimafia que todos sabemos. Parece correcto, en nuestra opinión personal, investigar en todas las direcciones. Después de todo, son los magistrados quienes llevan a cabo las investigaciones.

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*Foto de portada: reelaboración gráfica de Paolo Bassani

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