Por Saverio Lodato-08 de abril de 2021

A Giuseppe Conte nunca se le perdonó no provenir del ámbito tradicional de la política italiana. Abogado hecho por las suyas, surgió de lugares demasiado desconocidos para ser confiable, dotado de una elocuencia propia que no formaba parte de la casi secular tradición de hablar mucho y no decir nada, Conte, en cambio, logró el milagro de hacerse entender, hablando claro a todos los italianos.

Se dirá que se encontró en la silla en un momento dramático. En una temporada de gran emergencia sanitaria, con hileras de ataúdes y hospitales colapsando. Lo cual acalló el egoísmo, en nombre de un nuevo espíritu colectivo que llenaba los balcones italianos, solo que esta vez no era en una final mundialista.

Se dirá -en síntesis- que se hizo fuerte de medio de una terrible tragedia para ser el Hombre Solo al mando. Será.

Nosotros pensamos exactamente lo contrario. Agua pasada, historia antigua. Hablemos del hoy.

Hoy, con apresurados lugares comunes, se suele decir que el actual, presidido por Mario Draghi, sería el gobierno de los mejores.

Para nosotros, un gobierno es mejor que otro cuando hace lo que promete, cuanto más resiste la tentación de la retórica. Pero este, da la casualidad, es un gobierno nacido bajo la bandera de la retórica.

Con la apoteosis de Super Mario que habría derrotado al abogadillo de provincia en un santiamén.

Algunos ejemplos.

Nada en contra de la figura de excelencia del general del ejército, Francesco Paolo Figliuolo, puesto al frente de la campaña de vacunación. No lo conocemos y él también necesitará tiempo para darse a conocer mejor y hacer su trabajo.

Pero no nos gusta -y aquí empieza la retórica- su andar en ropa militar, con la pluma de la infantería alpina, cuando en realidad nos gustaría mucho más que alcanzara los objetivos diarios proclamados por el gobierno de Draghi, que en cambio no se cumplen. Y, hay que decirlo, no es responsabilidad del general. Hablamos del número de vacunas realizadas.

Si Conte hubiera fijado el listón en medio millón de italianos al día y se hubiera logrado menos de la mitad del objetivo ¿qué trato habría recibido de las empresas de comentaristas de televisión?

Agradecimos que nuestro jefe de Estado, Sergio Mattarella, esperara su turno para vacunarse, pero nos parece que los periódicos esparcieron retórica con ambas manos alrededor del episodio.

El problema no es que los italianos quieran vacunarse diciendo: "Me manda Picone", sin hacer la cola, sino que son recalcitrantes porque las dosis no existen, y las de la vacuna disponibles al momento fueron amablemente devueltas al remitente, precisamente porque son de una vacuna demasiado hablada.

Conte ¿habría dicho una palabra definitiva sobre AstraZeneca? Sí, con toda probabilidad. Ahora todo parece estar en el limbo. La opinión pública parece desorientada.

Anticipamos la objeción.

El de hoy es el gobierno del silencio, de los hechos, no de las palabras. Ya escribimos sobre eso en esta columna.

Salvini habla demasiado. Y Draghi habla muy poco. El juego no funciona.

El ministro Speranza se ha convertido en el blanco privilegiado de Salvini que lo ataca a diario. Speranza, que no lleva traje de camuflaje alpino y plumas, es sin embargo el ministro de guerra de un gobierno en guerra. ¿No merecería unas palabras de solidaridad del jefe de su propio gobierno?

A todo esto se agrega un auténtico misterio: ¿qué pasó con las famosas cuentas que Italia tenía que preparar -y no a partir de ahora- para el Plan de Recuperación?

¿Alguien puede decirnos en qué lugar estamos? El verdadero misterio es que los diarios y la televisión ya no hablan de eso. Ni una palabra. Tanto el gobierno como la oposición guardan silencio.

Deben admitir que suena extraño.

Finalmente, las manifestaciones en las calles de estos días. Son una mala señal.

Salir del paso echándole la culpa al habitual Salvini no es la salida correcta. Alguien debe hablar en voz alta con los restaurantes y vendedores ambulantes, ya que estas son las categorías que más sufren. Sin ningún tipo de indulgencia para el habitual puñado de alborotadores que buscan un enfrentamiento con los agentes de la Policía Estatal.

Para concluir.

Durante los meses del segundo gobierno de Conte hubo un aire de participación colectiva, se sentía vibrar -y que la elección del verbo no parezca excesiva- una voluntad cercana a un propósito común; hoy, con este gobierno, parecen prevalecer las incertidumbres, los interrogantes, los nuevos miedos y los amargos resentimientos.

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*Foto de portada: originales © Imagoeconomica

*Reelaboración gráfica de Paolo Bassani

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