Pero sin lucha contra la mafia

Por Giorgio Bongiovanni-8 de abril de 2021

Enrico Letta y Giuseppe Conte. He aquí las dos caras "nuevas" en las cuales a la política que alguna vez "fue" de centroizquierda le gustaría confiar en el futuro. Hasta que se demuestre lo contrario son dos buenas personas, sobre todo si se las compara con muchos otros políticos y politicastros que han deshonrado los escaños del Parlamento con sus acciones.

Dos figuras sobre las que se intenta reconstruir y reformar partidos y movimientos, quizás para convertirse en el futuro en una mayoría de gobierno en oposición a una nefasta centroderecha que encarna todos los disvalores fascistas y xenófobos.

Enrico Letta, ahora secretario del Partido Demócrata, es una persona honesta y equilibrada. Entre el 2013 y el 2014 fue presidente del Consejo de Ministros, uno de los pocos que, en el ejercicio de sus funciones, expresó su "profunda solidaridad" con magistrados como Nino Di Matteo y el ex magistrado Pietro Grasso, tras las amenazas (según Di Matteo, en realidad era una sentencia de muerte, "Te convertiré en atún, un buen atún", ndr), expresadas en ese momento en la prisión Ópera de Milán por el Jefe de Jefes, Totò Riina. Una orden de muerte que venía de otros círculos ("Doctor, los autores intelectuales para usted son los mismos que para el Doctor Borsellino", informó el colaborador de justicia Vito Galatolo, que se encargó de comprar los 150 kilos de TNT) y que fue transmitida a las familias de Palermo por el super fugitivo y actual jefe de Cosa Nostra, Matteo Messina Denaro.

Casualmente, casi un mes después, el 13 de febrero del 2014, perdió el apoyo partidario por una moción de Matteo Renzi presentada ante la dirección nacional del Partido Demócrata. Una acción que lo indujo a acudir al Quirinal para presentar su renuncia irrevocable.

La otra "cara nueva" es la de Giuseppe Conte, investido in pectore con la tarea de renovar a un Movimiento Cinco Estrellas en crisis. La fortaleza de Conte se basa en la experiencia vivida como Primer Ministro con dos formaciones de gobierno de naturaleza diferente entre sí (una amarillo-verde con la Liga como socio y otra amarillo-roja con el Partido Demócrata como primer interlocutor). En el último año debió enfrentar uno de los desafíos más difíciles de la historia reciente, debido a la emergencia sanitaria mundial sin precedentes que está poniendo a prueba la estabilidad social y económica del país.

Y, desde este punto de vista, es indudablemente digno de elogio el esfuerzo realizado, con excelentes resultados en lo que refiere a la credibilidad europea, hasta el punto de obtener garantías para el acceso a los fondos propios en clave de relanzamiento post Covid-19.

Dicho esto, sin embargo, y analizando los discursos más recientes, no podemos dejar de advertir su grave silencio sobre el principal problema de nuestro país, inmediatamente después de la pandemia: la presencia de las mafias en todo el territorio.

Un silencio grave sobre todo en este momento en el que la lucha contra la mafia corre el riesgo de ser socavada desde su base con propuestas indignas que podrían llevar a la liberación de los jefes de las masacres y otros criminales, incluso los más irreductibles, los que guardan parte de los secretos de esos terribles crímenes.

Se sabe que la Corte Constitucional deberá pronunciarse en los próximos días sobre la posible concesión de la libertad condicional a un mafioso, condenado a cadena perpetua bajo el régimen duro del 41 bis, que quiere acceder a la libertad condicional sin colaborar con la justicia. Un tema del que se habla desde hace algún tiempo, ya que la CEDH (Corte Europea de Derechos Humanos) se pronunció en forma miope sobre el punto y fue seguida, en el 2019, por la misma Consulta que declaró la ilegitimidad del artículo 4 bis, abriendo, de hecho, la posibilidad a los condenados a cadena perpetua bajo el régimen duro de que accedan a permisos premio durante su detención sin la limitación de la colaboración.

De hecho, desde el mundo de la política no ha habido ningún levantamiento de escudos para defender aquellas leyes concebidas por Giovanni Falcone y que fueron introducidas en el ordenamiento a raíz de su muerte y de la del juez Paolo Borsellino.

Solo desde algunos miembros de la magistratura y de algunos familiares de las víctimas de la mafia se lanzó un grito de alarma y protesta, no solo por lo que podría suceder, sino también contra esa innoble e infame postura de los abogados del Estado, que es una clara expresión de la voluntad del Gobierno.

En lugar de defender las leyes vigentes sobre la cadena perpetua obstativa, se dio una señal de apertura, descargando la responsabilidad de determinadas decisiones en los jueces individuales de los tribunales de vigilancia (experimento ya fallido con las liberaciones entre marzo y mayo del 2020 por el tema Covid) que deberán evaluar caso por caso. Una posibilidad que hace revolver en sus tumbas a Giovanni Falcone y a Paolo Borsellino.

Lo hemos hablado varias veces y hemos destacado la gravedad de determinadas medidas, en el caso de que la Consulta adopte una decisión en ese sentido. También le escribimos una carta abierta al Jefe de Estado, Sergio Mattarella, a su vez familiar de una víctima de la mafia, pidiéndole una intervención que podría ser determinante en estos temas.

La cadena perpetua, el artículo 41 bis y la ley de arrepentidos fueron algunos de los puntos del papel de Totò Riina en la época de las masacres de los años noventa. Veintinueve años después, podría darse definitivamente la espalda a la lucha contra la mafia y el sistema criminal.

Enrico Letta y Giuseppe Conte deberían conocer la fuerza de las mafias debido a los miles de millones provenientes del tráfico de estupefacientes y de los negocios de la obra pública.

Deberían pedir una lucha implacable contra el tráfico internacional de drogas, en el que la 'Ndrangheta tiene el monopolio del tráfico de cocaína en el mundo occidental. Solo en las últimas semanas, tanto en Europa como en Uruguay, se han producido ingentes incautaciones de cargamentos de droga (estamos hablando de toneladas) destinada a los "mercados" de la Unión Europea.

Volúmenes de negocios gigantescos, cada vez mayores si se mira al mundo de las finanzas y a esos miles de millones gestionados por brokers y que están listos para ser reinvertidos en los circuitos legales. En este sentido, conviene recordar lo que surgió del informe de la Escuadra Móvil de Reggio Calabria adjunta al proceso contra los clanes de Sant'Eufemia d'Aspromonte y resultante de la operación "Eyphemos". En ese documento se destaca que los hombres de la 'Ndrangheta, la Camorra y Cosa Nostra querían blanquear 136 mil millones de euros gracias a la ayuda de un corredor de bolsa, Roberto Recordare, investigado por asociación mafiosa y blanqueo de capitales. Un sujeto capaz, según él mismo (captado en las escuchas telefónicas), de girar fondos por 500 mil millones de euros.

Sin embargo, de esto no se habla en los escritorios de la política.

Nadie denuncia la escandalosa fuga de Matteo Messina Denaro, quien junto a los hermanos Giuseppe y Filippo Graviano, a Leoluca Bagarella y a los Madonia de Palermo, son los verdaderos líderes de Cosa Nostra en la actualidad. El jefe de Trapani es buscado desde 1993 y es el último de los asesinos de las masacres que sigue prófugo.

Según afirman varios magistrados e investigadores que intentaron encontrarlo y detenerlo, goza de una protección del más alto nivel, incluso institucional. Y gobierno tras gobierno no se hace nada en este sentido.

Así como nadie pide la extradición de hombres como Amedeo Matacena Jr, condenado en forma definitiva en el 2013 a cinco años y cuatro meses de reclusión por concurso externo en asociación mafiosa, por haberse probado su cercanía al clan de los Rosmini, perteneciente a la 'Ndrangheta, y actualmente prófugo en Dubai, Emiratos Árabes Unidos.

Nadie, excepto unos pocos especialistas, denuncia la evasión del jefe de la 'Ndrangheta, Rocco Morabito, fugitivo entre Uruguay y Brasil. En el 2017 estuvo encerrado en una prisión de Uruguay. A pesar de la solicitud de extradición, entre un retraso burocrático y el otro, el mismo hombre logró escapar de forma sensacional en junio del 2019.

Hay quienes hablan del "fin de la emergencia mafiosa" cuando las investigaciones demuestran continuamente la falta de veracidad de determinadas declaraciones.

En el operativo de este lunes, el más reciente en Palermo, se puso de manifiesto que los jefes más peligrosos que son liberados después de haber cumplido sus condenas, vuelven a ocupar los mismos puestos de poder dentro de las familias criminales. Este fue el caso de Giuseppe Calvaruso, el jefe de Pagliarelli, que fue detenido después de pasar un largo período en Brasil.

Pero se prefiere mirar hacia otra parte.

Se prefiere decir que hoy las mafias ya no realizan masacres y atentados, olvidando que todavía hoy magistrados como Nino Di Matteo (condenado a muerte por Riina y Matteo Messina Denaro), Giuseppe Lombardo, Nicola Gratteri, Pierpaolo Bruni y muchos otros, que arriesgan sus vidas todos los días.

Y se olvida, por otra parte, el peor de todos los ataques, el que se realiza a nuestra democracia.

Enrico Letta y Giuseppe Conte deberían comprometerse y trabajar para asegurar que todos los actos y documentos sobre las muchas (demasiadas) masacres, los desvíos y los crímenes que aún esperan una verdad completa, sean desclasificados.

Deberían saber que la lucha por la libertad y la democracia en el país pasa por la búsqueda de la verdad sobre los autores intelectuales externos y las tratativas entre el Estado y la mafia.

En la agenda política la lucha contra la mafia desaparece continuamente, o queda muy relegada (el gobierno de Conte le dio el puesto 13). Mirando al futuro, no es posible ser optimista.

Enrico Letta se refirió a ello con un "susurro". También Conte dio alguna señal. ("El respeto a la legalidad, en particular para luchar, no solo contra la mafia, las muchas mafias, sino también contra las organizaciones criminales, contra la corrupción, también significa combatir los ingresos parasitarios de quienes drenan indebidamente los recursos de toda la sociedad. Y por lo tanto significa defender los derechos de todos los ciudadanos honestos"). Pero las señales y los susurros no bastan. Se necesitan hechos.

Y los hechos dicen que en ciertos niveles se ha engañado a los votantes y a los ciudadanos honestos.

El primer patrocinador del dos veces Premier, consciente del abismo en el que había caído el Movimiento, fue Beppe Grillo, un traidor a los principios cardinales de Cinco Estrellas.

Porque esta es la única forma de definir la ruinosa elección hecha por el M5S para formar parte de un gobierno que hoy, además del Partido Demócrata, tiene como aliados a la Liga del Norte, a Italia Viva y, sobre todo, a Forza Italia, este último fundado por un hombre de la mafia como Marcello Dell'Utri (condenado con sentencia firme por el delito de concurso externo en asociación mafiosa y en primera instancia en el juicio de la Tratativa Estado-mafia, ndr) y cuyo líder, Silvio Berlusconi, es un sujeto que le pagaba a la mafia.

Hoy, tanto Berlusconi como Dell'Utri se encuentran bajo investigación como instigadores o autores intelectuales externos de las masacres, pero nadie se escandaliza.

Esperábamos que Conte hiciera un discurso diferente con su propuesta de renovación. Una propuesta para volver a los orígenes del Movimiento, pero quizás no debería sorprendernos. Por otra parte, en el pasado ya había insinuado ciertas líneas de pensamiento, teniendo en cuenta el apoyo brindado al engañoso exministro de Justicia, Alfonso Bonafede, a pesar del caso de la excarcelación de los jefes mafiosos, el fallido nombramiento de Di Matteo en el DAP, la elección de Basentini al frente del Departamento de Administración Penitenciaria, y todo lo que sucedió después de que los jefes encarcelados protestaran precisamente porque no querían a Di Matteo al frente del DAP.

Después de todo, el Gattopardo decía que "todo cambia para que nada cambie". Y mientras los "nuevos líderes" no hablen de la lucha contra la mafia y el sistema criminal, cualquier idea de una gran reforma para el país y para la democracia no será más que una gran farsa.

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*Foto de portada: © Imagoeconomica

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