La protesta de Ida Bonfiglio, Luana Ilardo y Sonia Bongiovanni

Por AMDuemila-12 de enero de 2021

Tenemos una desesperada necesidad de tantos lugares para la memoria, esparcidos por toda Italia, vinculados entre sí como las sinapsis que crean conocimiento y conciencia, una memoria colectiva indeleble de lo que ha sido para que nunca más vuelva a suceder.

Y mientras con dificultad avanzamos y contra el viento gritamos nuestra resistencia, se nos ocurre leer estos comentarios que, ¡atención! Provienen de ciudadanos honestos y rectos, gente buena y muy normal:

"¡Horrible! Un parque destinado a ser un lugar lúdico, recreativo y asociativo no debería llevar el nombre de una joven víctima de tan terrible violencia, LO CONSIDERO INFELIZ".

"...un parque de recreo debe llevar un nombre de alegría, no recordar una gran tristeza".

"...¿qué sentido tiene representar, desde siempre, a Sicilia como un pueblo mafioso?".

"…distraer a la gente por motivos triviales no tiene gracia. La historia no es de una villa".

"Cuánta mierda".

"Qué tristeza".

“¿Pero por qué este niño? ¡No pertenece a este lugar! ¡Ahí estaba Carmelo Quagliata!".

"Ya hay una placa en San Giuseppe Jato".

"¡Pero si aquí ni siquiera hay una calle Falcone y Borsellino!".

Estas palabras y muchas otras, muy amargas y corrosivas como el más poderoso de los ácidos, son el nuevo "barril" ​​en el que se intenta disolver, una vez más, al pequeño Giuseppe Di Matteo.

El olor acre toma la garganta y la aprieta, las lágrimas asoman a los ojos.

Una Administración Municipal que acepta dedicar un parque a Giuseppe Di Matteo es un soplo de aire puro y fresco, una esperanza para nosotros que, desesperados, luchamos con nuestros pobres medios contra un monstruo enorme y poderoso. Rezamos, vociferamos, peleamos, gritamos "mátennos a todos" pero no maten a nuestros jueces, hacemos memoria de todas las formas, recordamos en todos los sentidos, hablamos con todos, especialmente con los niños y los más pequeños para que todos sepan QUÉ ES LA MAFIA, para poder reconocerla y negarle el derecho a existir.

"Si los jóvenes no le dan su consentimiento, hasta la omnipotente y misteriosa mafia se desvanecerá como una pesadilla", dijo Paolo Borsellino, y estas palabras son sagradas para nosotros, porque comprendemos su poder y esperanza.

Ciudadanos y jóvenes entusiasmados con la elección del nombre de Giuseppe Di Matteo para el parque de Calatabiano, alivian su amargura, dan esperanza y luego sí, ciertamente hay opiniones diferentes, y cada una debe ser respetada incluso cuando no se comparte; es la sal de la democracia y uno de los cimientos de las sacrosantas libertades de cada uno de nosotros, pero...

Pero la política, sus maniobras y conveniencias, las pequeñas miserias y los resentimientos locales, son una cosa, el respeto a la memoria de los que murieron a manos de la mafia es otra, sobre todo si eran niños.

Asistimos atónitos y disgustados a la continua utilización y a las pasarelas de los lugares y de los nombres de nuestros mártires, al saqueo y a la exaltación de tal o cual nombre útil para algo o a la negación de su derecho a ser recordados.

Nauseabundas fotos de oportunidad o declaraciones de una miseria sin igual que nos llueven de todas partes.

Y luego, en nuestro pequeño mundo, sucede que el nombre de un gran Papa se contrapone instrumentalmente al de un pobre niño nacido en una familia de mafiosos y asesinado por la mafia misma, después de 779 días de cautiverio, encadenado y en un agujero subterráneo.

O comparado y sopesado, teniendo la peor parte, con otro pequeño mártir inocente, pero en este caso de la furia nazi en retirada. También tenemos jerarquías en el martirologio, los muertos, aunque aparentemente inocentes, no son todos iguales.

No me importa la política del país donde vivo, nunca me ha interesado, pero no puedo permitir que la memoria de este niño se vuelva a ofender.

¿De cuántos otros modos y maneras debe ser borrado Giuseppe Di Matteo de la faz de la tierra?

Pregunté públicamente, pero no recibo respuestas. Me gustaría que me explicaran, argumentando, tal vez no como comadres de Facebook y sin crear un gallinero o fomentar enojos como se usa últimamente, por qué el Parque Municipal no debería ser llamado, como dice el decreto de S.E. el Prefecto de Catania, Giuseppe Di Matteo, y por qué en ciertos ambientes se sigue llamándolo "dedicado" al Papa Juan Pablo II, el mismo que excomulgó a los mafiosos.

"Dedicado", como las canciones de la radio de hace muchos años...

"El nombre de Giuseppe Di Matteo debería estar presente en cada pueblo y ciudad, cada niño debería pensar en él al menos una vez en su vida, mientras juega feliz y libre, con el viento en el pelo y el sol en la cara, con la certeza de que no habrá ninguno más. Nunca podrán encerrarlo en un agujero repugnante, matarlo y disolverlo en ácido.

Al menos una vez deberían pensar en él, y odiar y despreciar a la mafia con todas sus fuerzas, en todos sus aspectos y formas.

Al menos una vez deberían sentir un nudo en la garganta y las lágrimas quemando sus ojos mientras piensan en Giuseppe Di Matteo, o nuestro país nunca podrá liberarse de este pulpo inmundo que lo oprime".

Sería bueno que alguien, con dignidad y respeto, pudiera inclinar la cabeza delante de Giuseppe, de Giuseppe, no de los vivos, para decirle: "Me siento pequeño por lo que te han hecho. Nunca te olvidaremos, vivirás de alguna manera aquí, con nosotros, en nuestro Parque, en un pueblo donde nunca has estado, finalmente libre" (Ida Bofiglio).

Luana Ilardo

"Una vez más nos encontramos ante un episodio de deshonra social ante el cual no se puede permanecer indiferente. Saber que hay personas que no encuentran justo un acto de solidaridad con un pobre ángel inocente caído en una despiadada guerra mafiosa, deja tristeza en el alma y en el corazón.

La única "culpa" de Giuseppe Di Matteo fue ser hijo del inframundo criminal, la única culpa de Giuseppe Di Matteo es haber nacido en la familia equivocada.

Quien puede, mejor que yo, conocer esta sensación que aún hoy, a pesar de mi compromiso activo con la legalidad, llevo esa "marca" que nunca pedí tener y nada hice para merecerlo, siendo solo una víctima de una cultura vulgar que no permite a un individuo ser catalogado como ciudadano honrado solo porque sus padres se equivocaron.

Siempre hablamos de legalidad, predicamos disociaciones para tener ejemplos concretos de que se puede cambiar, que se puede tomar distancia de los entornos criminales, de las mismas familias a las que pertenecemos, pero luego nos encontramos con una mentalidad intolerante que, a pesar de las sonrisas de circunstancias hechas en presencia, necesita solo unos segundos para relegarnos a ese mundo que nunca hemos pedido ni elegido, sino que por el contrario pagamos a un altísimo precio.

Creo que es realmente descorazonador e injusto tener aún que contextualizar al pobre Giuseppe Di Matteo en tales ambientes, identificarlo todavía con la etiqueta mafiosa, porque el pobre Giuseppe, en primera persona, nunca hizo nada contra la ley y la justicia, sino que solo ha pagado un muy alto precio por una vida y una familia a la que nunca le preguntó el origen y la procedencia.

Su vida fue sacrificada como el más digno de los mártires, porque 779 días de lúcido y consciente infierno y la indigna muerte que denigró para siempre su cuerpo esbelto e indefenso de niño, es difícil desearla incluso al peor de los enemigos.

Invito a cualquiera que tenga objeciones a un parque infantil ofrecido a su memoria a reflexionar y pensar detenidamente sobre esta negación expresa, especialmente antes de ir a la iglesia el domingo por la mañana a darse palmadas en el pecho, en vez de disculparse con el buen Dios por haber madurado dentro de sí, tales pensamientos.

No se puede invitar a nadie a una disociación familiar de contextos criminales y malvivientes si, en cualquier caso, ese peso y esa marca nunca le será quitada de los hombros, sin ofrecerle una vida digna y respeto social, ni se puede acusar de participación o asociación mafiosa a un inocente de trece años.

Nunca cambiaremos un sistema y una cultura mafiosos, si no cambiamos primero desde el interior de nuestras casas, de nosotros mismos y de nuestra forma de pensar".

Sonia Bongiovanni y Our Voice

"Como directora y en nombre de todos los jóvenes activistas del movimiento OUR VOICE, agradezco al Intendente de Calatabiano por haber aceptado la solicitud hecha por Ida Bonfiglio de ponerle el nombre del pequeño Giuseppe Di Matteo a un parque infantil de la ciudad.

El pequeño Giuseppe Di Matteo era solo un niño. Fue asesinado brutal e inhumanamente por la crueldad de la mafia, pero también por el silencio, la indiferencia y la complicidad de una parte de las instituciones de nuestro Estado.

Todo esto es inadmisible. Hoy, frente a las palabras de muchos ciudadanos que se han opuesto a esta ofrenda a su memoria, afirmando que se trata del "hijo de un mafioso", solo siento mucha vergüenza.

Son declaraciones vergonzosas de un pueblo que confunde a los culpables con las víctimas y que no exige justicia a los verdaderos responsables. La muerte de un solo niño en el mundo debería alterar nuestras vidas y, en cambio, el pequeño Giuseppe Di Matteo parece no ser lo suficientemente digno de ser recordado".

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*Imagen de portada: reelaboración gráfica de Paolo Bassani

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