Foto-4-Nino-3195NO SE PUEDE FINGIR QUE SE RECUERDA A PAOLO BORSELLINO CUANDO EN LOS HECHOS SE TRAICIONAN SUS IDEAS”
Ponencia en Via D'Amelio de Nino Di Matteo 19 de Julio de 2014
Tomar la palabra hoy, en este lugar y a la misma hora del atentado de hace veintidós años para mi es un gran honor y una gran responsabilidad de la que no he querido eximirme con la conciencia absoluta de que las conmemoraciones de hoy tendrán un sentido únicamente si están apoyadas por el compromiso, por la pasión civil, por el coraje que tendremos que demostrar a partir de mañana. No he querido eximirme de la profunda emoción que vivo en este momento porque antes que nada siento la necesidad de agradecer, como ciudadano, a aquellos ciudadanos que, como muchos de vosotros, siguen dando el cotidiano testimonio de estar enamorados de la Justicia, de la Democracia, de la Constitución, de nuestro País. Por ello, reconociendo en Paolo Borsellino la encarnación de esos sentimientos de amor y libertad, intentan conservar y transmitir la memoria.

Es por este motivo que quieren ser un escudo de los sacrosantos valores en contra de los muchos que incluso hoy, incluso en las Instituciones y en la Política, siguen pisoteándolos y ofendiéndolos con la arrogancia de los prepotentes y de los impunes. Quiero agradecer a los muchos ciudadanos que, con la sencillez y espontaneidad de sus expresiones de solidaridad, han sabido reconocer a quienes aún luchan por la verdad, demostrando que quieren protegerlos no solo de las insidias de la violencia mafiosa sino primero que nada del muro de goma de la indiferencia institucional, del peligro de ese tipo de deslegitimación y aislamiento que se nutre, hoy como ayer, de silencios culpables, insinuaciones malvadas, obstáculos y trampas constante y hábilmente predispuestos para frenar esa necesidad de verdad que se ha reducido a un patrimonio de pocos. De aquellos pocos que todavía no se han ahogado en el pantano del conformismo, de la vida tranquila, del oportunismo más avieso, cada vez más a menudo disfrazado de la conveniencia política.

Estoy aquí para deciros que tenéis el sacrosanto derecho a seguir pretendiendo toda la verdad sobre el atentado en Via D’Amelio y nosotros, los magistrados, tenemos el deber ético y moral de seguir buscándola incluso en los momentos, como el que estamos viviendo, en los que nos damos cuenta de cuánto cuesta ese camino, cada vez más, lágrimas y sangre para quienes no tienen miedo de recorrerlo incluso cuando les toca atravesar el laberinto del poder.

Pero para seguir buscando la verdad es primordial, con gran honestidad intelectual, respetar la verdad y jamás tener miedo de declamarla incluso cuando eso pueda parecer algo no popular o no conveniente.

03Nino-Di-Matteo-en-Via-D-AmelioPaolo Borsellino nos ha enseñado que jamás tenemos que temerle a la verdad. Entonces no tenemos que tener miedo a recordar que muchos por ignorancia, superficialidad o por un interés instrumentalizado afirman y repiten que los procesos judiciales que se han celebrado en Caltanissetta sobre el atentado de Via D’Amelio de hecho no han llevado a nada. Ignoran o fingen ignorar que veintidos personas han sido condenadas definitivamente por concurso ideal en atentado; ignoran, o fingen ignorar que precísamente ese trabajo de muchos magistrados ha permitido que ya en aquel entonces a la luz los muchos y concretos elementos que hoy nos llevan a considerar que el atentado de Via D’Amelio no fue simplemente un atentado mafioso y que seguramente el móvil no estaba relacionado exclusivamente con una venganza mafiosa en contra del Juez.
Tenemos que aprender el respeto a la verdad y el valor de su afirmación a toda costa.

No es cierto lo que todos afirman indistintamente y que reivindican falsamente sobre la voluntad de hacer plena luz sobre los atentados. La realidad es otra. Esta comprensión se ha reducido a un patrimonio de pocos servidores del Estado, a menudo aislados y mirados mal.
Gracias al avance de nuestras investigaciones hemos sabido que muchos, incluso dentro de las instituciones, saben pero siguen prefiriendo el silencio, seguros de que ese silencio, esa verdadera ley del silencio de Estado, seguirá, exactamente como ha ocurrido hasta ahora, pagando, con la evolución de espléndidas carreras y con posiciones de cada vez más poder, adquiridas precisamente por el mérito de haber callado, cuando incluso, gracias al miserable chantaje de quien sabe y utiliza lo que sabe para doblegar a las Instituciones para que respondan a sus exigencias.
Tenemos que tener siempre el valor de respetar la verdad y de gritar nuestra rabia porque todavía en nuestro País el camino de la liberación de la Mafia se ha quedado a la mitad del vado.

Incisivo, eficaz, justamente riguroso en la lucha contra los niveles operativos más bajos (los de la mano de obra mafiosa); temeroso, incierto, con las armas despuntadas en contra de esos fenómenos, cada vez más graves y difundidos, de penetración mafiosa en las Instituciones, en la Política y en la Economía. Hacia la peligrosa difusión de la mentalidad mafiosa que inevitablemente se entrelaza con una corrupción generalizada que, solo en palabras, se dice que se la quiere combatir, mientras que aún hoy en los hechos se asegura una sustancial impunidad a los ladrones, a los corruptos, a quienes causan el hambre del pueblo.

No se puede recordar a Paolo Borsellino y permanecer en silencio ante lo que está ocurriendo en nuestro País y que representa la enésima mortificación de esos valores para tutelar los cuales el Juez Borsellino fue serenamente al encuentro de su destino, con la gallardía y dignidad de un hombre que siempre mantuvo su espalda recta. No se puede recordar a Paolo Borsellino y asistir en silencio a todos los intentos en curso (desde la reforma ya dictada por el Ordenamiento Judicial y la que están próximas a salir sobre la responsabilidad civil de los Jueces, hasta la jerarquización de las Fiscalías incluso a través de cada vez más numerosas y discutibles tomas de posición del Consejo Superior de la Magistratura), finalizadas a reducir la independencia de la Magistratura a una vacía enunciación formal con el objetivo de comprimir y anular la autonomía del Fiscal y el concepto de poder difundido principalmente en lo que se refiere a los representantes de la Fiscalía. No se puede asistir en silencio al ya evidente intento de transformar al Juez Instructor en un simple burócrata sometido inexorablemente a la voluntad, o incluso al arbitrio, de su jefe; de esos Directores de los Despachos que son nombrados cada vez más a menudo por un C.S.M. que corre el riesgo de ser aplastado y condicionado en sus decisiones de autogobierno según las pretensiones de diferentes corrientes y políticas así como por indicaciones cada vez más opresoras de su Presidente.
No se puede fingir que se commemora a Paolo Borsellino cuando en los hechos se traicionan sus ideas y sus sentimientos; su concepto, alto y noble, de la autonomía del Magistrado como garantía de libertad e igualdad para todos. Poco antes de ser asesinado, cuando participó en una reunión con estudiantes en la que habló sobre el antiguo problema de las relaciones entre mafia y política, el Juez Borsellino estigmatizaba la arraigada praxis de la clase política de protegerse, para justificar la falta de activación de los mecanismos necesarios de responsabilidad política, detrás del cómodo biombo de la espera de la definitiva verificación judicial, es decir a la espera del paso a cosa juzgada de las sentencias penales.

Hoy, a distancia de veintidos años de esas tristes reflexiones de Paolo Borsellino, algo ha cambiado, pero claramente no para mejor. En una sentencia definitiva de la Corte de Casación ha quedado comprobado que un partido político, que llegó a ser una fuerza de Gobierno en 1994, poco antes había contado entre sus ideólogos y fundadores con un sujeto que desde hacía mucho tiempo era connivente con los exponentes de la cumbre de Cosa Nostra y que desde hacía muchos años oficiaba de intermediario consciente de sus relaciones con el empresario milanés que desde el pricinpio fue el principal exponente. Hoy este exponente político (después de haber sido condenado a su vez por otros delitos graves) discute, con el Presidente del Consejo actual sobre la reforma de la ley Electoral y de esa Constitución a la que Paolo Borsellino había jurado fidelidad y que respetó hasta su último respiro.

Es necesario que no perdamos la capacidad de indignarnos y encontrar, cada uno en su rol y respetando siempre las reglas, la fuerza de reaccionar. Todos tenemos el deber de evitar que, incluso después de su muerte, Paolo Borsellino padezca la injuria de ver pisoteado su sueño de Justicia. Ese maravilloso ideal que compartía con Giovanni Falcone, Emanuela Loi, Agostino Catalano, Vincenzo Li Muli, Walter Eddie Cosina, Claudio Traina, y muchos otros justos. Esos justos cuya memoria no merece engaños, simulaciones, actitudes de cobardía disfrazadas de prudencia institucional. Han muerto porque en ese entonces nosotros no fuimos lo suficientemente vivos, no estábamos atentos, no nos escandalizábamos ante la injusticia, nos conformábamos con la hipocresía civil, padecíamos ese yugo de las mediaciones y de los acuerdos que incluso hoy enrarece el aire de nuestro País y obstaculiza el trabajo de quienes pretenden saber toda la verdad. Nosotros seguiremos luchando, con humildad pero también con tenacidad y determinación. Lo haremos en las aulas de la Justicia y, por lo que está a nuestro alcance, interviniendo en el debate público para denunciar los graves y concretos riesgos que pesan sobre la independencia de la Magistratura y, por lo tanto, sobre el principio de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Lo haremos manteniendo siempre en nuestro corazón el ejemplo de nuestros muertos, guiados exclusivamente por la voluntad de aplicar los principios de nuestra Constitución y con la mirada fija en la meta de la verdad, conscientes de que solo la búsqueda de la verdad puede legitimar nuestras conmemoraciones de quienes han muerto después de haber luchado una batalla justa.
Nino Di Matteo
Foto © Paolo Bassani

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