Jueves 23 Mayo 2024

Mentes locas quieren llevarnos al holocausto final

Escribo este editorial para demostrar una vez más que las "mentes locas" y los jefes de Estado están conduciendo a la humanidad a la tercera guerra mundial nuclear. Leí, analicé y estudié a fondo el magistral artículo escrito esta mañana por Barbara Spinelli en las páginas de Il Fatto Quotidiano ("Quién mató la paz en 12 meses de guerra"). Spinelli, una de las escritoras y periodistas más importantes de la historia de nuestro país, explica de manera pragmática, relatando hechos y documentos, las verdaderas razones de la guerra en curso entre Rusia y Ucrania con la participación de gran parte de Occidente a través del envío de armas al frente ucraniano. Sin embargo, antes de entrar en más análisis, me gustaría reiterar nuevamente como si fuera un mantra, aunque sea obvio, que hay un invasor (Rusia) y un invadido (Ucrania). Una premisa, por desgracia, necesaria para no ser acusado de ser "filo Putin" o similar. Dicho esto, Spinelli explica en detalle las verdaderas razones de esta enésima guerra planteando al lector cinco sencillas preguntas que ella misma intenta responder. En resumen, el análisis de la escritora demuestra que todo Occidente, principalmente la UE (Unión Europea), ha perdido su identidad al postrarse ante los dictados de los Estados Unidos de América. "Quién mató la paz en 12 meses de guerra" muestra que a lo largo del tiempo ha habido diversas provocaciones que han llevado a Rusia a invadir Ucrania (y afirmar esto no significa defender a Putin).

Por otra parte, recientemente han trascendido declaraciones del secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, que anulan las posibilidades de que Ucrania recupere Crimea, anexionada por Rusia en el 2014. De hecho, en una entrevista con un grupo de expertos, el portavoz estadounidense dijo que tal intento cruzaría "una línea roja" para el presidente ruso Vladimir Putin y podría desencadenar "una respuesta impredecible" de Moscú. Palabras similares a las pronunciadas por el secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, cuando en las últimas semanas afirmó que Ucrania "ha perdido Crimea para siempre". La noticia fue reportada por algunos medios ucranianos, según los cuales Pompeo lo habría dicho en su visita a Kiev, la semana pasada. Una declaración que subraya indiscutiblemente que sobre el futuro de Crimea pesa mucho la suerte de una guerra nuclear.

Volviendo a Spinelli, la escritora finalmente demuestra que tras la llegada de la OTAN a la frontera con Rusia, y después de que esta última advirtiera varias veces (en vano) a la UE, Estados Unidos e Inglaterra, la crisis en la frontera ruso-ucraniana ha tomado la peor ruta. Por tanto, esta es una guerra que fue provocada, como nos adelantó que ocurriría en tiempos insospechados el fallecido periodista Giulietto Chiesa, con pruebas y documentos en mano, en una entrevista realizada el 11 de mayo del 2019 y que fue vista en nuestra web TV por más de 1,2 millones de personas. Lean las preguntas de Spinelli y háganse preguntas también ustedes. Finalmente, lean mi editorial porque la guerra nuclear está a solo unos segundos de distancia.

El Reloj del Juicio Final se ha adelantado 90 segundos desde la medianoche. Estamos prácticamente a un paso de la catástrofe global. Es la valoración del Boletín de los Científicos Atómicos (BAS), organismo que anualmente toma el pulso a los peligros de un holocausto nuclear, entre otros, que en 1947 creó esta forma de indicar el nivel de la amenaza. Un análisis que tiene en cuenta el Covid-19 y la crisis climática, pero también la guerra en Ucrania que expone cada vez más a toda la humanidad a una catástrofe nuclear. Como explicó Rachel Bronson, número uno del BAS, "vivimos en un período de peligro sin precedentes, y el Reloj del Apocalipsis ('Doomsday Clock', ndr) refleja esta realidad". El Armagedón que se aproxima se debe "en gran parte, pero no solo, a la invasión de Ucrania por parte de Rusia y al creciente riesgo de una escalada nuclear", dicen los científicos. Estamos de acuerdo con algunos políticos, activistas e intelectuales italianos, como Alessandro Di Battista y Alessandro Orsini, quienes, aunque en ámbitos diferentes, continúan subrayando que la humanidad se dirige cada vez más hacia una catástrofe nuclear. Sin mencionar al Papa Francisco, que inmediatamente reconoció el peor escenario detrás de la agresión rusa a Ucrania al invitar a la humanidad a crear una mesa diplomática. ¿No se dan cuenta los locos belicistas de las industrias de guerra, como Raytheon y Lockheed Martin de EE. UU., de que estamos a un paso del Armagedón nuclear, como también nos ha recordado repetidamente el presidente de EE.UU., Joe Biden? ¿Cómo se puede ignorar esta evidencia?

Estamos a punto de presenciar la tercera fase de esta guerra, probablemente la más sangrienta y devastadora: será una batalla de múltiples dominios que involucrará infantería mecanizada, artillería, aviación y posiblemente incursiones marítimas para superar las posiciones enemigas. Un escenario que Europa no veía desde la Segunda Guerra Mundial. Como si nada pasara, el Bloque Occidental ha enviado grandes cantidades de tanques al frente. Los actores son Inglaterra, Estados Unidos, Polonia, Suecia y Alemania (con más de cien Leopard). En el tablero, detrás de las filas de la OTAN, también está Italia, que recientemente confirmó el envío de un nuevo suministro de armas a Kiev. Podríamos definirlas como armas "no ofensivas", que por ello suelen ser de poca utilidad para el éxito del conflicto. Sin embargo, al no poder regresar a Italia, terminan en manos de mafias locales que, a su vez, los venden en el mercado negro. Como han recordado en reiteradas ocasiones tanto el fiscal jefe de Catanzaro, Nicola Gratteri, como el profesor Antonio Nicaso, "la 'Ndrangheta, como todas las mafias, especula y se enriquece con las desgracias ajenas. Hoy en día, las organizaciones mafiosas como la 'Ndrangheta buscan constantemente nuevos mercados. Y, pensando en el fin del conflicto ruso-ucraniano, sueñan con hurgar entre los escombros de la guerra en curso como tantos chacales". Es un negocio enorme, de un valor incalculable. "Armamento aeronáutico, armas químicas, misiles y armas de fuego, antiaéreas, antitanques, y armas nucleares. Y también, minas, misiles, lanzallamas, lanzagranadas, explosivos, aviones de combate, bombarderos y tanques. Para las mafias constituyen el negocio más lucrativo después de las drogas. Obviamente, ya hay quien piensa en el después. ¿Qué pasará con todas las armas utilizadas hasta ahora en Ucrania? ¿Alimentarán otras guerras, como las de Liberia, Sierra Leona, Angola y Congo? Nadie lo sabe. Muchos, sin embargo, recuerdan lo que sucedió en la ex Yugoslavia, cuando muchas de las armas utilizadas en aquel sangriento conflicto se vendían a precios de saldo, junto con el plástico producido en los territorios otrora dominados por el general Tito. Cada familia descubrió que tenía Kalashnikovs y explosivos en su arsenal. Los adquirentes fueron los clanes albaneses y serbio-montenegrinos, que luego los revendieron a la 'Ndrangheta y la Camorra".

Además, el escenario se ve agravado por el escándalo de corrupción que golpeó al gobierno de Kiev y que llevó, entre otras cosas, a la destitución del viceministro de Infraestructura y Desarrollo Comunitario, Vasyl Lozynskiy (arrestado y acusado de haber recibido un soborno de 400 mil dólares) obligando al presidente Vlodymyr Zelensky a anunciar la reorganización de funcionarios de alto nivel, tanto en ministerios como en otras estructuras del gobierno central. Lamentablemente, sin embargo, a diferencia de Italia, donde la circunstancia agravante de la mafia no se esconde necesariamente detrás de un fenómeno de corrupción, este no es el caso en Ucrania. La mafia allí, al no prever una afiliación, se basa en conductas delictivas como, precisamente, la corrupción.

Volviendo a la guerra, el nivel de tensión es cada vez mayor. Si estalla una Tercera Guerra Mundial, será también culpa de nuestro país que, al seguir enviando paquetes de armas y garantizando el apoyo técnico/logístico a la Alianza Atlántica, se está convirtiendo en un país cobeligerante en un conflicto de poder entre los Estados Unidos (OTAN) y la Federación Rusa. Según nuestro ministro de Defensa, Guido Crosetto, expresidente de AIAD, el mayor lobby armamentista de nuestro país, "la Tercera Guerra Mundial comenzaría cuando los tanques rusos llegaran a Kiev y a las fronteras de la Unión Europea: quien diga algo diferente no conoce la realidad. Evitar que esto suceda es la única forma de detener la Tercera Guerra Mundial". Una evaluación demasiado simplista. El fin de la humanidad será decretada si el ejército ucraniano se pone en condiciones no solo de defenderse adecuadamente (como es su derecho) sino de poder atacar, cuando no invadir, a la Federación Rusa. El Kremlin reaccionará con una ofensiva nunca antes lanzada. Desde "Iván el Terrible" hasta hoy, pasando por los zares y el imperio de la URSS, la historia enseña que Rusia no está acostumbrada a perder. Como dijo el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvedev, recordando al mundo el poder de Rusia, "nuestro país derrotó a Napoleón y a Hitler".

Por lo tanto, urge iniciar una negociación de paz entre Rusia y Ucrania. Recientemente, incluso el exsecretario de Estado Henry Kissinger (otro belicista), de 99 años, dijo en el Consejo de Relaciones Exteriores que "debemos evitar la escalada nuclear (de Rusia, ndr). Podríamos vencerla incluso en ese escenario, pero la naturaleza de las relaciones internacionales y de todo el sistema mundial quedaría patas arriba. La diplomacia debe volver a la acción". En todo esto, el gobierno italiano debería decidir, de una vez por todas, tomar las riendas de la mediación diplomática que siempre lo ha distinguido a los ojos de la comunidad internacional. Un papel delicado, hoy relegado a manos de países borderline como la Hungría de Orban o la Turquía de Erdogan.

En la incertidumbre del futuro, lo cierto es que a un año del inicio de un conflicto que muchos esperaban llevaría a una rápida victoria rusa, los dos bandos sobre el terreno contabilizan más de 100.000 víctimas entre muertos y heridos, según las estimaciones, y se han sumergido en una guerra de desgaste que, por el momento, no ofrece ninguna señal de salida. Como decía el fallecido Gino Strada "toda guerra tiene una constante: el 90% de las víctimas son civiles, gente que nunca ha empuñado un arma. Que ni siquiera sabe por qué una bomba les da en la cabeza. Las guerras las declaran los ricos y los poderosos, que luego envían a los hijos de los pobres a morir". Y el informe de guerra de Ucrania es prueba de ello. Esperamos que la comunidad internacional, Italia en primer lugar, se dé cuenta de ello, también porque la cuenta atrás que nos separa de la escalada nuclear podría terminar antes de lo esperado.

(P.S).

Según lo informado por la Arms Control Association, el número estimado de armas nucleares en el mundo supera las 13 mil unidades (enero de 2022). El 90% de estas armas están en manos de Rusia (más de 6.000) y Estados Unidos de América (más de 5.500). Como demuestra la simulación difundida por el Instituto Noruego del Nobel sobre las dramáticas consecuencias de un ataque nuclear, el lanzamiento de una bomba atómica de 800 kilotones (una ojiva nuclear ampliamente disponible en los arsenales de las superpotencias mundiales) sobre una metrópoli de 4 millones de habitantes (como Los Ángeles o Berlín) provocaría "una bola de fuego tan caliente como el sol" que "se expandiría en un radio de 800 metros. Cualquier cosa en esta área sería vaporizada. En un radio de 2 km, todos los edificios serían destruidos". Habría por lo menos 120.000 muertos. Dentro de un radio de 11 km de la explosión, la radiación provocaría quemaduras de tercer grado en las personas, mientras que las ondas de choque provocarían el derrumbe de muchos edificios. En general, se puede estimar que al menos 500.000 personas morirían en un radio de 2 a 11 km del lugar donde cayó la bomba. Más allá de los 11 km, en cambio, la explosión podría causar hasta 100.000 muertos de forma inmediata. En la práctica, una masacre. En segundo lugar, sin embargo, la simulación de Princeton de una guerra entre Rusia y Estados Unidos con el uso de armas nucleares, basada en la dotación nuclear real y los objetivos militares de las respectivas naciones, predice que en pocas horas podría haber 34,1 millones de muertos y 55,9 millones de heridos. sin contar las bajas relacionadas con los efectos de las armas nucleares tras las explosiones.

Imagen de portada: diseño gráfico de Paolo Bassani

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