Martes 21 Mayo 2024

Bergoglio celebra 10 años de pontificado y denuncia a pedófilos y jefes mafiosos:

"Matan al futuro, no hay lugar para ellos en la Iglesia"

"¿Qué me hizo sufrir más? La corrupción. No estoy hablando solo de corrupción económica, dentro y fuera del Vaticano, estoy hablando de corrupción del corazón. La corrupción es un escándalo". Así se expresó el Papa Francisco en una entrevista con Il Fatto Quotidiano en vísperas del décimo aniversario de su pontificado (fue elegido el 13 de marzo de 2013).

"En Nápoles, en el 2015, dije que apesta. Sí, apesta", dijo Bergoglio, refiriéndose nuevamente a la corrupción. "La corrupción pudre el alma. Debemos saber diferenciar al pecado, de la corrupción. ¡Todos somos pecadores, todos! Incluso el Papa se confiesa cada quince días. Pero no debemos deslizarnos del pecado a la corrupción. ¡Nunca! En la Iglesia, como en la política y en la sociedad en general, debemos advertir siempre contra el grave peligro de la corrupción. Es muy difícil que un corrupto regrese: un soborno hoy, un soborno mañana". Por eso, explicó el Papa, "los mafiosos están excomulgados. Tienen dinero ensangrentado en sus manos. Hacen negocios con armas y drogas. Matan a los jóvenes y a la sociedad. Matan al futuro. Tenemos que ser claros: ¡no hay lugar para mafiosos en la Iglesia!", advirtió Francisco, recordando a los beatos Pino Puglisi y Rosario Livatino que "no pactaron con la mafia y, por lo tanto, pagaron con sus vidas".

Luego el Papa Francisco habló sobre los abusos y escándalos de pedofilia dentro de la Iglesia.

"Benedicto XVI tuvo el gran mérito de denunciar públicamente este gran escándalo cuando aún era cardenal", dijo. "Todos recordamos sus palabras: '¡Cuánta inmundicia hay en la Iglesia, y precisamente entre aquellos que, en el sacerdocio, deberían pertenecerle completamente!'. No sólo tuvo el gran coraje de denunciar esto cuando aún no se hablaba tanto, cuando aún no se tenía plena conciencia de esta abominación, sino que, tanto como cardenal y luego como Papa, luchó con todas sus fuerzas contra el silencio y el encubrimiento que durante décadas han envuelto a quienes han cometido abusos en la Iglesia. Yo solo seguí el camino trazado por él", dijo. "En este punto debemos ser muy claros: si se detecta un solo caso de abuso en la Iglesia, que en sí mismo representa una monstruosidad, este caso siempre será tratado con la mayor seriedad".

Luego, el jefe de la Iglesia habló de la histórica cumbre mundial sobre la pedofilia del clero en febrero del 2019 y de todas las reformas que se derivaron de ella.

"Algo me sorprendió mucho en esa cumbre. Les pedí a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo que prepararan el encuentro escuchando a las víctimas. Muchos de ellos me dijeron que nunca antes habían escuchado a las víctimas y que lloraron junto con ellas: el don de las lágrimas. Creo que este ha sido el cambio de mentalidad más importante y radical de la Iglesia para hacer frente a los abusos: siempre se debe escuchar a las víctimas", expresó. "Para un pastor es fundamental. Benedicto XVI había comenzado a escuchar a las víctimas durante sus viajes internacionales. El compartir del pastor: tenemos que empezar desde ahí. No hay lugar en la Iglesia para alguien que cometa este pecado abominable contra Dios y contra el hombre. Pero la pedofilia también es un delito que la justicia debe castigar. Encubrir el abuso es una práctica común. No debemos olvidar que el 40 por ciento de los casos de maltrato se dan en la familia y en el barrio y todo eso se encubre. Fue una costumbre que tuvo la Iglesia hasta el escándalo de Boston En el 2002. En ese momento, la Iglesia se dio cuenta de que ya no podía encubrir la pedofilia de sus sacerdotes, pero esta costumbre aún existe en las familias y en el mundo del deporte. Otro punto que me gustaría destacar es el problema de la pornografía infantil en video. ¿Dónde ocurre? ¿Quiénes son los que tienen la libertad de hacer esto sin ser amonestados por ninguna autoridad? Es algo muy malo porque la pornografía infantil en video se hace con niños", concluyó sobre el punto.

Los deseos de Francisco

Entonces, cuando se le preguntó qué desea para el futuro, Francisco respondió que desea la paz. "Paz en la maltrecha Ucrania y en todos los demás países que sufren el horror de la guerra que es siempre una derrota para todos, para todos. La guerra es absurda y cruel", dijo con firmeza. "Hay algunas empresas que no conocieron la crisis ni siquiera durante la pandemia: las que fabrican armas. Trabajar por la paz significa no invertir en estas fábricas de muerte. Me duele pensar que, si no se fabricaran armas durante un año, se acabaría el hambre en el mundo porque las armas son la industria más grande del planeta", dijo Francisco. "El pasado mes de diciembre, en Plaza España, lloré pensando en el drama que vive el pueblo ucraniano. Ya ha pasado más de un año desde el comienzo de la guerra en Ucrania. En febrero estuve en África, en la República Democrática del Congo y en Sudán del Sur, y vi los horrores de los conflictos en esos dos países, vi la mutilación de personas. Una cosa que me hace sufrir mucho es la globalización de la indiferencia, el volver la cara y decir: ¿Qué me importa? ¡No estoy interesado! ¡No es mi problema!", denuncia Francisco. "Cuando le preguntaron a la senadora vitalicia Liliana Segre, superviviente de la Shoah, qué palabra escribir en el andén 21 de la estación de Milán, desde donde salían los trenes hacia los campos de concentración nazis, no dudó y dijo: 'Indiferencia'. Nadie había pensado en esa palabra. Da que pensar porque esa masacre de millones de personas se dio en la indiferencia cobarde de muchos que prefirieron dar la vuelta y decir: 'Qué me importa'. Hace poco leí que la senadora recordaba que uno no va de viaje a Auschwitz, sino que va como a un santuario para no olvidar la Shoah. Me impactó mucho porque eso es exactamente lo que sentí en mi corazón cuando fui a Auschwitz en 2016 y no quería dar un discurso como lo habían hecho mis dos predecesores. Solo quería orar en silencio".

Cambiando de tema, el Pontífice dijo que esperaba que la Iglesia "salga". "Tiene que estar rodeada de gente. Pienso en Don Tonino Bello, un gran obispo de Apulia que estuvo entre su pueblo y luchó con todas sus fuerzas por la paz. Un hombre que no fue entendido en su tiempo porque estaba muy adelantado. Hoy se lo redescubre. ¡Un profeta! Ya es venerable y va camino a la beatificación. Recientemente, se ha retomado una famosa frase suya en una canción: 'Somos ángeles con una sola ala. Para volar necesitamos permanecer abrazados por nuestro hermano, a quien le prestamos nuestra ala y de quien tomamos la otra ala, necesaria para volar. Nadie se salva solo. También lo hemos visto con la pandemia. Sueño con una Iglesia sin clericalismo", agregó. "Lo dijo el cardenal Henri-Marie de Lubac en su famoso texto Meditación sobre la Iglesia, donde, para decir qué es lo peor que le puede pasar a la Iglesia, dijo que es la mundanalidad espiritual, que se traduce en el clericalismo de un sacerdote, 'sería infinitamente más desastroso que cualquier simple mundanalidad moral'. El clericalismo es lo peor que le puede pasar a la Iglesia, peor aún que en los días de los papas corruptos. Un sacerdote, obispo o cardenal que enferma de clericalismo hace mucho daño a la Iglesia. Es una enfermedad muy contagiosa. Peor aún son los laicos clericalizados: son una peste en la Iglesia. El laico debe ser laico".

Para concluir, el Papa, hablando de sí mismo, deseó que "el Señor sea misericordioso". "Ser Papa no es un trabajo fácil. Nadie ha estudiado antes para hacer este trabajo. Pero el Señor lo sabe: sucedió también con San Pedro. Pescaba tranquilamente y un día Jesús lo eligió para convertirse en pescador de hombres. Pero Pedro también cayó. Fue él, que había vivido día y noche con el Señor, que había comido con él, que lo había escuchado predicar y que lo había visto hacer milagros, el que dijo: '¡No conozco a ese hombre!'. ¿Cómo fue esto posible? Pero Jesús, después de la resurrección, lo eligió de nuevo. He ahí la misericordia de Dios con nosotros. Incluso con el Papa. 'Servus inutiles sum'. Soy un siervo inútil, dijo san Pablo VI en su Pensamiento sobre la muerte. Un texto muy hermoso que invito especialmente a los sacerdotes a leer y meditar", concluyó.

Foto: Antimafia Duemila

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