Miércoles 17 Abril 2024

Se presentó en Siena el libro El Pacto, con Sigfrido Ranucci, Fabio Repici y Giorgio Bongiovanni

Con la presentación del libro El Pacto. La tratativa entre el Estado y la mafia en el relato inédito de un infiltrado, de Sigfrido Ranucci y Nicola Biondo, finalizó ayer la exposición Páginas de Legalidad, organizada por el Ayuntamiento de Siena y el Teatro de Siena en colaboración con el Movimiento Agendas Rojas. Los invitados a la velada, moderada por Giorgio Bongiovanni, director de ANTIMAFIADuemila, fueron el autor Sigfrido Ranucci y Fabio Repici, abogado de numerosos familiares de víctimas de la mafia. También estuvieron presentes el representante de las Agendas Rojas, Giuseppe Galasso y Massimo Borghi, coordinador de Aviso Público.

Un evento que captó la atención de todo el público asistente, tanto en la sala como en casa (la presentación se retransmitió vía streaming) por el dinamismo de las intervenciones y la importancia de los temas tratados. Partiendo de la inspiración que ofrece el libro que relata la historia de Luigi Ilardo, el jefe de Cosa Nostra que decidió colaborar con el Estado como infiltrado revelando, en 1995, el escondite de Bernardo Provenzano en Mezzojuso. Un hecho que fue objeto de varios procesos y que se inscribe en un contexto que, más recientemente, se desarrolló en el juicio sobre la Tratativa Estado-mafia.

Los invitados se ocuparon de comentar la controvertida, por no decir absurda, sentencia de Casación, que el año pasado absolvió a los acusados institucionales "por no haber cometido el delito". Y luego se ha trazado de nuevo un hilo, rojo o negro, que entrelaza los misterios de Italia con las masacres de los años 1990 y que muestra en el fondo la existencia de instigadores y autores intelectuales externos.

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También se dio un amplio espacio a la cuestión, muy actual, de la libertad de prensa, hoy amordazada por el gobierno de Meloni. Y es precisamente desde este punto que Bongiovanni comenzó la velada, recordando la "mordaza" puesta a Giordano Bruno, el "más grande filósofo de la historia de nuestro país", durante la procesión que lo llevó al Campo dei Fiori, donde fue quemado vivo, el 17 de febrero del año 1600.

Una mordaza que sirvió para impedirle hablar, y por tanto denunciar. Un poco como -este es el significado de la introducción de Bongiovanni- lo que sucede hoy en Italia, 424 años después. "Me doy cuenta de que se está atacando la libertad de pensamiento, pero de otra manera. Quieren poner la mordaza de otras formas, mientras queman el gran valor que representa la libertad de expresión, el libre pensamiento", comentó el periodista, dejando luego la palabra a Ranucci. "El principal riesgo se está dando a nivel de la libertad de información sobre las investigaciones judiciales", afirmó el presentador de Report. "Las reformas de la justicia estipulan que no se puede hablar de detenciones, ni de personas que son interrogadas. Sin considerar que ni siquiera se puede hablar de los crímenes. Por lo tanto, ni siquiera se sabrá quién potencialmente fue el autor de un hecho", denunció.

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El confidente silenciado

También se le impuso, simbólicamente, una "mordaza" a Luigi Ilardo, el protagonista del libro de Ranucci, cuando fue silenciado a tiros por Cosa Nostra el 10 de mayo de 1996, pocos días antes de su que se oficializara su colaboración con la justicia, es decir, unos días antes de ponerse oficialmente a disposición para hablar con todos aquellos fiscales interesados en su declaración. "La cantidad de información que Ilardo le entregó a un carabinero, el coronel Riccio, podría haber convertido a Ilardo, si lo hubiera hecho a tiempo, en el segundo colaborador de justicia más importante en la historia de nuestro país, después de Tommaso Buscetta", subrayó Ranucci.

"Entre el 93 y el 95, Ilardo contó en vivo las etapas de la Tratativa. Proporciona información fundamental: nombres y apellidos de los líderes de Cosa Nostra y de los distintos referentes políticos. Cuenta por primera vez que, detrás de las masacres no sólo está la mano de Cosa Nostra, sino también la de la masonería, los servicios secretos desviados y la derecha subversiva. Diversos organismos -explicó- que en momentos de necesidad se unen para producir resultados, sobre todo cuando ven que su sistema está en riesgo". Y no solo eso. "Ilardo -recordó Ranucci- también proporcionó los nombres. Entre ellos estaba el de 'Cara de Monstruo', el policía identificado con el nombre de Giovanni Aiello, presente en el lugar de las masacres. De hecho, Ilardo conduce a los Carabineros del ROS hasta el escondite de Bernardo Provenzano, quien sin embargo no fue detenido debido a la excesiva presencia de ovejas y pastores. Fue después del fracaso en el arresto de Provenzano cuando el coronel Riccio sintió que algo anda mal".

"Las últimas fases de esta narrativa, que explica la Tratativa Estado-mafia y las masacres, precisamente a través de la vida de Luigi Ilardo, tienen lugar dentro del Cuartel del ROS (Reparto Operativo Especial del Arma de Carabineros), el lugar donde Ilardo se encuentra con el coronel Mario Mori, protagonista de la Tratativa Estado-mafia, primero como imputado, luego absuelto". Durante esa reunión, Ilardo -dijo Ranucci- acusó a Mori: "'Usted sabe que detrás de las masacres no está sólo Cosa Nostra, sino también el Estado'. Luego, la reunión de Ilardo con tres magistrados: Giovanni Tinebra, en ese momento designado para investigar a los autores intelectuales externos de las masacres, Gian Carlo Caselli, entonces fiscal jefe de Palermo, y finalmente la magistrada Teresa Principato, que dirigió las investigaciones para la captura de Matteo Messina Denaro".

En ese momento, Ilardo, "que no confía en Tinebra", comienza a dar información. "Se vuelve hacia Caselli y comienza a contar, a dar información y a repetir aquellas cosas ya dichas al coronel Riccio, hasta que Tinebra detuvo el testimonio de Ilardo. En ese momento -reiteró Ranucci- sucede algo anómalo: los magistrados no registran las declaraciones de Ilardo. A partir de ese momento, el coronel Riccio intuye que Ilardo está arriesgando seriamente su vida". Luigi Ilardo muere "en su casa", poco después, y con "el resultado de que nunca pudo colaborar oficialmente con la justicia: un daño enorme a las investigaciones de aquellos años".

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Las masacres, la sentencia de la tratativa y la santificación de Mori

Después de Ranucci, la palabra pasó a Fabio Repici, que respondió así a una pregunta de Bongiovanni sobre la existencia o no de un hilo conductor que vincula a algunos crímenes y a las masacres con el pacto entre el Estado y la mafia. Porque el libro El Pacto dice que el asesinato de Ilardo forma parte de ese diálogo clandestino entre la mafia y algunas piezas del Estado.

Según Repici, "hay vínculos que relacionan los hechos de los graves crímenes ocurridos en nuestro país. Para explicarlo, basta recordar la sentencia del proceso "Borsellino quater", que se refiere a la masacre de via d'Amelio: uno de los crímenes más sensacionales de nuestra historia republicana. En esa sentencia se describe de forma plástica la desorientación estatal llevada a cabo por figuras muy importantes para perseguir intereses que no eran de Cosa Nostra, sino de esferas del poder. El desvío, realizado mediante las falsas declaraciones de Vincenzo Scarantino y difundido por el Ministerio del Interior, sirvió para ocultar la verdad y la responsabilidad de sujetos externos a Cosa Nostra en la masacre de via D'Amelio". Por primera vez, continuó Repici, "lo que muchos ya sospechaban se puso de manifiesto: las desviaciones sirvieron para ocultar la responsabilidad de figuras del poder en la realización de los crímenes que cada uno de nosotros creía que habían sido cometidos por criminales profesionales. Esto se aplica tanto a las masacres mafiosas como a las masacres que entran dentro de la llamada estrategia de tensión. En todas las ocasiones, las desviaciones fueron cometidas por hombres del Estado". Siguiendo con el tema, según el abogado, "el pacto y las masacres llevaron a la Segunda República, donde los verdaderos continuadores del poder fueron los aparatos. Los mismos sujetos que antes estaban en la Policía, en los Carabineros o en los servicios secretos, continuaron detentando el poder sin la resistencia de un poder político fuerte. En los años 70, los políticos les daban órdenes a los servicios secretos. A partir del 94 son los servicios secretos los que les dan órdenes a los políticos".

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Mientras tanto, observó Repici, "ha habido una carrera hacia el reduccionismo, como lo demuestra cualquier asunto judicial que se afronte. Hoy -siguió diciendo- llegamos al punto de no comprender la enormidad de ciertas cosas que han sucedido en nuestro país, que actualmente están representadas por la prisa en santificar a un personaje como el general Mario Mori. Santificado con el sello de una sentencia de Casación que lo absolvió en el proceso de la Tratativa Estado-mafia, con un razonamiento extravagante según el cual los jueces de ese proceso habían tenido un enfoque histórico en la valoración de las pruebas". El Tribunal de Casación, de hecho, absolvió a Mori y a los carabineros Antonio Subranni y Giuseppe De Donno por no haber cometido el delito, así como al exsenador de Forza Italia, Marcello Dell'Utri, por el delito de amenaza al cuerpo político del Estado. Una sentencia con la que todos los oradores de ayer estuvieron en total desacuerdo.

"No sé, en italiano, qué quiso decir el autor de esa sentencia, porque la masacre de via D'Amelio es un acontecimiento que forma parte de la historia de este país. Pensemos en la masacre de Piazza Fontana, en la masacre de la estación de Bolonia ¿cómo se hace para reconstruir esos acontecimientos fuera de la historia?".

Según Repici, la sentencia de los jueces de Casación, encarna "el negacionismo convertido en doctrina. De hecho, sirve para anular los hechos tal como ocurrieron, por lo que el General Mori se convierte en un mártir de las persecuciones judiciales, mientras olvidamos el camino que siguió su carrera".

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Antimafia social

El encuentro finalizó con las palabras de Massimo Borghi, coordinador de Aviso Público, quien subrayó la importancia de la participación de la sociedad civil en las demandas de verdad y justicia sobre ciertos hechos escandalosos, así como la importancia del compromiso ciudadano en la lucha por la erradicación de las mafias de los territorios. "Hacemos trabajo en instituciones y con instituciones y hacemos antimafia social", afirmó. "La Toscana no es inmune a estas cosas, todos lo sabemos. Tenemos informes que llegan cada seis meses, pero no reaccionamos. En nuestra encantadora Toscana las mafias, no sólo las italianas, actúan con calma desde hace tiempo" Luego subrayó la necesidad de "resistencia en los territorios". La misma necesidad expresó Giuseppe Galasso.

"¿Qué pueden hacer los ciudadanos?", preguntó el representante del Movimiento Agendas Rojas. "Creo que el ciudadano común y corriente, que a menudo se cree indefenso ante determinadas situaciones y debe simplemente cruzar los dedos esperando que las instituciones le den las respuestas que espera, puede hacer mucho. Y puede hacerlo participando en las vías sociales antimafia. Hay muchas asociaciones que se ocupan de estos temas. La invitación es a salir de nuestro letargo", afirmó. "Intentamos tomar conciencia de cuáles son nuestras fortalezas, especialmente cuando las combinamos con otras. Y tratamos de reaccionar y compartir un camino en esta dirección".

Fotos: Antimafia Duemila / De izquierda a derecha: Giuseppe Galasso, Sigfrido Ranucci, Giorgio Bongiovanni, Fabio Repici y Massimo Borghi

Foto 3: Giorgio Bongiovanni