Martes 16 Abril 2024

El ex fiscal general de Palermo denuncia en MicroMega los ataques a la República y a los derechos fundamentales

"Algunos proyectos de ley actualmente en trámite tienen como objetivo revocar ciertos puntos fundamentales de la Carta Constitucional: la centralidad del parlamento, la independencia del poder judicial y la división y el equilibrio de poderes. Si se aplicaran, acelerarían fuertemente el proceso encubierto, en marcha desde hace al menos dos décadas, de lenta erosión de nuestra Constitución, de su estructura y de algunos derechos sociales fundamentales: el derecho al trabajo, el derecho a la salud, el derecho a la educación, cada vez más reducidos a derechos escritos en un papel, porque progresivamente se los va vaciando de sustancia".

Así comienza el aporte editorial del senador del M5S (Movimiento 5 Estrellas), Roberto Scarpinato, ex fiscal general de Palermo, publicado en el último número de MicroMega: "La Constitución y sus enemigos. Pasado y futuro de una lucha que es más relevante que nunca". El ex magistrado realizó un amplio análisis de la Constitución, del diseño progresista que le es inherente y de cómo fue rechazada desde el principio por, o más bien "gracias", a su estructura y a su sistema de valores fuertemente antifascista.

Después de veinte años de fascismo, que arrasó al país en todos los perfiles sociales, "la Constitución construye el nuevo Estado republicano sobre la piedra angular de la cultura liberal, es decir, la división y el equilibrio de poderes", recordó Scarpinato, retrocediendo la cinta de la historia. Había que "desempaquetar" el poder, dividirlo en varios poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. De tal manera que pudieran equilibrarse y controlarse entre sí para evitar que uno domine al otro. "La regla fundamental es que sólo el poder puede controlar al poder: por eso el poder debe dividirse", añadió Scarpinato. Por eso los Constituyentes "sitúan al parlamento en el centro de la organización del Estado, como expresión directa de la soberanía popular de la que deriva la legitimación del mando. Un parlamento elegido con una ley electoral proporcional para representar a todos los componentes de la sociedad, incluidas las minorías".

Había que traducir el antifascismo de la teoría a la práctica. El marco antifascista de la Constitución, de hecho, "no afecta sólo a la organización del Estado, sino también al sistema de valores en el que se basa el nuevo pacto social de convivencia". De ahí la necesidad de centrar la Constitución en el valor de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Exaltando el "valor de la solidaridad social y poniendo la fuerza del Estado al servicio de los más frágiles y débiles, estableciendo que era deber de la República eliminar las injusticias sociales".

Golpe contra la Constitución

La Carta Constitucional era demasiado progresista. Estaba demasiado lejos, por tanto, de los veinte años en los que el poder se concentraba en manos de unos pocos en detrimento de la mayoría. Un poder oligárquico, clasista, arrogante. A lo largo de la historia republicana hubo muchas batallas democráticas libradas sobre la base de la Constitución. Basta pensar en las primeras reformas agrarias, la redistribución de la tierra y la abolición del latifundio. Una revolución que había que frenar a toda costa. Incluso con derramamiento de sangre, con masacres y crímenes excelentes. "El nacimiento de la República fue inaugurado por una masacre política mafiosa, la del 1º de mayo de 1947 en Portella della Ginestra, que marcó el inicio de la estrategia de tensión -dice Scarpinato en MicroMega- Ese día, una multitud de agricultores y trabajadores se había reunido en la llanura de Portella della Ginestra, cerca de Palermo, para celebrar el Día del Trabajo y exigir la implementación de la reforma agraria". La aversión a la Constitución continuó posterior y constantemente con un amplio consenso, "tanto entre los terratenientes como entre los industriales agrarios, pero también entre otros componentes del mundo del poder: banqueros, armadores, promotores inmobiliarios, líderes del aparato militar. Después de la masacre de Portella della Ginestra y de la matanza de los sindicalistas del mundo campesino, el lenguaje de las bombas, las masacres, la amenaza de golpes de Estado y los asesinatos políticos ha seguido siendo una constante a lo largo de la historia republicana, cada vez que se planteó la posibilidad de formar gobiernos progresistas decididos a implementar la Constitución".

Del "Golpe en Solitario", preparado por el comandante general de los Carabineros, Giovanni De Lorenzo, con la aprobación del presidente de la República, Antonio Segni, "a las masacres en Piazza Fontana de Milán en diciembre de 1969, a la Jefatura de Policía de Milán en mayo de 1973, de Piazza della Loggia en Brescia en mayo de 1974 y otros". En resumen, como dice Scarpinato, "los planes de golpes de Estado y los de las masacres se reanudaron a toda velocidad y la escalada se volvió impresionante". Todo ello mientras "en julio de 1969 se iniciaba el debate parlamentario sobre la ley que preveía la introducción del Estatuto de los Trabajadores, que luego fue aprobado en 1970, y que representaba la culminación y culminación de todas las luchas obreras que habían caracterizado los años sesenta y que implementaron el programa de democracia progresista previsto por la Constitución".

Franjas reaccionarias contra la Constitución

"Entre los numerosos enemigos de la Constitución, los neofascistas desempeñaron un papel muy importante -explica Scarpinato- Eran veteranos del fascismo y de la República Social Italiana que nunca habían aceptado el nuevo orden republicano y que en parte se habían reciclado en la posguerra en los ganglios esenciales del Estado, en la policía, en los servicios secretos, y en parte habían dado vida a formaciones políticas neofascistas, con distintos nombres". Entre las fuerzas reaccionarias están Nuevo Orden, Vanguardia Nacional, Orden Negro y Tercera Posición, por ejemplo. "Forjas de entrenamiento y reclutamiento de muchas personas que, como se ha comprobado en sentencias condenatorias definitivas, llevaron a cabo las masacres neofascistas que ensangrentaron a nuestro país con el fin de desestabilizar el nuevo orden constitucional y crear las condiciones para el establecimiento de una República presidencialista con corte autoritario", destaca Scarpinato en MicroMega.

Tras la aprobación de la Constitución, "se formó una especie de santa alianza, un sistema criminal integrado entre estas tres fuerzas: 1) los neofascistas que acabamos de mencionar; 2) círculos masónicos diversamente dominantes, de los cuales la P2 es sólo el paradigma más conocido, que fueron el lugar de reunión y dirección política de los componentes más reaccionarios del sistema de poder italiano (industriales, armadores, terratenientes, banqueros, etc.); 3) la burguesía mafiosa o la alta mafia siciliana, que siempre ha sido una de las potencias nacionales fuertes", señala el autor. Un "pool de fuerzas reaccionarias", como lo llama el ex magistrado. Un "sistema criminal integrado" que "operó durante todo el largo período de la Guerra Fría hasta la caída del Muro de Berlín con el apoyo externo y oculto de los servicios secretos de los Estados Unidos, ya que era considerado una barrera contra el peligro de la llegada de los comunistas al poder". En esta reconstrucción no hay una conspiración, explica Scarpinato, sino el fruto "del resultado ya consolidado de numerosas investigaciones judiciales y sentencias, como las de las masacres de Milán en 1969 y de Brescia en 1974, en las que los neofascistas trabajaron por cuenta de los servicios secretos italianos y americanos, como Carlo Digilio y otros, y en las que también fueron identificados los agentes de los servicios secretos americanos que eran sus contactos".

El nuevo frente de la Resistencia: la defensa de la Constitución

Para Scarpinato, los enemigos de la Constitución siguen "vertiendo sus toxinas antidemocráticas y anticonstitucionales. Siguen trabajando -dice-. Si antes no dudaban en recurrir a la violencia, sus seguidores hoy utilizan métodos incruentos para lograr el mismo resultado y están decididos a deshacerse de esta Constitución que siguen sintiendo como un cuerpo extraño que no pueden soportar". Y es fácil entender las razones. Esta Constitución "constituye el principal obstáculo a sus planes de crear una sociedad completamente opuesta a la que diseña la propia Constitución. Es decir, una sociedad fundada en la desigualdad, en el desmantelamiento progresivo del Estado de bienestar, en la privatización de servicios públicos esenciales como la sanidad, la escuela y en una organización piramidal del poder estatal con la atribución de todos los mandos a la misma reducida oligarquía que ya concentra en sus manos la riqueza y el poder económico", explicó el senador del M5S. Con el tiempo, la Constitución ha sido denigrada, acusada de vieja, comunista, obsoleta. A lo largo de los años "se ha logrado una progresiva merma de la Constitución a través de una larga serie de leyes que han desmantelado los derechos y protecciones laborales, dando lugar al fenómeno de masas del trabajo pobre y precario que ha reducido el artículo 36 de la misma -sigue diciendo Scarpinato- Se ha implementado una constante desfinanciación de servicios públicos básicos del Estado de bienestar, como la atención sanitaria, hasta el punto de que miles y miles de ciudadanos pobres, que no pueden permitirse la atención sanitaria privada, se ven obligados a renunciar a la atención esencial. Se aprobaron dos leyes de reforma de la Constitución, afortunadamente rechazadas en los referendos populares del 2006 y 2020, encaminadas a verticalizar el poder". Por eso, defender la Constitución, subraya el ex magistrado, "es la nueva Resistencia".

"Mientras esta Constitución siga viva sabremos de dónde recomenzar -agrega-. Sin ella ya no hay casa común. La Constitución no es sólo la Línea Maginot de resistencia democrática. Es también el faro y la brújula que indican la dirección que debe seguir el futuro de la acción política de todas las fuerzas auténticamente reformistas". En la política actual, "la vieja y la nueva derecha, a veces divididas en estrategias", se unen en el "interés común de crear una sociedad censista y clasista, fundada en la concentración de la riqueza y el poder en unas pocas manos, en la explotación de la mano de obra reducida a una mercancía, a la mercantilización de las relaciones humanas, a la elevación del egoísmo individual a regla social". Defender la Constitución significa "salvar la mejor parte de nuestra historia y construir un puente hacia el futuro. Estamos en tiempos de lucha y no podemos quedarnos mirando”, concluye Scarpinato citando las palabras pronunciadas por uno de los padres de nuestra Constitución, Pietro Calamandrei, en la sesión de la Asamblea Constituyente del 7 de marzo de 1947, en memoria de los muertos de la Resistencia.

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