Domingo 23 Junio 2024

En el nuevo libro de Nino Di Matteo y Saverio Lodato las respuestas a una (obscena) sentencia

"No me siento derrotado. Simplemente intenté cumplir con mi deber, dejando de lado todo cálculo oportunista y toda ambición de una carrera fácil. Por eso, todavía hoy tengo la serenidad de quien, con todas las limitaciones y errores posibles, es consciente de haber contribuido, con otros valientes colegas, a sacar a la luz hechos serios e importantes, a intentar aportar un poco de claridad a los laberintos más oscuros de nuestra historia reciente". Son las palabras de un magistrado, Nino Di Matteo. Quien junto con valientes colegas como Vittorio Teresi, Francesco Del Bene, Roberto Tartaglia (y antes Antonio Ingroia) tuvieron el coraje de llevar a juicio a la mafia y a una parte del Estado. Un proceso que en primera instancia tuvo duras sentencias, antes de pasar a absoluciones esquizofrénicas en la apelación, y al golpe final de la Casación.

La observación de Di Matteo se inscribe en los agudos análisis y reflexiones contenidos en el libro publicado por Fuoriscena-Libri Rcs, "El golpe de olvido - Tratativa Estado-mafia, el juicio que no debía hacerse". Un ensayo lúcido, indispensable, sumamente exhaustivo, coescrito con nuestro columnista Saverio Lodato.

Es este último quien introduce el espinoso tema del proceso de la tratativa, en un tenso intercambio con Di Matteo. Que restablece la verdad de los hechos. En primer lugar, para las generaciones futuras, que de esta manera tendrán la oportunidad de comprender la gravedad de esta sentencia. O, más probablemente, la coherencia lineal con el estado en que se encuentra la justicia en nuestro país.

Porque ¿es realmente la ley igual para todos en Italia?

"Todo cancelado. Todo inútil. Todo por rehacer -la introducción de Lodato es terminante- Se podía negociar con la mafia. Se puede negociar con la mafia. Se podrá negociar con la mafia. El Estado puede llegar a un acuerdo con su adversario ultra secular. No hay nada malo si lo hace con un buen propósito. Cosa Nostra es la única organización criminal con licencia para influir, intimidar y aterrorizar a su enemigo, que nunca perderá la esperanza de encontrar interlocutores en las filas del otro lado". Para el autor del bestseller Cuarenta años de mafia no hay duda: "Está igualmente claro que el juicio sobre la tratativa que tuvo lugar entre el Estado y la mafia -entre 1992 y 1994- no debería haberse hecho. Palabras de la Casación. Palabras que pesan como una lápida, podría decirse".

"Palabras expresadas en 91 páginas, paridas lentamente, a razón de tres por semana; porque 'el asunto' era complicado, resbaladizo y quizás destinado a la eternidad, más que al futuro. Sí. Porque dentro de este gigantesco contenedor, ahora completamente pulverizado, hay un reguero infinito de sangre y masacres, las últimas las de Capaci, vía D'Amelio, Roma, Milán y Florencia. En otras palabras: ¿la ley, en Italia, sigue siendo la misma para todos? Doctor Di Matteo ¿estoy exagerando?".

La primera pregunta es todo menos retórica. Di Matteo lo sabe muy bien: "Sus temores están bien fundados -responde lacónicamente- Esta sentencia marca un hito entre dos épocas, entre diferentes concepciones de enfoques investigativos y procesales en la compleja dinámica de la relación entre Cosa Nostra y el poder".

En un crescendo de aclaraciones, desmentidas y reconstrucciones objetivas con pruebas en la mano, el libro recorre los puntos salientes de un proceso que "en medio de las continuas mistificaciones y omisiones del sistema de información" fue boicoteado, censurado y confundido por gran parte de los medios. Para Lodato se trató de verdaderos "garrotazos" ejecutados por "ese aparato informativo que "celosamente" no hacía otra cosa. Garrotazos contra los fiscales. Garrotazos contra los jueces de mérito. Garrotazos contra los familiares de las víctimas que continuaron -y continúan- exigiendo una verdad que sea creíble y convincente".

Pero en lugar de la verdad, llegó una sentencia que "pretende reescribir los hechos, en lugar de limitarse a comprobar la legitimidad de la sentencia impugnada", y que, sobre todo "corre el riesgo de constituir para el futuro una advertencia pesada y peligrosa para aquellos magistrados que, periódicamente, sean llamados a investigar y juzgar hechos y crímenes que no pueden ser plenamente esclarecidos a menos que estén debidamente conectados y evaluados en un contexto histórico y social más amplio".

Por su parte, Di Matteo recuerda también "la gran pasión civil" de Giovanna Maggiani Chelli, presidenta de la Asociación de Víctimas de la masacre de Via dei Georgofili, que "hasta los últimos días de su vida libró una batalla por la verdad y la justicia", que aún hoy merece una respuesta institucional adecuada".

Una ayuda de la sentencia de segunda instancia

"Las conclusiones alcanzadas por la Corte Penal de Apelación son igualmente claras y concisas" -explica Di Matteo- sobre el impacto de la tratativa en la continuación de la estrategia de masacre a través de los atentados de 1993: "El impulso y las motivaciones en virtud de las cuales los líderes de la organización mafiosa decidieron retomar concretamente la estrategia después del arresto de Riina, tienen sus raíces y están ligados a la convicción, inducida por esa iniciativa imprevista, de que las bombas sirvieron para inducir al Estado a negociar. No diría que estamos en presencia de un reconocimiento de 'buena conducta' por parte de los acusados".

En su certera reconstrucción, el magistrado cita un pasaje crucial del recurso de la fiscalía general de Palermo contra el fallo de segunda instancia en el proceso de la Tratativa. En negro sobre blanco, se destacó el "interés concreto" en "ver anulado el principio que se deriva de la sentencia impugnada", en concreto "la relevancia penal de cualquier tipo de entendimiento, acuerdo, alianza híbrida entre agentes de la policía judicial y exponentes de organizaciones criminales, unidas para contrarrestar una franja opositora considerada más peligrosa, y luego durante años para proteger a la franja victoriosa". Para Di Matteo ese pasaje representa una "manifestación explícita de una grave preocupación. Un auténtico grito de alarma para evitar, de cara al futuro, la posibilidad de que alianzas de este tipo encuentren aval, incentivo y legitimación en una sentencia judicial definitiva".

Pero, como se sabe, con su obscena decisión, la Casación "creó las premisas teóricas para provocar precisamente esos efectos desastrosos que el fiscal general de Palermo había temido".

Poco más queda por añadir, salvo que esta sentencia "pretende barrer, de un plumazo, el fruto de años y años de debate". Y que "inesperadamente reconstruye hechos históricos desde cero. Con una afirmación que es en muchos aspectos incompleta y sumaria y, en otros una contradicción con otras sentencias definitivas. A la Casación no le importó todo esto: no quiso tenerlo en cuenta. También se alejó completamente de lo establecido en otras sentencias definitivas en los juicios por las masacres. Quizás era necesario liberar a los acusados institucionales incluso de la simple sombra de una corresponsabilidad moral indirecta, involuntaria y jurídicamente irrelevante en las masacres".

Lo cierto es que "si se hubieran evaluado todos los hechos con una visión de conjunto, no se habría llegado a una decisión tan liberadora para los acusados".

Pero "hay un obstáculo que ni siquiera esta sentencia puede eliminar: 'La búsqueda del diálogo' por parte de los representantes de las instituciones con los líderes de la Cosa Nostra. Hay poco que hacer. Este hecho queda grabado de forma indeleble en una decisión judicial definitiva".

"Y no podría ser de otra manera. Los jueces de la Suprema Corte no pudieron borrar tampoco las palabras del general Mori cuando, muchos años después, reconstruyó por primera vez en un tribunal de Florencia su acercamiento con Vito Ciancimino".

"En un país normal -concluye Di Matteo- solo un enfoque de este tipo, un reconocimiento real de la autoridad mafiosa por parte del Estado, debería haber provocado acalorados debates y profundas reflexiones. Incluso en la política. En cambio, no pasó nada. Y hoy muchos han dado un suspiro de alivio y arremeten contra quienes contribuyeron a sacar a la luz esas relaciones ocultas que acaban reconociendo y legitimando el poder de la mafia. Quizás soy ingenuo. Sin embargo, sigo pensando que el 'muro contra muro' es la única herramienta que el Estado puede utilizar para erradicar el cáncer mafioso. Sigo creyendo que, por ningún motivo y bajo ninguna condición, las instituciones pueden buscar mediación y compromiso con el enemigo".

Foto: reelaboración gráfica de Paolo Bassani