Miércoles 17 Abril 2024

El mundo arde y los periódicos de todas partes se ven obligados a informar en sus portadas sobre la telenovela Giambruno-Meloni.

Lo primero que se podría pensar es que seguimos siendo, y siempre seremos, el país del bunga-bunga.

Lo segundo que me viene a la mente es que, desde hace años, el arma sofisticada del "fuera del aire" ha sido una de las herramientas más efectivas para regular las disputas políticas.

¿Cuántos "fuera del aire", cuántos "vídeos robados", cuántos "expedientes", cuántas fotografías, a veces incluso falsas, han marcado los últimos treinta años de vida política? ¿Cuántos "casos humanos" han aparecido? Alcaldes, presidentes regionales, ministros y primeros ministros, directores de periódicos, máximos exponentes de la policía, magistrados y periodistas han tenido que lidiar con el Gran Juego Sucio al estilo italiano.

Ahora, a quien escribe no le importa nada, realmente nada, la historia que aparece en las portadas de los periódicos de todo el mundo.

Se podría decir que, con la Meloni de Dios, Patria y Familia, el destino se está revelando verdaderamente -como se suele decir- cínico y tramposo.

Desde es escenario español de Vox hasta la caída de hoy, el espejo de la más bella del reino aparece visiblemente desfigurado. Esto es indiscutible. Pero ojo, no por la intriga amorosa (aunque no consumada, sino sólo deseada por un presentador de televisión que tuvo la suerte de encontrarse en la incómoda situación de ser el marido de la primera ministra) que pone a prueba la imagen de la corte que gira en torno a una mayoría de derecha arrogante y ávida de escaños.

Esto, en última instancia, no sería nada. Por todo lo que gira a nuestro alrededor.

Giorgia Meloni, que deja a su marido en las redes unificadas, siente la necesidad de añadir: yo soy roca y tú eres agua.

La referencia es para los opositores políticos que creen, aprovechando el infortunio sentimental que le ha ocurrido a Meloni, ser la gota que traspasa la roca.

En resumen, ya sea casada o soltera, Meloni sigue siendo la misma del "acéptenlo", la misma que acusa a sus oponentes de tener listo un "gobierno en la sombra", mientras que su gobierno durará toda una década, etc., etc., proclamando: yo soy roca y tú eres agua. El destino es cínico y tramposo, porque la puñalada del "fuera del aire" le llega desde las cadenas de televisión de aquel caballero al que, al momento de su muerte, elogió con siete días de duelo nacional. algo que avergonzó bastante a las cancillerías europeas.

Quizás pensaba -la desgraciada, como habría dicho Manzoni- que el legado pernicioso del "berlusconismo" sería trasladado, tras este acto de inmensa generosidad, a los museos de historia de la patria.

Esperanza prematura, a juzgar por lo que está pasando en estas horas.

Arrogante y astuta, Meloni no dice una palabra sobre el alcalde de centroderecha de Lucca que no quiere ponerle el nombre de Sandro Pertini a una calle, el jefe de Estado más querido por los italianos, porque era "partisano". Tal vez le correspondería al aturdido Piantedosi, ministro del Interior, empezar a preguntarse si no hay motivos para poner el municipio de Lucca bajo comisionado. Pero sigamos adelante.

Quería nombrar a una de sus fieles seguidoras como presidenta de la Comisión Antimafia, a pesar de las muchas opiniones contrarias y para nada infundadas. Opiniones de profesionales, familiares de víctimas y magistrados especializados en el tema.

Quien escribe está siguiendo de cerca las audiencias sobre el caso Borsellino. Esperemos a ver cómo termina el trabajo de la comisión. Nos parece -pero esta es una opinión muy personal- que la presidenta Chiara Colosimo tiene una excesiva propensión a la conmoción más que al razonamiento frío y objetivo del río de palabras que fluye en la audiencia, de una parte y de la otra. Es un tema, nos permitimos recordar, muy complicado.

Sabemos y entendemos lo poco que hay que entender: que Giorgia Meloni decidió dedicarse a la política cuando Paolo Borsellino fue asesinado cobardemente. Ella misma lo ha dicho y repetido muchas veces. Y, con razón, se jacta de ello en todo momento. Si supiera cuántos italianos sobreviven en nombre de Falcone y Borsellino.

Pero, precisamente por esta razón, a Colosimo no se le pide que reivindique una primogenitura emocional desde el asiento que ocupa hoy. Se le pide llegar al fondo de una trama de misterios que treinta años de pruebas no han desvelado. Lo cual es muy diferente al encendido perpetuo de velas en memoria del difunto. Veremos cómo resulta. Lamentablemente partimos de un "fuera del aire" con un vago aroma a Boccaccio y nos encontramos en una olla en la que hierven brea y aceite incandescente.

Y así podríamos continuar. Pero esto es suficiente por ahora.

Nos importa un comino el caso Giambruno-Meloni. El mundo arde y la política italiana se alimenta de los puntos de participación y de las encuestas electorales sobre los hechos del día. Tarde o temprano hasta la más bella del reino tendrá que rendir cuentas.

Foto: Paolo Bassani