Miércoles 17 Abril 2024

El fiscal adjunto de Catania fue invitado a Lipari para presentar su libro "Por encima de la ley”

En estos momentos se está produciendo "la caída de los más importantes instrumentos que a lo largo de los años se han colocado para defender las libertades y la autoridad del Estado. El 41 bis está bajo ataque. La cadena perpetua está experimentando una fuerte reducción. Hay fuertes intentos de reducir el aparato de investigación y represión del Estado". Pero uno de los problemas más graves es que "la cárcel no cumple con su función en este momento".

Estas fueron las palabras del fiscal adjunto de Catania, Sebastiano Ardita, exmiembro del CSM (Consejo Superior de la Magistratura) y exdirector de la oficina de detenidos, durante la presentación de su libro "Por encima de la ley" en Lipari. El evento fue organizado por la asociación cultural "Città Invisibili" en colaboración con el "Centro Studi Eoliano".

Antonella Longo y Alessio Pracanica dialogaron con el autor.

Mi principal problema era garantizar una vida tranquila "a los 70.000 presos, incluso a los 7.000 mafiosos" con miras a una "reeducación que fuera más fácil para los 63.000" que "para los 7.000 mafiosos, pero había que intentarlo de todos modos". El magistrado subrayó que ha habido serios retrocesos en el manejo estatal del ambiente penitenciario.

En la cárcel hay dos sistemas: "Uno es el que establece la ley, que funciona mientras esté presente el Estado, mientras estén presentes los agentes, mientras esté presente el director de la prisión y los educadores. Cuando estos se van, se dispara el otro sistema, el de los presos, el de la mafia, de las organizaciones criminales. Dentro de las prisiones, el Estado debe gobernar. Es el requisito previo para cualquier forma de reeducación. Imagínense si un maestro dijera a los alumnos 'ustedes establecen la disciplina, la regulan'. Todos se subirían a los escritorios, escupirían, pelearían, que es lo que pasa en las cárceles en este momento. Los detenidos tienen la autogestión de la seguridad interna. La idea de que pueda haber un régimen con celdas abiertas -reiteró Ardita- con los agentes fuera de las secciones, básicamente fuera del penal, es una locura porque mientras tanto viola la privacidad de las personas. Ahora en vez de preocuparse de que tengan más espacio hay que ver porque cada uno tenga su propio espacio. Es decir, su dignidad y su integridad. Porque la prisión es un lugar donde también pueden pasar cosas malas, sometimiento, violencia y abuso sexual. Nadie puede denunciar un abuso sufrido, si la decisión está en manos de quienes lo produjeron. Sufrirá aún más violencia, porque el Estado no está presente".

Los eventos críticos no se publican desde el 2015

"Durante mi experiencia en el Consejo Superior de la Magistratura fui nombrado presidente de la comisión que se ocupa de la ejecución criminal y le había pedido a la administración penitenciaria los datos, los datos críticos. Es decir, los que yo, cuando estaba en el DAP (Departamento de Administración Penitenciaria), publicaba semestralmente, suicidios, intentos de suicidio, delitos cometidos por presos, agresiones, autolesiones o falta de regreso del permiso que es un indicador muy delicado de la calidad de vida en prisión. Me contestaron: no los tenemos, ya no se publican desde el 2015, año en que la circular de celdas abiertas y autogestión comenzó a extenderse sistemáticamente. Entonces, desde el 2015, los eventos críticos ya no se publican. No hace falta ser Sherlock Holmes para entender que tal vez haya un vínculo de causalidad entre ambas cosas. Le hice la misma pregunta al supervisor de los detenidos. Me asusté cuando los vi porque algunos índices se cuadruplicaron: los delitos que se habían cometido contra funcionarios penitenciarios, fueron 3.000 entre 2015 y 2021. Los actos de autolesión se habían multiplicado por diez. ¿Cuándo se hace daño una persona? Cuando pide ayuda y no lo puede decir, cuando quiere denunciar, pero no puede hacerlo. No volver del permiso es una infracción muy grave, pero no volver del permiso quiere decir que adentro es un infierno y no se quiere volver a costa de arruinar la reeducación. Todos estos indicadores habían crecido exponencialmente".

La justicia restaurativa

La justicia restaurativa es "algo muy serio, pero tal como está redactada en la última ley Cartabia es una ofensa, un ultraje a las víctimas, porque permite al imputado (no a los condenados con sentencia firme, ndr) ser admitido en las vías de la justicia restaurativa: estoy detenido por violación, violencia o asesinato y puedo reunirme con personas, la víctima o familiares del difunto cuando ni siquiera ha habido un juicio. Pero, ¿cómo es posible algo así?".

"Se juega con la vida de las personas. Es un problema que en nuestro país no le queda claro a nadie: si provoco la liberación de una persona que mata con un acto de superficialidad, soy responsable, incluso moralmente, de lo que está pasando", dijo el fiscal adjunto, recordando el caso de un mafioso que, tras haber cometido varios asesinatos ("quemaba a las víctimas en las llantas de los camiones") salió de prisión después de veintisiete años. Había "dicho que su vida había cambiado" pero el día que salió de prisión "reorganizó la célula de Cosa Nostra y prendió fuego a un pequeño pueblo cerca de Catania. Secuestró a un empresario, lo llevó al campo con otros cuatro mafiosos, lo torturó y humilló, lo hizo arrodillar desnudo, lo estranguló con un garrote y luego lo quemó en las llantas de camiones. Es decir, lo mismo que ya había hecho seis veces". "El nuestro es un país al revés -concluyó el magistrado- porque respondemos con actitudes suaves a personajes violentos, le damos la libertad a líderes criminales violentos, y en cambio a personas que pueden mejorar, que pueden ser reeducadas, les damos celdas abiertas, es decir, tortura y violencia sexual".

Foto: Antimafia Duemila