Domingo 14 Julio 2024

Excepcionales imágenes de los reporteros gráficos Pietro Calligaris y Alessia Candito

Un registro gráfico, es irrefutable. Es directo. Es eterno. Es determinante. Y trasmite. Habla. Dice presente y, por si fuera poco, compromete al autor con la imagen, con la acción que se ha captado. Que se ha perpetuado. El registro gráfico, también exalta, y homenajea, tanto a una persona, como a la naturaleza misma. Y, por si fuera poco, el registro gráfico, también denuncia. Denuncia el autoritarismo, el avasallamiento, el crimen. Da testimonio. Un muy fiel testimonio. Convirtiéndose en una evidencia de un valor incalculable. Único e imperecedero. 

Esto aconteció el pasado 23 de mayo en las calles de la ciudad de Palermo, más específicamente sobre la calle Notabartolo, en ocasión del aniversario del atentado criminal perpetrado en 1992 apelando a un poderoso explosivo que se hizo detonar a distancia en vía Capaci por la organización mafiosa Cosa Nostra, siendo las víctimas el juez antimafia Giovanni Falcone, su esposa y sus escoltas. En el evento conmemorativo, que no fue ni más ni menos, que un magno homenaje a un héroe nacional -porque como tal está considerado el magistrado Falcone- sobrevino un inusitado operativo represivo materializado por fuerzas policiales de choque.

En el marco de un episodio sobrecargado de matices. En definitiva, lo que predominó fue el autoritarismo de un mando policial (y gubernamental), que sin considerar que ese homenaje era protagonizado por una columna de ciudadanos y ciudadanas, de jóvenes, y de no tan jóvenes y hasta de grupos familiares, dio la orden de cargar sobre ellos a bastonazos. Bastonazos de la policía que cayeron sobre personas que pacíficamente tenían como único cometido hacerse presentes a las puertas del edificio de apartamentos -donde está el árbol de Falcone en cuyo robusto tronco y en cuyas ramas penden recuerdos, fotos, mensajes y dibujos, y toda suerte de regalos dedicados a las víctimas de Capaci, y donde además, circunstancialmente, había una tarima en la que se hallaban ubicadas autoridades de Palermo- para decir presentes en el emblemático e histórico homenaje, propio de la sociedad palermitana. Pero el homenaje fue empañado, enturbiado, si se quiere, exclusivamente, desde filas oficialistas, porque la violencia que se desató, tuvo un solo autor y un solo nombre: el Estado italiano. Porque la orden que se impartió desde los mandos policiales llevaba en sí misma una sola consigna fascista, una sola idea, un solo desvarío: impedir que los manifestantes convocados por distintos colectivos estudiantiles, entre ellos la Confederación Italiana del Trabajo, nucleados en una antimafia popular, de la cual también hace parte el Movimiento Artístico Internacional Our Voice, y mis colegas de Antimafia Duemila, llegaran al árbol de Falcone. Hubo diálogos previos en medio de la caminata y hubo también órdenes impartidas por las autoridades, que se contradijeron. Hubo malas intenciones institucionales flagrantes, que inevitablemente desataron los demonios de la represión, de los bastonazos policiales, lanzados a diestra y siniestra, sin medir donde iban a parar los golpes. Fue así que el caos se adueñó de la calle, el terrorismo de Estado -convengamos- porque los palos sobre los rostros y los cuerpos de los manifestantes no llovieron por sí mismos, llovieron porque los uniformados y los mandos, se sintieron impunes para dar golpes, golpes, y más golpes. El saldo fue inevitable: muchos de los manifestantes presentaron contusiones, algunas fracturas, y solo de milagro no hubo víctimas fatales. 

Y todos estos golpes, toda esa violencia institucional, ilegítima, inmoral -correspondiente a la inmoralidad de quienes la habilitaron desde puestos de poder de trascendencia y de serio compromiso con el gobierno- fue registrada gráficamente por centenares de celulares caseros accionados por los ciudadanos que, entre empujones y dolores, eran víctimas de la golpiza, o que ocasionalmente lograron apartarse unos instantes de la espiral causada por la prepotencia policial.

Pero hubo otros registros gráficos. Los registros de los profesionales. De los fotógrafos y camarógrafos de medios de comunicación. Los registros gráficos que luego fueron divulgados a los cuatro puntos cardinales, visibilizando, mal que les pese a las “autoridades” policiales y políticas, cómo y de qué manera se conciben los homenajes cuando se trata de las masas juveniles y populares que tienen el coraje de resistir una orden fascista, y antidemocrática, y de señalar con el dedo el altar mayor de la jornada de aniversario, copado por celebridades de una antimafia hipócrita, oficialista, y lo que es más grave aún, funcional a un terrorismo mafioso, todavía hoy impune.  

Quedando ya atrás esas horas dramáticas, esas secuencias violentas, el saldo de los fotógrafos y camarógrafos, fue más que abundante. Registros gráficos amateur y de profesionales ganaron las redes sociales y todo ese despliegue de imágenes, superó fronteras, desatando estupores, indignación y bronca. Pero horas después, el trabajo muy bien elaborado de las manos profesionales, ganaron espacio en portadas de diarios, sitios web y noticieros de televisión.

Todos mis colegas de nuestra redacción italiana estuvieron codo a codo, con nuestros fotógrafos, y con los de otros medios. Todos, en una resistencia espontánea y férrea. Una resistencia de denuncia que fue ejemplo de fotografía militante. Fotografía testimonial. La fotografía testimonial sobre una infamia. Sobre un atentado contra las libertades públicas, y contra los derechos individuales.

Dentro de ese contexto debo destacar, especialmente, al fotógrafo de Our Voice Pietro Calligaris y a otros reporteros gráficos, de los medios de prensa locales e internacionales. Sus trabajos fueron contundentes y por sí mismos una denuncia, sin precedentes, porque mismos todos los hechos fueron sin precedentes. 

En ese marco, cada fotografía habló con lenguaje propio; con sensibilidad propia del autor; de quienes operaban las cámaras; con la impronta propia de cada uno de los fotógrafos, o fotógrafas, allí presentes.

Y hablando del lenguaje que manejan con maestría y sensibilidad los reporteros gráficos -casi sacro para el periodismo de denuncia- me atrevería a decir, después de treinta años en diario y en televisión, día a día codo a codo (y en múltiples circunstancias, muchas de ellas de suma violencia)  con reporteros gráficos de trayectorias y experiencia abundantes, que me resulta más que grato, y muy merecido, reconocer dos trabajos -sin desmerecer en absoluto todos los restantes- fruto de mi inevitable ansiedad por premiar los testimonios gráficos de dos profesionales, porque las imágenes que lograron resumen en su propia dinámica, y desde su puesto de observación , lo que verdaderamente ocurrió en la calle Notabartolo. 

¿Y qué ocurrió, verdaderamente? Pues ocurrió algo que fue histórico para la lucha por la verdad. Ocurrió que al autoritarismo se lo confrontó con resistencia. Con valor. Con entereza. Y a pura conciencia. Ocurrió que al autoritarismo se lo confrontó con madurez militante. Con la fuerza interior que solo se puede tener, en medio de la represión policial, cuando la causa por la que lucha es la defensa de la verdad. Para que ella sea respetada. Para que quienes atenten contra ella, sean individualizados y sean denunciados: ante la opinión pública y ante las autoridades que correspondan.

Y los profesionales que -a mi criterio- lograron a carta cabal el cometido de trasmitir con la imagen ese atentado a la libertad, fueron Pietro Calligaris de Our Voice y Alessia Candito. Muchas fotos fueron excelentes, pero las de estos dos profesionales, resumen, por la sutileza de la acción -no por lo explícito de esa acción- el sentido de la lucha en resistencia de los manifestantes, de la mano de una admirable entereza, y sin el uso de la violencia como respuesta al mordaz y desproporcionado embate policial. 

El registro gráfico de Alessia Candito, de Repubblica Palermo, es por demás elocuente: un joven es captado de espaldas a la lente de la cámara fotográfica; está soportando frontalmente todo el peso del avance de una barrera de policías portando escudos antimotines y bastones. Es un joven que, además, conozco personalmente, por lo que puedo decir que se trata de un joven valiente, que representa con creces, a todos los jóvenes que allí se encontraban, indefensos, sin protección, y solo con la fuerza de su tenaz resistencia. Candito, supo, magistralmente, captar ese instante. El instante en que esa mano juvenil resiste, resiste, y resiste, una acción de atropello injusto y escandaloso. Registra esa acción de violentar a jóvenes pacíficos, que, solo apelando a sus manos, buscaban detener los embates de los esbirros de un sistema fascista, y al mismo tiempo buscaban también romper ese cerco de uniformados, para cumplir con su único cometido: homenajear a un magistrado asesinado por el terrorismo mafioso.

El otro registro gráfico, que pertenece a Pietro Calligaris, es igualmente elocuente. Igualmente, expresivo, quizás desde un ángulo más genérico. Calligaris, supo, también magistralmente, captar una secuencia que refleja -que grita al ojo humano de la opinión pública- que en el medio de una barrera policial de efectivos antimotines -llámese, fuerzas de choque en el Uruguay- un hombre, un ciudadano italiano -el que también conozco personalmente- mantiene la serenidad y la calma, literalmente rodeado por uniformados, en típica violencia represiva y de avance hacia los manifestantes. El registro de un hombre valeroso, que tiene un lenguaje propio, porque da a entender, sin medias tintas, que en esa calle hubo dos rostros: uno el de la violencia institucional, y el otro el de la resistencia. Porque la mirada de ese ciudadano está dirigida a los ojos de quienes lo reprimen. Y su mirada lo dice todo. Lo expresa todo. Es una mirada plena de convicción. De una fortaleza sin par. Una foto que visibiliza los contrastes de esa tarde de desmanes gubernamentales, dirigidos contra una ciudadanía pacífica, pero no por ello sometida. Porque esa ciudadanía pacífica estuvo dotada de un aliado sin par: el amor por la verdad.

Ese amor por la verdad que se ve en la fortaleza del joven captado por Candito y en ese hombre -no tan joven- captado por Calligaris. Dos imágenes históricas y emblemáticas, que no pasaron inadvertidas. Imágenes que suman, también con elocuencia, a las que se divulgaron por las redes sociales, en nuestros sitios -Antimafia Duemila y Antimafia Dos Mil- y en los medios de prensa italianos y en las agencias internacionales, y en las redes sociales del Movimiento Our Voice.

En consecuencia, dos primeros premios -si se tratase de un concurso- recibirían Pietro Calligaris y Alessia Candito. Para ambos, entonces, y sin más trámite, solo un cerrado aplauso por la misión cumplida. Cumplida con el fervor, la madurez y la sapiencia profesional más nítida, y sobre todo con la sensibilidad que solo pueden tener los reporteros gráficos, a la hora de la denuncia y a la hora del compromiso con la verdad.

Portada: fotos de Alessia Candito, del diario Repubblica de Palermo y Pietro Calligaris, de Our Voice