Domingo 14 Julio 2024

Los jueces de Bolonia que condenaron a Bellini

Constataron "la armonía entre el ex Gran Maestre y la junta militar cercana a la logia" a partir del almirante Massera

En una de sus últimas entrevistas, un audaz Licio Gelli se entregó a una locuacidad sin precedentes y a comentarios nostálgicos sobre los años en los que dominó tras bambalinas el poder en Italia. Era el 2008 y el Corriere della Sera recordaba así su reinado oculto en la cima de la logia Propaganda 2. "Todos los jefes de los servicios secretos que siguieron los nombramos nosotros. Se sugerían los nombres y tenían que ser esos", afirmó con su inconfundible cadencia toscana. Y lo mismo sucedía con "el jefe de Estado Mayor del Ejército", continuó. "El comandante general de Carabineros, el general de la Policía Financiera y el jefe de escuadra de la Marina". Todos se dirigían a nosotros. ¿Por qué? "Porque la P2 tenía que tener lo mejor para todos los sectores" para que "al final pudiéramos dirigir bien al país". Esos nombramientos secretos, esas alianzas tácitas, que debían servir a su "Plan de renacimiento democrático", no se produjeron sólo en Italia, envenenada por la plaga de la P2, sino también en América Latina. En concreto: Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina. En el Cono Sur de América Latina, y sobre todo en Argentina, el Gran Maestre de la P2 estuvo como en casa y pasó buenos y malos momentos durante los terribles años del Plan Cóndor, el famoso plan con el que la CIA favorecía los golpes de Estado, apoyando a las juntas militares que entonces se instalaron en el continente y que durante años secuestraron, torturaron y asesinaron a decenas de miles de opositores políticos. Gelli, en ese momento, era "el titiritero". Un término que el Tribunal Penal de Bolonia le atribuyó recientemente en el contexto del juicio contra la ex prímula negra Paolo Bellini, condenado a cadena perpetua por la masacre del 2 de agosto de 1980 (85 muertos y 200 heridos). La Corte describe a Gelli como el "poderoso operador invisible de fuerzas invisibles". En las 1700 páginas de la sentencia, el ex Gran Maestre (que no fue juzgado por haber fallecido) es citado cientos de veces. Los jueces lo consideran "implicado" de manera "llamativa" en el ataque a la estación de Bolonia, el mayor desde la guerra. El fiscal general es aún más claro e incluso lo considera uno de los autores intelectuales. De hecho, el ex Gran Maestre fue el cerebro de aquella masacre neofascista, como fue la mente –el "titiritero" para ser exactos– de las dictaduras sudamericanas.

En realidad, la implicación de la P2 y del propio Gran Maestre en la Argentina de Videla, el Chile de Pinochet o el Uruguay de Bordaberry es conocida desde hace tiempo. Pero el Tribunal Penal de Bolonia profundiza en esta implicación y marca elementos inéditos sobre el caso que merecen una atenta lectura.

Gelli titiritero 2

Gelli representante de las dictaduras

Vamos a tratar de proceder con orden. Ya la Comisión Parlamentaria sobre la P2 presidida por Tina Anselmi había constatado los vínculos de Gelli con los jefes de las dictaduras sudamericanas. La sentencia Bellini, que retoma las conclusiones de la Comisión, habla del "increíble papel" del ex N° 1 de la logia "dentro de las juntas militares que tomaron el poder en la década de 1970 en Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay". "Gelli –se dice– es el principal representante de estos países en Italia y construye una fortuna personal en tales Estados". De los países latinoamericanos que terminaron bajo las botas de las juntas militares, Argentina es en el que más se han revolcado Gelli y su logia. Los jueces de Bolonia, que han dictado sentencia sobre el Plan Cóndor, escriben que "la P2 era parte común en ese período de la vida política en Argentina, así como en Italia". Pero ¿cuándo llegó Gelli a la Argentina? En la citada comisión de Anselmi se afirma que las relaciones de Licio Gelli con las instituciones argentinas "ya eran significativas en 1973 cuando, el 28 de junio, un mes después de la toma de posesión del presidente Héctor Cámpora, el gobierno argentino le otorgó pasaporte diplomático como 'delegado en una misión especial'". El venerable también recibió la Orden del General San Martín, el más alto honor argentino, y en 1974 recibió la ciudadanía. En el mismo año también se convirtió en asesor económico de la embajada argentina en Italia.

El amigo Massera y los jerarcas argentinos inscriptos en la P2

De hecho, Gelli, en Argentina, ya tenía mucho que hacer desde finales de los años 60 cuando conoció al futuro almirante Emilio Eduardo Massera, exmilitar de la Academia Naval, quien luego se convirtió en la mano derecha del jefe del SIN (Servicio de Inteligencia Naval). A fines de esa década Massera fue adscripto por breve tiempo a la base naval de Puerto Belgrano y luego de ser ascendido a capitán, recibió el encargo de dirigir a la fragata Libertad en su vuelta al mundo. Fue en este período de tiempo que conoció a Gelli. La organización italiana sin fines de lucro "24 Marzo", que se ocupa de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante los años del plan Cóndor, define así la relación entre ambos. "Gelli vio en el ambicioso capitán a un caballo ganador para apostar con los ojos cerrados, un caballo de Troya útil para penetrar definitivamente en el establishment argentino, mientras que Massera vio en la poderosa logia masónica el apoyo útil para crear las bases económicas y la red de poder necesarias para el ascenso político". El resto es historia. La noche del 24 de marzo de 1976, el país cayó bajo la dictadura de Jorge Rafael Videla, a quien Gelli exaltó.

Gelli titiritero 3

Según el magistrado Giuliano Turone, que descubrió las listas de la P2 en Castiglion Fibocchi, también citado por los jueces, Gelli incluso "participó en una reunión preparatoria del golpe de Estado". Mientras tanto Massera, ya ascendido a almirante en 1973, se convirtió en uno de los representantes más ilustres y sanguinarios de la dictadura durante la cual se le otorgó el cargo de jefe del Estado Mayor de la Armada. Sus manos están manchadas con la sangre de una gran parte de los 30.000 desaparecidos de Argentina. Tras el golpe, el propio Gelli, recuerdan los jueces de Bolonia, "habría escrito a Massera felicitándolo por el buen resultado de la operación y porque todo se había desarrollado 'según los planes preestablecidos'". El nombre de Massera, señala el Tribunal, aparecerá en las listas de la P2 incautadas por la fiscalía de Milán. El almirante, que incluso fue a ver a Gelli a su planta industrial en Castiglion Fibocchi, se incorporó a la logia, como ya lo había hecho el comandante de la Triple A (Alianza Anticomunista de Argentina) y luego ministro argentino José López Rega (llamado "el brujo") y el general Guillermo Suárez Mason (apodado "el carnicero del Olimpo"), director de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), que se transformó en uno de los mayores centros de tortura y exterminio del país. Massera, López Rega y Suárez Mason estuvieron entre los verdugos más sanguinarios del régimen.

Los tres eran integrantes de la P2, los tres eran amigos de Gelli y los tres terminaron en la cárcel por crímenes de lesa humanidad en Buenos Aires y Roma (solo López Rega se salvó de la condena porque murió antes). Todos estaban agradecidos con Gelli, especialmente Massera. La ESMA, de la que era jefe, se convirtió en el medio útil de la Armada para demostrar su eficacia y capacidad para dirigir la Junta Militar, "tanto o más que el Ejército", sostiene la asociación "24 Marzo". Y una vez asentadas las riendas del poder bajo Videla, Massera se dedicó a aumentar su patrimonio personal "asaltando las casas de las familias de los disidentes" y poniendo en marcha "negocios más o menos lícitos, muchas veces realizados junto a su amigo Licio Gelli". En poco tiempo "el almirante se convirtió en el hombre más rico de la Argentina".

Gelli titiritero 4

La P2 censuraba los crímenes y los casos de desaparecidos

Volviendo nuevamente a las densas páginas de la sentencia Bellini, se advierte que "la sintonía entre Gelli y la junta militar se manifiesta en la compra a través de una empresa encabezada por hombres de la P2 de numerosos e importantes diarios argentinos". Y no solo eso. Según los jueces, "en Italia el Corriere della Sera, que en ese momento ya comenzaba a ser infiltrado por personalidades de la P2, habría contribuido a encubrir la violación de derechos humanos en Argentina, culminando con el despido del periodista que quería escribir sobre ello". El periodista era Giangiacomo Foà, corresponsal del Corriere en Buenos Aires. Su periódico, que ya era el más vendido en Italia en ese momento, no lo complacía mucho. Sus publicaciones sobre lo que pasaba en la Argentina se vieron obstaculizadas. Gelli, además, "estaba obsesionado con la información", escribió el profesor Nicola Tranfaglia.

"La parte italiana del sistema P2 –dice la sentencia– comienza a echarle una mano a su contraparte argentina, precisamente amordazando al corresponsal en Buenos Aires del Corriere della Sera, Giangiacomo Foà, quien a partir del otoño de 1976 fue invitado a no escribir más de Argentina". Al final, Foà fue intimidado precisamente porque estaba declarando sobre los casos de secuestros y torturas. Las amenazas llegaron a obligar al periodista a huir del país y mudarse al vecino Brasil.

Gelli titiritero 5

Otro capítulo delicado al que se enfrentó el Tribunal Penal de Bolonia con respecto a la galaxia de Gelli es el acercamiento a los jefes de los servicios secretos. El tribunal, citando al Fiscal de Estado que consideraba a Gelli jefe de los servicios italianos, recuerda que "según algunos rumores, Gelli era incluso el jefe de los servicios secretos argentinos". Estos rumores sobre Gelli no provienen de algún exterrorista negro ni siquiera de algún oficial del ejército argentino sino del propio ex presidente Arturo Frondizi. En este punto, la Corte considera que Gelli tuvo "una influencia fundamental además de un papel activo" sobre los servicios secretos argentinos y chilenos.

En apoyo de ello, los jueces Francesco Caruso y Massimo Cenni, informan sobre las sentencias contra el ex NAR condenado por la masacre de Bolonia en las que se relata el testimonio del General Giulio Grassini, primer director del SISDE, rendido ante la Comisión Anselmi "sobre la capacidad de Gelli para poner a disposición del SISDE los servicios secretos argentinos". Un testimonio que los jueces Caruso y Cenni califican de "simplemente increíble", así como el testimonio del famoso técnico italiano Giancarlo Elia Valori "sobre el asombro del expresidente argentino Arturo Frondizi", acerca de "la influencia y el poder de Gelli sobre los generales sudamericanos y sobre todo de los servicios secretos de estos Estados, que lo premian dándole villas (como la residencia en Montevideo), departamentos y otros beneficios". Específicamente Grassini, quien en la sentencia Bellini es descrito como uno de los invitados de Gelli, reveló un episodio a la comisión sobre la logia P2 que aclara el poder que poseía el exjefe de la misma. "No teníamos ninguna relación con la inteligencia latinoamericana... Sabiendo bien que Gelli tenía posibilidades muy grandes en lo que a Argentina se refería, le pedí que me pusiera en contacto con los argentinos. Él accedió a esta solicitud y puntualmente a la mañana siguiente –recordó Grassini– el jefe del Servicio Secreto argentino en Italia, de la embajada argentina en Italia, se presentó en mi oficina diciendo que estaba dispuesto a colaborar con cualquier cosa". La antigua corte boloñesa resumió así ese testimonio: "Basta una palabra de Gelli y el jefe del Servicio Secreto argentino en Italia corre a ponerse a disposición del director (de la P2) del SISDE, estableciendo relaciones de fructífera colaboración. Esto sería suficiente –dicen los jueces– para certificar el poder alcanzado por Gelli en ese Estado sudamericano, pero aún hay que recordar –añade el tribunal– que entabla una relación con Perón (el expresidente argentino) y con su entorno, donde destaca un personaje como López Rega; tiene relaciones con el General Viola (hombre que depuso a Videla con un golpe de Estado en 1981, ndr); Vignes, exministro de Relaciones Exteriores, también se afilia a la P2, de quien obtiene el nombramiento como cónsul honorario de Argentina en Roma. La 'penetración' del poder de Gelli en la Argentina –concluyen los jueces citados en esta sentencia– tiende por tanto a asumir las mismas características y a alcanzar niveles no inferiores a los de la 'penetración' análoga en la realidad italiana".

Imagen de portada: diseño de Paolo Bassani

Foto 2: el dictador de Chile, Augusto Pinochet / Biblioteca del Congreso Nacional de Chile

Foto 3: desde la izquierda, Emilio Eduardo Massera y Jorge Rafael Videla

Foto 4: Licio Gelli en 1989

Foto 5: familiares de los desaparecidos se manifiestan frente al Palacio de Gobierno durante el regimen militar de Pinochet / Kena Lorenzini