Domingo 26 Mayo 2024

Existiría una foto, de muchos años atrás, que retrataría, en compañía insólita y sensacional, a Silvio Berlusconi, Giuseppe Graviano, el jefe de las masacres de Cosa Nostra y Francesco Delfino, general del Arma de Carabineros, hoy fallecido.

Se habla mucho de eso en estos días. Y se habla mucho, debido a los hechos que tuvieron como principal protagonista al colega Massimo Giletti, que no está pasando un buen cuarto de hora, a la decisión del editor de La7, Urbano Cairo, de cerrar el programa Non è l'Arena antes de que finalice el contrato, al papel poco claro de un tal Salvatore Baiardo, que desde hace meses y meses dice y no dice, alude y sobreentiende, guiña y balbucea, profetiza y menosprecia la captura de Matteo Messina Denaro, vestido con la ropa de un Nostradamus moderno que sabe mucho, realmente mucho, antes de que los hechos sucedan.

La mesa del clamor mediático está dispuesta. Trae tanto platos suculentos como indigestos. Tratemos de entender.

Hay pocas certezas sobre el tema.

Estamos en presencia de un revoltijo aparentemente inextricable. Una mezcolanza, sin embargo, ciertamente maloliente. Y una mezcla, por desgracia, que no se ve afectada por los primeros tres meses de investigación tras la captura de Messina Denaro.

Por ahora, al menos por ahora, la agenda roja de Paolo Borsellino no apareció. Los papeles del escondite de Totò Riina, nunca registrado por los carabineros del ROS de la época, no aparecieron.

Tampoco apareció un jirón, al menos un jirón, de las masacres de 1992-1994. Sólo una larga fila de amantes, novias y damas de compañía que habrían protegido, asistido, cuidado y mimado al jefe durante años. Por último, en orden de tiempo, la tal Laura Bonafede. Y también una fila india de cuevas, una al lado de la otra.

Aquí tenemos que abrir un paréntesis.

Porque merecen ser reseñadas las palabras del juez Alfredo Montalto, por su intrínseca claridad, quien en la orden de captura de Laura Bonafede, entre otras cosas, dice que las investigaciones posteriores a la captura de Messina Denaro: "Destacan el increíble e inexplicable fracaso de años y años de investigación en ese círculo territorial restringido entre Castelvetrano y Campobello di Mazzara, constantemente tamizado y controlado con los más sofisticados sistemas de intercepción y videovigilancia en todos los lugares estratégicos que, sin embargo, como hoy se descubrió, no impidió que el fugitivo más buscado del mundo llevara una existencia 'normal' en esos mismos lugares y durante muchos años (por lo menos veintiséis), sin siquiera esconderse demasiado; sino revelando a todos su rostro reconocible (al menos para los muchos que lo habían conocido personalmente)".

Montalto concluye diciendo: "Cómo es que ha podido ocurrir esto parece inexplicable en este momento y no privado de consecuencias".

¿Cuánto peso tuvieron estas palabras en los periódicos o en la televisión? ¿Qué preguntas plantearon entre los especialistas? ¿Qué conclusiones sacó de ello el hermoso mundo de cierta abogacía garantista?

¿Y los periódicos del "Ciccio dispara, dispara", especializados en asuntos mafiosos? Nada. Nada en absoluto. Ni siquiera un pequeño editorial. Una pequeña palabra. Tal vez, un tiro y listo. Su silencio brilla en forma magnífica. Absolutamente nada.

Las palabras de Montalto fueron ignoradas, se escurrieron como agua clara. A nosotros, en cambio, el agua señalada por Montalto, nos parece muy turbia.

Atención. Esta vez no tiene nada que ver con Salvatore Baiardo, el Nostradamus mencionado anteriormente; sin embargo, las cuentas que no cuadran tienen algo que ver.

Y el juez instructor se limitó, con su diagnóstico, a hacer el clásico dos más dos. Con un resultado final que dice mucho sobre esta intrigante historia.

Parecería, a primera vista, que nos hemos desviado del problema principal. Lejos de ello.

En conclusión ¿existe o no existe la foto de Berlusconi, Graviano y Delfino? No sabemos.

Hace años, Andrea Camilleri escribió un ensayo deslumbrante, titulado "Bula de componendas".

El escritor de Puerto Empedocle se refería a un documento sobre el que se habían creado muchas leyendas en Sicilia desde el 1800. Sobre la base de esa "bula", la Iglesia, a cambio de una compensación monetaria, concedía indulgencias preventivas a los fieles, incluso por eventuales delitos de sangre. Todo el mundo hablaba de ello, todo el mundo lo sabía. Eso sí, todo sucedía a oscuras, indulgencias "en negro", podríamos decir con las palabras de hoy.

Camilleri inició, incluso en los archivos eclesiásticos, una minuciosa búsqueda de la bula que habría sido la prueba definitiva para confirmar una leyenda rica de fundamentos indemostrables.

Y cuando se convenció de que estaba a un paso de develar el misterio de la "bula", descubrió que, de cierto volumen, particularmente sospechoso, enterrado en un archivo, se habían tomado unas pocas páginas correspondientes al corazón de su investigación, las que misteriosa, pero muy convenientemente, habían sido arrancadas.

¿Saben cómo termina la historia?

Con estas palabras de Camilleri: "Cuando me quedó claro el diseño de este escrito, le dije a Leonardo Sciascia que me gustaría escribir algo sobre la bula de componendas. Él no sabía nada al respecto, solo conocía la componenda, la laica. Entonces le expliqué de qué se trataba y le pedí que me ayudara bibliográficamente". Hizo una pausa, me miró y sonrió.

"Nunca encontrarás un documento como ese", me dijo.

Y concluye amargamente Camilleri: "De hecho, no lo encontré".

Así como nunca será encontrada, bien porque no existe o bien porque está en manos seguras, la foto Berlusconi-Graviano-Delfino, que tanta expectación y codicia ha suscitado estos días en los medios de comunicación.

Pero que la agenda roja de Paolo Borsellino existió, por lo menos hasta el día del cráter en via D'Amelio, es cierto.

A dónde fue a parar después de eso, vaya uno a saber. En resumen: nosotros invertiríamos más en esta investigación. Y en todos los secretos de los que Matteo Messina Denaro es custodio.

Aunque solo sea para no acabar como tontos, mediáticamente, claro.

Foto: Paolo Bassani