Domingo 23 Junio 2024
Por Giorgio Bongiovanni-24 de febrero de 2022

Al final, los vientos de guerra que soplan sobre Ucrania y que enfrentan a la Rusia de Vladimir Putin y al Occidente pro OTAN, liderado por Estados Unidos, se han materializado en un ataque. Ocurrió en la madrugada de hoy, jueves 24 de febrero. Y no puede dejarnos indiferentes.

La escalada de las últimas semanas, acompañada de las recientes palabras del presidente ruso, en las que recordó a todos que si hubiera un conflicto no habría ganadores, dejan al mundo en vilo. Y la acción de hoy, por supuesto, aumenta las preocupaciones.

Ahora bien ¿cómo se llegó a este punto?

Durante diez años, a raíz de varios viajes, pude visitar Rusia y conocí el orgullo de un pueblo que no acepta provocaciones.

Antes que nada, sin embargo, quiero dejar claro a nuestros lectores que no somos partidarios de Putin y que nos oponemos firmemente a su autoritarismo. Diré más. Somos conscientes de que el presidente ruso hace mucho tiempo que tiene un acuerdo con la mafia rusa (Mafja en ruso) por la seguridad del país.

¿Cómo? Lo decimos de inmediato. En 1994 tuve la oportunidad de entrevistar al ex presidente del Tribunal Constitucional, Valery Zorkin, quien me describió la imagen de una Rusia sufriente, víctima de una fuerte corrupción política. "Desde hace mucho tiempo -me dijo entonces, hablando también de la Mafja- Moscú llegó a un nivel de corrupción que es ciertamente superior al de cualquier otro país del mundo. El gobierno actual no tiene ninguna intención de eliminar este problema, probablemente porque les conviene que todo siga como está". Y luego agregó: "Creo que la única forma de sanar la situación es reemplazando a las personas que manejan el poder en nuestro país y así restaurar el orden". Una manifestación de ese nivel de corrupción fue el grupo paracriminal de oligarcas que, como ha dicho repetidamente el inolvidable colega Giulietto Chiesa, de alguna manera se habían apoderado del Estado, expropiando todo el poder económico y las propiedades de todo el pueblo ruso.

¿Qué tiene que ver la Mafia con esto? Tiene que ver desde el momento en que precisamente esos oligarcas no solo están cerca de la mafia (como estuvo cerca en Italia el ex primer ministro Silvio Berlusconi que le pagó durante mucho tiempo a Cosa Nostra y que con un hombre de la mafia incluso fundó un partido), sino que además forman parte de ella.

En las relaciones con el poder, la mafia rusa siempre miró con admiración a la italiana, siguiendo durante mucho tiempo la misma lógica y violencia.

Estamos hablando de estructuras que no tienen nada que envidiar, por violencia y crueldad, a los narcotraficantes de Sudamérica. Aunque según los estudiosos no existe una estructura vertical, sí existen fuertes alianzas con el poder, al punto que los jefes mafiosos hoy son los líderes de la economía del país.

Y a ellos se ha enfrentado Vladimir Putin, alcanzando un nuevo equilibrio. Lo decimos claramente, conscientes de que esto también puede tener repercusiones, quizás hasta la denegación de la visa para un futuro viaje a Rusia.

Vladimir Putin, para devolverle a Rusia sus glorias, a su manera llevó adelante una especie de guerra contra las mafias, eliminando incluso a ciertos oligarcas (miembros cercanos de esa aristocracia mafiosa que tenía peso en la dinámica interna).

Al mismo tiempo, sin embargo, se vio obligado a "negociar" con otros oligarcas, consciente de que las organizaciones criminales rusas forman una parte considerable de la clase dirigente y económica del país.

Son estos grupos de poder los que lavan miles de millones de euros. Y son las organizaciones criminales las que garantizan cierto equilibrio dentro de la nación. Y su existencia es, en algún sentido, tolerada mientras no se mate a jueces o policías.

Una tratativa Estado-mafia al modo ruso.

Entre los oligarcas, destacaban y destacaban personajes de primer nivel.

Basta con mencionar al exoligarca Mikhail Khodorkovsky, quien recibió una condena por estafa y fraude fiscal, después fue exiliado a Siberia y condenado a trabajos forzados, y finalmente indultado por el presidente Putin.

O el oligarca ruso Boris Berezovskij, encontrado muerto en el baño de su propiedad en Berkshire (suroeste de Londres) en el 2013. Fue una de las eminencias grises de Rusia durante la era Yeltsin y quien estuvo al frente de una poderosa organización mafiosa, la Confraternidad de Solntsevo. Después de apoyar inicialmente a Putin, pronto se vio obligado a huir al Reino Unido. En Inglaterra comenzó una "guerra" contra otro oligarca, Roman Abramovich (propietario del Chelsea Football Club).

E incluso este último tiene sus esqueletos en el armario, con acusaciones de blanqueo de capitales y relaciones con el crimen organizado. Y es con sujetos de este tipo con los que Putin ha pactado, consciente de que Rusia no puede permitirse el lujo de entrar bancarrota.

Un poco por la misma razón por la que en Italia la lucha contra la mafia se deja en manos de unos pocos magistrados y organismos encargados de hacer cumplir la ley, y nunca se la combate desde la esfera política. Porque los aproximadamente 150 mil millones de euros anuales que gana la hipotética Mafia Spa, le dan un respiro a las arcas nacionales y a las empresas más importantes del país. Porque las mafias, como mencionaron en varias ocasiones magistrados como Roberto Scarpinato, ofrecen servicios y contribuyen a nuestro PIB. Basta decir que la propia UE, desde el 2014, ha establecido que el tráfico de drogas y la prostitución deben incluirse en el cálculo del Producto Interno Bruto.

Entonces, está claro, Putin ciertamente no es un "Santo" ni un "Salvador de la Patria".

Esto nos lo recordó Anna Politkovskaya, la periodista asesinada de cuatro tiros en el ascensor del edificio de apartamentos donde vivía, en Moscú, el 7 de octubre del 2006.

Un crimen, sin embargo, que ciertos servicios de seguridad utilizaron para golpear al jefe de Estado ruso.

Pero volvamos a la guerra y a lo que está pasando en Ucrania.

Desde el punto de vista internacional, no se puede decir que la actuación rusa no sea lógica tras las continuas provocaciones sufridas.

Cualquier nación, sea o no una República, cuando tiene ejército, está obligada a defenderse si se encuentra rodeada de fuerzas adversas.

Porque eso es lo que está pasando en el Donbass. Putin se vio obligado a actuar reconociendo a la República separatista para defenderse de la agresión que la OTAN quiere llevar a cabo con la incorporación de Ucrania al Pacto Atlántico.

Es obvio que Putin no puede aceptar la afirmación de que la OTAN nunca invadirá Rusia. Es obvio que el presidente ruso, como lo hizo Kennedy cuando la Unión Soviética comenzó a instalar misiles en Cuba, se encuentra obligado a "mostrar los músculos".

Y el ataque de esta noche es un acto de fuerza que hay que leer en este sentido.

Y en esta situación Occidente tiene su parte de responsabilidad. Porque pudo, o más bien debió, haber intervenido optando por la política de distensión que otros grandes presidentes han aplicado en el pasado.

Mientras realizaba el bloqueo naval, Kennedy trabajó por la paz buscando un diálogo con Nikita Khrushchev. Y ese diálogo con la Unión Soviética, primero, y Rusia, después, continuó con los Carter, los Clinton y los Obama, a pesar de sus innumerables fallas.

En cambio, el actual presidente Biden, junto al resto de la OTAN y sus estados "democráticos", siguió con su maniobra para cercar a Rusia en lugar de actuar de inmediato con sanciones o acciones diplomáticas.

Putin es un autoritario que, con razón o sin ella, quiere restaurar viejos regímenes. Pero no hay gente cuerda del otro lado de la cerca.

Ahora todas las fuerzas están sobre el campo. Y estamos hablando de fuerzas que tienen armas nucleares.

Hoy Putin reiteró: "Los que interfieran tendrán consecuencias jamás vistas".

Con el riesgo de una guerra atómica, lo sabemos, nadie ganará.

En este momento es necesario que el Occidente europeo despierte y abandone su posición, hasta ahora indiferente y mediocre, y se libre del presidente títere norteamericano.

Esta guerra podría realmente destruir la historia milenaria de Europa, si no de la humanidad misma.

Y contra esta Rusia la lógica no puede ni debe ser la de las armas y el cerco. También porque, como enseña la historia, Rusia no puede ser invadida. Está en la piel y en la carne de un pueblo que ha sido capaz de resistir invasiones desde la época de Napoleón. Si se fuera tan lejos, antes que verse conquistado, Putin podría incluso llegar a apretar ese botón que, con diez mil ojivas nucleares, puede matar a Sansón con todos los filisteos.

Un riesgo que el mundo no puede permitirse.

----------------------

Imagen de portada: Reelaboración gráfica de Paolo Bassani