Miércoles 21 Febrero 2024

Desde que comenzó la llamada "contraofensiva" ucraniana, el mainstream se ha apresurado a mostrar a una Rusia de alguna manera "golpeada" o casi "paralizada", pero la realidad es muy diferente.

Hablamos de un conflicto sangriento que, según afirmó en una entrevista al diario Financial Times el jefe del Estado Mayor estadounidense, general Mark Milley, "nadie puede ganar".

La variable, por supuesto, es la posible utilización de armas nucleares por parte de Putin, pero desde Moscú, y sin perjuicio de las palabras de Medvedev, nunca se ha ido más allá. Rusia ha demostrado ser una potencia extremadamente fuerte, apenas debilitada por las sanciones de la Unión Europea, y por lo tanto capaz de planificar un conflicto a largo plazo.

¿Cómo impedir, pues, el estilicidio del pueblo ucraniano que ocurre desde que Rusia invadió el país?

Es necesaria una tregua, sin peros ni condiciones. Y la única forma de lograrlo hoy es deteniendo al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky.

Massimo Fini, en su análisis en el diario Il Fatto Quotidiano, destacó la "terquedad" y el "narcisismo" del líder ucraniano al emitir un decreto que prohíbe cualquier negociación. Un acto que cae a diario "sobre la cabeza de su propia población".

En mi opinión, en la evaluación de los hechos, incluso se podría ir más allá. Zelensky, plenamente consciente de que no tiene ninguna posibilidad contra la maquinaria de guerra rusa, debe ser arrestado y juzgado por crímenes de guerra contra su propio pueblo.

Es él, con sus propias elecciones y acciones, quien permite el asesinato de tantos ucranianos.

Siempre hemos dicho que hay un país invadido (Ucrania) y un invasor (Rusia, aunque provocado por los continuos "acercamientos" a su frontera por parte de la OTAN y por las persecuciones de la población de habla rusa en el Donbass).

Pero después de un año de conflicto constante, ha llegado el momento de sentarse a la mesa de negociaciones, antes de que ocurra lo irreparable (un posible uso de armas nucleares tácticas).

Se podría pensar en una tregua como ocurrió entre las dos Coreas, divididas desde 1953 en Norte y Sur.

Ese conflicto sufrió una intervención masiva del ejército estadounidense bajo la presidencia de Harry Truman y otras naciones occidentales del Pacto del Atlántico, mientras que Corea del Norte fue apoyada por la Unión Soviética y la China de Mao Tse-Tung.

Incluso entonces había una fuerte atmósfera de "Tercera Guerra Mundial" con las fuerzas estadounidenses que incluso temían un posible uso de armas atómicas. Las llamadas fuerzas "comunistas" finalmente forzaron la retirada de Estados Unidos, y el presidente Truman inició negociaciones con Pyongyang. Siguieron dos años de estancamiento sustancial en la frontera del paralelo 38, donde los dos ejércitos se enfrentaron en una serie de batallas cortas para obtener pequeñas ventajas territoriales, mientras que la fuerza aérea estadounidense continuaba atacando las posiciones de Corea del Norte. El armisticio se firmó el 27 de julio de 1953 y sancionó la división de las dos Coreas, que hoy conocemos, con una pequeña ventaja territorial para el Sur.

Es esta una historia que podría servir de ejemplo para resolver el conflicto entre Rusia y Ucrania, manteniendo Rusia los territorios recién conquistados.

El presidente Zelensky "salvaría" así a Ucrania de la destrucción total, mientras que Putin tendría que retirar sus fuerzas militares manteniendo el control en el área del Donbass y de Crimea. Por supuesto que sería un equilibrio precario, pero no habría más muertes en los dos frentes.

Hasta la fecha, sin embargo, Zelensky rechaza cualquier iniciativa, lo cual confirma que detrás de este conflicto debe haber algo terriblemente podrido que va más allá de los equilibrios geopolíticos.

Hace algunos años los Estados Unidos de América iniciaron la llamada "guerra infinita" contra el terrorismo. Hoy la OTAN propone una "guerra infinita" en Ucrania con envíos continuos de armas desde los países miembros. Una petición que Italia sigue cumpliendo desde hace meses en contra de sus propios principios constitucionales (art. 11: "Italia repudia la guerra como instrumento de ofensa a la libertad de otros pueblos y como medio de solución de controversias internacionales").

No podemos escondernos detrás de un dedo, como tampoco podemos olvidar que en los últimos veinte años Occidente ha sido el responsable de continuas violaciones del derecho internacional, en nombre de la guerra.

¿Cómo? Nos lo recuerda siempre Massimo Fini. Sucedió "en 1999 con la agresión a Serbia, en 2003 con la agresión a Irak, en 2006/2007 con la agresión a Somalia a través de Etiopía, en 2011 con la agresión a Libia. Todas operaciones a las que la ONU, que debería ser el guardián de este supuesto derecho internacional, estuvo en contra. Agresión, la de Libia, llevada a cabo por los franceses, los americanos y, por desgracia, también por los italianos (el primer ministro era Berlusconi) aún en contra de nuestros propios intereses".

Porque en la historia de la "doble moral", como dice Fini, "cuando los agresores son los otros se los tilda de 'terroristas' y, en el caso de Rusia, su líder es remitido al fantasmagórico Tribunal Internacional de La Haya por 'crímenes de guerra'; pero los occidentales solo son siempre 'almas bellas' que hacen la guerra llamándola paz".

Hoy, respecto a Ucrania, nadie excepto el Papa Francisco y algunos otros activistas en el mundo, pide el fin inmediato del conflicto. Y nadie parece realmente querer escuchar.

En Estados Unidos, Robert Kennedy Junior, hijo del ministro Bob Kennedy y nieto del 35° presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, habla de paz. En su campaña electoral no oculta sus intenciones y, dado su historial, realmente sería capaz de conducir al mundo hacia un nuevo rumbo, evitando el estallido de una guerra atómica que, eso sí, no tendría ni vencedores ni vencedores.

Diseño de portada: Paolo Bassani / Antimafia Duemila