Vigencias y verdades detrás de las letras
 
Por Andrés Volpe, desde Argentina-29 de diciembre de 2021

La década infame pasó, varios años más dejamos detrás, si el genial Enrique Santos Discépolo logró denunciar y describir el cambalache de su siglo XX. ¿Qué es lo que no hubiera podido decir de este quilombero siglo XXI?

A pesar que desde 1934 “Cambalache” grita verdades, los milicos lo vieron venir y lo censuraron, pero ya era demasiado tarde. Hoy, Discépolo, que desde su cielo nos observa, podría bien preguntarse, ¿por qué no agregué más párrafos a mi canción?

Si bien este tango tuvo su nacimiento en un puntual contexto, su letra denunciando los males de su sociedad, la transforman en un tema universal y aplicable a cualquier país del mundo; además, que representar a la sociedad humana de siempre, será un tema vigente de cualquier época.

¿Que nos hubiera dicho hoy? ¿Cuántas estrofas hubiera agregado?

Quizás en la visión del “mundo de patas para arriba de Eduardo Galeano” puede estar mejor descripto, o algo menos poético y directo al grano.

“Que la guerra fue y será una porquería. Que siempre ha habido bancos, petroleras y desplazaos, megaminería y glifosatos, deforestación y Chernobyl…”.

“Pero que el siglo veintiuno es un despliegue de cambio climático y ardiente, ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos con el COVID y con el mismo FMI todos endeudaos…”.

“¡Qué falta de justicia, qué atropello a la razón! ¡Cualquiera es un político! ¡Cualquiera es un traidor!”.

“¡Siglo veintiuno, quilombo y cambalache problemático y servil… ¡El que no llora no mama y el que no se droga es un gil!”.

“¡No pienses más, sentate a un lao, que a nadie le importa si los niños están destrozaos!”.

Genocidios vigentes, cambio climático, contaminación, pobreza, guerra, energía nuclear, asesinados, comerciados, muertos y re muertos. Más que apreciar un buen tango podríamos leer una novela de terror con tales realidades.

Por eso, la trova futurista pinta fuerte como alegórica de la denuncia. Varios cambalaches pendientes en el tintero. La canción contemporánea de la calle, de ese asfalto profundo, anuncia que comenzó un nuevo periodo, y por lo que se avizora va a ser más infame que nunca. John Lennon, Ana Tijoux, Roger Waters, Víctor Jara, Rene Pérez Joglar, Pablo Hásel. El pasado y el presente conviven, se mezclan, reparten memorias, se funden y fabrican expresiones, comparten enseñanzas, manchas y verdades.

Como resultante, expulsan voces al viento que se filtran al interior de cada corazón vigilante. Es el susurro que molesta el que buscamos, es esa voz que lastima, que despierta sonámbulos, que nos pone en guardia, que despabila sentidos. Es ese grito en soledad que camina posta tras posta, observando con ojos firmes, sin bajar la mirada, interpelando a un profundo desastre. Se cristaliza en el tiempo para convertirse en poesía como esperando cierta utopía. Es esa marcha de la bronca que “prefiere tener el pelo libre, que la libertad con fijador”, es un Charly García “viendo a los dinosaurios desaparecer”.

América Latina, según Calle 13 es ”un pueblo sin piernas pero que camina”. Caminamos por nuestros hermanos, cantando al compás de nuestros sueños, que son grandes y son eternos, enlodados en la vorágine apática que solo reconoce melodías y letras, como un viejo tango repitiendo, sonando y denunciando sin cesar.

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*Imagen de portada: lareverde.com

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