Martes 16 Abril 2024

Hace pocos días, falleció en Roma, a la edad de 75 años, Barbara Balzerani. Representante de las Brigadas Rojas y líder de la columna romana, participó en la emboscada de la calle Fani en 1978, en la que murió toda la escolta de Aldo Moro.

Nunca arrepentida ni disociada, protagonizó junto a Mario Moretti el secuestro del líder de la Democracia Cristiana y posteriormente participó en numerosos asesinatos, incluido el del magistrado Girolamo Minervini en 1980. Fue detenida junto con Gianni Pelosi en 1985 tras un largo período de ocultamiento en el que había sido rebautizada como "la prímula roja de las Brigadas Rojas".

Hace unos años, con la publicación del trabajo de la Comisión Fioroni sobre el caso Moro, ya expresé mis pensamientos sobre las actividades que llevaron a cabo en aquella acción las Brigadas Rojas.

Se demostró que los miembros de las Brigadas Rojas no actuaron solos en la ejecución del crimen.

Todo habría sido concebido, estudiado y ejecutado por una acción combinada internacional entre las Brigadas Rojas, partes desviadas del Estado, servicios secretos liderados por la CIA y la KGB, la mafia siciliana-estadounidense, el crimen organizado italiano y los poderes ocultos del Vaticano.

Pieza por pieza la llamada "verdad de los brigadistas", aquella del memorial Morucci-Faranda, fue desmontada por la Comisión.

De hecho, según los datos recogidos, es físicamente imposible que Moro haya sido asesinado en el capó del Renault aparcado en la calle Caetani, como tampoco es cierto que haya muerto instantáneamente. Gracias a las pruebas del RIS (División de Operaciones Científicas del Arma de Carabineros) sabemos que le dispararon once tiros con dos armas, 2 silenciados y 9 normales, que fueron disparados desde una posición frontal y que la agonía duró al menos un cuarto de hora.

Y no solo eso.

De fondo, también emerge en la calle Fani una presencia inquietante, la del jefe de la 'Ndrangheta, Antonio Nirta. ¿Por qué estaba allí? ¿Qué papel jugó el crimen organizado en este caso?

Preguntas que aún no fueron respondidas, aunque los colaboradores de justicia hablaron de la implicación tanto antes como después del secuestro del político de la Democracia Cristiana.

Es cada vez más evidente que partes desviadas de las instituciones trabajaron para impedir que Moro fuera salvado.

Los servicios secretos estadounidenses y soviéticos, la CIA y la KGB, incluso el secretario de Estado estadounidense, Henry Kissinger, organizaciones criminales como Cosa Nostra e incluso la 'Ndrangheta, y obviamente la logia masónica P2, se insertan en este marco dramático y criminal.

¿Qué rol tuvieron las Brigadas Rojas, como protagonistas visibles de toda la operación?

Lo explicamos una vez más, proponiendo las mismas consideraciones de aquel editorial.

Había miembros de las Brigadas Rojas convencidos que creían en la "causa" y en las acciones que se estaban llevando a cabo. Había miembros de las Brigadas Rojas vinculados a la delincuencia común, pero también había otros que habían sido infiltrados por servicios secretos extranjeros, por la CIA, en un juego mucho más grande que ellos.

Alberto Franceschini, miembro de las Brigadas Rojas, afirmó que, sin la cobertura de la CIA, la KGB y el Mossad no habrían podido secuestrar ni mantener a Moro escondido en Roma durante 55 días. Franceschini, junto con Renato Curcio (otro fundador de las Brigadas Rojas), dijo que Mario Moretti era un espía de los servicios secretos. Y otros sostienen que otros miembros destacados de las Brigadas Rojas también eran infiltrados de los servicios.

¿Y qué decir de Alessio Casimirri, que partió hacia Nicaragua desde Francia con un pasaporte que muchos creían había sido proporcionado por los servicios secretos?

Fue desconcertante el descubrimiento de un nuevo escondite para los miembros de las Brigadas Rojas en la calle Massimi, en un edificio propiedad del Vaticano, administrado por el hijo del secretario del cardenal Marcinkus del IOR. El mismo estaba conectado con la calle Licinio Calvo, muy cerca de la calle Fani, y pudo haber sido la primera prisión de Moro.

Precisamente sobre el papel del Vaticano y de Antonello Mennini, el "cartero" de algunas cartas de Moro y sospechoso de haber sido un "canal de retorno", quedan serias dudas. Como la presión ejercida sobre el Papa Pablo VI para evitar cualquier apertura en la carta a los "hombres de las Brigadas Rojas".

Años más tarde, las palabras de Steve Pieczenik, consejero de Estado estadounidense, convocado junto a Francesco Cossiga para resolver la crisis, pueden releerse en una entrevista publicada en Francia, en el 2006, por el periodista Emmanuel Amara, en el libro Nous avons tué Aldo Moro (Nosotros matamos a Aldo Moro).

"La decisión de matar a Moro no se tomó a la ligera. Lo discutimos largamente, porque a nadie le gusta sacrificar vidas. Pero Cossiga mantuvo el rumbo y así llegamos a una solución muy difícil, especialmente para él. Con su muerte impedimos que Berlinguer llegue al poder y así se pudo evitar la desestabilización de Italia y Europa". Y no solo eso. Unos años antes, en el 2001, el propio Pieczenik, en una declaración publicada en el Italy Daily, afirmó que había actuado en nombre del gobierno de Washington y que su tarea era "estabilizar a Italia para que la Democracia Cristiana no ceda. El temor de los estadounidenses era que un colapso de la DC llevaría el consenso al PCI (Partido Comunista Italiano), que ya estaba cerca de obtener la mayoría. En situaciones normales, a pesar de las numerosas crisis gubernamentales, Italia siempre había estado firmemente en manos de la DC. Pero ahora, con Moro mostrando signos de debilitamiento, la situación estaba en riesgo. Por tanto, se tomó la decisión de no negociar. Políticamente no había otra opción. Sin embargo, esto significa que Moro habría sido ejecutado. El hecho es que no era indispensable para la estabilidad de Italia". Declaraciones, que nunca fueron desmentidas ni por Cossiga ni por Andreotti, y que se encuadran en un contexto político definido.

Utilizando las palabras del propio Grassi, queda claro, por tanto, que en el caso Moro hubo una negociación que no fue para salvar al político de la DC, sino para acelerar su asesinato.

Está claro que el caso Moro no fue sólo una cuestión de represalia contra el "Compromiso Histórico" (entre otras cosas, una palabra nunca utilizada por el propio presidente de la DC, que esperaba en cambio una "alternancia" bipolar en el gobierno del país), sino algo mucho más grande como la estabilidad del espacio atlántico.

Entonces, ¿cómo se podría finalmente tener una nueva verdad que sea también procesal y no sólo histórica?

En forma provocativa dijimos que debían reabrirse de manera definitiva las puertas de la cárcel de aquellos brigadistas que, es evidente, no han contado la verdad o que nunca han dicho nada a los órganos de investigación sobre lo que realmente sucedió en aquella acción en 1978.

Personajes como Valerio Morucci, ex jefe de columna de las Brigadas Rojas romanas, 'disociado', condenado a treinta años de prisión en el juicio Moro, ya libre; Adriana Faranda, también condenada a treinta años de prisión y en estado de libertad; Mario Moretti, condenado a cadena perpetua por el secuestro y asesinato de Moro, en prisión en régimen de trabajo externo; Raffaele Fiore, condenado a cadena perpetua y en libertad condicional desde 1997, sin haberse arrepentido jamás; Franco Bonisoli, condenado a cadena perpetua en el juicio romano Moro-Uno, disociado desde 1983; Alessio Casimirri, quien se encuentra prófugo en Nicaragua y fue dueño en Managua primero del restaurante Mágica Roma y luego de La cueva del Buzo. Hoy todos son ancianos, pero deberían ser detenidos nuevamente o al menos investigados.

A la luz de los hechos presentados hasta ahora, con una negociación real llevada a cabo para matar a Moro y por tanto desestabilizar al Estado, debería abrirse un nuevo caso por el delito de ataque al cuerpo político del Estado.

Por ello, se deberían suspender todos aquellos beneficios que el Estado les ha otorgado por "buena conducta".

Todos ellos, asesinos en libertad, saben la verdad. Y si quieren obtener beneficios primero deben colaborar con la justicia y contar lo ocurrido en esa "negociación", revelando los nombres de los autores intelectuales, promotores y favorecedores de aquella iniciativa que marcó la historia de nuestro país mucho más de lo que se podría imaginar.

Foto: diseño gráfico de Paolo Bassani