Domingo 14 Julio 2024

"Un pecado colectivo" donde "se gana matando". Con estas palabras, el Papa Francisco, que no sólo es el vicario de Cristo sino también uno de los pocos jefes de Estado que defienden la Paz, definió a "la fábrica de armas", es decir, el mercado en el que se concentran las inversiones que más ingresos dan en el mundo.

La prueba de ello está en el billón de dólares (como mínimo) invertidos por el sector financiero mundial para apoyar la producción y el comercio de armas entre 2020 y 2022. Cifras reveladas por el informe Finanzas para la guerra. Finanzas para la paz.

Números que explican por qué hoy ya está en curso lo que el Papa Francisco llama la "Tercera Guerra Mundial por partes" y que día tras día corre el riesgo de arrastrar a la humanidad hacia el abismo de la catástrofe global.

Y en este 2024 el reloj del Apocalipsis sigue marcando que faltan 90 segundos para la medianoche. La escalada del riesgo nuclear está marcada por la guerra entre Rusia y Ucrania, pero también hay que mirar la guerra en Gaza que, como dice el Bulletin of Atomic Scientists (organización de físicos atómicos fundada en 1945 por Albert Einstein y que desde 1947 marca el tiempo que falta para que se produzca un desastre global) "tiene el potencial de escalar hasta convertirse en un conflicto más amplio en el Medio Oriente, que podría plantear amenazas impredecibles a nivel regional y global".

En este "panorama de locura", los pueblos poderosos del mundo, empezando por los Estados Unidos de América, o la propia Rusia y China, están gastando sumas importantes para aumentar y modernizar sus arsenales nucleares.

¿Por qué sucede todo esto? Muy simple: por una cuestión de dinero.

La guerra ya no sigue la lógica de la conquista o la defensa de un territorio, de una nación o un pueblo.

Ni, mucho menos, se realiza por un ideal.

Se dice que Rusia quiere recrear la Unión Soviética; que todo un pueblo quiere aniquilar a Israel; que el mundo árabe está unido en defensa de Palestina; que la guerra contra el terrorismo no ha terminado; que el único modelo de "libertad y democracia" es el occidental; etcétera.

Todas son mentiras y engaños para justificar las acciones y hacer creer a los soldados que lo que se libra es una guerra justa.

Conquistadores o tiranos, como Alejandro Magno, Napoleón, Hitler o Mussolini hoy no serían considerados políticos, sino "Señores de la Guerra".

Aquella película, estrenada en 2005, dirigida por Andrew Niccol y con Nicolas Cage como protagonista, explica exactamente lo que está pasando en el mundo.

Fabricantes de muerte que "venden tanto a la izquierda como a la derecha" sin seguir un ideal político con tal de que se dispare y aumenten las ganancias.

Y hoy el único jefe de Estado que tiene el coraje de decir la verdad es el Pontífice que señala con el dedo a la venta de armas.

La guerra es una cuestión de dinero manchado de sangre. ¿En cuántos países africanos se han generado guerras para apoyar o sostener a una dictadura? ¿Cuántas armas se vendieron a tal o cual grupo rebelde? Cientos de miles.

Hay un gran engaño en marcha. Que se aplica a las guerras de hoy y a las del mañana.

En esta loca humanidad no se comprende que si las sumas invertidas para la compra y venta de armas y equipos se invirtieran de otra manera, por ejemplo, en salud, medio ambiente y educación, podríamos, como nos sigue repitiendo el Papa Francisco, superar las carestías, el hambre en el mundo, el analfabetismo y salvar al planeta entero de su decadencia climática.

Pero al poder sólo le interesa el dinero.

Giulietto Chiesa, periodista y fundador de Pandora TV ya fallecido, en la entrevista que nos concedió en el 2019, desarrolló un análisis despiadado de cómo los Poderosos del Mundo, locos y sin escrúpulos, nos están conduciendo hacia el abismo. "El mundo contemporáneo es prisionero de una gigantesca máquina económica planetaria que está produciendo una polarización extrema entre ricos y pobres -explicó Chiesa- ¿Cómo es posible que tengamos una situación en la que un grupo muy pequeño de personas se hace cargo de los recursos vitales del resto de la población del planeta? Porque si estas personas, supongamos que sean un millón entre siete mil millones, se vuelven tan poderosas que pueden dominar y decidir quién debe vivir o morir, y tal vez incluso cómo, entonces estamos en peligro. Porque esta gente ya no tiene límites".

Si existe un Dios, no tendrá perdón para los poderosos de este mundo ni para los mercaderes de la muerte. Nosotros creemos que existe.

Foto: diseño gráfico de Paolo Bassani