Martes 16 Abril 2024

En los últimos días, leyendo las páginas de Il Fatto Quotidiano, nos hemos quedado absolutamente desconcertados por los editoriales de Marco Travaglio y por la opinión de Antonio Padellaro tras la condena en primera instancia (no definitiva) de un año y tres meses contra Piercamillo Davigo, exmagistrado del histórico grupo del caso Mani Pulite, exjuez de Casación y exmiembro del CSM (Consejo Superior de la Magistratura), que terminó enjuiciado por revelación de secreto oficial. Una sentencia grave para un magistrado, que se produjo en el sonado caso de los informes del abogado Piero Amara, en el que hablaba de la existencia de una supuesta "Logia Hungría", que, según él, incluía figuras de las instituciones y de las fuerzas armadas, así como a dos miembros del CSM.

No se trata de una cuestión personal.

Es inútil hacer una lista de las muchas batallas (desde la defensa de la Constitución hasta la denuncia de hechos en materia de justicia, mafia, corrupción y muchos otros más) que ANTIMAFIADuemila, tratando de hacer un pequeño aporte, ha compartido con Il Fatto Quotidiano.

Un diario que siempre hemos considerado altamente atendible.

Cada tanto, sin embargo, hemos estado en desacuerdo en algunos temas.

Así pasó en el tema Bonafede (con las decisiones del entonces gobierno de Conte sobre la lucha contra la mafia, sobre el fallido nombramiento de Nino Di Matteo, el tema de las excarcelaciones y el DAP) y hoy vuelve a pasar.

Tras la condena de Davigo, y desde hace unos días, empezaron a aparecer en Il Fatto diversos editoriales en defensa del indefendible exmiembro del CSM, con absurdas exaltaciones y altisonantes parangones (que llegaron a comparar a Davigo con Giovanni Falcone) sin tener en cuenta la grave y antiética conducta asumida por el ex miembro del CSM.

Travaglio Padellaro y el grave error sobre Davigo 2

Una grave "defensa de oficio". Y queremos explicar por qué.

Empecemos por el desconsiderado paralelismo con Falcone, realizado en el artículo de Padellaro.

Al recordar la "infame persecución de la que fue objeto" el juez de Palermo, al referirse al "Cuervo" de Palermo (los anónimos llenos de calumnias e insinuaciones que golpearon a Falcone) y a las absurdas acusaciones sufridas tras el fallido atentado de Addaura, habló del "conflicto existente dentro de la justicia italiana, compuesto por envidias, celos, rencores, odios personales, tanto entonces como ahora" afirmando que ese "mismo odio" terminó golpeando al ex fiscal de Mani Pulite, Davigo, condenado, de hecho, por divulgación de documentos oficiales.

Pero ¿quién podría estar enojado con Davigo si este último no ha estado involucrado en investigaciones durante más de 25 años?

Y si hablamos de envidias y de celos, Davigo ha tenido comportamientos similares, en particular hacia otros magistrados como Sebastiano Ardita y Nino Di Matteo.

Por otra parte, no sabemos que Falcone haya sido alguna vez investigado o condenado, aunque solo se trate de la primera instancia del juicio, por un delito similar.

Pero siguiendo con el paralelismo realizado por Padellaro, podríamos decir que Davigo, con su conducta, está más cerca del "Cuervo" que de Falcone.

No hace falta leer los fundamentos de la sentencia para comprender que las informaciones sobre Ardita, contenidas en los documentos en que se fundan las declaraciones de Amara, fueron flagrantes calumnias puestas en circulación para desprestigiarlo e implementar lo que el abogado Fabio Repici calificó como "un intento de golpe contra el CSM".

Sin embargo, hay quienes, como Davigo, no han tenido escrúpulos en ir más allá de las fronteras legales para difundir lo mismo.

Y sobran las razones para recordar que Amara es un sujeto que fue considerado poco fiable y calumniador por dos fiscales, y que, según la fiscalía de Perugia, la logia Hungría es un engaño.

Travaglio Padellaro y el grave error sobre Davigo 3

Es cierto, en el juicio se reveló que, a excepción del consejero Nino Di Matteo y del propio Ardita, que interrumpieron la innoble máquina de enfangar al dirigirse a las autoridades competentes, dentro del CSM hubo "silencios bochornosos y omisiones inexcusables, que no tienen justificación alguna para los que han tenido esas actas en sus manos, las leyeron y luego las destruyeron", tal como dijo el juez de instrucción de Roma, Nicolò Marino, al motivar la sentencia que no dio curso al juicio contra Marcella Contrafatto. Se trata del procedimiento en el que el entonces secretario de Davigo fue acusado en Roma por calumnias contra el exfiscal de Milán, Francesco Greco.

Sin embargo, uno no puede atrincherarse, como hizo Travaglio para defender a Davigo, detrás del hecho de que solo los consejeros Cascini y Marra son investigados por "omitir la denuncia".

Suponiendo, solo como hipótesis, que se esté cometiendo un error, dado que por el momento no se sabe si se han abierto o no otras investigaciones, ello no absuelve a Davigo del delito cometido.

Porque independientemente de la condena no definitiva, Davigo difundió, y él mismo relató los episodios, dentro del CSM, de los venenos de Amara.

Y al hacerlo, en los hechos, golpeó a Sebastiano Ardita, miembro del CSM.

La historia se volvió más turbia cuando empezaron a circular informes anónimos con las actas de Amara, que fueron enviados a los diarios y al consejero del CSM, Nino Di Matteo.

Pues bien, Di Matteo, que había llegado al CSM por fuera de las lógicas de las corrientes internas y con el voto de los magistrados jóvenes, a diferencia de lo que hace un "cuervo", denunció a la luz del sol lo que estaba pasando con la difusión de esos documentos.

Escuchado en el juicio de Brescia, Di Matteo explicó a los jueces que en las declaraciones de Amara sobre la "Logia Hungría" hubo "un intento de condicionar la actividad del Consejo, de deslegitimar al Dr. Ardita, pero también de influir en su actividad e, indirectamente, en la mía".

Travaglio Padellaro y el grave error sobre Davigo 4

Al mismo tiempo, al prestar declaración, Di Matteo describió el clima absurdo que se había creado dentro del CSM y la agresión injustificada que Davigo dirigió contra Ardita en una reunión "caliente" donde se discutieron las votaciones para el nombramiento del fiscal general de Roma. Un ataque que también provocó la reacción de Di Matteo ("Escucha, si no me dejé influenciar por las amenazas de muerte de Totò Riina, mucho menos me voy a dejar influir por tus amenazas").

A la luz de todas estas acciones tan graves, esperábamos que un magistrado como Davigo pudiera admitir y reconocer su error, para luego disculparse con las víctimas de sus acciones. Lo cual, por supuesto, aún no ha sucedido.

Y en las últimas semanas nos hemos encontrado en un paradójico "mundo del revés" en el que el Il Fatto Quotidiano justificaba y elogiaba al indefendible Davigo mientras que la defensa de los magistrados probos y honestos estaba en las páginas de periódicos como Il Foglio, habitualmente conocido por defender lo indefendible (de Berlusconi a Dell'Utri, etc.).

Un teatro del absurdo.

Cuando se comete un error tan enorme, disculparse con los lectores no es un acto de debilidad, sino un gran acto de humildad y grandeza. Y esto también deben saberlo Padellaro y Travaglio, que se encuentran entre los fundadores y dirigen, o han dirigido, un gran periódico como Il Fatto Quotidiano.

Imagen de portada: Paolo Bassani

Foto 2: el abogado Piero Amara / Imagoeconomica

Foto 3: el director de Il Fatto Quotidiano, Marco Travaglio / Imagoeconomica

Foto 4: el periodista Antonio Padellaro