Lunes 22 Abril 2024

"En Palermo es más fácil que un mafioso pase por el ojo de una aguja a que un anti mafioso entre en el reino de los cielos". Con estas palabras Saverio Lodato, en las páginas de esta revista, analizó el "estado del arte" de la lucha contra la mafia en Palermo.

Una batalla que treinta y un años después de las masacres de Capaci y via D'Amelio no puede delegarse únicamente en la autoridad judicial (magistrados e investigadores) comprometida en la lucha y en la búsqueda de la verdad sobre las mismas.

Hoy más que nunca la cuestión de la justicia está indisolublemente ligada a la cuestión social y debido a eso, como también recordó Lodato, "quizás ha llegado el momento de que los presupuestos públicos de las asociaciones que llevan años recibiendo fondos estatales para ayudar a las iniciativas antimafia, sean publicadas de manera fácil y comprensible, con sus respectivas rendiciones de cuentas, por una necesidad de transparencia que no debe pasarse por alto".

Hoy hay una buena parte de Palermo (y no solo de Palermo) que está harta de "ceremonias, desfiles y pasarelas".

Esto se vio claramente el 23 de mayo cuando jóvenes estudiantes, ciudadanos comunes y representantes de varios grupos coordinados (CGIL, Our Voice, Agendas Rojas, ANTIMAFIA Duemila y otras asociaciones entre organizadores y adherentes) salieron a las calles al grito de "Fuera la mafia del Estado".

Una manifestación "molesta" para la llamada "ceremonia oficial", hasta el punto de generar una "disposición fascista" (ordenada por la Jefatura de Policía a instancias de la prefectura) que ordenaba la prohibición de entrar a la calle Notarbartolo, impidiendo que "herejes" y "disidentes" pudieran honrar a los mártires (Giovanni Falcone, Francesca Morvillo y los agentes de su custodia Antonio Montinaro, Vito Schifani y Rocco Dicillo) y dejaran oír su voz.

Todo en nombre de discutibles razones de orden público, a pesar de los acuerdos realizados, antes y durante el recorrido.

Los jóvenes y los ciudadanos que se dirigieron al primer cordón para hacer valer los derechos consagrados en el artículo 17 de la Constitución ("Los ciudadanos tienen derecho a reunirse pacíficamente y sin armas") y en el artículo 21 ("La prensa no puede estar sujeta a autorizaciones o censura" y "toda persona tiene derecho a expresar libremente su pensamiento con la palabra, por escrito y por cualquier otro medio de difusión"), fueron detenidos y golpeados de manera escandalosa.

Igual de escandalosa fue la participación en las conmemoraciones de sujetos apoyados por hombres condenados por delitos mafiosos, como Totò Cuffaro y Marcello Dell'Utri (ambos con condenas cumplidas). Un hecho que fue denunciado por el exjuez Alfredo Morvillo, hermano de Francesca.

Hace apenas un año, cuando en la ciudad de Palermo aún se respiraba el clima de las elecciones administrativas, la posición de ambos políticos fue considerada públicamente como idónea por algún eminente profesor universitario.

Un hecho que cayó en el desinterés general, pero que vale la pena recordar.

En los últimos días, a su vez, el expresidente del fuero de instrucción de Palermo, Gioacchino Scaduto, al hablar en La Repubblica, dijo claramente que es inaceptable dar patente de virginidad política a hombres comprometidos con la mafia.

Sus palabras pusieron en evidencia el "cortocircuito" institucional que se ha ido creando a lo largo del tiempo, cuando el compromiso contra la mafia fue siendo sustituido por "pasarelas", es decir, "por el desfile a la vista de diversas autoridades, locales y nacionales, no siempre con valores antimafia" en las que "con demasiada frecuencia, se pavonean sujetos que, una vez acabada la guerra y derrotada la masacre, demuestran con su comportamiento que no se ha eliminado a esa otra mafia, la más furtiva".

"¿Cómo es posible imaginar –se preguntó nuevamente Scaduto– que esa parte de la sociedad civil que efectivamente ha luchado y ha escapado de la cultura y subcultura mafiosa pueda aceptar, sin manifestar su disidencia, que un alcalde elegido con el apoyo, nunca desmentido, de Salvatore (Totò) Cuffaro, condenado por favorecer a Cosa Nostra, y de Marcello Dell'Utri, condenado por concurso externo en asociación mafiosa, suban al escenario para recordar a Giovanni Falcone, Francesca Morvillo y los hombres de su escolta?". Ante determinados hechos, "no basta ciertamente con refugiarse en la afirmación del 'debido respeto a las instituciones'. Las instituciones no son un ente abstracto, sino que son, o deben ser, el espejo del alma de un pueblo".

El análisis de Scaduto fue precedido por un discurso de un grupo de palermitanos que, después de comentar los hechos del 23 de mayo, dirigió muy sinceramente una invitación a Cuffaro: "Colabore plenamente con el Estado en la búsqueda de la verdad y diga públicamente, con conciencia abierta, que tentaciones ha probado, que gravísimos errores ha cometido y cuáles no querría volver a cometer respecto de la relación sumamente insidiosa entre el ejercicio de un rol político y la nefasta presión de los intereses mafiosos".

El país necesita una renovada conciencia crítica. Y es por eso que todo necesita ser revisado.

Sin embargo, ante los escándalos, la antimafia se divide entre los que fingen no ver y los que, por el contrario, quieren tomar partido para lograr un cambio real.

Hoy, al ser entrevistado por Il Fatto Quotidiano, Vittorio Teresi, exmagistrado y presidente del 'Centro de Estudios Paolo y Rita Borsellino' de Palermo, por un lado, dio la alarma sobre el riesgo del cierre del centro, fuertemente deseado por la propia Rita Borsellino. Por otro lado, subrayó la necesidad de una antimafia crítica, alejada de los desfiles institucionales: "La antimafia necesita una voz crítica por parte de quienes siempre se han opuesto a la lógica mafiosa y sobre todo de quienes practican la antimafia en este territorio. Cuando las instituciones se infiltraron en la antimafia para opinar hubo una distonía, cuando en cambio las asociaciones actuaron solas, la cosa salió bien". Y luego agregó: "La retórica antimafia es hija de las pasarelas, produce una actividad vacía que no deja rastro. Y no sólo eso... Me temo que afecta negativamente a las conciencias, dando a la antimafia una imagen episódica y sólo evocadora de hechos del pasado".

Es exactamente lo que no parece haber entendido Maria Falcone y lo que tampoco parece entender Gian Carlo Caselli, cuando, hace unos días, mientras afirmaba su propio "basta" a las llamadas "zonas grises", invitaba a Morvillo y la Sra. Falcone a "superar las tensiones". El problema es mucho más amplio que "encontrar" un "sentimiento común sobre temas de fundamental importancia para el futuro de la democracia". El compromiso contra la "malversación" (como él la llamó) no puede quedarse en palabras.

Y los muchos jóvenes que salieron a la calle el pasado 23 de mayo nos recordaron a todos este mismo aspecto.

Por cierto, ¿qué piensa Gian Carlo Caselli (con quien hemos caminado juntos y compartido muchas batallas en el pasado) de las palizas fascistas recibidas por estudiantes y ciudadanos en Palermo el día de la memoria de Falcone?

Quizás se nos pasó por alto su comentario y esperamos que pronto pueda hacer oír tu voz sobre este punto, uniéndose a las voces que han condenado esa acción de censura a la libre expresión del pensamiento.

Porque, como dijo el fiscal Nino Di Matteo, esas golpizas "mortificaron un sueño de justicia y verdad".

También se pronunciaron sobre este punto exfiscales, exjueces, familiares de las víctimas de la mafia, periodistas y docentes. Incluso el expresidente del Senado, Pietro Grasso, aunque recién unos días después de los hechos, expresó su solidaridad al afirmar que "no se debe impedir que se exprese la disidencia en nuestro país".

El exfiscal general de Palermo, hoy senador, Roberto Scarpinato, presentó oficialmente una cuestión parlamentaria y subrayó previamente la gravedad del hecho ("Lo que pasó ayer, es decir, la elección de Chiara Colosimo a la presidencia de la Comisión Antimafia, fue la contrapartida de lo ocurrido en Palermo. Nunca antes había ocurrido que la policía cargara contra jóvenes y estudiantes que querían llegar al árbol de Giovanni Falcone, para evitar que molestaran a las autoridades que hablaban en el escenario, como el alcalde de Palermo, Lagalla, que fue elegido con los votos de Dell'Utri").

Seguimos compartiendo lo que escribió Saverio Lodato en esta revista: "Las divisiones son bienvenidas" en este tiempo.

Porque "en una ciudad mafiosa como Palermo, que rezuma clientelismo y política empresarial por todos sus poros, dispuesta a subirse al carro ganador del momento, acostumbrada a encogerse de hombros ante cualquier idea de cambio radical, vivir todos, unidos y felices, no significa otra cosa que condenar a la ciudad a un rol de ciudad, socialmente hablando, terminal e irredimible".

Foto: Pietro Calligaris