Lunes 22 Abril 2024

Entre investigaciones y juicios las sombras inquietantes que todos quieren olvidar

Silvio Berlusconi, de 86 años, ha muerto. Estaba internado, desde el último viernes, en el hospital San Raffaele de Milán, para "exámenes programados" según el comunicado oficial, después del anterior ingreso por neumonía y una forma de leucemia. La noticia de la muerte, dada primero por el Corriere della Sera, rápidamente dio la vuelta al mundo.

Más allá del debido respeto por su muerte, no cantaremos loas políticas y humanas a un empresario y político que marcó (negativamente) los últimos treinta años de la historia italiana a partir de aquel 1994 en el que "salió oficialmente al campo" convirtiéndose por primera vez en primer ministro.

Muchos lo aclamarán hoy como un hombre de negocios exitoso y un líder político carismático.

Para nosotros sigue siendo un convicto, condenado a cuatro años por fraude fiscal (condena cumplida) y salvado por numerosas leyes ad personam y prescripciones en otros juicios.

Frecuentaba prostitutas y era amigo de los mafiosos.

Defendió intereses personales, siempre y en todo caso, lo que llevó al Parlamento a aprobar 60 leyes ad personam, algunas rechazadas por la Consulta por considerarlas inconstitucionales.

Elevó el conflicto de intereses a la categoría de sistema, legitimando, de hecho, tal modus operandi.

Estaba inscripto en las filas de la logia masónica oculta P2, de Licio Gelli. A menudo se salvó de ser condenado en varios juicios gracias a la prescripción. Sobornó a diputados. En repetidas ocasiones le guiñó un ojo al fascismo, declarando, entre otras cosas, que "Mussolini nunca mató a nadie".

Justificó la evasión fiscal e introdujo amnistías tributarias, edilicias y medioambientales.

Nos dejó en ridículo ante los ojos del mundo con el "Bunga bunga", el "Papi girl" y explicaciones como la de "Ruby, la sobrina de Mubarak".

Despidió a los periodistas y artistas que no le gustaban de las redes del Servicio Público de la RAI.

Ha calumniado, ofendido y deslegitimado, a través de sus "medios de desinformación" gráficos y televisivos, a magistrados, periodistas e intelectuales que tenían el único defecto de contar los hechos o buscar la verdad. Durante el 2022 volvió a hablar de la guerra de Ucrania y de su amistad con Putin. Lo había hecho el día antes de subir al Quirinale para las Consultas del Gobierno, del cual, "su" Forza Italia, forma parte.

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Un partido que, no lo olvidemos, fue fundado junto al "muy leal" Marcello Dell'Utri, a todos los efectos un mafioso, condenado a siete años por concurso externo en asociación mafiosa.

Hoy nadie recuerda las sentencias que lo tocan de cerca.

Nosotros, en cambio, las resaltamos y subrayamos con fuerza.

En los fundamentos de la sentencia Dell'Utri está escrito, en negro sobre blanco, que Berlusconi le pagaba a la mafia.

Los jueces dicen que, durante dieciocho años, de 1974 a 1992, el exsenador Dell'Utri fue el garante "decisivo" del acuerdo entre Berlusconi y Cosa Nostra, desempeñando un papel "importante para ambas partes: para la asociación mafiosa, porque significó un canal constante de enriquecimiento significativo; y para el empresario Berlusconi, porque estaba interesado en preservar su esfera de seguridad personal y económica". Además, "el desembolso sistemático de grandes sumas de dinero de Marcello Dell'Utri a Cinà (Gaetano Cinà, jefe de la mafia, ndr) es indicativo de la firme voluntad de Berlusconi de implementar el acuerdo, independientemente de los cambios en la conducción de Cosa Nostra".

Berlusconi, de hecho, se había reunido, según informó el colaborador de justicia Francesco Di Carlo (testigo presencial, ya fallecido), con jefes de primer nivel como Stefano Bontade, Gaetano Cinà y Mimmo Teresi.

Los jueces de la Suprema Corte de Casación, más que de una policía privada contratada para protegerse a sí mismo y a su familia, hablan de un "pacto de protección que se prolongó sin interrupción". Y Dell'Utri era el garante de "la continuidad de los pagos de Silvio Berlusconi a favor de los miembros de la asociación mafiosa, a cambio de la protección integral que ésta le otorgaba al empresario".

Tuvo como "mozo de cuadra" a Vittorio Mangano, el jefe de Porta Nuova, contratado por Berlusconi y Dell'Utri en 1974. El mismo Mangano a quien Berlusconi y Dell'Utri han definido varias veces como "un héroe" después de su muerte.

Ese mismo Mangano que, según ellos, en una escucha del 29 de noviembre de 1986, colocaba "bombas cariñosas".

Nada más lejos que un político "responsable" y "moderado".

No olvidemos que incluso Giovanni Falcone señaló en una nota que "Cinà tiene buenas relaciones con Berlusconi. Berlusconi le da 20 millones a Grado y también a Vittorio Mangano".

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No se sabe por qué Falcone escribió esa referencia al exprimer ministro, entonces empresario.

Ciertamente, a años de distancia, son muchas las preguntas que quedan sin respuesta.

¿Es Silvio Berlusconi una simple víctima o es algo más? Lo cierto es que en muchos años nunca se supo si el entonces empresario, durante más de veinte años protagonista absoluto de la política de nuestro país, solo le pagó una colosal extorsión a la mafia o se trataba de una operación de lavado de dinero.

Las investigaciones en este sentido fueron cerradas y el Tribunal presidido por Leonardo Guarnotta dijo en la sentencia que "la falta de transparencia o la anomalía de muchas de las operaciones financieras realizadas por Fininvest en los años 1975-84 no han tenido desmentidas por parte de la defensa".

El propio Berlusconi podría haber dado explicaciones, pero el 26 de noviembre del 2002, cuando fue llamado a declarar, se acogió al derecho a no responder.

Así como hizo uso de la facultad de no responder más recientemente, en el proceso de apelación de la sentencia de la Tratativa Estado-mafia.

Silencios que pesan como piedras. E investigaciones mucho más grandes de lo que parecen.

No olvidemos que hasta el día de hoy Berlusconi seguía siendo investigado por la Fiscalía de Florencia, junto con el exsenador Marcello Dell'Utri, como autor intelectual externo de las masacres de 1993. Una investigación de hechos que vienen de lejos y está ligada a la historia de un jefe de las masacres como Giuseppe Graviano.

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Graviano ¿con quién va a "hablar" ahora?

Corría el 2016 cuando el jefe mafioso fue interceptado en una escucha telefónica que formaba parte de la investigación sobre la Tratativa Estado-mafia, en la prisión de Ascoli Piceno. El jefe de Brancaccio, junto a su compañero de la hora de aire, Umberto Adinolfi, habló de las masacres de 1993, del 41 bis, de los diálogos con las instituciones y en un momento se refirió al ex presidente del Gobierno: "Berlusca me pidió esta cortesía. Por eso era urgente". Y luego: "Se quería bajar, pero en ese momento estaban los viejos y me dijo que íbamos a necesitar algo bueno". Y otra vez: "En 1993 hubo otras masacres, pero no fue la mafia, ellos dicen que fue la mafia". Y muchas otras consideraciones.

Tras las declaraciones, la fiscalía de Florencia reabrió el expediente sobre los autores intelectuales externos de las masacres.

En 2020, Graviano, en su flujo de conciencia en el juicio 'Ndrangheta Stragista (cuyo resultado se definió en la apelación con la confirmación completa de las sentencias para los dos acusados, Graviano y Rocco Santo Filippone) agregó más elementos, incluso habló de relaciones de carácter económico de su familia con Berlusconi y encuentros, durante su ausencia, con el exprimer ministro. Relaciones que siempre fueron desmentidas por los abogados de Berlusconi.

En el 2021, al declarar ante los magistrados de Florencia, Graviano confirmó que las referencias de las escuchas telefónicas en prisión aludían al ex primer ministro.

Y con dos secos y simples "sí" confirmó la referencia a Berlusconi cuando habló de su situación carcelaria ("No hiciste nada y esperé hasta ahora porque tengo 54 años y pasan los días, los años, me estoy haciendo viejo y me estás dejando morir en la cárcel, sin que yo haya hecho nada. Tu eres el autor, yo esperé sin traicionarte, pero de vez en cuando deberías pasarte la mano por la conciencia y preguntarte si es justo que por la plata hagas sufrir tanto a la gente") o cuando hablaba de las masacres ("Él me dijo: 'necesitamos algo bueno'").

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El jefe Giuseppe Graviano

Son todos elementos sobre los que la fiscalía de Florencia realizaba diversas investigaciones.

Ante su muerte, es probable que se cierre la investigación sobre él. Pero las sombras son evidentes, acompañadas de las verdades de las sentencias.

Independientemente de lo que digan los diarios habituales, los columnistas y los políticos de turno, Berlusconi fue un empresario "nunca tocado por el propósito de ser defendido por los remedios institucionales", pero siempre dispuesto a refugiarse "bajo el paraguas de la protección mafiosa, contratando a Mangano y sin eludir la obligación de pagar grandes sumas de dinero a la mafia, como contraprestación a la protección".

En un país normal todo esto se recordaría incluso hoy, que Silvio Berlusconi está muerto. Mas allá de los funerales de Estado (que todo el mundo da por descontado) con gran pompa en la catedral de la Piazza Duomo de Milán. Lamentablemente somos el país de las verdades olvidadas, de la memoria corta, o peor aún, de los que quieren ignorarla. El país en el que siempre se ha legitimado la existencia del Estado-mafia. Berlusconi fue un protagonista absoluto. Y se llevará todos sus secretos a la tumba.

Foto de portada: Antimafia Duemila

Foto 2: el hospital San Raffaele tras la noticia de la muerte de Berlusconi / Imagoeconomica

Foto 3: Marcello Dell'Utri junto a Silvio Berlusconi / Imagoeconomica

Foto 4: Imagoeconomica