Domingo 3 Marzo 2024

La lucha de Gloria Canteloro

Dentro del histórico edificio de la Jefatura de Policía

Allí funcionó un Centro Clandestino de Detención que hoy podría quedarse sin personal

En pleno centro de Rosario, la ciudad argentina atenazada por la violencia del narcotráfico, funcionó el mayor Centro Clandestino de Detención (CCD) de la zona, durante la etapa militar de la dictadura cívica, empresarial y eclesiástica. El espacio está ubicado en la esquina de Dorrego y San Lorenzo, dentro del histórico edificio de la Jefatura de Policía, donde hoy funciona un Espacio de Memoria, que está en riesgo de continuidad por falta de personal.

La noticia se dio a conocer tras la denuncia pública realizada por Gloria Canteloro, quien fue presa política, y es hoy la última y única trabajadora del lugar. Gloria -que a sus 65 años está pronta a jubilarse-, corre una difícil carrera contra el tiempo y la desidia política para preservar la funcionalidad de un espacio que definió la historia de la ciudad.

Desde noviembre de 2021, y luego de numerosos reclamos, fue ingresado el expediente para la incorporación de personal, pero hasta el momento esas plazas no han sido dispuestas por el gobierno provincial. “Estoy agotada mentalmente -dice Canteloro a la redacción de Página/12-. Esta tarea no es sencilla, y solo se aprende caminando por estos sitios. Hay que preparar gente, y si esto no pasa, el espacio corre serio riesgo de quedar cerrado durante los próximos tiempos”.

En un intento desesperado, Canteloro envió a mediados de año una carta pública que tuvo como destinataria a Celia Arena, actual ministra de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos de la provincia que gobierna hasta el 11 de diciembre el justicialista Omar Perotti. En la carta la sexagenaria alerta que realiza esta difícil tarea en soledad desde el año 2014, luego de que sus dos compañeras dejaran sus cargos, una por retiro y la otra por cambio de roles en la función pública. El CCD “tiene tres niveles -dice Gloria en la carta-. Cada nivel tiene su historia y su explicación de cada sala. Es un lugar sumamente opresivo que me significa mucho desgaste físico y mental (…). No hago y nunca hicimos un relato morboso. Explico el concepto de Terrorismo de Estado, desaparición forzada, delitos de lesa humanidad, pero fundamentalmente se habla de resistencia a un plan sistemático de aniquilamiento, proyectos políticos y económicos en pugna, haciendo un poco de historia trayendo el pasado al presente y viceversa. (…) Hablamos de derechos conquistados, de luchas de nuestro pueblo, de ideales y utopías. Esta democracia que supimos conseguir y que este año se cumplirán 40 años ininterrumpidos se valora y se dan las herramientas para defenderla. Esos proyectos políticos del pasado también están en el presente y hay que mostrarlos para que los adolescentes que muchas veces son atraídos por cantos de sirenas sepan a lo que se están exponiendo”.

Jefatura Política

El edificio, conocido como Casa Gris, de estilo neoclásico alemán, ocupa una manzana entera en pleno centro de Rosario, y es junto a la facultad de Derecho y el edificio donde operó el II Cuerpo del Ejército, uno de los emblemáticos custodios de la Plaza San Martin. Construido en 1916, fue diseñado para instalar una sede del gobierno provincial, dada la importancia estratégica (y económica) de la ciudad. Allí se instaló la Jefatura Política, compartiendo espacio con la Policía de la provincia y el cuerpo de Bomberos. Así como también el archivo de prontuarios, donde la policía científica documentaba, ya en aquellos años, los registros de más de dos millones de personas. En 1932, bajo el régimen dictatorial de José Félix Uriburu, la Jefatura Política es desmantelada y el edificio cambia su fachada y comienza a ser conocido como Jefatura de Policía. Un cambio de nombres que dejaba en claro el rol central del aparato represivo en la vida social de la ciudad, que tendrá su etapa más oscura hacia la década del 70.

Servicio de Informaciones

El 23 de mayo de 1971, en épocas de la dictadura del general Lanusse, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) secuestra al cónsul británico Stanley Sylvester, quien era además el gerente del Swift, el frigorífico más importante de la región. Dos días después, ante los pocos resultados, el entonces jefe del Servicio de Informaciones (SI), el mayor Agustín Feced da el primer paso hacia la modalidad clandestina de las fuerzas represivas, y ordena que los detenidos por el SI no figuren en los libros de guardia de la Jefatura. Feced, admirador de las prácticas de contrainsurgencia francesas aplicadas en Argelia, despliega sobre el territorio una lógica de secuestros y torturas que serían antesala del genocidio por venir.

La corta y breve presidencia de Campora, seguido del efímero gobierno de Perón y el declive de Isabelita, encontraran a Feced integrado plenamente al Batallón 601 de inteligencia del Ejército. Una vez instaurado el gobierno de facto de Videla, Feced volverá a asumir la jefatura de Policía, y sin medías tintas anunciará, “a los extremistas les digo que a partir de este momento tienen 12 horas para abandonar la ciudad. De lo contrario los acompañaremos al cementerio”.

Este CCD, de tortura y aniquilamiento, bajo coordinación del Servicio de Informaciones, dependiente de la Policía de la provincia de Santa Fe, funcionó de forma sistemática entre 1976 y 1979. Se calcula que durante este tiempo dos mil personas permanecieron detenidas en condiciones de extrema violencia. Muchas de ellas permanecen desaparecidas.

El espacio, emplazado en la esquina de Dorrego y San Lorenzo, constaba de tres niveles: la planta baja, “la Favela” y el sótano. A la planta baja se accede desde la vereda, sobre calle Dorrego. Desde dentro se ingresa por una puerta lateral ubicada a la derecha del portón vehicular, por donde eran ingresados en malón los detenidos que llegaban al lugar luego de ser secuestrados por las patotas. Según los registros que se pudieron rescatar, fueron realizadas al menos tres remodelaciones durante ese tiempo. Una de ellas destinada a construir un entrepiso, donde funcionaba una suerte de calabozo conocido como “la favela”. Para 1982, se realiza la última remodelación tendiente a desfigurar la fisionomía del espacio y alterar el posible reconocimiento del lugar. Una de tantas medidas tendientes al ocultamiento.

El robo a Tribunales

Una de las alevosas instancias de impunidad se dio el 8 de octubre de 1984, cuando recién iniciaba la transición democrática. Pocos minutos después de la medianoche, un grupo hombres armados, vistiendo uniformes policiales, ingresan al edificio de Tribunales, reducen al personal de vigilancia sin mayores problemas y proceden al robo de fundamental información que estaba recopilada en las causas que investigaban los delitos de lesa humanidad. El volumen de archivos sustraídos ocupaba tres piezas, y según sostiene el diputado Carlos Del Frade, había entre ellos, no solo información sensible sobre el funcionamiento clandestino del aparato represivo, sino también, los vínculos de estos con representantes de las grandes empresas.

Entre esta documentación, también figuraban los proyectos de remodelación estructural que sufrió el CCD del Servicio de Informaciones.

Sede de la Gobernación

Para 1999, bajo el mandato del gobernador Jorge Obeid, el aparato civil recupera la potestad del edificio, y vuelve a instalarse la sede de la Gobernación. La recuperación del espacio comienza por la esquina ocupada por el Servicio de Informaciones, y por vez primera en democracia, se abren las puertas para que sobrevivientes y organismos de derechos humanos, comenzaran a realizar la reconstrucción del lugar. Un trabajo arduo que contó con la colaboración incansable de víctimas, familiares y activistas por los derechos humanos.

Hoy, en medio de las balaceras de las bandas narcopoliciales, los discursos negacionistas y las campañas de odio, este Sitio de Memoria, y la memoria misma, está en riesgo. Olvidar, nos expondría a tener que volver a vivir

Foto: Página/12