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DOBLE JUEGO
De Gianluca Di Feo y Stefania Maurizi

armamentoMontañas de armas para alimentar las guerras africanas. Vendidas por italianos. Un régimen que pide su porcentaje sobre todos los negocios. Esta es la Libia con la que Berlusconi sella acuerdos secretos.
Hay un gobierno hambriento de armas. Busca arsenales porque se siente débil después de cuarenta años de régimen y teme las revoluciones populares. Y quiere montañas de ametralladoras para proseguir su descarada política de potencia que en las últimas décadas ha contribuido a llenar toda el Africa de guerras civiles.

Esta es la Libia que se materializa en las actas de la más desconcertante investigación sobre el tráfico de armas realizada en Italia: expedientes, interceptaciones, seguimientos y exhortaciones que cuentan el último “el dorado” del comercio bélico. Donde dignatarios muy cercanos al coronel Ghaddafi se mueven con gran desenvoltura entre negocios de Estado, intereses personales y tramas secretas. Esta es la Libia donde irá Silvio Berlusconi, invocando acuerdos estratégicos para el relanzamiento de la economía, pero sobre todo para cortar neta y definitivamente los viajes de los emigrantes y exiliados hacia la isla italiana de Lampedusa. Mientras tanto en las actas de la investigación –como refiere “L’Espresso”- surge el nombre del más importante ente libanés que se ocupa de esos emigrantes que Italia rechaza y manda para atrás. Deportaciones que están creando dudas en toda Europa y no logran desanimar la desesperación de quien desafía el mar y que a menudo muere ante el desinterés de las autoridades maltesas.
Antes que Berlusconi, otro increíble equipo de empresarios italianos había ido corriendo a Trípoli para hacer negocios. Son los nuevos mercaderes de muerte, figuras inéditas y sorprendentes de cuarentones que proveen de mísiles, helicópteros y bombarderos a los ejércitos africanos. Y que en pocas semanas pasan de las obras de construcción a la compraventa de fusiles de ataque, tanques y cañones. Volverse comerciantes es facilísimo: encontrar medio millón parece ser un juego de niños. Pero todo está a la mano: cazas, radar, coches blindados. Se va directamente a la fábrica, en China, en la ex-URSS o en los países balcánicos.
Lo importante es tener amistades adecuadas, cuentas offshore y un atajo para evitar los controles. Todo documentado en tres años de investigación de la fiscalía de Perugia. Todo confirmado en substancia –aunque no siempre con relevancia penal- por los interesados mismos, en sala de interrogación, en la presencia del juez Dario Razzi.
Una cortina de humo. Como sucede a menudo las grandes tramas tienen un comienzo banal, perdido en el aburrimiento de los campos de la región de Umbria. En diciembre del 2005, los carabinieros de Terni estaban investigando sobre un pequeño tráfico de hashish. La atención de los militares se concentra sobre Gianluca Squarzolo, que trabajaba para una empresa insólitamente activa en los contratos de cooperación internacional: “la “Sviluppo di Terni” (Desarrollo de Terni). Sobretodo en Libia habían conseguido entrar entre los proveedores de la nomenclatura más cercana del coronel Ghaddafi. Ha restructurado edificios y chalets. Mérito, sobretodo, de los contactos que se ha sabido crear Ermete Moretti, un volcánico manager toscano. Al juez Razzi cuenta de haber acompañado a un especialista de ozonoterapia para curar al leader máximo de la Jamairhia: “Aunque solo fuera para darle inyecciones, de seguro me han hecho antes un buen “screening” para ver si yo era de algún servicio secreto”. Como en todos los países árabes, también en Trípoli hacen falta amistades y sobornos. Por eso Moretti no se sorprende cuando en marzo del 2006 le proponen un nuevo negocio: un suministro colosal de ametralladoras. Le habla de ello Tafferdin Mansur, alto oficial en el sector de provisiones del ejército libanés, “cercano al jefe de estado mayor general Abdulrahim Alì Al Sied”. Pero moverse en este sector exigiría individuos con una cierta experiencia. Sin embargo, encargan para esta primera misión a Squarzolo que parte para Trípoli con un pequeño muestrario. Cuando los carabinieros le inspeccionan las maletas en el aeropuerto de Fiumicino, en Roma, en vez del hashish encuentran otro tipo de mercancía completamente distinto: un catálogo de armas. Se dan cuenta enseguida de haber descubierto algo gordo: le dejan partir y comienzan con las interceptaciones a través de las cuales localizan a los otros dos socios.
Mister Gold Rock. Está Massimo Bettinotti, 42 años, que vive en La Spezia y que es hábil en conseguir contratos bélicos. Está Serafino Rossi, empresario agrícola que ha vivido por mucho tiempo en Perú y que lee Jane’s, la revista militar más competente del sector y que entre una siembra y otra sabe reconocer cualquier modelo de caza. El nombre más misterioso es el de Vittorio Dordi, 44 años, nacido en Cazzaniga, provincia de Bergamo, que interrumpió los estudios después del bachillerato elemental. Su carrera parece sacada de una novela. Cuenta que emigró de las fábricas textiles de Lombardia al Uzbekistan para construir fábricas y telares. En el ’98 abre una oficina en el Congo: cuenta que fue llamado por el presidente Kabila para dar nueva vida al cultivo de algodón. Pero su vocación es otra. En el Congo se convierte en una especie de consejero del ministo de Defensa, obtiene un pasaporte diplomático y la concesión para una minera de diamantes. En 1999, en Chipre funda la Gold Rock y empieza a moverse en el mercado ruso de las armas: “Dieciocho años de experiencia, sabe: soy bastante conocido...”, se alardea con el juez. Cuenta que su especialidad es Georgia, donde se producen artefactos de valor. Durante el interrogatorio cita el Sukhoi 25, un bombardero que es el fénix de los conflictos africanos. Un avión acorazado, proyectado en los tiempos de la invasión de Afganistán: robusto, sencillo, despega incluso en pistas sin asfaltar y no teme ni los cañonazos ni los misiles. De vez en cuando escuadrillas fantasmas de estos jets, con tripulaciones mercenarias, despuntan de improviso en las masacres del continente negro. También en el Congo, obviamente. Dordi no se presenta como un simple comprador: habla de su rol en el accionariado de las empresas que construyen cazas y helipcóteros. ¿Presunción? Los depósitos bancarios localizados por los magistrados en Malta, Chipre y San Marino parecen indicar transacciones importantes y un tesoro de 22 millones de euros asegurados en el banco Titano.
Pero las sorpresas de Mister Gold Rock no se acaban. “Vosotros veis a Dordi como a uno que vende solo armas, no es para nada verdad”, explica al juez su amigo Serafino Rossi: “Me ha dicho que él es socio de un importante constructor español, que hace carreteras, puentes, el que estaba comprando el equipo de fútbol “Parma”. Es Florentino Perez, ese constructor español, deduce el procurador: el boss del Real Madrid que ha gastado cantidades demenciales por su equipo de estrellas. Perez, dice siempre Rossi, habría invertido mucho en el Congo y Dordi cuenta con trabajar juntos, “visto que son muy amigos”. Junto a los nuevos amigos Dordi trata también algún que otro negocio: 50.000 kalashnikov y 5.000 ametralladoras rusas destinadas “a un presunto representante del gobierno irakí” que enviar con el “beneplácito del gobierno americano”; cañones navales para Sri Lanka, helicópteros para Pakistán, Mig de segunda mano para Lituania.
Operaciones encubiertas. Para uno como él, los kalashnikov son mercancía de poco valor. Pero sabe que los libios buscan más bien otra cosa: veinte años de embargo, decretados después de los atentados de Lockerbie y Berlín, han vuelto a Tripoli apetitosa. Dordi espera aprovechar los contactos que han partido de la región de Umbria para obtener un pedido más rico. El juez describe detalladamente los encuentros con los responsables del rearme líbanés: quieren aparatos para modernizar los carros armados T72, helicópteros de combate, misiles tierra-aire de ultimísima generación. En resumen, lo mejor para que la armada de Ghaddafi vuelva al estado de los años setenta. ¿Entonces por qué tanta insistencia en buscar una montaña de viejos kalashnikov, todos del modelo más antiguo y rústico? Medio millón de Ak47 y diez millones de proyéctiles, una cantidad muy superior a las necesidades del ejército libanés. Son las propias personas investigadas las que dan una respuesta en las interceptaciones: “Los quieren regalar por todos lados ¿entiendes?”. El juez habla de “exigencias político-militares, las personas investigadas saben que una parte del pedido será cedido a terceros. Ningún problema para ellos si las armas fueran destinadas a Estados o a movimientos opuestos a la política extranjera italiana”. Es una vieja historia. Desde finales de los años setenta los libaneses han intentado exportar su revolución verde a medio mundo, donando cajas de artefactos: desde el Chad hasta Nicaragua, desde Sudán a Liberia.
“Tangentopoli” en Trípoli. Nuestros connacionales son maestros en el esperanto del soborno. Pagan las mensualidades del colegio londinense para el hijo del coronel Mansur, además de otros 250.000 dólares; lo mismo al ingeniero libio que examina el shopping bélico. El dinero lo hacen aumentando los costos: los kalashnikov son pagados a 85 dólares y revendidos en Tripoli por 136. “Sobre 64.800.000 dólares que los libios pagarán, el 60 % tocará a los italianos”. Pero el dinero no queda en sus bolsillos: “No son infundadas las pretensiones de los libios de obtener un precio más elevado de la corrupción respecto a lo que hasta ahora les ha correspondido”, añade con un hilo de ironía el juez. Los oligarcas de la Jamairhia igualmente saben que su poder debe ser defendido. En la primavera de 2006 la rebelión islámica de Bengasi, nacida como protesta de la camiseta del ministro Calderoli, los sorprende. También se teme por la salud de Ghaddafi. Por esto piden con urgencia instrumentos anti-motín: 250 balas de goma, 750 lanza granadas lacrimógenas, escudos y chalecos protectores.
E-mail sin parar. ¿Cómo se hace para encontrar medio millón de ametralladoras? Basta solo con escribirle un mail a Norinco, el coloso chino, donde los compradores con buenas referencias son recibidos con los brazos abiertos. “Ningún problema, nosotros no vamos de vacaciones: “en tres meses tendréis los primeros 100.000”, responden al instante. Se encuentran también las sociedades –en Malta y Chipre- que según los investigadores, sirven para superar las prohibiciones de la ley italiana. Pero los libios no son para nada desprevenidos: antes quieren probar muestras de la mercancía. Así Moretti y Bettinotti organizan el envío desde China a Tripoli de 6 fusiles de asalto y 18 cargadores. Pero hay un obstáculo: en el documento de envío, los chinos han escrito el nombre de Bettinotti, volviendo vana la red de cobertura. Se corre el riesgo de que salte el negocio. En ambas orillas del Mediterráneo se trata de hallar una solución. Que lleva el nombre de Khaled K. El Hamedi, presidente del gran holding libio Eng Holding. Según la fiscalía este holding “ha sido intermediario en el negocio de los kalashnikov”. El Hamedi es un elemento importantísimo de la nomenclatura libia. Es cuñado de uno de los hijos de Ghaddafi. Es más, como refiere a la revista “El Expreso” una fuente que solicita quedar anónima "el padre es el general Khweldi El Hamedi, el miembro más respetado del Consejo del Comando de la Revolución: una personalidad que ha investido varios cargos en los Ministerios de Defensa, de inteligencia e instrucción”.
Mitra y derechos humanos. En la noche del 14 de setiembre de 2006 Bettinotti envía un fax al 00218214780777: con destino al Eng Holding, a la atención de Khaled El Hamedi, con el número de envío kalashnikov “falsificado por Bettinotti, para evitar que puedan llegar a su nombre”. Ese número de fax corresponde además, como “El Expreso” está en grado de revelar, a una importante Ong de la que Khaled El Hamedi es presidente: la "International organization for peace, care, and relief" (www.iopcr.org) de Trípoli. Una organización muy activa en la ayuda a la población palestina, que además asiste a los inmigrantes que están en tránsito en Libia. Comenta a “El Expreso” una fuente competente que trabaja en el sector de derechos humanos: “Es la más grande organización libia que actúa en el sector de los inmigrantes. Tienen acuerdos con las Altas gendarmerías de la ONU para los refugiados, para permitir el acceso a los campos de detención de Misratah". Se trata de una de las estructuras donde también terminan los inmigrantes rechazados por el nuevo acuerdo Italia-Libia. “Ellos son los únicos que pueden entrar en ciertas estructuras. Cada asociación que trabaja en el campo de la inmigración debe pasar por ellos. También han trabajado con el Consejo Italiano para los Refugiados (Cir)”. En el 2008 Savino Pezzotta, presidente del Cir, y Khaled El Hamedi se encontraron en Roma para firmar un acuerdo de colaboración en defensa de los inmigrantes. 
Game over. Los sueños bélicos de los empresarios a la italiana, se han detenido en el muestrario de los 6 kalashnikov. En febrero del 2007 se dictaron las órdenes de arresto. Squarzolo, Moretti, Rossi y Bettinotti fueron capturados inmediatamente. En cambio Vittorio Dordi se queda en el Congo. Las oportunidades, como él mismo declara, no le faltan “El 16 de Agosto del 2007 fui a la embajada italiana y hablé con el cónsul general Eduardo Pucci, que es un conocido mío desde hace 4 años, que venía a mi casa y yo iba también a la suya. Le he puesto al corriente de la situación”. Después, dice, es el turno de la embajada norteamericana donde habla con el “security officer de la Cia”. Pero su situación resulta ya comprometida. En septiembre del 2008 Dordi es expulsado del Congo como persona no grata y termina arrestado. La primera audiencia tuvo lugar en junio: han pactado una condena de 4 años. En cambio la Esfinge se prepara a rechazar las acusaciones en el proceso, apoyado fuertemente por la asistencia de Giulia Bongiorno, diputada del Pdl y presidenta de la Comisión de justicia. La mejor arma de defensa posible.
(27 agosto de 2009)

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