Miércoles 17 Julio 2024

Un resultado magro: después de 1.300 días de investigación, solo dos imputaciones

Uno de los escándalos que más impacto causó a la sociedad uruguaya y dentro del sistema carcelario uruguayo, con inevitables consecuencias diplomáticas, en el 2019 -o sea, hace no menos de tres años, en el último período de gobierno de Tabaré Vázquez- fue la evasión de Cárcel Central del mafioso de la organización criminal italiana la ´Ndrangheta Rocco Morabito, por tratarse de una evasión sin precedentes, y que puso sobre el tapete público, para su materialización, un muy alto nivel de corrupción  institucional, que descaradamente significó un hecho, que en definitiva, fue funcional al capo extranjero. Pero ahora, otro coletazo -no menos escandaloso- alrededor de ese episodio, lo constituye el hecho de que el fiscal que entendía en el caso (literalmente, en investigar para definir responsabilidades sobre un hecho delictual grosso) , el doctor Ricardo Lackner, se desentendió literalmente del expediente, anunciándose, además, que el único resultado en tres años de audiencias y hasta una reconstrucción espectacular (que prometía conclusiones ejemplarizantes) fue la definición de solo dos imputaciones colaterales. Sin titubear, conocida esta noticia, lo menos que nos corresponde, desde nuestra redacción, es apuntar públicamente que la Fiscalía de nuestro país, sin disimulo, parece que hubiese minimizado, no solo el hecho en sí mismo, sino, además -y lo que es más grave- todas las investigaciones que se hicieron en todos estos tres años. Casi 1.300 días parecen no haber alcanzado al fiscal Lackner, para poner los puntos sobre las íes, sobre uno de los episodios de fuga carcelaria más mediáticos -local e internacionalmente- que tuvo como principal protagonista a un capo mafioso italiano, que estaba a días de ser extraditado a su país natal, luego de permanecer prófugo aproximadamente desde el año 2002, siendo recapturado en el 2017.

Rocco Morabito MInterior

Hoy, Rocco Morabito está en prisión, porque una vez fugado del Uruguay pudo ser recapturado en Brasil dos años después, siendo finalmente extraditado. Tras todo ese periplo, en estos días, la Fiscalía uruguaya sacó a la luz pública, una paupérrima resolución de la causa, cuyo mensaje, no solo no es para nada saludable, en cuanto a la credibilidad -y confianza- en nuestras instituciones, sino que, además, y, por si fuera poco, parecería que fuese, una sutil misiva, más bien, exclusivamente servil a la impunidad criminal y a la indiferencia, como única opción, frente a un hecho criminal de esa talla.

El hecho inédito, de que el fiscal Lackner (teniendo en sus manos, un caso grave y de gran impacto local y mundial) haya sido trasladado a otra unidad, y que otro colega suyo -la fiscal Silvia Porteiro- haya tomado el expediente, nos sugiere, inevitablemente que ese traslado no es más que una burda medida adoptada por el fiscal de Corte, bajo motivaciones que todavía no ha explicado públicamente, ni a la sociedad uruguaya, ni al periodismo, al menos hasta hoy. Con la ausencia de una respuesta coherente, a los porqué de toda esa movida, de parte del titular de la Fiscalía uruguaya, parecería ser que nos vemos obligados a entender que el valor justicia habría quedado relegado, particularmente en un momento histórico del Uruguay, y de Sudamérica, en el que el narcotráfico internacional -puntualmente regenteado por la ‘Ndrangheta, desde Italia- viene  operando con cargamentos de cocaína, por las diversas rutas que se han definido en los últimos años, para la distribuirlos en el mercado europeo.

Hagamos historia

Ya entre rejas Rocco Morabito, en setiembre de 2017, el miembro de la ‘Nrangheta que estaba residiendo en el Uruguay -en la zona de Punta del Este- bajo el nombre de Francisco Capeletto, fue más que notoria (y muy lógica) la ansiedad de las autoridades italianas por regresarlo a su país de origen.

En ese marco, los trámites para ese traslado se monitorearon prolijamente desde Italia, en coordinación con las autoridades uruguayas, y ya cuando se estaba a punto de concretarlo, un día del mes de junio de 2019, sorpresivamente, el italiano Morabito se dio a la fuga de Cárcel Central. Una maniobra de evasión inédita, que de inmediato desató un verdadero tsunami extramuros del establecimiento ubicado en el centro de Montevideo, porque en su ejecución, era inevitable sospechar, que para lograrse el cometido, se hubo puesto en práctica un muy sólido aparato de corrupción en filas policiales, con el concurso de una muy buena logística desde el exterior, con un despliegue de personas, dentro del establecimiento, que literalmente miraron a un costado, abriendo puertas o neutralizando cámaras de circuito cerrado, para que el mafioso y otros tres detenidos (también en vías de ser extraditados) ganaran las calles San José y Carlos Quijano de la capital del Uruguay.  

De ahí en más, a la par de un sinnúmero de enérgicas y muy duras opiniones y consideraciones sobre este hecho, que incluyeron graves expresiones de repudio desde el ámbito diplomático italiano, el gobierno uruguayo se vio envuelto en un episodio escandaloso, donde las explicaciones razonables sobre lo acontecido estuvieron ausentes y hasta el propio Ministro del Interior de la época, el hoy fallecido, Eduardo Bonomi, puso su renuncia a disposición del presidente de la República, Tabaré Vázquez, el que no la aceptó. Tal la gravedad del hecho.

Desde aquellos días hasta estos, de comienzos de 2023, bastante agua pasó bajo el puente: mientras Rocco Morabito se distanciaba del territorio uruguayo, la justicia y la policía trabajaron en lo que concierne a la logística desplegada para darle asistencia tras su fuga, formalizando a personas que le dieron cobijo; pero también, según se informó a la prensa, la Fiscalía se hizo cargo de las investigaciones para determinar responsabilidades dentro de filas ministeriales y hasta algunos funcionarios fueron separados de sus  cargos, siempre con la idea de que en algún momento sobrevendrían sólidas imputaciones, de un hecho escandaloso por donde se lo mire.

Pasó un año, y pasó otro, y finalmente, sin aún conocerse resoluciones a nivel de la Fiscalía, Rocco Morabito fue recapturado en el Brasil y posteriormente fue extraditado. Y allí está, entre rejas.

Pero en Montevideo, no hace poco, vale decir el pasado 2 de enero del año en curso, se tuvo conocimiento que el fiscal Lackner, que entendió en el caso, ya no estaba a cargo del caso en virtud de haber sido trasladado -por criterio adoptado por su superior, el fiscal de Corte, Dr. Juan Gómez- a una nueva unidad operativa destinada a combatir la ciberdelincuencia. En consecuencia, se desprende, que Lackner dio por terminada su participación en la indagatoria respecto a la evasión de Rocco Morabito, con el único saldo de dos imputaciones: la de una persona que oportunamente fue acusado de complicidad en la fuga -siendo formalizado por encubrimiento- y la de otra persona -un funcionario de la Guardia Republicana- presuntamente implicado en irregularidades cometidas durante los traslados que se hicieron desde otro centro de detención a Cárcel Central, del narco mexicano Gerardo  González Valencia, quien finalmente fue extraditado a Estados Unidos en mayo de 2020, no sin antes tomar contacto en esos traslados, con Rocco Morabito, obviamente, antes de su evasión. 

Todas las expectativas en torno a los resultados de la investigación de la escandalosa fuga de Morabito, progresivamente, se fueron diluyendo y el silencio se fue adueñando sobre la actuación del Ministerio Público, no obstante que Lackner llegó a realizar una maratónica reconstrucción en las instalaciones de Cárcel Central, interrogando in situ a un abultadísimo número de policías bajo sospecha, sobre cuyas espaldas podrían caer pesadas formalizaciones. 

Transcurrido cierto tiempo, Lackner, en una conferencia de prensa relámpago llegó a decir que había culminado una primera etapa y que iniciaría la segunda (estamos hablando de junio de 2020) agregando que la investigación era muy extensa y muy compleja. Ya más cercano a este 2023, más bien a finales del 2022, Lackner tomó declaraciones a algunos indagados, estando entre ellos el mismísimo exdirector de la Policía Nacional, Mario Layera, quien específicamente debió explicar detalles en relación a los traslados del mexicano Gerardo González Valencia.

De ahí en adelante, sobrevino el fin de año, saliendo a la luz, a comienzos de 2023 en curso, que Lackner ya no estaría a cargo del expediente de la evasión. ¿Cosa extraña, siendo que él mismo explicó que la investigación sería extensa, debido a lo compleja? Siendo así verdaderamente, la lógica me llevaría a pensar que, con más razón, Lackner, debería haber sido considerado inamovible y no transferible, dado el tenor del caso que tenía entre manos. ¿Qué ocurrió? ¿Qué está ocurriendo? Se me viene a la memoria el traslado (igualmente inexplicable, o demasiado explicable) de la entonces Jueza Penal Mariana Motta, que tenía -por su especialización- numerosos casos de represores acusados de violaciones de derechos humanos y un buen un día, desde la Suprema Corte de Justicia la trasladaron a un juzgado de familia. De ahí en más, todas sus investigaciones, obviamente sufrieron las consecuencias: o se enlentecieron groseramente, o algunos de sus indagados fallecieron, por mencionar solo algunos de los efectos.

Retomando al traslado de Lackner, entonces, me resulta un episodio en sí mismo escandaloso, porque entiendo, que más bien, él debería ser notoriamente apoyado desde la cúpula del Ministerio Público, para definir -con urgencia- responsabilidades, y echarse aguas claras sobre el caso, casi con celeridad estratégica, y no transferirlo. A groso modo, desde el momento de la evasión a la fecha, han transcurrido casi unos 1300 días, y los escasos resultados en la investigación -solo dos imputaciones, de una corrupción monstruosa-  son, literalmente -me parece- un atentado a la inteligencia humana; una burda respuesta a la sociedad uruguaya y a la comunidad internacional, si se quiere más bien al gobierno italiano, que oportunamente se quejó directamente por lo liviana que resultó la seguridad en torno a Morabito, calibrando el tenor de delincuente que es. 

Desde filas del Ministerio Público se oyeron elogios dirigidos a Lackner por su alto nivel de tecnicismo en las investigaciones a su cargo, y por ser además un estudioso avanzado en delitos informáticos, razón por la cual fue derivado a una Unidad entendida en la materia. 

No hubo en cambio ninguna explicación del motivo por el cual se da prioridad a lo informático, cuando el expediente de la evasión de Morabito, es expresamente complejo y tuvo hace tres años una repercusión atronadora, por el nivel de corrupción institucional que la evasión desprendía. 

Sin desmerecer la capacidad de la doctora Porteiro, como nueva fiscal a cargo del expediente, nos huelga decir que en casos de esa naturaleza y de esa alta complejidad (consignada especialmente por Lackner) un traslado del fiscal, inevitablemente generará ciertos retrocesos en la investigación, que, por cierto, y está en la tapa del libro, no hace más que ser funcional a la impunidad (y a la lógica mafiosa, instalada en nuestros desde hace ya una década, o quizás más).

Mirando el bosque, y no el árbol, que resulta ser la evasión de Rocco Morabito, no podemos hacernos los desentendidos, y por eso afirmamos, que el tema mafia en el Uruguay, no es un tema nada menor; las evidencias en los últimos cinco años (por dar fechas) son innumerables.

Pero bueno, paciencia; la visión del fiscal de Corte Juan Gómez, parece ser otra muy diferente ¿Pero por qué? Tal la pregunta que le formularemos si nos da la oportunidad.

De momento, pensamos que al escándalo que fue la evasión de Rocco Morabito en el 2019, ahora -tres años después- se suma este otro: el traslado de Lackner y que los resultados de sus investigaciones hayan sido tan magros (y que no son coherentes con los anuncios que él mismo formuló oportunamente), así de sencillo.

Otro escándalo, inconcebible, muy preocupante, muy significativo, y definitivamente desconcertante e inexplicable (o quizás, demasiado explicable).

Foto: reelaboración Antimafia Dos Mil / Ministerio del Interior

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