Francisco Vera: “Es necesario abrir los ojos, y entender que esto es algo que nos afecta ahora”

A comienzos de este año fue amenazado de muerte por reclamar mejor educación
 
Por Alejandro Diaz-4 de noviembre de 2021

“Un niño (Francisco Vera Manzanares, ndr) de 11 años, que recibió amenazas de muerte tras reclamar un mejor acceso a la educación durante la pandemia de Covid 19, ha sido reconocido por la ONU por su activismo”, tal la información que fue difundida por la BBC, en enero de este año.

Horrendo. Indignante. Aberrante.

Estos tres calificativos visibilizan la violencia imperante en Colombia, que oportunamente fue dirigida a un niño de tan solo 11 años, cuya intención, hoy por hoy, no es otra, que hacer parte de un movimiento internacional que busca urgentemente trabajar, para mitigar el cambio climático; esta iniciativa, y la de reclamar ciertos beneficios sociales y educativos, desafortunadamente, meses atrás hubo provocado el desafío, de quienes se oponen a esa labor, apelando a las amenazas de neto corte criminal.

Francisco, quien tiene un diálogo muy fluido, y un vocabulario muy rico, es fundador de 'Guardianes por la Vida', una organización ambientalista y defensora de los Derechos Humanos. Durante una entrevista con la CNN, declaró: “Es necesario conversar, cuantas veces sea necesario, para llegar a un acuerdo, así como es la ‘Agenda 2030’, donde todos los gobiernos del mundo, se pusieron de acuerdo con 17 objetivos. Pues esta vez hay que llegar a un acuerdo colectivo. Igual para todos, para las mayores potencias, en emisiones de gases, del efecto invernadero, para las más pequeñas, y para las medianas también; un acuerdo colectivo pero esta vez, de clima. No creo que haya que cortar estos espacios (refiriéndose a la COP 26*, ndr), no creo que haya que limitarlos y no ver el potencial que tienen. Pero es cierto que es necesario primero, tener coherencia con las acciones que hacemos”.

Francisco exige. Exige, que aquellos discursos que se sostienen frente a las cámaras, en ámbitos académicos e institucionales, sean acompañados por acciones concretas.

Luego de la participación en la COP 26 del presidente colombiano Iván Duque, Francisco publicó en su cuenta de Twitter: “Señor presidente de #Colombia @IvanDuque, lo escuché atentamente en #Glasgow y sólo le pido que, al llegar a Colombia, el compromiso con el ambiente que dice tener, se vea reflejado en la aprobación y firma del Acuerdo de Escazú”.

Este acuerdo pretende “proteger los derechos de acceso a la información, participación y justicia en asuntos ambientales, así como garantizar seguridad a quienes promueven y defienden los derechos humanos en asuntos ambientales”. Este último punto, cobra especial urgencia en un país arrasado por el narcotráfico y el militarismo yankee, donde el asesinato de activistas ambientales, en manos del sicariato, alcanza las cifras más altas a nivel mundial.

El reclamo de Francisco, es el reclamo de cientos de niños, jóvenes y adultos, quienes comprenden, la urgencia de intervenir con políticas ambientales, no solo desde los espacios del activismo, sino, y sobre todo, desde las instituciones, que son en definitiva, las que gestionan las herramientas legales, técnicas y presupuestarias, que fueron creadas para el pueblo.

Su corta edad sorprende, es cierto; pero, debo ser sincero, también me asusta. ¿Por qué me asusta? Sinceramente, mi primera reacción fue sentir vergüenza, vergüenza de que un niño deba ocupar el lugar de un adulto. Pero esta reacción, es una reacción propia de mis limitaciones, y de una mente reducida e incluso arcaica. Este niño no es un niño que está 'perdiendo su infancia', este niño es un niño que pertenece a un nuevo paradigma de infancia, donde jugar a la escondida, tener una mascota, disfrutar de un video juego o reír en el colegio, de ninguna manera se contradice con crecer con una conciencia solidaria, comunitaria y respetuosa de la vida. Francisco ha entrado en un mundo hostil, de lucha social, de lucha ambiental, de confrontaciones a todo nivel: y por eso me asusta.

Ante las críticas maliciosas, de supuestos periodistas, a este y a otros niños que como él, afrontan el presente con una aristocracia, que a más de un gobernante le falta, Francisco contesta: “Decimos obviedades, que al parecer muchas personas no entienden. Por ejemplo: no cuesta tener tanto conocimiento, ni un doctorado para entender que no hay planeta B. El columnista se pregunta si queremos dinero, poder o votos. Yo no puedo ejercer un cargo público ni ser candidato, porque soy menor de edad. Y yo no cobro, por recoger basura ni por hacer plantones. Pero sí, le digo al columnista, que no use a los niños para deslegitimar, una causa que es válida: la defensa de la vida y del medio ambiente”.

¿Qué diferencia puede haber en el discurso de este niño que se aboca a defender la vida, con el “juramento”, que un niño hace ante la comunión católica y los discursos catequistas? ¿Qué diferencia puede haber con los juramentos patrios, que se hacen todos los santos días en los colegios, al izar las banderas y al entonar los himnos?

Francisco, es hijo de un abogado y de una trabajadora social, quienes regulan las cuentas de sus redes sociales, y su educación, como debería realizar cualquier otro par de progenitores. Francisco tiene un gato que se llama Michel Foucault y lee textos sobre feminismo, entre otros intereses.

“A mí, lo que más me preocupa no es como terminaremos en un futuro, sino, como estamos terminando ahora. Porque yo soy un niño, que ahora va a estudiar; un niño que tiene comida, techo, que tiene todos sus derechos cubiertos. Pero hay muchos niños en el mundo, que en este momento no tienen eso por el cambio climático, o por las crisis sociales y económicas, que hay en sus países. Por lo tanto, es necesario abrir los ojos y entender que esto es algo que nos afecta ahora, por eso se llama ‘Acción Climática Ya’, acción climática ahora, no para mañana ni para dentro de treinta años”, dice Francisco.

El problema no es lo que el niño dice; el problema es que el niño piensa y siente, reflexiona y sueña. El problema con estos niños, es que pretenden ser libres. El problema con estos niños, es que no pueden vender sus votos porque ni siquiera pueden votar. El problema con estos niños, es que no se los puede amedrentar con causas judiciales, y descréditos publicitarios. El problema con este niño, no es problema. El problema lo tienen aquellos que no quieren cambiar; aquellos que no tienen la entereza, la dignidad, la empatía de acrisolar a sus representantes, y exigirles coherencia y respeto por la vida.

Ojalá, haya millones de niños como Francisco.

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*La COP 26, se realiza en Glasgow, Escocia dentro del Reino Unido, desde el primero de noviembre y se extenderá hasta el día doce. Allí, 195 países miembros de la ONU desarrollaran las conferencias sobre Cambio Climático desde donde, fueron firmados numerosos acuerdos en materia de impacto ambiental y desarrollo sostenible, entre los que destacan, el Protocolo de Kyoto de 1997 y los Acuerdos de París del año 2015.

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*Foto de portada: laizquierdadiario.com

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