Miércoles 17 Abril 2024
En pocos días se cumplirán 20 años del homicidio de la mafia y el Estado

"Hay un día que hemos perdido, como se pierde un anillo en la hierba. Y con él se fue todo un programa futuro que no vimos. Es el tiempo que se escapa, pero no importa, tarde o temprano nos alcanzará. Porque hay tiempo, hay tiempo, hay tiempo… para este mar infinito de gente".

El 7 de febrero del 2003, Ivano Fossati lanza su decimoséptimo álbum titulado Lampo viaggiatore (Destello viajero). Contiene una canción que es una perla de la música italiana: Es tiempo. Ese fue el último año de vida de Attilio Manca. Que murió con apenas 34 años la noche del 11 al 12 de febrero del 2004. Y es como si Fossati la hubiera escrito para el joven urólogo de Barcellona Pozzo di Gotto, pues su tiempo acabó demasiado rápido. En el 2014 Fiorella Mannoia interpreta esa espléndida canción, logrando embellecerla aún más con su inconfundible estilo.

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Una historia sin fin

En estos 20 años, en cuanto a la búsqueda de la verdad de la muerte de Attilio Manca, ha pasado de todo. Por momentos parecía que se estaba a punto de hacer justicia a su memoria a través de las explosivas declaraciones de arrepentidos. Pero al mismo tiempo, sin embargo, hubo vergonzosos pedidos de archivo de la causa y aún más vergonzosas resoluciones en este sentido. Y luego, el juicio-farsa celebrado en Viterbo, con la sensacional exclusión de la familia Manca como parte civil y la posterior condena de Monica Mileti, la única acusada que cargó con la culpa.

La condena, sin embargo, fue recurrida y anulada en Roma a la luz de "pruebas frágiles y equívocas sin elementos concretos". Una absolución sensacional -que se volvió definitiva porque la fiscalía general de Roma no recurrió ante la Casación- que reabrió todas las cuestiones nunca aclaradas por la Fiscalía de Viterbo. Quien, según informó el abogado de Mileti, llegó a pedirle al letrado que hiciera confesar a su cliente dado que el delito "caducaría en breve". Una auténtica obscenidad judicial, que en otros países habría dado lugar, al menos, a una investigación para aclarar lo sucedido.

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La palabra que no se debe decir

En un país corrupto y silenciado como el nuestro, la poderosa arma del olvido es utilizada cada vez más por los medios de comunicación complacientes que, vendiéndose como miserables prostitutas, se ajustan a la lógica del poder. Los que no digieren la palabra "homicidio" en el misterio de la muerte de Attilio Manca. Pero es ese término el que emerge con fuerza en el informe de la Comisión Antimafia del año pasado. Un "homicidio" que "no parece haber sido el clásico asesinato mafioso, sino el resultado de una colaboración entre el clan mafioso de Barcellona y sujetos institucionales ajenos a Cosa Nostra".

Estado y mafia, o quizás sólo dos caras de una misma moneda. Silencio, ocultamiento de la verdad, inercia judicial culpable, y muchos otros silencios; los institucionales, pero no sólo ésos. También los de personas "amigas", inicialmente ansiosas por contar lo que sabían sobre el homicidio, para luego olvidar y regresar a las sombras.

Y aunque el 22 de abril del 2023 el abogado Fabio Repici presentó ante la Fiscalía de Roma una solicitud para reabrir la investigación sobre el caso Manca, hasta el momento el fiscal Francesco Lo Voi no ha dado ninguna respuesta. ¿Qué mejor que dejar en una agotadora espera a los pobres familiares que piden justicia? Déjenlos que esperen, tal vez se cansen y desistan.

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Un tiempo que aún está por llegar

"Dicen que hay un tiempo para sembrar y otro para esperar…".

Mientras escucho las palabras de Fossati, todavía veo ante mí los ojos diluidos por la lluvia de la vida de Gino, el padre de Attilio. Gino falleció tras una larga enfermedad el pasado 19 de agosto. Después de haber sembrado durante años su demanda de justicia y verdad, se fue en silencio sin verla jamás florecer.

"Hay un tiempo negado y un tiempo secreto, un tiempo lejano que es de otros. Un momento en el que era mejor partir, y un momento en el que era mejor que haber hablado".

Sí, Attilio, hubiera sido mejor haber hablado, que le hubieras contado a tu padre, a tu madre o a tu hermano Luca lo que te atormentaba en los últimos días de tu vida, quién sabe si las cosas hubieran sido diferentes. Y si no lo hiciste para protegerlos, duele aún más.

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"Hay un tiempo perfecto para hacer silencio, mirar el paso del sol en verano y contarles a nuestros hijos cuál es la hora del silencio de las hadas".

Pero ese niño que tanto hubiera deseado Attilio junto a su gran amor nunca llegó; probablemente porque no era su momento.

"Dios, hace tanto que llueve y hace un año que no vuelvo. Hace media hora que estoy confundido en la sala de espera de un tranvía que no llega...".

Ese tranvía ya no llegará, y esa sala de espera está vacía sin ti... un vacío insalvable que dejaste entre los muros de esa casa que te vio de niño, de joven y luego de hombre.

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Pero es el vacío dejado en el corazón de Angelina el que no tiene remedio: "un tiempo de espera", o incluso "un momento fotografiado, pintado, marcado. Que enseguida se perdió. Sin que ni siquiera se sepa cómo habría sido la fotografía".

O quizás sí, esa maravillosa foto de Attilio en medio del mar sonriendo a la cámara. Parece decír: ¡ven mamá, que el agua está hermosa! Ese momento nunca se vio afectado por el paso del tiempo.

Porque "hay un tiempo hermoso, trabajoso, una estación rebelde, el momento que dispara la única flecha. Que llega hasta la bóveda celeste y atraviesa las estrellas. Es un día en el que toda la gente se tiende la mano, el mismo instante para todos que será bendecido, creo, desde muy lejos".

Sí, ese tiempo será bendecido, pero sólo cuando traiga consigo la justicia que Angelina nunca ha dejado de buscar, gritando, hasta no poder más.

Una madre-coraje que se aferra exhausta a la última esperanza de un tiempo por venir.

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"Un tiempo en el que me volverás a ver a tu lado, tomados de la mano, que gracioso será, si ni siquiera nos han avisado…".

De la mano, finalmente juntos, para dejar atrás los años de dolor, derrotas y desilusiones. Años de ataques durísimos, que minaron la salud psicofísica de Gino y Angelina, obligando a esta última a dejar su propio hogar.

Años de espera, agotadora, árida, para quienes ya no tienen lágrimas; para aquellos que no tienen ya nada que perder.

"Dicen que hay un tiempo para sembrar y uno más largo para esperar. Yo digo que hubo un tiempo de ensueño. Que era para soñar".

Pero ese tiempo de justicia y verdad nunca fue soñado a fondo. Todavía falta todo un final por soñar, por reescribir y por gritar a los cuatro vientos. Angelina lo sabe, porque ese programa futuro que no se ha cumplido es como una espina que le atormenta el alma.

"Es el tiempo que se nos escapa, no importa, tarde o temprano nos alcanzará. Porque hay tiempo, hay tiempo, hay tiempo… para este mar infinito de personas".

Un tiempo soñado, esperado, que se nos escapó de las manos como arena.

Un tiempo que aún está por llegar.

Info: www.attiliomanca.it

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Foto de portada: Antimafia Duemila

Foto 3: Attilio junto a sus padres, Gino y Angelina

Foto 5: Attilio y Luca Manca