Lunes 22 Abril 2024

En los últimos días se ha desatado en Il Foglio el habitual "ataque selectivo" contra aquellos magistrados que persisten en buscar la verdad sobre las masacres de los años noventa.

Para encontrar a los que mataron a los jueces Giovanni Falcone, Paolo Borsellino y Francesca Morvillo, a los agentes de sus custodias, a hombres, mujeres e incluso dos niñas (Nadia y Caterina Nencioni, asesinadas en Florencia en la masacre de Georgofili en mayo de 1993).

"Viejas historias" las había llamado el "patrón" Silvio Berlusconi, al comentar las investigaciones reabiertas por la fiscalía de Florencia en el 2017.

"Viejas historias" de las que hoy a muchos no les gustaría que se hablara en nombre del olvido y la presunción de inocencia.

Es cierto que el ex Caballero nunca fue acusado de delitos mafiosos, pero lo que muestran las investigaciones, los juicios y las sentencias representa un panorama tan inquietante como dramático. Igual de dramática fue la temporada de masacres, inserta en una época de profundos cambios a nivel nacional e internacional.

En definitiva, cualquier cosa menos "novelas policíacas" o "historias de espías" sin un hilo lógico.

No hay fantasías ni invenciones, sino hechos que necesitan ser investigados, tal como acertadamente está haciendo la fiscalía de Florencia, y como probablemente hagan o vayan a hacer las de Caltanissetta, Palermo y Reggio Calabria, con la coordinación de la fiscalía nacional Antimafia, dirigida por Giovanni Melillo.

La búsqueda de la verdad es un camino largo y tortuoso y, afortunadamente, como recordó el propio fiscal Giuseppe Lombardo en la acusación del juicio 'Ndrangheta Stragista, no se parte de una "hoja en blanco".

La historia de Silvio Berlusconi y Marcello Dell'Utri con la mafia no se limita a unas pocas historias de colaboradores de la justicia. Il Foglio y sus periodistas pueden pensar lo que quieran, de buena o mala fe, pero técnicamente los hechos no se pueden ocultar.

La sentencia Dell'Utri, una sentencia que pesa

El artículo no menciona en modo alguno una sentencia como la del exsenador Marcello Dell'Utri, cofundador con Berlusconi del partido Forza Italia, condenado en Casación a 7 años de cárcel por concurso externo en asociación mafiosa (pena cumplida). En los motivos de la sentencia de ese juicio, que en primera instancia estuvo a cargo de Antonio Ingroia junto con Domenico Gozzo, los jueces calificaron a Dell'Utri como garante "decisivo", durante dieciocho años (de 1974 a 1992), del acuerdo entre Berlusconi y Cosa Nostra (con un papel de "importancia para ambas partes: la asociación mafiosa, que trazó un cauce constante de importante enriquecimiento y el empresario Berlusconi, interesado en preservar su esfera de seguridad personal y económica". La Corte por su parte habla de la "continuidad de los pagos de Silvio Berlusconi a favor de los exponentes de la asociación mafiosa, a cambio de la protección integral que ésta otorga al empresario".

Una relación de "do ut des".

En las sentencias relativas a Dell'Utri, se da por probado el encuentro, relatado por el colaborador de la justicia Francesco Di Carlo (testigo presencial, ya fallecido), en las oficinas de Edilnord entre el constructor de Milano 2, el amigo Marcello, y jefes de primerísimos planos como Stefano Bontade (entonces en la cima del triunvirato que gobernaba la organización de la mafia siciliana) Gaetano Cinà y Mimmo Teresi.

Berlusconi y la mafia la absurda omision de hechos de In foglio 2

Y las sentencias siempre han explicado la naturaleza de la contratación de Vittorio Mangano, un importante jefe del distrito de Porta Nuova. No era un simple "mozo de cuadra" o "un héroe" como Berlusconi y Dell'Utri lo llamaron varias veces después de su muerte.

Ese mismo Mangano que, según ellos mismos dijeron en una escucha del 29 de noviembre de 1986, ponía "bombas cariñosas". Todos hechos que no son simples "rumores" sino hechos probados y constatados en diversas sentencias.

En un país normal, un hombre que a sabiendas le pagaba a la mafia para su propio beneficio, nunca habría sido protagonista en la escena política durante más de veinte años.

Pero la obscenidad no termina con este hecho.

Como político y hombre de las instituciones, defendió intereses personales, siempre y en todo caso, lo que llevó al Parlamento a aprobarle 60 leyes ad personam, algunas rechazadas por la Consulta por considerarlas inconstitucionales.

Llevó el conflicto de intereses a la categoría de sistema, volviendo legítimo tal modus operandi.

Fue inscripto en las listas de la logia masónica oculta P2, de Licio Gelli.

A menudo se salvó en los juicios por la prescripción. Sobornó a diputados. En repetidas ocasiones le guiñó un ojo al fascismo, alabando a Benito Mussolini.

Justificó la evasión fiscal e introdujo amnistías fiscales, edilicias y medioambientales.

Por no hablar del ridículo en el que puso a toda Italia con el "Bunga bunga", el "Papi girl" y mociones como aquella de "Ruby sobrina de Mubarak".

Ha purgado a periodistas y artistas que no le gustaban de las redes del Servicio Público RAI.

Ha calumniado, ofendido y deslegitimado, a través de sus "medios de desinformación" impresos y televisivos, a magistrados, periodistas e intelectuales que tenían el único defecto de contar los hechos o buscar la verdad. Un modus operandi que todavía hoy se repite, y siempre con los magistrados en el punto de mira.

La cuestión de los "autores intelectuales externos"

De estas investigaciones, lejos de improvisar, muchas veces nos olvidamos, también por culpa de una prensa sumisa, muda o mistificadora.

Como cuando se busca tergiversar los hechos creando divisiones donde no las hay.

Porque en el proceso de la Tratativa Estado-mafia se habla de la masacre de via D'Amelio tratando de explicar por qué se produjo, apenas 57 días después de la de Capaci, sufriendo un aceleramiento como han relatado varios colaboradores de justicia.

El propio Cancemi relató una reunión organizada por Riina en la que el jefe de jefes manifestó "la repentina urgencia de matar a Borsellino".

El razonamiento de Scarpinato sobre la "locura" de Cosa Nostra al llevar a cabo la masacre es precisamente para subrayar que solo con la presencia de autores externos, con motivos distintos a un 41 bis que aún no se había convertido en ley, es posible explicar ese atentado.

Un razonamiento que encuentra confirmación en las palabras, interceptadas en prisión, de Riina con la dama de compañía Alberto Lorusso. Hablando de via D'Amelio, en cierto momento se refiere a una figura desconocida que le dice que debe hacerse "rápido, rápido".

La pregunta más que legítima es simple: ¿quién es ese 'chiddu' que le está pidiendo a Riina que anticipe la ejecución de la masacre? Dar rostro a los mandantes externos es el compromiso que están asumiendo hoy la mayoría de los fiscales.

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Cancemi y las "personas importantes"

La investigación abierta contra Berlusconi y Dell'Utri por haber sido "instigadores externos" de las masacres es una historia que siempre vuelve.

Ya a finales de los años '90 y principios del 2000, el fiscal Luca Tescaroli (el mismo que hoy como fiscal adjunto investiga en Florencia) abrió un expediente sobre los "autores intelectuales externos" de Cosa Nostra en las masacres del '92.

De 1998 al 2001 en esa investigación, junto a su colega Nino Di Matteo, habían inscripto a Dell'Utri y Berlusconi en el registro de sospechosos.

Pero luego el entonces fiscal de Caltanissetta, Giovanni Tinebra, impidió que Tescaroli pudiera continuar con su trabajo y al mismo tiempo le advirtió a los dos sospechosos de la solicitud de sobreseimiento, 24 horas antes de que se presentara regularmente (el 2 de marzo de 2001, ndr).

Esa investigación se inspiró en las declaraciones de un destacado colaborador de justicia (cuya confiabilidad ha sido reconocida varias veces) como Salvatore Cancemi, regente del distrito de Porta Nuova y, por lo tanto, perteneciente a la Cúpula y en contacto directo con Totò Riina.

El arrepentido contó en un comunicado emitido a la exfiscal adjunta de Milán, Ilda Boccassini (ahora jubilada) que Raffaele Ganci le informó de la existencia de contactos entre Totò Riina y "personas importantes" no afiliadas a Cosa Nostra.

Y en otra reunión fue aún más preciso.

"Tengo el deber de denunciar las circunstancias que he vivido en estos años como protagonista. En 1990 o 1991, en este momento no puedo ser más preciso -les dijo a los magistrados- [...], Ganci Raffaele me dijo que Salvatore Riina quería hablar conmigo, nos reunimos en la ahora famosa villa de Girolamo Guddo. Riina empezó hablando de Vittorio Mangano, una persona que al propio Riina no le gustaba mucho porque en el pasado había estado cerca de Stefano Bontate. Riina me dijo que le informara a Mangano que ya no debía interferir en la relación que había establecido durante años con un tal Dell'Utri, colaborador de Silvio Berlusconi, porque a partir de ese momento las relaciones con Dell'Utri las mantendría directamente Riina. Este último precisó que, según los acuerdos establecidos con Dell'Utri, que actuaba como emisario de Berlusconi, Riina percibía 200 millones al año en varios pagos, pues varias antenas estaban ubicadas en Palermo (esta es la expresión que utilizó Riina, pero obviamente se refería a las emisoras privadas, ndr)".

Cancemi había agregado que ese dinero llegó en varios "pagos de 40-50 millones".

Pero entre otras cosas, Cancemi también dijo que en 1991 Riina le dijo que "Berlusconi y [...] Marcello Dell'Utri estaban interesados en comprar la parte antigua de Palermo y que él mismo (Riina, ed) se encargaría del negocio, porque tenía a los dos personajes 'en las manos'”.

El relato de Brusca

Otros testimonios de importantes exponentes de la mafia de Palermo, que luego se convirtieron en colaboradores de justicia, entre ellos Giovanni Brusca, agregaron detalles de las relaciones en el eje mafia-Dell'Utri-Berlusconi. Brusca señaló que el dinero entregado por Berlusconi a Cosa Nostra era visto "como un regalo, como una contribución, como una extorsión". Y Gaetano Grado afirmó que una parte de las enormes ganancias del narcotráfico las invertía la mafia, a través de la acción de Dell'Utri, en las empresas de Silvio Berlusconi.

En octubre del 2018, nuevamente Brusca, al declarar en la fiscalía de Palermo, informó un detalle más en referencia a una cumbre que tuvo lugar en el área de Trapani entre los jefes de la mafia en 1995, en la que se habló de la hipótesis del secuestro del hijo de Pietro Grasso, entonces fiscal adjunto de la Dirección Nacional Antimafia. Y es en esa ocasión que se habría enterado, directamente por Matteo Messina Denaro, de que Silvio Berlusconi se reunía con el jefe mafioso Giuseppe Graviano. Y no solo eso. El jefe de Brancaccio incluso habría visto un reloj en la muñeca del ex primer ministro por valor de 500 millones.

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El país en las manos

Otro colaborador de justicia como Gaspare Spatuzza, que hizo posible escribir un nuevo capítulo sobre la masacre de Via d'Amelio, habló de una reunión que supuestamente mantuvo con el jefe Graviano en el interior del bar Doney de Roma, pocos días antes del fallido ataque al Estadio Olímpico de Roma, que debería haber ocurrido el 23 de enero.

"Tenía un aire alegre y me dijo que habíamos conseguido todo lo que buscábamos gracias a gente seria que había sacado adelante la cosa –dijo en varias ocasiones–. Yo entendí que se refería al proyecto del que ya me había hablado anteriormente, en otra reunión en Campofelice di Roccella". "Luego –continuó– dijo que esas personas no eran como esos cuatro crasti (cornudos, ndr) de los socialistas que primero nos habían pedido los votos y luego nos habían hecho la guerra. Te dije que las cosas saldrían bien", habría dicho Graviano. "Entonces –concluyó– me dio el nombre de Berlusconi. Le pregunté si era el de canal 5 y me respondió que sí. Agregó que nuestro paisano Dell'Utri también estaba en el medio y que gracias a ellos teníamos el país en las manos. Y por país me refiero a Italia".

¿Es posible que Dell'Utri y Graviano se encontraran en los días previos? Es posible. Como se destacó durante los debates de los juicios Estado-mafia y 'Ndrangheta Stragista, en ese momento Marcello Dell'Utri estaba en la capital en el Hotel Majestic, a solo unos cientos de metros del bar Doney, donde se estaba llevando a cabo una convención de Forza Italia.

Las palabras de Riina

Incluso el jefe de jefes, Totò Riina, durante un paseo por la cárcel de Milán con el jefe de Apulia, Alberto Lorusso, habló de Berlusconi el 22 de agosto de 2013: "...se encontró con estas cosas allá abajo, vino, envió allí abajo a uno, accedió, envió el dinero enseguida, accedimos con el dinero y lo recogí enseguida''. ¿Cuántos? "Nos dio 250 millones cada seis meses al resto de nosotros".

Y Riina siempre añadía: "La gente de Catania dice, pero mira... No tiene el Stande, le dije, nos pagó aquí. Entonces, los sometí, prendieron fuego a la Standa. Mierda, tenía todo el Stande de Sicilia, todo el Stande le pertenecía. Le dije: quema la Standa. Nos dio 250 millones cada seis meses, 250 millones cada seis meses. Aquel... vino el palermitano... le mandó, bajó el palermitano y habló con alguien... hizo un trato... Dice te mando el dinero con otro palermitano. Tomó otro palermitano, ahí estaba el de Milán. Estaba este tipo y le daba dinero cada seis meses a este palermitano. Era amigo de aquel... el senador (es decir Dell'Utri, ndr)".

Eso sí, las palabras del jefe corleonés, hoy fallecido, no tienen nada que ver con la sentencia de Dell'Utri sino que constan en las actas del juicio Estado-mafia.

El aporte "perdido" de Ilardo

Entre los que sin duda podrían haber hecho un enorme aporte a la búsqueda de la verdad sobre las masacres (y no sólo) se encuentra Luigi Ilardo, quien como infiltrado había logrado detener a decenas de mafiosos de primer nivel y que en 1995 había señalado al ROS de Mori cuál era el escondite de Bernardo Provenzano en Mezzojuso. El operativo no se hizo y en mayo de 1996, antes de que se oficializara su colaboración con la justicia, fue asesinado.

Ilardo, subjefe de distrito en Caltanissetta, además de primo de Giuseppe "Piddu" Madonia, había establecido una relación muy estrecha con el coronel Michele Riccio desde hacía tiempo.

También había hablado con este último de los autores intelectuales externos de las masacres de 1992 y 1993. Y con mucho detalle, en los juicios Michele Riccio había explicado que Ilardo había sido bastante explícito el día que se reunió en el ROS de Roma (en el que el infiltrado participó unos días antes de su muerte junto a Riccio, Gian Carlo Caselli, Teresa Principato y Gianni Tinebra, ndr) con el General Mario Mori, declarando: "Muchos ataques que han sido atribuidos exclusivamente a Cosa Nostra, fueron encargados por el Estado y ustedes lo saben". El coronel Riccio también había reiterado la indicación dada por el propio Ilardo sobre Marcello Dell'Utri como punto de referencia de Cosa Nostra en el período en el que se había decidido apoyar a la naciente Forza Italia, pero también las revelaciones sobre el rol híbrido de la masonería "desviada" y de todas aquellas entidades ajenas a Cosa Nostra que el confidente había llegado a conocer.

La misma masonería que formaba parte, junto a los jefes, los arregladores, los políticos y los funcionarios del Estado, de esa red de protección de la que había hablado la exfiscal auxiliar de Palermo (hoy jubilada) Teresa Principato, refiriéndose a los treinta años de evasión de Matteo Messina Denaro.

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Giuseppe Graviano, la voz que no se espera. Y Florencia sigue investigando

Volvamos a Florencia. La investigación no es nueva, pero se ha renovado.

La fiscalía de Florencia se había ocupado del dominus de Fininvest y su más cercano colaborador, señalados como posibles instigadores externos de las masacres de 1993. También en ese caso se había llegado a una solicitud de archivo (en 1998, ndr) en la que, sin embargo, se destacaban aquellos contactos "no meramente episódicos" entre Dell'Utri, Berlusconi y "los sujetos criminales a los que se refiere el programa de masacres realizado".

La investigación se reabrió en el 2017.

En ese momento, el impulso investigativo había sido dado por las palabras pronunciadas en prisión por el jefe Giuseppe Graviano, cuando fue interceptado por los fiscales de Palermo en el juicio sobre la Tratativa Estado-mafia, mientras hablaba con un compañero de celda, Umberto Adinolfi en la prisión de Ascoli Piceno.

Intercepciones en las que se habla de las masacres de 1993, del 41 bis y de los diálogos con las instituciones.

Hasta la clara referencia al ex presidente del Gobierno: "Berlusca me pidió esta amabilidad. Por eso era urgente". Y luego: "Se quería bajar, pero en ese momento estaban los viejos y me dijo que íbamos a necesitar algo bueno". Y otra vez: "En 1993 hubo otras masacres, pero no fue la mafia, ellos dicen que fue la mafia". Y muchas otras consideraciones con las que el jefe de la mafia siciliana sugiere que el propio Berlusconi pudo haber jugado algún papel en esa terrible temporada.

Y en esas mismas escuchas telefónicas, dijo que conocía y se había reunido con el ex Caballero y, en particular, que se habían 'sentado' juntos y 'comido y bebido' juntos.

En el 2020 hubo un nuevo impulso investigativo cuando Graviano, sorpresivamente, decidió romper su largo silencio en el juicio 'Ndrangheta Stragista.

Respondiendo a las preguntas del fiscal adjunto Giuseppe Lombardo y de las partes civiles, incluso agregó detalles, dando su explicación a las referencias hechas anteriormente.

"Estoy dando algunos elementos –dijo en la audiencia del 8 de febrero del 2020– si quieren investigar, investiguen, ya he cumplido 26 años de cárcel y los estoy cumpliendo con dignidad, estoy en un área restringida y sin cobijas, me congelo. No tengo, nunca he tenido miedo de los hombres, solo de Dios, estoy bien en la cárcel, estamos de paso por este mundo. En Italia son todos héroes, veremos si son héroes o arribistas".

Graviano también dijo que se había encontrado con Berlusconi cuando estaba prófugo "al menos en tres ocasiones" (y que la última habría ocurrido en diciembre de 1993, o unas semanas antes de su detención el 27 de enero de 1994), en un apartamento de Milán 3. ("Sucedió en Milán 3, fue una cena. Mi primo, Berlusconi y yo nos conocimos. Había algunas otras personas que no conocía. Hablamos de formalizar las empresas").

La carta perdida

El carácter de esas relaciones entre la familia Graviano y Silvio Berlusconi sería de carácter económico y, según el jefe mafioso, se remontaría a principios de los años setenta cuando supuestamente se le pidió a su abuelo "que invirtiera veinte mil millones de liras en el Norte. Le dijeron que le iban a dar el 20 por ciento". "Mi abuelo (Filippo Quartararo, ndr) quería participar en esa empresa y cuidar sus cosas –agrega en su flujo de conciencia– Fue a ver a mi padre, quien le dijo que no quería saber nada de eso y que no quería que involucrara a los nietos, nosotros. Mientras tanto, mi abuelo no tenía ese dinero, solo había juntado cuatro mil quinientos millones. Cuando murió mi padre, mi abuelo me dijo a mí y a mi primo, Salvatore Graviano, que siempre estaba con él, la verdad, nos habla de la sociedad con los empresarios del norte, porque no tenía a dónde más acudir, y nos dijo: 'Tenemos esta situación, me voy, tu papá no quiere que recurra a ustedes. Soy viejo, ahora les toca a ustedes cuidar todo. Mi primo Salvo y yo dijimos: vamos a pensarlo. Consultamos con el Sr. Giuseppe Greco, el padre de Michele Greco. Decidimos que sí y nos fuimos para Milán. Y mi abuelo nos presentó al Sr. Berlusconi, entendimos lo que era esta empresa. Un poco más tarde mi abuelo, que tenía más de 80 años, murió".

Y luego agregó: "Berlusconi nos presentó a la empresa, éramos solo él, yo, mi primo y mi abuelo con el abogado Canzonieri, que quería que nuestros nombres aparecieran en los papeles de la empresa porque el dinero era lícito, limpio, era de mi abuelo y de los que habían invertido el dinero, tenían que entrar formalmente a la empresa. Estábamos allí con mi abuelo porque ya estaba muy viejo, teníamos que estar listos para ocupar su lugar una vez que muriera".

Obviamente, el abogado de Berlusconi, Nicolò Ghedini, respondió de inmediato a las declaraciones antes mencionadas, definiéndolas como "total y descaradamente desprovistas de todo fundamento, desconectadas de la realidad, así como descaradamente difamatorias".

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El pasado 25 de marzo, en sus declaraciones espontáneas en el proceso de apelación del juicio 'Ndrangheta Stragista, Graviano volvió a declarar y a hablar del "empresario del norte": "Respecto al empresario del norte, siempre he informado que mis contactos eran sólo por el dinero que mi abuelo había entregado. Yo di todas las fechas". Luego afirmó que la Fiscalía de Florencia habría encontrado sus declaraciones ("Hace unos días nos enteramos todos de lo que dicen los medios, el fiscal de Florencia encontró lo que dije").

Además, unos días antes había pedido que "no destruyan los disquetes con las escuchas" ya que "podrían ser utilizados en algún próximo grado".

Mensajes apenas velados para alguien que escucha desde fuera y muy probablemente tiembla.

Evidentemente Giuseppe Graviano no es un colaborador de justicia, pero sus palabras deben verificarse especialmente cuando afirmó en reiteradas ocasiones la existencia de una carta privada que acreditaría la relación con Berlusconi, aunque nunca se hubiera formalizado la entrada oficial en sociedad.

El 14 de febrero del 2020, en el juicio ante el Tribunal Penal de Reggio Calabria, declaró: "Mi primo la guardó. En el 2002, cuando estaba a punto de morir, su esposa me envió una carta porque quería hablar conmigo. Mi hermano fue a verlo, pero quería hablar conmigo. Quizá quería decirme dónde estaba la carta".

Y sería también sobre estos puntos que los fiscales florentinos buscan pruebas después de que el 14 de octubre pasado la DIA (Dirección de Investigaciones Antimafia) presentara un informe. Porque entretanto se supo que hace meses Graviano accedió a reunirse con los magistrados, respondiendo a sus preguntas, asistido por su fiel defensor. Tras el primer interrogatorio, obviamente clasificado, habría habido dos más en los que el jefe de Brancaccio habría vuelto a hablar de estos hechos, confirmando que en las escuchas telefónicas en prisión las referencias eran precisamente al expresidente del Consejo.

Más allá de las palabras, los magistrados florentinos se han dedicado durante meses a investigar las afirmaciones del jefe mafioso, buscando pruebas y documentos.

Un trabajo que el fiscal adjunto Luca Tescaroli y el fiscal interino Luca Turco están conduciendo en varias direcciones.

También por eso se han desempolvado viejos informes de colaboradores de justicia como Gioacchino Pennino, masón y máximo exponente de Cosa Nostra, entregado a los fiscales Gabriele Chelazzi, fallecido en el 2003, y Pietro Grasso, en 1997.

Hace años fueron evaluados como "inutilizables" por el juez de Caltanissetta, Giovan Battista Tona, quien desestimó la acusación contra Dell'Utri y Berlusconi por las masacres de 1992. En esa disposición, fechada en el 2002, recordaba que las afirmaciones de Pennino eran "un relato" y completamente genérico.

Hoy, sin embargo, vuelven a estar de actualidad. Pennino relató que "la relación entre Berlusconi y Dell'Utri con los círculos de Cosa Nostra eran, por así decirlo, un hecho notorio dentro de Cosa Nostra (...)".

La señal para la búsqueda de la verdad

Ya lo hemos dicho en otras ocasiones y lo repetimos. Las palabras de Graviano hay que tomarlas con pinzas. No es un colaborador de justicia, no es declarante y, a diferencia de su hermano, ni siquiera ha intentado la carta de desvinculación de Cosa Nostra. Habla, despotrica y luego vuelve a callar según su propio interés.

Pero lo cierto es que, respecto a los autores intelectuales externos de las masacres, la búsqueda de la verdad no puede ni debe detenerse. Esto sí es una cuestión de coherencia. Porque al día de hoy todavía hay demasiadas preguntas abiertas.

Es lógico pensar que los panfletistas de Il Foglio intentan desviar verdades que poco a poco van saliendo a la superficie y que podrían llevar a sus jefes a la cárcel. Como se suele decir "ca tinemu famigghia".

Imagen de portada: Paolo Bassani

Foto 2: el "mozo de cuadra" de Arcore, Vittorio Mangano

Foto 3: el fiscal adjunto de Florencia, Luca Tescaroli (Paolo Bassani)

Foto 4: el colaborador de justicia, Giovanni Brusca, escoltado fuera de una sala de audi

Foto 5: Luigi Ilardo

Foto 6: masacre en via Dei Georgofili, Florencia, 27 de mayo de 1993