Miércoles 17 Abril 2024

"Tengo un concepto ético del periodismo. De hecho, creo que en una sociedad democrática y libre como debería ser la italiana, el periodismo representa la fuerza esencial de la sociedad. Un periodismo hecho de verdad previene muchas corrupciones, frena la violencia, el crimen, acelera obras públicas indispensables, exige el funcionamiento de los servicios sociales, mantiene en alerta constante a las fuerzas del orden, solicita la atención constante de la justicia e impone a los políticos el buen gobierno".

Con estas palabras de Pippo Fava -extraídas del artículo "El espíritu de un periódico" del 11 de octubre de 1981 publicado por el Giornale del Sud- el subdirector de ANTIMAFIADuemila, Lorenzo Baldo, abrió la tercera reunión del curso de actualización sobre la mafia dirigido a los docentes de Piamonte y organizado por la escuela de arte Renato Cottini y las Agendas Rojas. Han pasado cuarenta años desde aquellas palabras, escritas en negro sobre blanco, íbamos de camino a una de las temporadas más oscuras de la historia italiana, tanto desde el punto de vista político general como desde el punto de vista de la historia de la mafia. Aspectos, hay que decirlo, que no es necesario separar, sino que deben leerse juntos. Y las palabras de Fava ilustran maravillosamente el significado general de la intervención de Baldo.

Vamos a leerlos en filigrana. El periodismo ético es el punto de conexión de las nueve historias de periodistas asesinados por delitos de tipo mafioso que ha relatado Baldo; periodistas valientes, inspirados por la curiosidad y el sentido de la investigación, por un poderoso deseo de contar lo que se oculta detrás de las apariencias, muchas veces dejados solos y combatidos por sus propios colegas, vecinos o por lo que no debería haber sido descubierto. Con esta última aseveración nos referimos a la presencia de una nebulosa galaxia de intereses que actúan detrás de algunas noticias o de algunos juicios en curso, que quizás mostraban un rostro exclusivamente mafioso y ocultaban, en cambio, una masa de presencias a las que la visibilidad molestaba: partes desviadas del Estado, de la masonería, del empresariado, de la política coludida y de la Iglesia.

Más allá de los casos individuales, sobre los que volveremos, ¿cuál es la valoración general que aporta Lorenzo Baldo? ¿Cuál es el estado actual del periodismo en relación con la idea expresada por Pippo Fava de un sistema de información dedicado a la investigación de la verdad? El expositor utiliza un ejemplo para acercar a los participantes del curso a la delicada situación italiana: Italia perdió diecisiete posiciones en el ranking mundial sobre libertad de prensa en comparación con el año pasado, pasando de la posición 41 a la 58 (de un total de 180) en la lista compilada por Reporteros sin Fronteras, es decir, el Índice Mundial de Libertad de Prensa. A ello contribuyó ciertamente una cifra, las 44 intimidaciones que, en los primeros tres meses del año pasado, fueron dirigidas a periodistas. Pero no se trata sólo de amenazas o intimidaciones o, en su caso, de censura, las de los editores, a las que también se refirió el invitado del Liceo Cottini. Hay otro aspecto, íntimamente relacionado con una parte de la prensa, una gran parte de la prensa, mejor dicho: el hecho de que la verdad estrangulada por la violencia intimidatoria se asocia con la verdad maquillada, deformada y, de nuevo, con la verdad burocrática nunca incisiva, el "copiar y pegar", como la define Baldo, que es la antítesis del impulso investigativo al que se refería Fava. En un juego reticular de rebotes, las noticias brotan de un diario a otro y detrás ya no se ve la mano del periodista de investigación, sino solo una aséptica repetición de conceptos. No pocas veces, casi siempre.

Baldo habla del periodismo libre como una utopía y, quizás, se refiere a su propia vocación periodística, la que surgió a raíz de las masacres de 1992 y de las posteriores, la que lo llevó a él y a un grupo de jóvenes periodistas, aún en ciernes, a dar vida a la revista ANTIMAFIADuemila, primero en versión impresa y, posteriormente, como periódico online. La búsqueda de la verdad -expresión recurrente en la textura conceptual de Baldo– fue clara para los fundadores de esa revista alternativa, sectorial en la medida en que decidió ocuparse de las mafias: identificar a los autores intelectuales externos de las masacres de 1992 y 1993. No es casualidad que el subdirector de la mencionada revista reitere la importancia de lo surgido en el proceso sobre la llamada "tratativa", es decir, un diálogo entre el Estado y las mafias que, sin embargo, no fue reconocida como tipo delictivo para el primer componente. "Identificar los vínculos entre las mafias, la política, los negocios y la Iglesia", esa fue y es la búsqueda de la verdad para Lorenzo Baldo, Giorgio Bongiovanni -director de ANTIMAFIADuemila– y sus colegas.

A pesar de la amargura que se desprende de las palabras del periodista, vinculadas a la asfixia del periodismo verdaderamente libre e independiente, Baldo subraya la importancia de su propia experiencia, una "palestra de la vida" como define a los años vividos desde el 2000 hasta hoy, por sus encuentros con extraordinarios testimonios de la violencia mafiosa, con familiares de víctimas de la mafia, que no han aceptado pasivamente las versiones oficiales, edulcoradas o artificiales del trágico final de sus seres queridos. Y, en este sentido, invitó a los docentes presentes en el curso a llevar a esos testigos ante los alumnos: cierto, el saber académico es importante, afirma Baldo, pero algo muy distinto es el encuentro con la pasión, la fuerza y la valentía de quien tuvo que luchar para que se reconociera, incluso, una verdad parcial.

En este punto, el relator menciona las nueve historias de los periodistas, que aquí se enumeran, para que aparezcan todas, las conocidas y las un poco menos conocidas, cada una captada con inteligencia narrativa plástica por Baldo a través de videos cortos tomados de La storia siamo noi (La historia somos nosotros), o de avances de películas, como Fortapasc de Marco Risi (2009, sobre Giancarlo Siani), o de otros documentales, con entrevistas a familiares, amigos y compañeros. Aquí están, uno tras otro, en orden cronológico, los nueve periodistas asesinados por grupos mafiosos y sus cómplices ocultos: Cosimo Cristina (5.05.1960), Mauro De Mauro (16.09.1970), Giovanni Spampinato (27.10.1972), Peppino Impastato (9.05.1978), Mario Francese (26.01.1979), Pippo Fava (5.01.1984), Giancarlo Siani (23.09.1985), Mauro Rostagno (26.09.1988) y Beppe Alfano (8.01.1993). A ellos hay que sumar a otros periodistas asesinados por el papel que desempeñaron: Carlo Casalegno (1977), Walter Tobagi (1980) y, también, Ilaria Alpi y Miran Hrovatin (1994) e Italo Toni y Graziella De Paolo, desaparecidos en 1980 en el Líbano.

La enumeración puede parecer árida, pero el relato de Lorenzo Baldo no fue así, sino tranquilo y penetrante a la vez. Supo resaltar la peculiaridad de cada línea de investigación del periodista individual y, al mismo tiempo, subrayar claramente los puntos de conexión y las recurrencias de estos nueve eventos humanos: las pistas falsas, por ejemplo, las relacionadas con muertes lejanas en la época de Cosimo Cristina, creador del periódico Perspectivas sicilianas y encontrado muerto en las vías del tren, como Impastato, después de su desaparición en Termini Imerese. Suicidio mafioso, lo define Baldo, porque las investigaciones hablaran de suicidio, sin que siquiera se realizara un peritaje caligráfico a las letras encontradas en su cuerpo. Cristina había intuido las metamorfosis de la mafia, las que desembocaron en la "mafia de los zapatos lustrosos", como la definió el periodista Alfonso Madeo, cuando Cosa Nostra se empezó a alejar, al menos en parte, del campo para instalarse en la ciudad, navegando hacia el "saco de Palermo".

Y de desvíos, retrasos y misteriosas desapariciones de documentos hay una gran presencia en otras muertes: este es el caso de Mauro Rostagno, el piamontés que trabajaba en Trapani, que se había acercado a peligrosos cables expuestos, como lo demuestra un informe sobre la desaparecida Gladio, junto con otros documentos, encontrados después de su muerte. Y cómo olvidar, entonces, el archivo de Peppino Impastato -otro "suicida" según las primeras investigaciones- que también desapareció: en su momento fueron investigados cuatro carabineros, entre ellos Antonio Subranni, recientemente implicado en el proceso de la Tratativa Estado-mafia. Hace unos años, el juez de instrucción de Palermo, Walter Turturici, cerró la investigación del general de Carabineros, hablando de "un contexto de graves omisiones y evidentes anomalías investigativas". No es menos grave la historia de Beppe Alfano, asesinado en Barcelona Pozzo di Gotto, corazón palpitante de turbias tramas según se desprende del rico acervo documental facilitado por el sitio oficial de las Agendas Rojas (19 de julio de 1992). Alfano investigaba el tráfico de armas y de uranio y había constatado la presencia de la masonería en los asuntos locales; también en este caso, después de su asesinato, notas, documentos y otro material precioso desaparecieron de la casa de Alfano, y nunca fueron devueltos a la familia.

Baldo cuenta y, entre un video y otro, mueve los hilos de un discurso que, a pesar de sus inevitables fragmentaciones, pretende mantener unificado; y el hilo del recuerdo tiene éxito. Porque la vida de estos periodistas se desvanece a la luz de sus rigurosas investigaciones, de su persistente deseo de comprender. Y si el mencionado Pippo Fava había señalado con el dedo a los "caballeros del Apocalipsis", los empresarios de Catania en connivencia con la mafia local, el joven Giancarlo Siani se había movido con igual determinación –desde la precariedad durante cinco años, hasta poco antes de su desaparición– para identificar los vínculos entre la Camorra y la política local, investigando, en particular, los contratos para la reconstrucción posterior al terremoto de 1980. Sin embargo, entre finales de la década de 1960 y 1972, Giovanni Spampinato tuvo la audacia de trabajar en la "provincia tonta" de Ragusa, en la que era corresponsal para L'Ora de Palermo: en su investigación encontró conexiones entre la mafia local y grupos neofascistas, incluidos los traficantes de armas y los traficantes de hallazgos arqueológicos. Al menos hasta principios de la década del 2000, su muerte fue atribuida a un delito común, sacado, en algunos aspectos, de la novedosa lista de asesinatos de quienes veían algo más detrás de las "provincias tontas"; por ejemplo, y este es el caso de Spampinato, la existencia de Gladio.

La narración llevó río abajo los hechos de otros dos periodistas, los últimos, Mauro De Mauro y Mario Francese. Uno, el primero, desapareció y nunca más fue encontrado. Una sentencia del Tribunal de Casación del 2015 -cuarenta y cinco años después de su secuestro- identificó los motivos de su fin en una particular línea de investigación: De Mauro estaba trabajando en el guion, por encargo del director Francesco Rosi, de los últimos días de vida de Enrico Mattei, el presidente de ENI (Ente Nacional de Hidrocarburos) que murió en octubre de 1962 al estrellarse con un avión. Muerte misteriosa la de Mattei, desaparición infinita la de De Mauro. Unos años más tarde, le tocó a Mario Francese, culpable, a los ojos de los poderes fuertes y ocultos, de los poderes mafiosos y no mafiosos, de haber investigado temas como las nuevas mafias, el ascenso de los Corleoneses –entrevistó a la mujer de Riina-, el destino de los fondos del terremoto de Belice y los contratos detrás de la construcción de la presa García, detrás de cuyos negocios se encontraba la figura del jefe de jefes, 'u curtu'. La historia de Francese, a la que Baldo se siente cercano porque el hijo del periodista, Giuseppe, colaboró con ANTIMAFIADuemila y trágicamente se quitó la vida, en el 2002, luego de la condena de Leoluca Bagarella y otros jefes por la muerte de su padre.

Fue una víctima indirecta de la mafia, Giuseppe Francese. Y así volvemos a las palabras iniciales de Pippo Fava. De la mafia se muere cuando la verdad se oscurece, cuando los que deberían iluminarla, de oficio, la encubren, la esconden. Lorenzo Baldo continúa con la lectura pública de la pieza periodística de Fava: "Si un periódico no es capaz de esto –de decir la verdad– también se hace cargo de vidas humanas. Personas muertas en tiroteos que podrían haberse evitado si la verdad pública hubiera hecho retroceder a los delincuentes. Niños fulminados por una sobredosis de droga que nunca hubiera llegado a sus manos si la verdad pública hubiera denunciado el infame mercado, enfermos que no habrían perecido si la verdad pública hubiera hecho más oportuna su hospitalización. Un periodista incapaz –por cobardía o por cálculo– de decir la verdad lleva en su conciencia todos los dolores humanos que pudo haber evitado, y el sufrimiento, la opresión, la corrupción y la violencia que no pudo combatir. ¡Su propio fracaso!".

El invitado del liceo Cottini no oculta su amargura por una lucha librada con pocos compañeros, en un clima sujeto a relatos fáciles y oportunistas, a relatos artificiales alejados de cualquier forma de búsqueda constante, valiente y honesta de la verdad. No es casualidad que amplíe el panorama y del relato burocrático de los hechos mafiosos pase a subrayar el embotamiento informativo ligado a la guerra de Ucrania y a otros fenómenos fundamentales de nuestro tiempo. Entre otros, el caso de Julian Assange, el periodista al que EE.UU. reclama para sancionarlo por el delito de difundir noticias que no les gustan; advertencia no menor para los periodistas de todo el mundo. Fenómenos y orientaciones planetarias que nos obligan a ser pasivos: esta es la advertencia final de Lorenzo Baldo: despierten a los jóvenes estudiantes de su letargo, denles un conocimiento crujiente y pre digerido, libérenlos de cierta oscuridad de pensamiento, de la idea de que no hay una alternativa, que no hay posibilidad de cambiar el estado de las cosas. Baldo evoca, sin mencionarlo explícitamente, la aberrante profecía de Margaret Thatcher, según la cual la sociedad no existe y no hay alternativa. Así pues, buscando una alternativa se puede pensar en un futuro más libre y más justo, es la conclusión de Lorenzo Baldo, un orador que ha construido con gran sagacidad narrativa la historia trágica de nuestro país, anestesiando sus aspectos truculentos sin hacerles perder su sentido trágico y no sólo individual, de aquellas vidas rotas en nombre de una sociedad que quería existir como comunidad democrática y libre.

Extraído de: girodivite.it

Foto de portada: Paolo Bassani