Lunes 27 Mayo 2024

Las declaraciones "pro-mafia" en la conferencia de Catanzaro

Por Giorgio Bongiovanni-4 de diciembre de 2022

Hemos tenido la oportunidad de escuchar el audio que nuestros corresponsales, Jamil El Sadi y Davide de Bari, nos enviaron de la conferencia celebrada en Catanzaro sobre el tema "La cadena perpetua obstativa. El problema y las cuestiones constitucionales".

No nos sorprendieron en absoluto las excelentes intervenciones del fiscal jefe de Catanzaro, Nicola Gratteri, y del consejero del CSM (Consejo Superior de la Magistratura), Nino Di Matteo, ni la intervención técnica y mediocre del ex director del DAP (Departamento de Administración Penitenciaria), Dino Petralia.

En cambio, nos decepcionó totalmente la intervención del ex magistrado Gherardo Colombo.

Un magistrado íntegro que actuó contra la corrupción y los sistemas de poder, que realizó famosas investigaciones como la del falso secuestro de Sindona, en la que, junto a su colega Giuliano Turone, descubrió la famosa lista de la Logia Masónica P2 de Gelli; y luego su trabajo al investigar el crimen de Giorgio Ambrosoli. Fue, con Antonio Di Pietro y Piercamillo Davigo, miembro del conocido pool Mani Pulite (Manos Limpias), coordinado por el histórico fiscal general de Milán, Francesco Saverio Borrelli. La investigación judicial comenzó con la detención de Mario Chiesa el 17 de febrero de 1992 y derivó en decenas y decenas de detenciones de políticos de la época hasta que se dictó la orden de captura contra el ex primer ministro socialista Bettino Craxi.

También en Milán, ayudó a la magistrada Ilda Boccassini en la gestión de las investigaciones y juicios de Imi-Sir/Lodo Mondadori/Sme que tuvieron acusados famosos como Cesare Previti (condenado por corrupción en actos judiciales) y Silvio Berlusconi (acusado de corrupción simple y salvado por la prescripción). Posteriormente fue juez del Tribunal de Casación, luego jurista, ensayista y escritor italiano. Un juez que traiciona su historia ya que parece haber decidido, en su edad más avanzada, tomar un cohete para irse a vivir a algún rincón remoto de la luna.

¿De dónde lo inferimos?

Basta con escuchar su discurso en el que habla de la cadena perpetua obstativa y de la mafia.

"Me pregunto si la cadena perpetua es parte de un sistema que contribuye a la fabricación del resentimiento. Y como tal también contribuye a que sea cada vez más fácil abrazar la mafia que apartarse de ella", dijo en su discurso. Y luego agregó: "Creo que vale la pena reflexionar sobre la utilidad de pensar en educar bajo la amenaza de una sanción. ¿Qué resultado da? El resultado de obtener obediencia bajo la amenaza de la pena es el de mantener a las personas incapaces de ser administradores de su propia libertad. Necesitamos que la gente rechace a la mafia por opinión y no por amenaza".

Una visión borrosa y distorsionada, desde la perspectiva lunar en la que se encuentra, totalmente desconectada de la historia y de la realidad.

Basta pensar en la consideración poco realista de que "hasta 1992 las mafias se ubicaban sobre todo en algunas regiones" y que "sólo 30 años después la mafia, la 'Ndrangheta, ha ocupado todo el Norte".

Decir ciertas cosas claramente significa desconocer u olvidar la historia criminal y feroz de las mafias que muchas veces han puesto de rodillas a nuestro país y, sobre todo, es desconocer totalmente lo que surge de las investigaciones realizadas en los últimos veinte años. En otras palabras, el avance de la mafia hacia el Norte viene ocurriendo desde la década de 1970, si no antes.

Colombo no sabe, o finge no saber, que Cosa Nostra tiene una historia de más de cien años, hecha de reglas rígidas y ritos de fuego, estampas y sangre.

El ritual para los aspirantes a delincuentes es claro. El primero que explicó la "punciuta" de forma analítica fue el colaborador de justicia Tommaso Buscetta.

"Juro ser fiel a Cosa Nostra. Que mi carne arda como esta estampita si no cumplo mi juramento", repiten en presencia de un padrino que tiene el deber de presentar al aspirante a "hombre de honor" a los demás miembros de la familia.

Posteriormente, se recuerda al nuevo afiliado las obligaciones que debe observar estrictamente: no desear la mujer de otros hombres de honor; no robar a otros afiliados; no explotar la prostitución; no matar a otros hombres de honor, excepto en casos de absoluta necesidad; no delatar a la policía; mantener con los extraños silencio absoluto sobre Cosa Nostra; no presentarse a otro hombre de honor ajeno, ya que es necesaria la presentación ritual por parte de un tercer hombre de honor que conozca a ambos, y garantice la respectiva pertenencia a Cosa Nostra.

A partir de ese momento para un miembro activo, afiliado a Cosa Nostra o a otro grupo del crimen organizado, la única forma real de romper con su pasado es la colaboración con la justicia o, en su defecto, la muerte.

A la luz de esto es claro que aquellos sujetos que salen demostrando que ya no tienen relaciones con la mafia, una vez liberados de prisión, siguen siendo "mafiosos a disposición" capaces de cometer cualquier delito.

Colombo habla de "esperanza" también para los jefes.

Deducimos que no sabe, o finge no saber, lo que prueban decenas y decenas de investigaciones y sentencias firmes: los mafiosos no condenados a cadena perpetua que terminan su período de detención, una vez liberados, vuelven exactamente a ocupar el lugar que ocupaban anteriormente dentro del organigrama mafioso. De hecho, lo hacen incluso con un currículum mejorado, precisamente en virtud del silencio mantenido en prisión.

Hay que pensar que Colombo no sabe, o finge no saber, que lo que dice es exactamente lo que querían los asesinos de las masacres de los años noventa.

La eliminación de la cadena perpetua obstativa, el aniquilamiento del 41 bis, favorecer la disociación y eliminar la institución de los colaboradores de justicia son los primeros puntos de ese papel con peticiones que Riina le exigía al Estado para frenar las masacres.

Colombo, que lleva tiempo recorriendo colegios y hablando a muchos jóvenes sobre justicia y legalidad, debe tomar conciencia de que sus declaraciones, aunque hechas de buena fe, en estos términos se convierten en declaraciones "pro mafia".

Su estrafalaria e inconsciente propuesta, si fuera realmente tenida en cuenta por la política, llevaría al colapso de la legislación antimafia, en particular en materia de colaboraciones con el poder judicial. Es gracias a los llamados arrepentidos que hoy sabemos todo o casi todo sobre las mafias. Es gracias a las declaraciones de muchos colaboradores de justicia, y a la labor de aquellos magistrados que se mantienen firmes en la lucha contra los sistemas criminales, que hoy conocemos muchas verdades sobre las masacres que han ensangrentado a nuestro país.

Con su propuesta dejarían de existir los colaboradores de justicia.

Incluso la idea, compartida por la CEDH (Corte Europea de Derechos Humanos), de justificar el silencio de los jefes por "temor" a poner en peligro su vida o la de sus seres queridos, es inaceptable en un Estado que pretende ser creíble. Porque sería admitir que el propio Estado es incapaz de brindar una adecuada protección.

Frente a una mafia probada, intransigente, irreductible, formada por asesinos y delincuentes, no hay muchas posibilidades.

Y ciertamente no es posible cambiar la historia de estos hechos, como el "misericordioso" Colombo querría en nombre del tecnicismo de un supuesto "bien común", ignorando que, si se sigue tratando de aniquilar a la cadena perpetua obstativa o al 41 bis, uno se convierte en cómplice de los sistemas criminales que mataron a Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, que mataron a tantos inocentes hasta llegaron a disolver niños en ácido.

¿Cómo hacer para que la mafia deje de existir?

La respuesta ciertamente no está en abrir las puertas de la cárcel a los "irreductibles" jefes que planificaron y ejecutaron las masacres.

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*Foto de portada: © Imagoeconomica