Por Giorgio Bongiovanni-11 de abril de 2022

"Oye, oye, levántate". He aquí el último inédito de los Pink Floyd, acompañado por la voz de Andriy Khlyvnyuk, cantante de Boombox, una de las bandas ucranianas más seguidas, en protesta contra la guerra en Ucrania.

Una actuación sublime de David Gilmour que, con su guitarra, hace vibrar literalmente el alma de los amantes de la música, como el que suscribe. Una canción en la que se reconoce perfectamente el sonido de una de las bandas más importantes de la historia del Rock. A partir del 2014 Pink Floyd no había publicado ningún material, fue entonces cuando se lanzó el álbum "The Endless River" (que incluía canciones de veinte años antes), y esta nueva obra maestra está acumulando cada vez más visitas en los canales, con la idea de recaudar para el Fondo de Ayuda Humanitaria a Ucrania.

Sin embargo, hay una ausencia que se siente en este proyecto. Porque desde que Roger Waters dejó Pink Floyd en los años ochenta, la banda quedó huérfana de uno de sus líderes más carismáticos.

A lo largo de su historia, Pink Floyd ha mostrado una fuerte sensibilidad por los hechos ocurridos en el mundo, pero está claro que el empujón más fuerte siempre ha venido de Waters, con el alma a contracorriente y contra el sistema de poder: desde las expresiones contra la guerra argentino-inglesa por las Islas Malvinas, con duras acusaciones contra Thatcher, hasta sus posiciones claras contra la energía nuclear, la guerra fría, las dictaduras sudamericanas y la lucha por la paz en el Medio Oriente.

Es un hecho conocido que, precisamente por la cuestión de las Islas Malvinas, se dio una ruptura dentro del grupo.

Por un lado, estaba Gilmour, quien justificó lo hecho por Thatcher, por el otro Waters quien al final logró imponerse al grupo estimulando también la realización de "The Wall", una de las obras artísticas más importantes de toda la banda, que tiene varias películas contra las guerras, las tiranías y los muros que crean barreras.

En este caso, la ausencia de Waters es estridente en este sentido.

Como apasionados de la música podemos amar esta pieza de Pink Floyd, y obviamente estamos en contra de la guerra y en contra de lo que está pasando en Ucrania. Pero si se debe condenar el ataque de Rusia, lo mismo debe decirse de las acciones de los Estados Unidos de América y la OTAN.

Por este motivo, estamos más cercanos a las posiciones de Waters.

El bajista británico, hace algún tiempo, respondiendo a una estudiante ucraniana en las redes sociales, expresó claramente sus pensamientos sobre la guerra, condenando la "repugnante" invasión de Ucrania por parte de Putin calificándola de "criminal" y de ser un "acto de gánster". Pero también son "gánsteres" los políticos estadounidenses, desde Bush y Clinton hasta Obama, que han sido responsables de conflictos durante décadas.

Y finalmente denunció el verdadero objetivo de los delincuentes: "Quieren vernos ondeando banderas. Para dividirnos y controlarnos, creando una cortina de humo de enemistad para privarnos de nuestra capacidad innata de empatizar unos con otros. Y mientras tanto, saquearnos y violentar a nuestro frágil planeta".

Viendo lo que está pasando, con los traficantes de armas que siguen engrosando sus bolsillos mientras la pobre gente muere, ¿cómo culparlo?

Sería bueno que toda la banda tomara una postura similar. Pero nadie es perfecto. Ni siquiera los "dioses musicales del Olimpo" como Pink Floyd.

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*Imagen de portada: Reelaboración gráfica de Paolo Bassani

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