¿Qué haría si hicieran volar por los aires a uno de sus familiares con un coche bomba, haciéndolo pedazos y luego usted mismo tuviera que recogerlos de la calle?
¿Si secuestraran a un nietito suyo de pocos años, lo tuvieran en estado de reclusión como si fuera un animal, lo torturaran y finalmente lo mataran deshaciéndolo en ácido sulfúrico?
¿Condenaría a los verdugos de sus seres queridos al 41bis? ¿Haría justicia?
¿Tiene una respuesta señor Mandalà?
Ante todo le expreso mi pensamiento. Desconcertado por el artículo que he leído en su blog considerando que, desde mi punto de vista, usted no sería para nada digno de escribir ningún comentario sobre argumentos de este tipo.
Es más, ni siquiera sería digno de mirar a la cara a un ser humano, incluida su familia y sus hijos, dado que ha formado parte de la organización criminal más feroz que existe en el mundo.
Es cierto, los miembros de esa asociación delincuente no merecen el 41 bis, en todo caso merecerían la pena da muerte pero desde el momento que soy un creyente en Cristo, como quizás usted también lo sea, no se la deseo. Pero le aseguro que si tuviese la posibilidad de hacerlo yo endurecería aún más el 41 bis para enseñarles a todos que la ley debe ser respetada. Que las almas inocentes no pueden ser asesinadas, que a los débiles no hay que perseguirlos, que a los niños únicamente hay que amarlos, a todos los niños y no como hacéis vosotros, señor hombre de poco honor Mandalà que los habéis asesinado y destrozado. Que es justo respetar al prójimo y las leyes de Dios.
Además quiero recordarle señor Mandalà que el Evangelio dice: “Pero si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar”. (Mateo, 18, 6-9)
Señor Mandalà cuando se encuentre a solas hágase todas estas preguntas. Piense en la gran cantidad de niños asesinados por su organización criminal y tome una decisión: si llegara a quedar en silencio, si no llegara a denunciar, si no se volviera colaborador de esa justicia que algunos magistrados, y no el Estado-mafia, saben administrar; usted también será responsable de todas esas masacres y al igual que sus “colegas” merecerá ser eliminado definitivamente de modo tal que en nuestra amada tierra pueda volver a brillar el sol.
Una última cosa señor Mandalà: yo vivo en Palermo y si llegara a querer encontrarme estoy a su disposición para una conversación cara a cara. Pero honesta, sin canalladas y con usted. No mande a ninguno de sus soldados a dispararme, no serviría de nada porque para mi la muerte no existe.

Cordialmente

Giorgio Bongiovanni
Direttore Antimafia Duemila

Notas: *Nino Mandalà, jefe mafioso condenado por mafia y brazo derecho de Bernardo Provenzano.

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