La critica muy subjetiva del mencionado comunicador que cita supuestos casos emblemáticos del Fiscal anticorrupción cuyos investigados lograron eludir la condena, invocando errores en el proceder de la fiscalía, responsabilizándolo a él de tales resultados, atribuyéndole todos los males -de una deficiencia más bien del sistema de justicia penal en Paraguay donde su talón de Aquiles sigue siendo sus operadores; abogados, jueces, fiscales e incluso ministros de Corte que desconocen aun -las que fueron en su momento- las nuevas reglas de la legislación penal y procesal actualmente vigentes- denotan en el periodista en el mejor de los casos una ignorancia de las disposiciones básicas establecidas en el Código Penal y Procesal Penal; ya que no logra analizar y exponer en forma objetiva las investigaciones del fiscal anticorrupción en los casos citados, teniendo en cuenta los presupuestos generales de la punibilidad y de las sanciones penales dispuesto en el Código Penal, de manera a saber si realmente las imputaciones y acusaciones tenían sustento, tampoco cita disposiciones procesales que habrían sido violadas por el fiscal anticorrupción, ya que si algunos abogados de los supuestos delincuentes hayan encontrado terreno fértil para las chicanas y así lograr la pronta libertad de sus defendidos no fueron por errores cometidos por el fiscal anticorrupción como manifestara el periodista, sino la mayoría de las veces por la no aplicación o de la aplicación errónea de la normativa penal, por los diversos órganos jurisdiccionales que han intervenido en estas causas, llámese Juez Penal, Tribunal de Sentencia, Tribunal de Apelación, incluso la propia Corte, -que había apartado a Giuzzio de un caso relacionado con Itaipu- es decir la responsabilidad para que hoy en día en estas causas no haya habido aún condenas la tienen lo que ejercen la función jurisdiccional, y no el Ministerio Publico, en este caso representado por Arnaldo Giuzzio, que ejerce una función requirente en la persecución de los delitos y el castigo de los delincuentes.
El comunicador ha recurrido a la manipulación de la verdad-más grave aún que la mentira porque lo presenta con apariencia de cierta- quizás para empañar la imagen de uno de los fiscales mas honestos, diligentes, integros, transparentes y con coraje que conoce la gente, y que a lo largo de su carrera a pesar de enfrentarse a numerosos obstáculos ha procesado, imputado o acusado a jueces, militares, políticos y funcionarios públicos en general, - la mayoría de ellos ligados a los poderes fácticos de este país-, y que no es poco hacer en un país acostumbrado a contar con cárceles llenas de marginados sociales, pero casi ningún delincuente del crimen organizado o mafioso; que ya no es aquel que nos presenta las películas como las del padrino donde los mafiosos son hombres rudos, con la cara cortada o con cicatrices, que usan ametralladoras para asesinar o intimidar a sus victimas, sino que los integrantes de la mafia mundial y también paraguaya, son finos, de buenos modales, muy instruidos, algunos de ellos podrían dar cátedra en las mejores universidades latinoamericanas, quizás más habitúes de elegantes clubes sociales que de lugares marginados o clandestinos.
El mayor pecado del fiscal anticorrupción Arnaldo Giuzzio ha sido investigar a los delincuentes ligados a los poderosos de este país, una casta privilegiada que históricamente ha trabajado para mantener al Paraguay dentro de una estructura económica y social feudal, -donde solo una pequeña minoría ha accedido a los beneficios de la alimentación adecuada, servicios de salud, trabajo y vivienda digna, instrucción universitaria de calidad, recreación- con la imposición a este pueblo de una cultura de la sumisión, de la resignación y el fatalismo, donde no ha existido ciudadanos sino súbditos, y después de la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner, durante varios gobiernos hemos tenido un poder ejecutivo y legislativo más preocupado en consolidar la Cleptocracia que iniciar un proceso de cambio hacia una real democracia, y un poder judicial que administraba justicia de acuerdo a los intereses espurios de la mencionada elite.
Siempre he sostenido como dijera el maestro Jesús-Cristo “Que al hombre se lo conoce por sus frutos”. Es por eso que considero que no es justo disparar con el poder que da la pluma, contra uno de los que forma parte de la nueva generación de agentes fiscales que ha sembrado nuevas ideas en relación a la metodología de trabajo impuesta en sus investigaciones penales, donde ha permitido una participación permanente de los diversos medios de comunicación en sus diligencias, alcanzando una comunicación fluida con la ciudadanía, y dando como frutos una transparencia nunca vista en la gestión de un funcionario publico, así como el de haber logrado la confianza de la ciudadanía paraguaya e incluso del exterior que sabe que puede recurrir a él porque es un servidor público incorruptible.
Considero que esta campaña periodística iniciada contra los fiscales de delitos económicos en general y Arnaldo Giuzzio en particular no es ninguna casualidad. Sería ingenuo pensar que las criticas al fiscal anticorrupción, candidato natural de la ciudadanía a ocupar el cargo de Fiscal General del Estado,- cuya renovación se dará el próximo año- no estaría influenciado por sectores político-partidarios, y grupos con mucho poder económico, y mediático, que forman parte del verdadero poder: el fáctico: que estarían muy interesados en utilizar cualquier recurso ya sea la infamia, la calumnia, o el desprestigio para dejar fuera de carrera al fiscal anticorrupción.
No sería la primera vez en la historia judicial que se utilice esta estrategia para detener el ascenso de una persona intachable e integra a un cargo muy relevante para buscar desenmascarar a los corruptos e integrantes del crimen organizado: la mayoría de las veces en connivencia con los partidos políticos, o que utilizan como instrumentos a estos para delinquir, o proteger sus enormes fortunas mal habidas. Quiero recordar que lo mismo había sucedido con el Juez Antimafia Italiano GIOVANNI FALCONE, quién en la década de los 80 del siglo XX, formando parte del llamado Pool de magistrados de Palermo, había liderado junto a PAOLO BORSELLINO, y otros selectos magistrados una tenaz lucha en el ámbito judicial contra la mafia, que al decir del periodista JOAN QUERALT, -colaborador de Antimafia Duemila, único mensual italiano dedicado a facilitar informaciones sobre Cosa Nostra- “ golpeo la estructura de la organización criminal, construyo la esperanza del país e hizo posible, mediante la instrucción del maxiproceso, que el Estado Italiano adquiriera ante el mundo un poco de credibilidad en su batalla contra el fenómeno mafioso. “
Sin embargo pese a los méritos profesionales de FALCONE, nominado como candidato a ocupar el cargo de máximo responsable de la Oficina de Instrucción Judicial de Palermo, y cuando toda la ciudadanía pensaba que era el destino natural del más respetado Juez de la antimafia, el Consejo de la Magistratura de Sicilia lo excluyó argumentando razones de antigüedad, mayor en el finalmente nombrado, manifestando uno de sus miembros, Sergio Leticia, según QUERALT “ Nombrar a Falcone significaría violar la ley y que él no cree en genios ni en superhombres. Para apartar a Falcone se utilizará todo tipo de argumentos y descalificaciones increíblemente similares a la que se suele hacer al fiscal anticorrupción Arnaldo Giuzzio; -al que comúnmente sectores adversos a su gestión lo han tratado de mediático, de figuretti, de instrumento de los partidos de oposición, cuando sus investigados eran políticos pertenecientes al Partido Colorado, cuando este controlaba aún el poder ejecutivo - como que su nómina al cargo de procurador jefe suponía un premio al protagonismo; dicha marginación recibió también la cobertura periodística necesaria para evitar su nombramiento ya que desde la prensa se lo trataría de dictador judicial, que busca someter a los demás poderes del estado, incluso con una actuación peor que los mafiosos. Por lo tanto con su exclusión se quiso dar fin a un proceso revolucionario dentro de la justicia y la cultura italiana que empezaba a creer por primera vez que la mafia podría ser derrotada.
Finalmente considero que es incorrecto en el mejor de los casos o ignorancia tildar de ineficiente a uno de los fiscales quizás más probos y luchadores que conozco dentro del Ministerio Publico. Indudablemente Arnaldo Giuzzio a lo largo de su carrera ha sembrado bastante ideas renovadoras y una nueva forma de ejercer la labor de fiscal al servicio de la sociedad en forma transparente y pedagógica, luchando denodadamente contra la corrupción y el crimen organizado incrustado en el sistema político y económico, cosechando una comunicación como pocos con la gente y trasmitiendo de que es posible a partir del protagonismo ciudadano que tiene como única arma la denuncia de los crímenes que cometen los mafiosos para desenmascararlos y avanzar hacia una sociedad donde exista ESTADO DE DERECHO, y JUSTICIA VERDADERA. Y eso depende no solamente de la gestión de abogados, fiscales, jueces o autoridades de los diversos poderes del estado sino de la capacidad que tenga las organizaciones sociales y sociedad civil en general de apoyar y sostener como lo escribiera la periodista italiana SONIA CORDELLA, “A los hombres justos, honrados, transparentes, tenaces, hombres de verdad, que necesita nuestra sociedad para restablecer el equilibrio perdido, y ese tipo de HOMBRES es sin duda ARNALDO GIUZZIO.

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