Lunes 22 Julio 2024

No sienten vergüenza, después del 23 de mayo, los nuevos "fascistas" que hoy están en el poder. No sienten vergüenza por el silencio de la primera ministra Giorgia Meloni y del ministro del Interior Matteo Piantedosi, quienes en las últimas semanas no han dicho nada sobre lo sucedido en via Notarbartolo, donde a jóvenes estudiantes y ciudadanos, a golpes de cachiporras, no se les permitió honrar la memoria del juez Falcone y expresar su disenso contra las instituciones que aceptan compromisos, tratativas y relaciones de diversa índole con las mafias.

No siente vergüenza la recién electa presidenta de la Comisión Parlamentaria, Chiara Colosimo, por sus relaciones con el ex NAR (Núcleo Armado Revolucionario, terrorismo de derecha), Luigi Ciavardini, que como dijo recordó el presidente de la Asociación de Familiares de las víctimas del 2 de agosto de 1980, Paolo Bolognesi, "de cualquier naturaleza que sean, son serias", para agregar luego provocativamente que "Messina Denaro bien podría haber sido puesto en la Comisión Antimafia".

No siente vergüenza el "matón fascista" Ignazio La Russa, quien en su gestión como presidente del Senado incluso negó que la Constitución sea antifascista.

No siente vergüenza ni siquiera su vice, Maurizio Gasparri, autor de nuevos ataques innobles contra los magistrados que hoy están al frente de la búsqueda de la verdad sobre las masacres.

Tanto es así, que el 23 de mayo, señaló a Nino Di Matteo como "culpable" de haber estado a cargo del juicio sobre la Tratativa Estado-mafia en primera instancia, junto con Vittorio Teresi, Francesco Del Bene y Roberto Tartaglia. Como mínimo, pidió la renuncia de Di Matteo a la magistratura, al hablar al margen de una conferencia en Roma.

Lo hizo citando las absoluciones en Casación de todos los imputados institucionales, afirmando que se había restablecido la inocencia de los "héroes de la legalidad", colocando a Marcello Dell'Utri, y ubicó a los hombres de ROS (Reparto Operativo Especial del Arma de Carabineros) junto a Mario Mori y Antonio Subranni.

Gasparri, el fascista ex MSI (Movimiento Social Italiano, de orientación neofascista) y ex AN (Alianza Nacional, sucesor del MSI), hoy en Forza Italia y siempre leal a Silvio Berlusconi ("Estoy con Berlusconi desde su primer gobierno, del que tengo el honor de haber formado parte como joven subsecretario de Gobernación, y estoy con él en la centro-derecha, haya tenido o no protagonismo"), obviamente no menciona la existencia de una sentencia de Casación muy diferente: la relativa a su amigo Marcello, condenado por concurso externo en asociación mafiosa (pena cumplida).

Sabe que el partido al que pertenece fue fundado por un criminal, un mafioso como Marcello Dell'Utri (que lo seguirá siendo hasta que realmente colabore con la justicia) y por alguien que le pagaba a la mafia (Silvio Berlusconi).

Ambos delincuentes. Que ahora están siendo investigados como autores intelectuales externos de las masacres de 1993. La búsqueda de la verdad sobre el bienio de las masacres debería ser el mayor interés de todos; en cambio, los fascistas del gobierno, están preocupados de que puedan descorrerse nuevos velos de Maya.

Los magistrados que llevaron a juicio a los hombres de las instituciones no son los indignos. Un concepto que Antonio Ingroia, al hablar en nuestra conferencia en Palermo, aclaró muy bien: "Ninguna sentencia, ni siquiera una de la Casación, puede anular los hechos. Y los hechos son que el Estado negoció con la mafia, hizo una tratativa nefasta y criminógena que produjo masacres y muertes de inocentes".

El magistrado que investiga no es indigno (en el Parlamento le pidió al ministro Nordio que inspeccionara la fiscalía de Florencia contra el fiscal adjunto Luca Tescaroli y arremetió contra el exmagistrado, ahora senador, Roberto Scarpinato). Es indigno ocupar cargos en el Estado y aceptar la amistad de criminales que han tenido relaciones con la mafia.

¿Nada que decir de Nicola Cosentino? ¿Nada que decir de Antonino D'Ali? No, no sienten vergüenza los indignos que hoy representan a las instituciones en el Parlamento.

Deberían ser los Gasparri de turno, que con tanta bravuconería piden la dimisión de magistrados que simplemente han cumplido con su deber, que han luchado con seriedad contra la mafia y que hoy todavía se juegan la vida, los que dimitan y nos pidan disculpas a los ciudadanos por haber desfigurado a nuestra amada Patria.

Imagen de portada: Paolo Bassani