La falta de urgente consideración para la rehabilitación y sus consecuencias
 
Por Victoria Camboni-10 de enero de 2022

"Toda persona privada de libertad será tratada humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano".

Estas palabras, como un postulado ético necesario, forman parte del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), formulado en 1966 por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Suena fantástico. Pero en los hechos, no se concreta.  

Ya es la segunda vez en los últimos meses que trasciende un hecho de torturas dentro de la Unidad N° 4 del sistema penitenciario (ex Comcar) en Santiago Vázquez, de Uruguay. Esta vez, un preso denunció haber sido abusado sexualmente por dos de sus compañeros de celda, en el sector C2 del módulo 10, uno de los dos más peligrosos del recinto. El hecho se conoció el pasado martes 4 de enero a las 7 de la mañana, cuando el hombre salió corriendo y detrás suyo, otro interno lo persiguió con un corte carcelario.

El hombre alertó, además, que sus compañeros de celda lo sometían a fuertes maltratos, y bajo amenaza lo obligaban a la limpieza del espacio común y de sus ropas. Según informó El Observador, el médico que revisó al hombre pudo constatar erosiones en la piel en varias zonas del cuerpo, quemaduras y heridas cortantes, y una herida penetrante en un glúteo, hecha por algún tipo de arma punzante.

El hombre que sufrió malos tratos fue trasladado de módulo, y los dos victimarios, enviados al centro de derivación en Punta de Rieles. El caso quedó a disposición de la Fiscalía de Delitos Sexuales de 6° Turno. Paralelamente, ASSE quedó a cargo de un chequeo general a toda la población carcelaria. Hasta el momento se revisó el estado de salud de unos cinco mil presos, detectando una fuerte presencia de adicciones.

Tanto el módulo 10, donde sucedieron los hechos, como el módulo 11, donde en setiembre del año pasado un preso fue encontrado en un estado de desnutrición avanzada, con signos de tortura y secuestro por parte de sus compañeros, están considerados por el propio ministro del Interior, Luis Alberto Heber, como "lugares que no pueden rehabilitar a nadie", ya que allí "se violan los derechos humanos, no desde ahora, sino desde hace mucho tiempo", remarcó.

El caso de setiembre lo protagonizó un hombre de 28 años, hallado por un operador penitenciario en un avanzado estado de desnutrición. El comisionado parlamentario Juan Miguel Petit, en su momento manifestó que, al encontrarlo, "este muchacho estaba con un estado de estrés postraumático parecido a un náufrago o alguien que vive una penuria extrema". Además, presentaba signos de maltrato, y se calcula que se mantuvo en esa situación durante un período de entre 40 y 60 días.

"El tipo de torturas son todas las que imaginamos y todas las que no imaginamos", dijo en su momento el ministro Heber sobre el caso.

La información oficial indicó que el hombre fue extorsionado por parte de uno o más compañeros de celda. En este punto, el pasado jueves 6, el Ministerio del Interior, hizo hincapié en que no había comparación entre el caso reciente y el de setiembre, ya que nada indica que el último hombre haya sido secuestrado. "Claramente la policía estaba presente y le prestó ayuda", fueron las declaraciones. A través de El Observador también señalaron que el preso mantenía salidas habituales de la celda, y que recibía visitas familiares.

Solo en 2021 la población carcelaria creció en 2.200 personas, llegando así a unas 14 mil personas privadas de libertad en Uruguay. El hacinamiento, antes de estas cifras -gracias a la aplicación de la LUC, que endureció algunas penas y creó delitos- creció de la mano de los muertos en cárceles.

Actualmente se está trabajando en la creación de tres centros penitenciarios, mediante un nuevo fideicomiso (donde fondos privados se harían cargo de la construcción, y el Estado llevaría adelante la administración) con capacidad para unas 500 personas cada uno, además de la construcción de tres barracones y mejoras edilicias, que permitirían agrandar las plazas para seguir acumulando presos.

Sin embargo, este emprendimiento del Ministerio del Interior, ni siquiera Heber cree que sirva para transformar nada en el sistema penitenciario. "Con esto no pretendemos resolver el problema del sistema carcelario, que es realmente grave", dijo, y señaló: "No dejo de asombrarme de muchas cosas que suceden allí adentro", las cárceles son como una "ciudad oculta"

La deuda por los derechos humanos en las cárceles es permanente, y viene de larga data. El recrudecimiento de la violencia y el crecimiento de la población carcelaria parecen ir de la mano, aliadas con la implementación de la Ley de Urgente Consideración. Esa misma ley que no contempló como urgente el recrudecimiento de penas para quienes infringían maltratos dentro de los establecimientos carcelarios. Esa misma ley que tampoco entendió que era urgente generar un plan de rehabilitación con foco en la educación, con creación de actividades productivas y creativas, y que, además, tampoco consideró urgente sumar esos 1.500 funcionarios que faltan en el sistema penitenciario, para poder empezar a tomar verdaderas cartas en el asunto.

El Manual de capacitación en derechos humanos para las prisiones, de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, delimita la función primordial del sistema carcelario: "El régimen penitenciario consistirá en un tratamiento cuya finalidad esencial será la reforma y la readaptación social de los penados".

Pero la ley no lo tiene en cuenta. Y los derechos se vulneran constantemente.

Tanto operadores como autoridades, están de acuerdo en que los abusos dentro de las cárceles son permanentes, y que son alimentados por la falta de actividad y el encierro que implica la convivencia forzosa. Si a eso sumamos el hacinamiento y las diferencias, esto hace que vivir dentro de las cárceles, así como está planteado el sistema, sea un riesgo constante.

Entrar en la cárcel es como entrar en el infierno. Y los derechos humanos vulnerados allí, son el más claro síntoma de una sociedad enferma. Y de un sistema cómplice, que desecha seres humanos como si fueran basura.

Poco orgullo siento, de ser parte de este sistema.

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*Foto de portada: subrayado.com.uy

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