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ESA “VIA D’AMELIO” QUE NO SE TIENE QUE CONOCER

20 de julio de 2010 – Por Anna Petrozzi y Lorenzo Baldo

agendasrojas1Palermo. La orden de mando es demostrar que la gente común, sin partidismos políticos, sin sponsors, animada sólo por los propios ideales, por la indignación y por el deseo de recordar, nunca es suficiente.Y por lo tanto continuos titulares, servicios periodísticos y artículos sobre la poca gente que había a las diez de la mañana bajo el sol ardiente en la marcha hacia el castillo Utveggio que se encuentra en la cima del Monte Pellegrino, o en las primeras horas del día en Vía D'Amelio.

Ni siquiera un renglón, obviamente sobre los casi 700 presentes en el debate organizado por ANTIMAFIADuemila en colaboración con la redacción http://www.19luglio1992.com/, del sábado 17 de julio en el hall central de la Universidad de jurisprudencia y los demás centenares conectados a través de internet gracias al servicio directo vía streaming.

Y tampoco sobre los otros centenares agolpados la tarde siguiente, fuera del cine Edison, esperando poder asistir al estreno del documental realizado por los chicos de Salvatore Borsellino, seguido por un debate muy participativo, a pesar del calor tórrido y de la falta de aire acondicionado. En esta ocasión la transmisión vía streaming alcanzó más de mil conexiones individuales.

¿Serán acaso los títulos de estas dos convocatorias los que hayan provocado la retirada de las plumas estilográficas y la desaparición de las cámaras del régimen? El primero “Sistemas criminales. ¿Cuán desviados son los Organismos del Estado?” y el segundo “19 de julio, un atentado de Estado” tenían en efecto un temible hilo conductor: la búsqueda de la verdad, tema que ya está en desuso en tiempos de vedetes y demás.

Sin embargo para discutir de estos temas estaban presentes periodistas de gran calibre y esos magistrados que habitualmente hacen de blanco porque son los mismos que están empeñados y comprometidos en investigar sobre los ribetes políticos e institucionales de los atentados, detrás de los cuales, ya está claro que hubo un plan subversivo.

El sábado, bajo el auspicio del libro de Sandra Rizza y Peppino Lo Bianco “L’agenda nera” (Editorial Chiarelettere) se ha hablado de los despistes de Estado, continuamente recurrentes en la historia de nuestro País, un método probado que incluye el bienio de los atentados en la estrategia de desestabilización para estabilizar. Del destrozo de las instituciones al sonar de bombas para dar espacio a lo “nuevo” que ha asegurado el antiguo pacto con la mafia y que ha continuado con el proyecto de vaciamiento de los principios fundamentales de la Constitución, pensado y tramado por el Estado paralelo, desde los albores de la República.

En este sentido el director Bongiovanni ha reafirmado su convicción de no poder definir como “desviados” a aquellos servicios que han demostrado por décadas su infidelidad al juramento constitucional, no sólo en las distintas maniobras de despiste, sino también participando directamente en la realización de las masacres.

Es el caso de Via D'Amelio. Las recientes investigaciones están restituyendo un cuadro escalofriante, pero desgraciadamente no es así de sorprendente, sobre la complicidad de hombres del Estado incluso en la fase ejecutiva del atentado.

El fiscal general de Caltanissetta, Roberto Scarpinato, ha explicado a un público muy atento, haciendo una reconstrucción histórica de esta larga tradición criminal de poder, mientras los colegas de la Dda (Dirección Distrectual Antimafia) de Palermo, Ingroia y Di Matteo, han actualizado la discusión con pasajes relativos a los recientes hechos de la actualidad como la “nueva” P3 (en alusión a la logia P2), con la participación en su interior, de magistrados más abocados a servir a sus propios intereses que al pueblo soberano.

“Estamos en la antesala de la verdad”, dijo Ingroia refiriéndose a los atentados, “pero ya sucedió en el pasado que alguno se metió en el medio para trabar las demás puertas”.

Un aporte formidable para que esto no vuelva a repetirse, es la atención y la cercanía de la gente, de los jóvenes, de los chicos del movimiento de “las agendas rojas” y de las escoltas civiles que con gran pasión han presentado el video “19 de julio, un atentado de Estado”. Un documental simple, como  la mente de los chicos, dirigido a la búsqueda de la verdad, sin perifollos ni prudencias inútiles, emocionante y verdadero, delicado e incisivo. Una pequeña obra maestra que ha hecho derramar las lágrimas y aplausos a centenares de personas, muchas de las cuales quedaron afuera del cine por falta de lugar.

A continuación el aplaudido debate del cual participaron Antonio Ingroia, Marco Travaglio, Gioacchino Genchi y Nicola Biondo, moderado por el mismo Salvatore Borsellino, centrado en la “negociación”, es más en “las negociaciones” entre Estado y mafia y sus próximos futuros proyectos de ley, que aspiran a atar las manos a los magistrados, meter una mordaza a la información y amenazar a los arrepentidos.

La última arremetida hacia: la independencia de la magistratura, la libertad de prensa y la posibilidad de conocer los secretos internos de Cosa Nostra, instrumento y aliado de aquellos poderes que ocupan indignamente las instituciones.

Entonces el Estado, el verdadero, que se inspira en Borsellino y no en Vittorio Mangano, formado por aquellos jóvenes y no tan jóvenes, todos nosotros, ahora tiene el deber y la responsabilidad de no abandonar, de seguir haciendo sentir su propia voz, de mantener la guardia en alto en una unidad de intenciones que en este momento histórico no tiene nada de secundario.

Todos los protagonistas de estos días, testigos de aquellos terribles días, han insistido sobre el optimismo de Paolo Borsellino, el cual ha permanecido íntegro incluso hasta el último día de su vida, cuando sabía por cierto que seguramente iba a morir, justamente porque tenía fe en el sentido de rebelión de los jóvenes. Rita Borsellino, al finalizar la manifestación del 19 de julio en Via D'Amelio, cuando llegó la hora del minuto de silencio (en el cual se cumplía la hora de la explosión de la bomba que asesinara a Paolo Borsellino y su escolta), la calle estaba llena de gente (otro detalle ignorado por los medios de comunicación) ha recordado que sobre el rostro del hermano, ennegrecido por los humos de la explosión, todavía le quedaba una sonrisa. Aquella sonrisa de optimismo a pesar de la muerte. “Una sonrisa – ha dicho -que da miedo a quien vive en la mentira y piensa en poder aplastarnos”.

Es precisamente por esa sonrisa que no lo logrará.

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