Ya había ocurrido en Ucrania, con la “revolución naranja”, luego en Teherán con la – que no terminó bien para el Occidente - “verde iraní”.
Ahora le toca a Egipto. El primer truco – y veremos si se trata sólo de un truco – consiste en introducir a hurtadillas, en la mente de quien sigue estos acontecimientos, una serie de conceptos destinados a volverse normales, obvios, previsibles: y esto quiere decir que la política, la rebelión, el cambio, están determinados por las nuevas tecnologías “americanas”. Es un himno a América, porque es gracias a los Estados Unidos y a sus tecnologías, a sus social network, que los pueblos se pueden “liberar”.
El segundo modelo que introducir subrepticiamente, junto con el anterior, es que Mubarak no habría caído si América no hubiese ayudado a los manifestantes, a la plaza, a la rebelión “democrática”.
Ahora, que Mubarak estuviese ya arruinado y que Washington (e Israel) ya estuviesen estudiando las posibles variantes para liquidarlo, no quedan dudas. Pero, si bien estos planes ya estaban, en el fondo es algo totalmente incierto que Obama y los suyos ya los hubiesen puesto a punto. Lo demuestran las incertidumbres del primer momento, que surgieron en Washington, el reemplazo brusco de la embajadora estadounidense en el Cairo, culpable evidentemente de no haber tenido todo bajo control. Y muchos otros detalles. Ahora juega a favor ponerse del lado del pueblo, al menos en los titulares de los periódicos y noticieros, desenterrando el cuento de la exportación de la democracia sin guerra, es decir el imperialismo al estilo Premio Nobel de la paz Barack Obama.
Con lo que se olvida tranquilamente, en un segundo, que Mubarak se encontraba en el poder desde hacía 30 años sólo y exclusivamente porque tenía la ayuda económica, militar, política y de inteligencia de los Estados Unidos e Israel.
Y ahora volvamos a la estupidez subliminal de los exégetas de los medios de comunicación Bernardo Valli incluido.
Definir lo que está ocurriendo en Egipto como “la revolución de la web” es una estupidez, justamente, comparable con los cuentos que nos contaron en el momento del ataque contra Afganistán: que se iba allí, en misión de paz, para ayudar a las mujeres afganas a liberarse del burka  y a los hombres afganos a liberarse de la barba y finalmente poder andar por la calle rasurados como lo hacen los hombres de la City y de Wall Street.
Esto se llama proyectar nuestros deseos en los demás. Y luego pensar que nuestros deseos (nuestras ideas en general) sean sus ideas. O lo serán muy pronto, cuando los hayamos reeducado.
Querrían hacernos creer que los egipcios, que tienen muy poco para comer, que están en la miseria, que tienen una tasa de desocupación mucho más alta que la nuestra, no se revelaron por estas razones tan concretas, sino porque finalmente pudieron twittear a través de internet. Es como decir que si no hubiera sido por Twitter y Facebook, no habría pasado nada.
Y nosotros tendríamos que creer que 80 millones de egipcios no sólo conocen perfectamente el inglés, sino que incluso se han vuelto capaces de usar las abreviaturas, los acrónimos, los mecanismos verbales de Twitter en inglés. Mis amigos egipcios me confirman que se puede twittear  incluso en árabe (y en frases), pero que para ello es necesario también algún que otro artificio técnico que no todos están en condiciones de superar inmediatamente. Y todos éstos sin embargo siguen siendo muy pocos. Muchos menos de las multitudes que hemos visto en movimiento y en combate.
Si te adentras en Wikipedia puedes leer que Twitter existe en una serie de idiomas (inglés, francés, alemán, italiano, español, coreano, japonés etc.). Pero ni en chino ni en árabe.
Por lo tanto, claro que se podrá decir que los egipcios utilizaron Facebook en árabe (se entiende que eran estudiantes, clases medias de empleados y pocos más), pero que aquellos que han twitteado no pueden ser muchos. No muchos como para haber caracterizado el evento bajo las Pirámides.
En un punto se puede estar de acuerdo con los líderes de la oposición iraní, Mir-Hossein Mousavi, que ha comparado la rebelión en Egipto, con los estallidos de protesta que siguieron las últimas elecciones iraníes: ambas tuvieron una ayuda del exterior. Es así: las comunicaciones fueron “monitoreadas” en Israel. Tomó parte una oficina en Teheran della PBS. La CNN organizó una oficina especial para realizar la máxima cobertura de una revolución naciente que no llegó a desarrollarse.
Lamentablemente los experimentos no siempre salen bien. En Israel tampoco funcionaron bien cuando, después de que el pueblo insurrecto quitara de en medio a Rezha Pahlevi, se propusieron reemplazarle con un hombre fiel al Occidente. Y así surgió Khomeini. En ese entonces no existía Facebook. ¿Será acaso éste el motivo principal por el cual el Occidente perdió la batalla?
Ahora trataron de aprovechar la oportunidad de la protesta. Puede salirles bien, o mal, pero correr detrás de ellos como siervos, repitiendo sus ridículos diagnósticos, no es nada más que una señal de una irredimible subalternidad.

http://www.megachip.info/tematiche/democrazia-nella-comunicazione/5628-e-di-twitter-e-facebook-la-sollevazione-egiziana.html

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