Sabato 12 Settembre 2026

El director de Antimafiadosmil publica su autobiografía en Uruguay: ¡No te apretés, carajo!, un libro de vida con la gente, entre tiroteos, investigaciones y reportajes televisivos                                       

¿Puede un periodista convertirse en un modelo a seguir para las nuevas generaciones de reporteros, un referente para quienes buscan conocimiento y un faro de esperanza para los náufragos en las tormentas del mundo de la información?

Sí, puede. Especialmente si vive en un país pequeño como Uruguay. Especialmente si se llama Jean Georges Almendras. Boliviano de nacimiento, uruguayo por adopción, con treinta y cinco años de experiencia como cronista judicial, o "policial" (como él mismo se define), Almendras ha recorrido los palacios, los juzgados, las prisiones, los bares y los barrios marginales de Montevideo. Primero en la prensa escrita, luego en la televisión, que lo catapultó a la fama, y finalmente online con ANTIMAFIADuemila (de la cual es director para Sudamérica). Almendras conoce la capital de Uruguay como la palma de su mano. Y la capital lo conoce y lo reconoce. La gente lo saluda con afecto y respeto. ¿La razón? La extensa labor de investigación que inició a finales de los años '80 para revelar el Montevideo invisible, el marcado por la violencia, la corrupción, el sufrimiento, pero también la redención. El Montevideo real, el de los menos privilegiados, lejos de los tribunales. Almendras ha buscado historias, viajado por lugares, escuchado a la gente y excavado donde otros ni siquiera mirarían. Siempre con la ética como su guía. Hay quienes lo respetan y quienes lo detestan. Hoy ha decidido plasmar toda su vida en primera línea en un libro de 400 páginas. Una vida de encuentros, miedos, errores, reflexiones e historias a menudo contadas al borde de la muerte. Un testimonio personal, pero también un retrato de una profesión vivida sin filtros, entre la crónica policial, el periodismo de investigación y la lucha contra el crimen organizado. El título en sí es una declaración de intenciones: ¡No te apretés, carajo! Y en esas páginas resuena la voz de un reportero que, durante más de tres décadas, ha elegido estar al lado de la gente y en las calles. Contando las noticias antes que nadie y mejor que nadie.

-¡No te apretés, carajo! Literalmente: ¡No te cagués, carajo! Es un título muy peculiar. ¿Es una frase tuya?

El título resume un episodio que, irónicamente, cumple 38 años el 25 de agosto. El episodio aparece en la portada del libro y tuvo lugar en 1989, en un barrio de Montevideo, cerca del Cerrito de la Victoria. Mi camarógrafo y yo nos vimos en medio de un tiroteo y tuvimos que documentarlo en directo. Yo tiraba del cable de su cámara y, en ese estado de ansiedad y adrenalina, entre el riesgo y el deseo de estar allí, le dije aquella famosa frase: ¡No te apretés, carajo! (Editorial Aguilar). Esa frase representa de alguna manera la tensión del momento y la forma de trabajar del periodista. Un periodista en el terreno, en la calle, debe tener cierta actitud y, digamos, cierta dosis de adrenalina para hacer bien su trabajo. Cuando le propuse ese título a la editorial, lo interpretaron a la perfección y dijeron: "¡Ese es el título!". Y así fue.

-¿Es cierto que es una frase famosa en Uruguay?

Sí, es una frase que repite todo el que me encuentra por la calle. Se ha hecho famosa en el imaginario popular y, en su contexto, representa mi mensaje.

-Pero vayamos al corazón del libro, el primero en 35 años de periodismo. ¿De qué habla?

Es un libro autobiográfico. Pero también es una denuncia al sistema y al funcionamiento del periodismo. Es una crítica a un sistema perverso y competitivo. Las experiencias de toda mi carrera, las que relato en el libro, transmiten al lector que no debemos rendirnos ante las dificultades del sistema y que debemos, de alguna manera, combatir, luchar por las causas sociales, por nuestro trabajo, etc.

-¿Qué opina del aprecio que los uruguayos sienten por usted? ¿Qué cree que les ha aportado en todos estos años?

La cobertura de sucesos que realicé desde finales de los 80, pasando por los 90 y los 2000, hasta mi alejamiento, marcó una época. Mi forma de trabajar moldeó claramente un estilo que, en cierta medida, he ido adaptando a las circunstancias. En aquel entonces, no contábamos con la infraestructura del 2026: cámaras digitales, teléfonos inteligentes, redes sociales, salas de chat. Teníamos que trabajar en las calles, con nuestros propios recursos, con intuición. En un momento dado, trabajábamos escuchando las frecuencias policiales, con radios que nos permitían oír en directo lo que ocurría en Montevideo. Algunas de estas cosas nos ayudaron en las calles. Y luego estaba la complicidad que se creaba con la fuente de turno, en lugar del conductor o los distintos operadores de televisión. Nunca hay que olvidar que cuando se informa en la calle, nunca se está solo. Se depende del camarógrafo, del conductor, y el conductor depende del que está en la calle. Todos tenemos que protegernos. Si fallamos en una situación de riesgo, es un gran problema para todos.

 

 

 

-La suya es una experiencia de cerca de 35 años como periodista y 21 años como periodista y comentarista de televisión. Pero trabajar en televisión no era su objetivo inicial. Cuéntenos un poco sobre la historia de Jean Georges Almendras.

Nací en La Paz, Bolivia, y emigré de niño. Pero crecí aquí en Uruguay y me eduqué aquí. En cuanto a tu pregunta, confieso que mi objetivo ni siquiera era ser periodista. De joven, quería ser actor o abogado, e incluso en un momento dado quise ingresar a la policía. Pero luego mi camino se inclinó hacia el periodismo. Comencé mi carrera en revistas de Montevideo y, después de hacer un curso corto de periodismo -en aquel entonces acá no existían las licenciaturas en periodismo-, aprendí directamente en la calle. Como el 90% de mis colegas, como el gran Eduardo Galeano. Mi escuela fueron los bares y cafés. Aprendías tomando algo con los periodistas veteranos. Esa fue mi formación. Empecé a trabajar en 1985 en Últimas Noticias, un periódico de la época de la dictadura. Allí aprendí de periodistas de la vieja escuela, que me enseñaron el oficio en la redacción. A partir de ahí, me centré en la crónica policial y jurídica. Comencé a trabajar con José Perrona en la sección de sucesos. Una persona maravillosa. Él me enseñó el oficio y por eso le dedico este libro. Tenía contactos en la televisión, porque en los años 80, los medios televisivos tenían informantes, los llamados "dateros". Eran personas que trabajaban en periódicos y pasaban información a los canales de televisión. Perrona era informante de Canal 4, y Canal 4 buscaba un reportero de sucesos, así que me preguntó: "¿Te gustaría trabajar en televisión?". Le respondí que nunca lo había hecho y que no sabía cómo, porque la prensa escrita es una cosa y la televisión otra. Todo cambia, empezando por el idioma. Él insistió: "Confían en ti. Te quieren". Y así, en 1988, entré en la televisión. La televisión me dio una gran versatilidad. Luego, las circunstancias que surgieron me catapultaron a la popularidad, algo que, siempre recalco, nunca busqué.

-Siguiendo con el tema del periodismo, ¿por qué empezó a trabajar con ANTIMAFIADuemila? Hasta llegar a ser su director en Sudamérica.

El proyecto y el hecho de conocer a Giorgio Bongiovanni como director y periodista, y, por aquel entonces, también a Lorenzo Baldo. Ya colaboraba, simultáneamente, ya desde cuando trabajaba para el diario y en la televisión. Empecé a escribir artículos y, luego, al dejar Canal 4, ANTIMAFIADuemila se convirtió en mi compromiso a tiempo completo. Pero el factor fundamental que me impulsó a aceptar lo que considero mi misión es que la información sobre el crimen es una rama del árbol del narcotráfico y la mafia. Y hoy ya no es solo un brazo. ANTIMAFIADuemila ha integrado así la experiencia de todos esos años en televisión y prensa escrita a mi trabajo, lo que me ha permitido comprender los pilares y parámetros fundamentales del sistema mafioso: primero, comprenderlo y, segundo, denunciarlo.

-¿Cuál es el estado actual del periodismo y la libertad de prensa en Uruguay?

Está en crisis. No puedo compararlo con mi época, porque son dos periodos distintos, pero existen factores comunes. El periodismo sufre una patología: la de priorizar una operación política, una ideología partidista, por sobre la noticia. Esto destruye por completo el sentido del periodismo. Incluso se pierde la capacidad de discernimiento y, sobre todo, la coherencia. El sistema criminal, obviamente, se aprovecha de esta forma de hacer periodismo y se beneficia de ella. Si me preguntan si existe libertad de expresión en Uruguay, diría que no, al menos no en comparación con mi época. Trabajábamos interceptando las frecuencias de radio de la policía. Estábamos en las calles porque ahí es donde ocurren los hechos. Hoy, los periodistas en Uruguay se sientan en escritorios, se encierran en las oficinas. Así es como se conectan con la realidad. Se convierten en observadores pasivos; ya no forman parte de la democracia. Y recordemos que a lo largo de la historia mundial, y lamentablemente Sudamérica nos lo demuestra, cuando falta el periodismo, surgen los abusos de las autoridades. Lo primero que hacen las dictaduras, cuando establecen un régimen autoritario, es eliminar o controlar los periódicos y la televisión. En definitiva, este libro pretende ser una especie de manual para cronistas de sucesos. Lo digo sin ninguna arrogancia. A los periodistas les digo: vuelvan al terreno.

-Volvamos a la dictadura. Este es uno de los temas recurrentes de su trayectoria profesional. Usted ha investigado exhaustivamente los crímenes del régimen en Uruguay y otros países. ¿Cuál es la necesidad urgente hoy en día en este ámbito?

En Sudamérica, miles y miles de familias siguen reclamando los restos de sus seres queridos desaparecidos. No podemos devolverles la vida, pero debemos al menos trabajar para recuperar esos restos y brindarles una respuesta coherente que nos permita avanzar. Mi sensibilidad como periodista está ligada a una obligación ética, moral e histórica: no podemos olvidar. Abordo este tema en mi libro. El tema de los desaparecidos sigue siendo uno de los puntos débiles de una democracia frágil, una democracia que, entre comillas, no existe. Uruguay lleva 50 años exigiendo encontrar los cuerpos enterrados en terrenos militares, y no hay respuestas. Y, desgraciadamente, aquí existe un movimiento de personas cercanas a los militares que exige la liberación de los represores y que no se realicen más investigaciones. Lamentablemente, incluso con el retorno de la democracia, los gobiernos de los partidos tradicionales y los del Frente Amplio (el actual partido gobernante) han hecho poco o nada. Me gustaría hacer una pregunta difícil.

¿Cuál es?

¿Tienen más culpa los gobiernos progresistas que no abordaron este tema en profundidad, o los gobiernos no progresistas que, por el contrario, son consecuentes con su ideología y jamás impulsarán la búsqueda de los cuerpos ni procesarán a los responsables de la dictadura?

-Hablemos del narcotráfico. ¿Qué papel juega Uruguay en este tema?

Lamentablemente, en los últimos años, especialmente tras la captura de Rocco Morabito en el 2017, pero incluso antes, Uruguay se ha involucrado rápidamente en la ruta del narcotráfico que transporta toneladas de cocaína a Europa a través de Montevideo, así como a través de Paraguay, Brasil y Argentina. Uruguay se ha convertido en un actor clave en la ideología mafiosa y el narcotráfico organizado. Lamentablemente, este país posee características legales y culturales que crean las condiciones propicias para que el narcotráfico se establezca fácilmente, tal como lo hizo el 'Ndrengatista Morabito, prófugo en Montevideo. Y quisiera añadir algo que aún no he mencionado.

-Por favor.

Uruguay es un país pacífico. No tiene una cultura violenta como Colombia, México o Centroamérica. Esta estructura emocional de la comunidad uruguaya permitió que el narcotráfico se infiltrara sigilosamente, afianzándose ya en la década de 1970. En aquel entonces, la principal actividad era el transporte de marihuana desde Pedro Juan Caballero, en Paraguay. Se trataba de marihuana y contrabando. Había personas involucradas en el crimen, incluso en las fuerzas de seguridad y la policía. Pasaron los años, llegó la cocaína y Uruguay comenzó gradualmente a convertirse en un país de tránsito y de acopio. Hoy, todo esto se ha quintuplicado. En el 2024, representantes de la Guardia de Finanzas y de la Dirección de Investigaciones Antimafia (DIA) de Italia visitaron Uruguay para sensibilizar al poder judicial, a las fuerzas del orden y a la prensa sobre el modus operandi de la 'Ndrangheta. Uno de los funcionarios de la DIA afirmó categóricamente: "Están en una zona donde suceden cosas que ya sabíamos hace 30 años en Palermo".

-¿Tenía razón?

Hoy en día, en Uruguay se registran dos o tres asesinatos al día. Se trata de ajustes de cuentas o enfrentamientos entre grupos por el control de centros del narcotráfico. Estos grupos poseen un enorme poder de fuego. No hablamos de pistolas de 9 mm, sino de fusiles de alta potencia, incluso superiores a los de la policía. Como se puede apreciar, Uruguay se ha convertido en un terreno fértil para el narcotráfico. Pero el problema es estructural.

-¿Qué quiere decir?

No se trata solo de un narcotraficante que discute y mata a otro. Hay tráfico de cocaína, operaciones financieras, lavado de dinero, logística económica, corrupción dentro del Estado y, por desgracia, también dentro de las instituciones.

-¿Se da cuenta la gente de lo que sucede a su alrededor?

No. La gente siente la violencia y sabe lo que informan los medios. Pero, como dije antes, se fijan en el árbol, no en el bosque. Y la principal culpa recae en mis colegas. Muy pocos periodistas abordan el problema como deberían, con una visión integral.

-Una última pregunta, más personal: ¿En qué cree Georges Almendras?

En el hombre nuevo.

 

*Diseño gráfico de Portada: Paolo Bassani