Miércoles 12 Agosto 2026

A cinco años de su partida

                   

Recordarlo así, de una, a Enrique Viana Ferreira no sería lo suficiente. No porque recordarlo sea un oprobio o un menosprecio a su persona, o una expresión de poca valía,  sino porque recordarlo -insisto- es poco; porque él fue mucho más, e hizo mucho más, en el tiempo que ejerció como fiscal, y aún después, es decir hasta hoy mismo, que aunque físicamente no lo podemos disfrutar, su legado jurídico -de una inmensidad indescriptible- está muy presente; pero lamentablemente no ha sido, ni es merecidamente reconocido masivamente por la sociedad uruguaya. ¿Quizás por ignorancia de su denonada labor como un defensor de la verdad y de los derechos?¿Quizás por esa apatía siniestra de las comunidades humanas de no saber valorar la hidalguía de un hombre íntegro? ¿Quizás por indeferencia? Vaya uno a saber, o mejor no saberlo, quizás para no decepcionarnos más aún, de quienes lo ignoraron, lo denostaron, o no lo comprendieron o se mantuvieron al margen de su personalidad y de su inmensa obra como defensor de la Constitución de la República Oriental del Uruguay.

Quienes lo conocimos y compartimos con él, espacios de esparcimiento robados a nuestros respectivos trabajos, difícilmente podremos enbolsarlo a él, en la desmemoria o en los puntos suspensivos del tiempo. Fuimos muchos los que nos nutrimos de su calidad humana.Fuimos muchos los que compartimos sus ideas y sus luchas. Fuimos muchos los que lo apoyamos, y lo defendimos.

Él tenía la capacidad de dar forma a la amistad, con mayúsculas, de una manera inédita, de una manera honesta, desinteresada, transparente, cándida -si se quiere- y  en esas precisas virtudes se mecían las muchas páginas de su vida personal, y profesional; de su vida como abogado, como jurista y como defensor incondicional de los intereses del pueblo, o más bien, de la soberanía, transformándose en un tenaz enemigo (si cabe el término) de las corrupciones dentro de las instituciones estatales, que hoy se han multiplicado y tienen un efecto prolífico detestable, que él, seguramente, con su inconfundible impronta las denunciaría, sin diplomacias , ni hipocresías, coherente por sobre manera con su personalidad, y sus valores, tal como las hiciera en el pasado, hasta el día en que el abrupto quiebre en su salud lo arrebatara de entre nosotros.

Como se recordará, esto ocurrió hace cinco años, el día 27 del mes de julio de 2021; una calle de la Ciudad Vieja de Montevideo-Uruguay -25 de mayo y Solís- fue trágico escenario de su sorpresivo deceso por un infarto que lo sorprendió sin darle tiempo a la atención médica; una inesperada partida, en medio del trajín cotidiano ejerciendo su profesión de abogado, dado que en el 2017, a pura y estricta convicción ( “obedeciendo a su conciencia” escribiría oportunamente en un editorial del diario El País, el doctor en leyes Leonardo Guzmán) se hizo a un costado de la Fiscalía, después de varias décadas de pertenecer al Ministerio Público, protestando con los hechos y con la renuncia indeclinable,  por el oprobioso accionar del Estado uruguayo,  al ponerse en vigencia -a instancias del entonces Fiscal de Corte Jorge Díaz Almeida- el nuevo Código de Proceso Penal, un proyecto que literalmente cercenaba , entre otras cosas, la independencia técnica de los fiscales en el ejercicio de su actividad.

Enrique Viana, con esa renuncia, apartó a un costado su zona de confort para entrar en el terreno del trabajo cotidiano del abogado penalista exclusivamente, como medio de vida, junto a sus seres queridos, entre ellos su esposa e hijos; pero esa osada y valerosa decisión lo enalteció aún más, porque sin pudores ni tibiezas, su compromiso con el concepto de justicia y de resistencia afloraron a la superficie de la epidermis de una sociedad uruguaya que lamentablemente, ni aquellos días, ni hoy mismo, masivamente, no entendió el sacrificio y el nivel de ética que él puso de manifiesto con su proceder; un proceder poco usual en estos tiempos.

Así era Enrique Viana. Así enseñó Enrique Viana , con las palabras y los hechos; con su sabiduría como hombre de Derecho, al punto que no pudo aceptar -como lo hicieron muchos- y fiel a su férrea convicción, la inconstitucionalidad de convertir a la Fiscalía de Corte en un Servicio Descentralizado; no pudo aceptar que esa flagrante inconstitucionalidad,  resintiera ( o disminuyera ) al Poder Judicial; no pudo aceptar, como hombre que conocía muy bien la Constitución de la República, la vigencia de un Código de Proceso Penal que literalmente iba a sustituir las sentencias por acuerdos verbales a través de agentes fiscales sometidos -también literalmente- a instrucciones, que venían del Fiscal de Corte, en consecuencia, del Poder Ejecutivo.

Enrique Viana también defendió el medio ambiente con ahinco y a plena conciencia de los estragos ambientales (y en perjuicio de la soberanía nacional, con la firma de contratos por parte del Estado, a espaldas del pueblo y dentro del más inescrupuloso y repulsivo secretismo) que se cometían en barrios de Montevideo, y dentro de los límites territoriales, como ser la instalación de pasteras, las minerías a cielo abierto, las industrias contaminantes y todo lo que significara degradar el medio ambiente; en ese contexto de denuncia (que hizo junto a su amigo, el abogado Gustavo Salle, hoy legislador por el Partido Identidad Soberana), Enrique Viana recibió del imaginario popular, el apodo de “Fiscal Verde”.

Pero Enrique Viana, en su lucha cotidiana, en medios periodísticos a los que era convocado y al que concurría, siempre junto a Salle, o en soledad, luchaba además por defender la libertad de todos los dictaminantes y la más plena independencia técnica de los Fiscales; era Viana además,  un celoso defensor de los derechos humanos, que no se dejaba condicionar; y lo hacía con la aristocracia propia del conocedor de la Ley, y lo más importante, sin pedir nada a cambio.

No en pocas oportunidades , en entrevistas periodísticas decía, a viva voz: “Cada Fiscal era por sí mismo todo el Ministerio Público, porque era y debía ser portador del Derecho entero”

Este país, y su población, y el Ministerio Público, y los hombres de Derecho, le deben mucho a Enrique Viana, porque al decir del doctor Leonardo Guzmán: “Nos deja la luz del hombre que, por hacer Derecho desde los huesos y el alma, asume llanamente la grandeza y la perennidad de lo que pasa por sus manos, siempre transitorias”.

Enrique Viana: desafió al poder; demandó al propio Estado, entendiendo que el concepto de interés general tenía que predominar sobre cualquier forma de conveniencia; vivía y actuaba comprometido siempre con la República, detestando cualquier forma de sometiemiento al gobierno de turno; y una y mil veces decía que la Constitución de la República no era una pieza decorativa de la vida democrática de un país.

                                          

Este lunes pasado 27 de julio , el legislador y quien fuera amigo suyo, y compañero de camino de lucha, Gustavo Salle, lo homenajeó en un sencillo acto público, en el lugar donde hace cinco años Viana cayó exánime en la Ciudad Vieja; lo homenajeó a sabiendas de que su entrañable amigo no hacía parte de su partido Identidad Soberana; lo homenajeó con el sentimiento propio del amigo, y del colega que fue durante décadas, abrazando ambos, los mismos reclamos y las mismas denuncias, con una dinámica y una impronta propia.

En la fría mañana de este homenaje Salle destacó la figura de Enrique Viana en términos precisos y contundentes; compartimos un tramo de su intervención: “En realidad Enrique Viana debería ser homenajeado por todo el pueblo uruguayo sin excepción, porque tuvo una condición que es verdaderamente excepcional en estos tiempos. Enrique Viana luchó por la soberanían nacional, por la independencia, y fundamentalmente por el respeto de la Constitución de la República; el doctor Enrique Viana Ferreira, ya muchos antes del 2017, luchó denodadamente ante los primeros intentos, en el sentido de destruir el Poder Judicial y que las investigaciones penales se pusieran en manos del Poder Ejecutivo; Viana fue el único Fiscal del país que se atrevió a interponer una acción de inconstitucionalidad de la ley que creó el Nuevo Código de Proceso Penal, y que yo firmé como abogado patrocinante y defendí ‘in voce’ ante la Corte, y que terminó con una sentencia para el olvido, una sentencia que obró contra el pueblo uruguayo, y contra el propio Poder Judicial; Enrique luchó entonces por los derechos de los uruguayos, porque un uruguayo sometido a una investigación penal por parte del Poder Ejecutivo, un ciudadano uruguayo que es condenado en virtud de un procedimiento administrativo se le ha violado sus derechos fundamentales, y esa es la importancia de la acción de Enrique Viana; se ha dado un hecho de reconocimiento póstumo que no existe, que es inédito en la historia del Uruguay: cuando Enrique Viana y yo llevamos adelante la campaña de defensa de la Constitución  contra el golpe de Estado técnico, el periodismo, la academia, el gremio de fiscales, el Colegio de Abogados, el gremio de Jueces, todos obsecuentes, de la imposición imperialista de los Estados Unidos, se encargaron de hacer una campaña de defensa del golpe de Estado técnico  y contra Enrique Viana, y por supuesto también contra mí, y pasó el tiempo y los hechos confirmaron todas las conceptuaciones, todas las proyecciones del futuro nefasto que había hecho Enrique Viana. Y ahora, hace pocos días, en un verdadero reconocimiento póstumo, elíptico, no expreso, todos aquellos operadores en favor del golpe de Estado técnico, detractores de Enrique Viana, tuvieron que admitir que Enrique Viana tenía razón , tuvieron que admitir que todo lo que el proyectaba, lo que él alertaba, se plasmó en los hechos, para la degradación de los derechos de los uruguayos, para tener un sistema de administración de justicia criminal. Los académicos, los magistrados, los fiscales tuvieron que salir a reconocer que en el Proceso Penal yanqui el consentimiento no es válido, tuvieron que salir a reconocer , como dijo Enrique Viana , que es extorsivo, que hay abuso de poder, que es corrupción en  última instancia; todo esto Enrique Viana lo advirtió”

         

Nos desbordaríamos en páginas para -además de recordarlo- homenajear y destacar la inmensa obra de activismo jurídico que llevó adelante Enrique Viana que no solo tuvo un  brillante, fluído, y sincero relacionamiento con sus colegas, con el pueblo a la hora de consultarlo -viviendo el acercamiento con un brillo humano inimitable- , sino además, con los jóvenes a los cuales siempre les extendía una mano de enseñanza jurídica y social, sin restricciones.

Habría mucha tela a la hora de escribir de Enrique Viana; a la hora de evocarlo, describirlo, homenajearlo, no hay duda alguna. Y desde nuestras redacciones de Uruguay e Italia, la promesa de seguir sus pasos, fue y sigue ( y seguirá) siendo una consigna, cotidiana y viva, y donde la resistencia que él llevó adelante -y fue enseñándonos-  será inclaudicable. 

Porque Enrique Viana, gústele o no a sus detractores, para nosotros fue un justo; y siempre será un justo eterno.

 

*Foto de Portada: You Tube

*Foto 2 y 3: Antimafia Dos Mil