“Pido, en nombre del Estado paraguayo, las disculpas públicas correspondientes. Este acto constituye, ante todo, un ejercicio de memoria y de respeto: memoria hacia un periodista que hizo de la búsqueda de la verdad una vocación de vida, respeto hacia su familia que durante más de tres décadas ha convivido con el dolor de una pérdida irreparable”
Fueron estas las palabras del Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Paraguay, doctor Alberto Martínez Simón, en ocasión del solemne encuentro que tuvo lugar en el Palacio de Justicia de Asunción, capital del Paraguay; el evento se constituyó en un acto oficial de reparación -tras una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos- de reconocimiento de la responsabilidad internacional por parte del Estado paraguayo, pidiendo además disculpas públicas a la familia del periodista Santiago Leguizamón Zaván , quien fuera asesinado hace 35 años, en la ciudad fronteriza con el Brasil, Pedro Juan Caballero, capital del departamento de Amambay, y una de las más violentas del territorio paraguayo.
El Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Paraguay agregó: ”Renovamos nuestro compromiso con los estándares establecidos por la Constitución de la República, por la Convención Sudamericana sobre Derechos Humanos y por la Jurisprudencia de la Corte Interamericana, como instrumentos dirigidos a la protección de la dignidad humana”
El crimen del colega paraguayo se cometió el 26 de abril de 1991; fue baleado por sicarios, a poca distancia, cuando Leguizamón se trasladaba a la ciudad de Ponta Porá del lado brasileño a un festejo por el día del Periodista; el hecho se registró en horas del mediodía, sobre la avenida internacional que separa Paraguay del Brasil.
Pocas horas antes del atentado, el colega Leguizamón había dado una contundente respuesta a otro colega -Humberto Rubín- de radio Ñanduti, al ser entrevistado desde la ciudad de Asunción.
Oportunamente el periodismo local dió a conocer esa conversación; transcribimos lo publicado por el diario ABC Color:
“Te pido por favor que te cuides, Santiago” le dijo Rubín.
“¿Todavía querés que me cuide?”, preguntó Santiago.
“Mucho más que antes ahora”, insistió Rubín.
“¿Vos escuchaste algún dato importante por ahí?”, consultó Leguizamón.
“Sí, sí”, le respondió Humberto.
Santiago Leguizamón se rió.
“No, no. No es para reír”, reclamó Humberto.
La respuesta de Leguizamón fue contundente: “Hay dos clases de muerte, Humberto. Una es la muerte material. Y la otra es la muerte cuando uno abandonó la ética y la voluntad de trabajo. Muchas gracias. Buenos días” fue el cierre de la entrevista que hizo el mismo Santiago.
Desde el hoy, mirando hacia atrás, la respuesta de Leguizamón, lamentablemente, fue en cierto sentido dramáticamente premonitoria. Esas sus palabras fueron, sin duda, también un legado de ética, fundamentalmente. Al momento del asesinato Santiago tenía 41 años, y estaba casado con Ana María Margarita Morra; tenían cuatro hijos: María Raquel, Dante Ariel, Sebastián y Fernando Javier.
Un testigo directo de la emboscada fue el joven de 21 años Baldomero Cabral, quien era su amigo inseparable, dado que trabajaba con él en la radio Mburucuyá 980 AM, y ese mediodía ocupaba el vehículo Nissan de color blanco de Leguizamón; vehículo que fue interceptado por otro que era ocupado por los sicarios; se estima que ese automóvil era guiado por Braz Vaz de Moura, hoy fallecido; de su interior descendieron José Aparecido de Limna, alias “Ze Lima” y José Francisco Araulho, alias “Tiro Certo”, ambos fallecidos; estos dos individuos le dispararon a Leguizamón con una escopeta, una pistola y un revólver.
Trascendió que en medio de la tragedia, Santiago Leguizamón, aún herido, ordenó a su acompañante que corriera para salvar su vida; en los minutos que siguieron, en medio de la confusión, que el lector sabrá imaginar, los sicarios se dieron a la fuga y Santiago perdía la vida sentado al volante.
Posteriormente, las autoridades establecieron que supuestamente los mandantes del crimen habían sido Luis Enrique Georges, alias “Tulú”, y Daniel Álvarez Georges, alias “Danielito”, primos entre sí, que hoy están fallecidos; estos personajes eran considerados jefes de la mafia fronteriza.
Cabe consignar que “Tulú” era ni más ni menos que el sobrino (y “Danielito” era el hijo) del entonces “padrino” de la frontera, Fahd Jamil Georges; se pudo saber que Fahd Jamil, aunque no sería quien hubo ordenado el homicidio, sí habría sido quien autorizó el ataque, ya que era prácticamente un referente criminal de alto poder en la zona.
Tuve oportunidad de conocer a uno de los hijos de Santiago Leguizamön; me estoy refiriendo a Dante, abogado de profesión, y Secretario Ejecutivo de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (CODEHUPY) y no puedo dejar en el olvido una de sus primeras apreciaciones al entrevistarlo para Antimafia Dos Mil, en Asunción, el pasado año 2025.

En aquel encuentro fue más que elocuente: “Realmente para nosotros, y hablo por mi hermana también, y por mí, era una novedad, yo tenía 13 años. Nosotros no teníamos toda la información, a esa edad no estábamos al tanto de lo que ocurría en el país en general. Teníamos conocimiento con relación a la dictadura, la caída de la dictadura. A esa edad no teníamos la dimensión que tenía el narcotráfico en general y tampoco la dimensión del trabajo de Santiago. Cuando lo matan a Santiago comenzamos a descubrir, primero todo el trabajo de Santiago, toda la historia, y a partir de allí uno se va ubicando en el espectro y va mirando, y tomando el camino”
Nos consta que Dante tomó el camino de lucha, con la misma entereza de su padre; la misma disciplina y el mismó valor. De eso no tenemos duda alguna. Es más, cada una de sus palabras, en aquella entrevista del año pasado, resume con claridad admirable su nivel de compromiso; su integridad como activista.
Treinta cinco años atrás, seguramente su padre, Santiago, nunca habría imaginado , primero, que la muerte lo sorprendería en las calles de su tierra paraguaya bajo las balas criminales del sicariato y de la narco mafia de la época, ni tampoco que su familia daría sólida, estóica y valerosa respuesta de lucha tras la tragedia y legado ético; y ni mucho menos que su hijo Dante llegaría a ser un abogado y un activista que abrazaría la causa de la defensa de los Derechos Humanos.
En el acto del Palacio de Justicia Dante Leguizamón tomó la palabra y afirmó que el crimen (de su padre) generó un impacto “que aún perdura en la sociedad paraguaya y que debe servir para generar políticas públicas que favorezcan la protección de periodistas y defensores de derechos humanos. El impacto que tuvo el asesinato debe convertirse en políticas públicas contra la impunidad en los asesinatos periodistas. Debe convertirse en políticas públicas de protección a la violencia contra periodistas y debe convertirse en políticas públicas de protección de periodistas”
Por su parte, Santiago Ortíz, Secretario General del Sindicato de Periodistas, puntualizó: “Junto a la familia Leguizamón, reclamamos el cumplimiento integral de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, lo que significa la aprobación urgente de la ley de protección a periodistas y exigimos el compromiso firme del Estado para esclarecer por completo el caso de Santiago Leguizamón y las demás causas de comunicadores que hasta la fecha continúan impunes”
Cabe señalar que la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó la creación de una comisión técnica para esclarecer el asesinato, además del impulso de una ley para la protección integral de los periodistas paraguayos y la reinstalación del premio periodismo ‘Santiago Leguizamón”.
Nobleza obliga -porque estamos en la misma vereda por la que caminó Santiago Leguizamón, hace 35 años, y todos los periodistas asesinados por la narco mafia paraguaya (más de veinte a la fecha, incluído nuestro colega de redacción Pablo Medina y su asistente Antonia Almada)- consignamos fervientemente desde nuestras páginas, sudamericana e italiana, que nos corresponde, no solo enaltecer la labor de nuestros colegas paraguayos, que hacen parte de la denuncia del narcotráfico y de la narco política, día a día en el Paraguay, sino además la tenacidad de Dante Leguizamón en su lucha como activista de Derechos Humanos, dentro de un contexto complejo y en el que la violación de los mismos, en diferentes ámbitos de la vida nacional, y en diferentes circunstancias, es una horrenda realidad a la que hay que contrarrestar decididamente y denunciarla, para que la cultura de la impunidad no se naturalice pavorosamente.
Desde nuestras respectivas redacciones homenajeamos y acompañamos en su lucha -que también es la nuestra- a todos los periodistas paraguayos, exhortándolos además, a conciencia, a no bajar los brazos, y permanecer unidos, siempre y en todo momento, porque el crimen organizado buscará la desunión y la fractura de nuestra lucha, como estrategia para sus fines non santos.
*Foto de Portada: Paraguay.Uy
*Foto 2: Diario ABC Color
*Foto 3: Antimafia Dos Mil