Viernes 5 Diciembre 2025

Desde éstas páginas abrimos caminos para tomar conciencia de que la sociedad mundial está atravesada literalmente, entre otros males, por uno -muy voraz- que hace parte del sistema mundial, me refiero a la ideología narco mafiosa (el narcotráfico transnacional) con todo lo que ello implica; y desde Antimafia Dos Mil, como filial de Antimafia Duemila en Italia -nuestra casa madre- hacemos cuánto se pueda hacer como periodistas libres para denunciar a las organizaciones criminales y mafias instaladas en ambas márgenes del Atlántico, y además todas ellas relacionadas estrechamente por vasos comunicantes múltiples. Y en ese contexto informativo, por ejemplo en las últimas horas, como ocurre con otros temas, hemos puesto (y yo personalmente) especial énfasis en lo ocurrido el martes 28 de octubre en Río de Janeiro, en ocasión de un mega operativo realizado por fuerzas policiales, en favelas donde operan integrantes del Comando Vermelho, vale decir un más que letal grupo criminal operante en no pocas acitividades ilícitas, además del narcotráfico. Y bien, ese operativo, anteayer, significó un saldo de 64 muertos, una nómina no precisa de heridos, cuatro policias fallecidos y cerca de 80 personas detenidas. Hoy, los datos han variado: hay unos 130 muertos y se ha constatado que muchos de ellos presentaban signos inequívocos de haber sido ejecutados, o torturados previamente a perder la vida; y en ese marco, con el correr de las horas, las aguas se han ido disipando y van saliendo a la luz ciertos aspectos, que de por sí, ya estaban implícitos cuando se trata de acciones policiales de tal porte; y en este caso el realizado el martes superó ampliamente a otros llevados adelante años atrás.

Y al tiempo que se agurdaban los efectos de todos estos hechos, que impactaron al mundo, comenzaron a salir a la luz pública, desde dentro mismo del Brasil, voces aludiendo a las facetas más que dramáticas del trasfondo político y social directamente vinculados a todo lo acontecido. Y todas esas voces apuntan hoy a señalar, que detrás del operativo en sí mismo reina y campea una puja de corte político, en la que el fascismo, el racismo explícito dentro del Brasil y un odio viceral por las comunidades faveladas no estuvo para nada ausente en el mega procedimiento de las fuerzas del orden (o del desorden) que fue gran noticia mundial. En definitiva, asestar un duro golpe al Comando Vermelho fue el justificativo ideal para instalar el terror desde las fuerzas policiales actuantes, desatándose así un baño de sangre incalificable que salió a la luz pública, cruel y dramáticamente, cuando especialmente el periodismo local e internacional, nosotros incluídos, no pudo ignorar que lapso después de los enfrentamientos aparecieron 50 cadáveres masacrados al pie de los morros involucrados; cuerpos que fueron luego colocados en calles de la favela a la vista pública.

En ese instante, entonces, se ponía de relevancia, sin restricciones, el horror porque los hechos superaron todas las palabras bonitas del Gobernador de Río de Janeiro Claudio Castro, celebrando el éxito de la operación: operación que en realidad, no fue exitosa; y no fue nada de armónica con el Estado de Derecho, por más tiroteos que hubieron, ni por más que los narcos pulularon arremetiendo a pura bala contra la policía; porque , a juzgar por los resultados, y evidencias quen ahora se investigan , lo que habría predominado fue el abuso policial, los excesos y hasta eventulamente los juicios sumarios. ¿Ser narco no sugiere, por lo que vemos, ser llevado ante la Justicia y que sea jusgado como corresponde?. Tal parece que no.

Nosotros, en la nota pasada sobre este hecho, lo mencionamos; el operativo visibilizó una vez más lo que la hoy fallecida Mariele Franco, hubo denunciado una y tantas veces junto a otros activistas: las matanzas y los abusos cometidos por la Policía Militar en las ya recurrentes operaciones en las comunidades faveladas, donde conviven trabajadores honestos y narcos, en una suerte de vínculo que se torna letal, y que hace parte de un entramado de violencias de vieja data en el Brasil, y en el que la puja política está presente tras estos episodios, porque hay un hecho innegable, que no podemos olvidar: que hay un Río de Janeiro pobre, marginado, y otro rico, otro fascista, otro rascista, y otro narco. Y eso hay que asumirlo y saberlo.

No pocas personas y colegas , obviamente no funcionales al ideario reaccionario y fascista, tras conocerse el operativo, no escatimaron en apreciaciones más que certeras: no solo estábamos frente a un ataque al narcotráfico, sino que estábamos frente a la materialización -una vez más- de un accionar “legítimo” contra un mal mayor, el Comando Vermelho, que además significaba una movida de ajedrés política, para hacer prevalecer el sello fascista, sin el consentimiento del gobierno central. En el embudo de la situación, dados los resultados, quedaba demostrado por enésima vez, cómo el poder, dirigiendo su fuerza represiva sobre el crimen organizado, si bien era loable como movida, era justificativo ideal para hacer de las suyas, es decir, poner en práctica un plan de hostilidad, casi de exterminio, y aleccionamiento,sobre los sectores más humildes de parte de un Río de Janeiro clasista, racista, lujoso, capitalista, y discriminatorio; ergo, bolsonarista.

Evidentemente, detrás del operativo, hubo un plan político; hubo una manipulacion de fuerzas con fines específicamente políticos; desestabilizador del gobierno central de Lula Da Silva, cuya administración está siendo constantemente hostigada por el fascismo que quiere imponerse en Brasili, cueste lo que cueste. Ahora tras todo esto la crisis política se agudizará, seguramente y las repercusiones habrá que verlas en los próximos días.

Comando Vermelho, un grupo criminal poderoso fue de hecho el mejor de los pretextos, de las fuerzas represivas de una ideologia fascista, para imponer un episodio cruento, que fue utiilizado para sembrar el terror y dar un mensaje a la sociedad criminal y a los pobres de Río de Janeiro y de la región.

Hay hasta ahora unas 130 personas fallecidas. ¿Fallecidos en los enfrentamientos con la policía? ¿De todos los muertos cuántos son narcos y cuántos no lo son?. ¿Hay trabajadores inocentes entre los muertos y heridos? Será tarea de la fiscalía definir ese aspecto. Será tarea de la fiscalia echar sobres estas muertes, toneladas de agua transparente, para eventualmente llegar a la verdad. Y no por casualidad, ya una veintena de organismos de Derechoe Humanos están tomando cartas en el asunto, reclamando airadamente investigaciones.

Hay entre los muertos, personas con las manos maniatadas; personas con tiros en la nuca; con signos de tortura; con rostros desfigurados y laceraciones más que sospechosas.

¿Quizás narcos que eliminaron a otros narcos por ser soplones? ¿Quizás se cometieron flagrantes abusos policiales? Algo que por otra parte ha sido denunciado siempre por organizaciones de DD.HH y por la concejala asesinada años atrás Marielle Franco, cuyo accionar en defensa de los favelados ha sido un referente emblemático de las luchas sociales.

En el resumidero después de este mega operativo, solo nos queda una sola idea: se fue contra un mal mayor, está claro, como es el universo narco, pero está claro también, a juzgar por las evidencias, que ese paso pretendió justificr otro mal mayor aún, como es el fascismo criminalizando sectores sociales pobres; sectores de trabajadores; sectores favelados; sectores de una sociedad como la carioca, que padecen discriminación por cuestiones del color de su piel y por sus grandes limitaciones sociales.

La visión de los sociólogos y economistas brasileños de línea vanguardista nos darán la razón. Nosotros como periodistas , no hacemos más que hacer un análisis que se ajusta a los hechos , a las evidencias , con una visión de contexto, donde lo político está más que presente, en el antes, en el ahora y en el después, del mega operativo ordenado, planificado y coordinado por el gobernador bolsonarista Castro.

Habrá que seguir adelante, con este lastre a cuestas; que no es solo visible por latitudes latinoamericanas, sino que hace parte y alcanza a otros países.

Y si no, preguntémosle a los palestinos, cómo la están pasado.

*Foto de Portada: La Reforma