Domingo 15 Marzo 2026

Con bombos y platillos autoridades del Ministerio del Interior dieron a conocer los resultados del operativo denominado “Nueva Era” que permitió la incautación de más de dos toneladas de cocaína -2.200 kilos- en un escondrijo bajo tierra, por otra parte apoyado por una muy buena logística de cobertura de almacenaje clandestino, en un predio rural de la zona de Punta Espinillo, en el departamento de Canelones. Seis personas están detenidas y el procedimiento en sí mismo -llevado adelante en Montevideo y en Canelones- permitió desarticular una organización criminal presuntamente liderada por la familia Albín, estableciéndose que la cocaína, valorada en aproximadamente 13 millones de dólares (con un valor en Europa cercano a los 60 millones de dólares), y que estaba prolijamente estibada en el aguantadeo de una chacra en una zona apartada, tenía como destino el mercado europeo, dentro de un contexto criminal que de hecho pauta a las claras (y por enésima vez) que desde hace ya más de 20 años nuestro país hace parte de la ruta del narcotráfico internacional ; una ruta más que bienvenida y por sobre todo muy bien preparada por los elementos criminales involucrados, seguramente algunos de ellos integrantes de la organización italiana de la Regio Calabria ‘Ndrangheta, dado que no por casualidad fue detenido en Montevideo, en el 2017, uno de sus garantes y operadores, Rocco Morabito, quien dos años despúes,y escandalosamente, se fugó de Cárcel Central para ser finalmente capturado más adelante en el Brasil y extraditado a Italia, donde hoy se encuentra entre rejas bajo el régimen de 41 bis. Debemos recordar al lector además que desde hace ya un poco más de una década el Uruguay es también un país de acopio de droga, lo que hace que el panorama sea más grave aún.incautan2

El mecanismo del narcotráfico internacional siguió su curso y los embarques de cocaína hacia Europa se fueron materializando en los años subsiguientes, como si tal cosa.

En estos días, la incautación en cuestión, lejos de ser un éxito circunstancial del gobierno de turno, de impacto mediático, visibiliza dramáticamente el nivel de infiltración criminal que concierne al territorio nacional, siendo en definitiva este panorama la punta de un descomunal iceberg que estaría instalado dentro de nuestras latitudes desde mucho antes de la captura de Morabito, vale decir desde años cercanos al 2005, momento en que esta organización criminal italiana (de hecho con el concurso de ese personaje) hizo estrechos vínculos con elementos del narcotráfico local y regional.

Los coletazos de hoy no son más que la evidencia más contundente de su nivel de penetración en suelo uruguayo, con todo lo que ello implica, presuntamente tanto a nivel del submundo del narcotráfico como de sus inevitables relacionamientos con algunos integrantes -de hecho corruptos- del sistema político, sistema empresarial, financiero y hasta fuerzas de seguridad. No debemos olvidar que la trama criminal es muy intrincada y múltiple, polifacética y en particular multifuncional, cuya pluralidad para facilitar su cobertura y el éxito de las operaciones puede alcanzar niveles de contacto, más que sorprendentes y asombrosos.

Tanto así, que el operativo de Punta Espinillo, podría incluso haber sido fruto de un dato confidencial que estratégicamente pudo haber sido filtrado a las autoridades con un cometido específico, quizás estratégico, y donde lo político no estaróa ausente; pero eso, hasta el momento, no es más que una presunción.

Pero sí queda claro, que cuando nos referimos a este y otros procedimientos, del ayer o del mañana, no podemos ignorar que todos hacen parte de una punta del enorme témpano de hielo que nos sugiere la muy fuerte presencia el narcotráfico internacional en el Uruguay, en la figura del tristemente célebre Sebastian Marset a quien se le atribuye, entre otros males, por ejemplo, ser parte ideológica de la muerte del fiscal paraguayo Marcelo Pecci, asesinado en Colombia hace dos años; y aún sin entrar a profundizar sobre el caso del pasaporte que le fue entregado a Marset en Dubai -con sus consecuencias a nivel internacional para él mismo, ya que permanece prófugo- o sus relacionamientos en la región, y hasta quizás las amenazas de las que fue objeto el ex diputado uruguayo Sebastian Cal, solo por mencionar algunas de las situaciones que conciernen al narcotráfico local, regional e internacional, pero dentro de territorio uruguayo.

No es solo con incautaciones del tenor de Punta Epinillo que se combate el narotráfico, que son bienvenidas; pero pensar exclusivamente así sería como pensar solo en el árbol y no en el bosque, ergo, sería como quedarnos con la punta del iceberg y no con lo que está bajo la superficie de las aguas. Y eso que hay ahí abajo, desafortunadamente, involucra al sistema politico y a otros niveles; porque toda la logística para un almacenamiento de cocaína y su posterior envío allende el Atlántico, implica, sugiere, y significa, un aparato de logística mayúsculo, que va más allá de las personas que cuidan un aguantadero o un escondrijo de droga.

Cargamento bajo tierra y monitoreado todo con cámaras de seguridad

De acuerdo a las informaciones aportadas por el Ministerio del Interior, la chacra en la que se hallaron las 2 toneladas, 200 kilos de cocaína , de la zona de Punta Espinillo era literalmente un centro clandestino de almacenamiento y vigilancia del cargamento, ubicado en una muy apartada zona de muy difícil acceso; un escondrijo prácticamente situado en la parte posterior de un cañaveral y al fnal de un camino de tierra que nace en el Caminp conocido como Basilio Muñoz; los funcionarios actuantes al concretar el operativo constataron que allí residían desde hace unos dos años, una pareja y tres menores de edad. Obviamente, los adultos fueron puestos a disposición de la Fiscalía estableciéndose que la mujer fuera derivada a una institución estatal junto a sus tres hijos.

Se consignó que los envoltorios de la cocaína estaban enterrados bajo tierra, muy bien resguardados, y dentro de una suerte de galpón precario, advirtiéndose además que en el lugar habían cámaras de circuito cerrado; de hecho el cargamento estaba siendo monitoreado convenientemente.

Mismo en el momento del procedimiento policial, a cargo de múltiples reparticiones, se pudo constatar que una parte de la cocaina, estaba literalmente preparada para ser trasladada, se estima, de acuerdo a datos obtenidos por las autoridades, exclusivamente al mercado europeo. Cabe consignar, y recordar, que en el 2019 las autoridades aduaneras habían incautado casi 4 toneladas y media de cocaína pura.

El total de detenidos asciende a seis, todos mayores de edad y uruguayos (cuatro hombres y dos mujeres) y la Fiscal a cargo es la doctora Angelita Romano . En paralelo al operativo en Punta Espinillo se llevaron adelante otros procedimientos; uno en Montevideo y otro más en Canelones.incautan3

Trascendió que entre los detenidos habrían personas vinculadas al grupo criminal conocido como Los Albín, que como se sabe su área de operaciones involucra a los barrios Villa Española, Cerro y Cerro Norte; se supo además que la cocaína habria ingresado al Uruguay en noviembre del año pasado en una avión Cessna, y que en un primer momento estuvo almacenada en un predio rural de Playa Pascual, en el departamento de San José y que desde ahí fue derivada a Punta Espinillo.

El operativo “Nueva Era” se llevó a cabo el domingo y al día siguiente el presidente de la República Yamandú Orsi en conferencia de prensa dió su visión sobre el particular, destacando: “La solidez institucional de Uruguay ha sido una fortaleza y nos dá aún hoy las armas de ser un país donde los niveles de corrupción parecen estar lejanos a los de otros países.Mirar para atrás también nos permite ver cómo esa misma sociedad y ese mismo sistema político que construyó estas fortalezas, no pudo evitar, porque nadie pudo hasta ahora, que el narcotráfico se insertara muy profundamente en el país. Y con el acopio empezaron a aparecer las armas de guerra en manos de muchachos cada vez más jóvenes. Y nos convertimos en uno de los países cuyo consumo de cocaína per cápita nos pone entre los más altos del mundo. Tanto la pobreza como la riqueza pueden ser terrenos fértiles para que el narco florezca. Y una sociedad donde el narco florece, lo que se marchitan son sus instituciones. No será tarea de un solo gobierno, sino del Estado todo. Y no será una acción circunstancial, sino institucional. El enemigo que hoy acecha a nuestras sociedades y a nuestras instituciones es demasiado poderoso para enfrentarlo divididos. Y por eso, habrá que superar las diferencias transitorias y asumir que de este desafío o salimos todos juntos o todos juntos nos hundiremos".

Su discurso, su retórica, y su posición, como jefe de Estado, tiene precisamente el tono institucional y gubernamental, y formal que le corresponde como mínimo, pero en el último tramo habla de un desafío. Pero ese desafío aludido por Orsi atravesó el Uruguay desde hace ya más de 20 años, solo que ese desafío siempre quedaba en el aire, en la dialéctica institucional, mientras que los tentáculos de la ideología mafiosa se consolidaban de tal forma, que no hubo partido político en el Poder Ejecutivo, que quedara libre de haber sido infiltrado. Y de esto hay probadas evidencias; evidencias que una y otra vez desde éstas páginas hemos señalado y apuntado.

Pero no hay caso: no hay peor ciego que aquel que no quiere ver; ni peor sordo que aquel que no quiere escuchar. Y cuando además, hay amnesias en filas de los gobiernos de turno, las esperanzas inexorablemente tienden además a disiparse. Y es cuando la ideología mafiosa, y el narcotráfico local , regional e internacional se infiltran a sus anchas, y lo que es peor, a la vista de todos.Y por eso llegamos a donde llegamos.

¿Yamandú Orsi podrá en su administración patear el tablero criminal del narcotráfico que hoy impera, para que no nos hundamos y para que comencemos a destruir ese enorme iceberg que es la ideología mafiosa?

Una pregunta que nos corresponde hacerla.

*Fotos del Ministerio del Interior