Detenido en Paraguay en el 2023, extraditado a los Estados Unidos el 11 de julio del pasado 2024, acusado de blanquear dinero, Federico Santoro -de 46 años de edad, de nacionalidad uruguayo y además una importante mano derecha, sino la más importante, del narco Sebastián Marset, de igual nacionalidad y actualmente prófugo - hará cuestión de horas fue condenado en el país de Norte a 15 años de prisión como “blanqueador de dinero transaccional para organizaciones narcotraficantes y facilitador del traslado de millones de dólares provenientes del narcotráfico de diversos países de Europa a Sudamérica y otros lugares”.
A través de un comunicado de prensa divulgado internacionalmente se supo “que Santoro y sus cómplices organizaban la recaudación de las ganancias del narcotráfico y utilizaban mensajeros y fichas para entregar de forma encubierta grandes cantidades de dinero ilícito, generalmente en euros”.
“Los cómplices de Santoro se especializaban en introducir el dinero ilícito en el sistema bancario global. Luego, Santoro dirigía la transferencia internacional de los fondos, generalmente mediante transferencias bancarias. Santoro solía ordenar que los fondos se entregaran en dólares estadounidenses y que un banco corresponsal en Estados Unidos facilitara la transacción”.
En lo concerniente al blanqueo de dinero a Santoro, en el texto de prensa difundido, se lo acusa de utilizar empresas registradas, tanto en América del Sur como en Asia “para recibir el producto blanqueado del narcotráfico y ocultar el origen de los fondos mediante la creación de facturas falsas para justificar las transferencias bancarias”.
Se consigna además “que lavó millones de dólares provenientes del narcotráfico y, en menos de cinco meses, dirigió el movimiento de más de US$ 11 millones provenientes del narcotráfico a través de bancos estadounidenses. Como pago, Santoro recibió un porcentaje del dinero ilícito que blanqueó”
En tanto la condena de Santoro es un hecho, también es un hecho que Sebastián Marset sigue prófugo y vaya uno a saber en que “escondrijo”, se estima en territorio venezolano. Su halo de misterio, por él mismo cultivado mediáticamente, parece seguir siendo una de sus principales y más certeras herramientas que lo mantienen no solo en la palestra pública -obviamente solo cuando a él le conviene- sino además en lo más profundo del anonimato en la región y en el mundo. Paradero desconocido, pero de hecho sus actividades no hacen parte de la vida calma, en contrario, hacen parte de una dinámica mucho más presente que nunca, pero siempre en la clandestinidad. Seguramente siguiendo paso a paso todo lo que viene aconteciendo, con su esposa detenida en Paraguay, y ahora con su socio Santoro, condenado en los Estados Unidos.
Sebastián Marset vive así, entre las sombras, abrazado por el halo de la criminalidad, por más que él , aunque aceptándolo, le de a su papel un dejo de benignidad más propio a la vida de un hombre que tiene como medio de vida el delito, pero que en definitiva procura imponerse con una imagen de ciudadano común, como “gente como uno”; una impronta que le fue dibujada en grado máximo cuando fue entrevistado por el periodista uruguayo Ignacio Álvarez en su programa de Canal 4 de Montevideo, quien no tuvo mejor idea que titular el encuentro : “¿Angel o demonio?”; y ya la dualidad, esa en particular, imponía un mensaje a la opinión pública, a nuestro entender nada saludable, y aún sin hablar del contenido de las dos partes del programa , que también tuvo sus bemoles; pero, lo que ahí predominó fue el marketing, y punto;lo ético o no ético de la propuesta periodística, que obviamente tuvo su alto rating, pocó importó a la hora de emitirla. Y eso fue y sigue siendo un aspecto a tomar en cuenta para definir la personalidad y el personaje que és Marset; y por añadidura, también, para conocer al periodista que queriéndolo o no hizo que su profesión fuese funcional al narcotráfico transnacional que hoy está atravesado en América Latina.
Parecería ser que Álvarez por aquellos días y significativamente padeció una curiosa amnesia sobre las víctimas mortales del periodismo paraguayo en manos del narcotráfico local: desde 1989 a la fecha fueron asesinados a balazos por sicarios una veintena de colegas, uno de ellos de nuestra redacción de Antimafia Dos Mil , Pablo Medina.
Ya como mínimo , y solo por eso, a Marset el periodismo regional debería de encararlo en otros términos. Pero esa ya es otra historia, que no es nueva, y que está ahí, entre nosotros.
*Foto de Portada: Diario Ultima Hora de Paraguay