Miércoles 17 Julio 2024

La noticia del fallecimiento, de un ser querido, de un escritor, de un periodista, de un militante de la lucha social. De un ser que se comprometió -en un gran tramo de su vida- y sin titubeos ni remilgos, ni hipocresías, con una causa justa, nos congela el alma, porque nos cuesta admitir que esos seres en algún momento estarán ausentes. Hoy en nuestra redacción recibimos la noticia del deceso -por un agudo quebranto de salud- a sus 94 años, de Nora Cortiñas, a quienes todos en América Latina y en el mundo entero, conocíamos como “Norita”. Y tras este golpe que estamos asumiendo, con tristeza, en nuestras respectivas trincheras de lucha, no puedo evitar traer a mi memoria el momento exacto en que la conocí, en el mes de agosto de 2017, a orillas del río Chubut , en Esquel -la Patagonia argentina- a poco de la desaparición forzada de Santiago Maldonado.

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Con mi amigo José Guzmán, integrante de nuestra redacción en Argentina, fuimos en aquella oportunidad, al escenario de uno de los hechos más execrables cometidos por las fuerzas de seguridad del Estado argentino. Y en esas soledades de un contexto natural donde la tragedia había hecho su paso, cruelmente, en perjuicio del joven Santiago y de las comunidades mapuches de la zona, allí en la Lof Cushamen, sobre la ruta 40, la encontré a Norita.

En una crónica alusiva a esa cobertura, de hace ya unos siete años, en Antimafia Dos Mil escribí con sinceridad, lo siguiente: “Y allí la encontramos a Nora Cortiñas. Pequeña en físico pero con una fortaleza indescriptible en el semblante y en su actitud. Con su pañuelo blanco de Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora en 1986) y la inseparable foto de su hijo colgada al cuello, acompañada por dirigentes de DDHH y por mapuches de Cushamen. Encontramos a una mujer, que ahora entrada en años, estaba en un lugar remoto de la tierra argentina. En la tierra argentina de la Patagonia usurpada a los mapuches por el poderoso hombre blanco, del siglo pasado y de éste. Nora Cortiñas estaba como una luchadora más por los derechos del hombre, acompañando a los mapuches y a Santiago Maldonado. Estaba allí presente, como estuvo presente por años en Plaza de Mayo reclamando por su hijo Carlos Gustavo, detenido desaparecido desde el 15 de abril de 1977. Nora Cortiñas , estaba allí, junto a nosotros, en la Lof Cushamen, desafiando las bajas temperaturas y comprometiéndose como una militante más incondicional en favor de las causas de los DDHH y a favor de la causa de un desaparecido en democracia. Tal como se comprometió con la causa de los detenidos desaparecidos en dictadura, con la sensibilidad y la serenidad que solo puede atesorar solo quien ha sufrido en carne propia la injusticia y el autoritarismo. Aquella fría tarde de agosto del año pasado, así encontramos a Nora Cortiñas, una mujer maravillosa y de una conciencia militante admirable, no obstante su ancianidad”

Por aquellos días Norita tenía 88 años, y la proximidad de los 90, para ella misma, no era un obstáculo para su tenaz compromiso con las causas justas. Y ella misma lo decía, con cierto tono de humor. Norita sabía de sus años ya maduros pero no por ello se sentía en desventaja. En contrario, su fuerza era increíble.

Hay una imagen que no podré borrar de mi mente y la atesoraré siempre: Norita está sentada, al resguardo de una vivienda de la comunidad mapuche que fuera destruida en la represión , luciendo su pañuelo blanco, llevando la foto de su hijo desaparecido colgada de su cuello, en diálogo militante con quienes sufrieron la violencia estatal en la Lof Cushamen, a muy pocos días de la desaparición forzada de Santiago Maldonado; está rodeada de integrantes de organizaciones de DDHH y en la escena, estamos quien escribe estas líneas y José Guzmán, cámara en mano, registrando juntos este testimonio, de su presencia, de su compromiso. Como era Norita misma, un compromiso ejemplar, sin restricciones, sin medias tintas.

Años después nos encontramos en Plaza de Mayo, y recientemente la vi -ya en silla de ruedas- en una de las salas anexas del Congreso, en un evento relacionado con la denuncia de violaciones a los derechos humanos, bajo la administración Javier Milei ,convocado por la diputada MIryan Bregman.

Hoy, que debo escribir sobre ella, me cuesta mucho tragar el sabor amargo de su deceso. Me cuesta, porque no puedo desprenderme de su presencia militante, que siento -y muchos estarán de acuerdo conmigo, estoy seguro- será eterna. Pertenecerá a la eternidad. Porque la veremos siempre en cada una de las trincheras de esa Argentina en lucha, contra un poder gubernamental desquiciado (el de Javier Miei) y de nuestra Sudamérica desangrada por los autoritarismos, las injusticias sociales, y por si fuera poco, el crimen organizado.

Los reconocimientos a su persona y a su militancia sobrevendrán por toneladas, en América Latina y en el mundo. Serán su marco de despedida. Una despedida imaginaria, porque Norita estará siempre entre nosotros. Y no es solo una mención metafórica. No es solo. Es, especialmente, una ecuación histórica, inexorable. Es una obligación ética. Una suerte de ley universal, tratándose de una mujer que fue ante todo, una emblemática luchadora universal, que supo asumir con entereza su propio dolor, para luego, emprender el camino por la resistencia, por los desaparecidos de su tierra y por todas las causas sociales y justas que se fueron cruzando por su vida.

Y fue en medio de uno de esos compromisos que la conocí en la Lof Cushamen. Hablé con ella y la observé, con mis propios ojos, abogando,y testimoniando, con autoridad moral y ante todo, con mucha conciencia, por la causa de Santiago Maldonado, marcando con su presencia, que ella hacía parte de esa movilización, tanto o más como lo hacía con la causa de las Madres de Plaza de Mayo, junto a otras mujeres emblemáticas e históricas como ella, referentes de una lucha, que todavía continúa.

Nora Cortiñas ha sido ejemplar para las nuevas generaciones y su legado militante es indescriptible y no alcanzarán los escritos de colegas, o las expresiones de otros luchadores como ella, y que estuvieron codo a codo con ella, para resumir o si acaso para entender que físicamente no la podremos disfrutar.

Pero todos nosotros, y eso es un hecho inamovible, la hacemos parte de nuestro fuego, el que ella fue alimentando hace más de 40 años, para poder tener la fuerza de seguir en la lucha. Norita, insistiremos, es eterna. Es nuestra. Esta en cada uno de nosotros.

Y ya solo por eso, ya solo por mencionarla, ya solo por llevarla en nuestra piel, en nuestro corazón, en nuestros pensamientos Norita estará siempre presente. Siempre, siempre, siempre.

Decirte gracias Norita, es poco, muy poco, a todo lo que nos has dado, y nos seguirás dando.

Más de 40 años de lucha y resistencia

Todo comenzó y se profundizó un 15 de abril de 1977 cuando Gustavo Cortiñas, un militante del Partido Justicialista y de la organización Montoneros en la Villa 31, fue detenido y desaparecido en Castelar, provincia de Buenos Aires, cuando trabajaba en el Ministerio de Economía de la Nación. Es ahí cuando su madre, Nora Morales de Cortiñas (22 de marzo de 1930), una psicóloga social y profesora de la facultad de ciencias económicas de la universidad de Buenos Aires comienza a andar por los caminos de una acérrima militancia.

Previamente otro hecho conmovería y motivaría a extender la lucha de Nora hacia otros casos de familiares desaparecidos. En los comienzos de los 70, Carlos Cortiñas, esposo de Nora, que militaba junto al Padre Carlos Mujica en la Villa 31, fue secuestrado en la estación de tren de Castelar en la Provincia de Buenos Aires.

“Estamos luchando no solo por los desaparecidos, no solo por la verdad, la justicia y la memoria. En este recorrido nosotras aprendimos a retomar las luchas sociales que tenían nuestros hijos…En síntesis, donde hay una necesidad, donde hay un reclamo, una lucha, ahí están las madres”, fueron simples palabras que se desprendieron de una de sus reflexiones, y que representan su Rosario cotidiano.

Desde ese shockeante 1977 Nora Cortiñas formó parte de la agrupación de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora que reclama justicia contra los culpables de secuestros, torturas y desapariciones forzadas de al menos 30.000 personas en la última dictadura cívico-militar entre 1976 y 1983.

Las Madres y su ícono viviente Norita, viajan por todo el continente transmitiendo toda su fuerza a las causas comunes del pueblo latino. Nora mostró su apoyo al movimiento Ni Una Menos desde junio de 2018 y se pronunció a favor de la causa del aborto legal. Además, sus trabajos catedráticos la llevaron a realizar estudios acerca de las conexiones entre dictadura, deuda externa y crisis económica.

La representante de Madres fue fuente de inspiración de artistas de toda índole. En su nombre fueron publicadas canciones, poemas y libros.

Como figura ejemplar fue Doctora Honoris Causa de la Universidad Libre de Bruselas, Bélgica desde el año 2000 y la universidad nacional de Entre Ríos en 2019. También recibió la misma distinción desde la Universidad de Salta en 2004, por su trayectoria en defensa de los derechos económicos y sociales de la población argentina.

En 2012, la Universidad de Buenos Aires la distinguió con la misma mención, en ese entonces dijo: “es un abrazo, fuerte, fuerte, que lo comparto con mi familia y que le dedico a Gustavo, mi hijo, a quien hoy le hice una ofrenda, al presentar un habeas corpus como muchos que presenté por años desde el primer día en que se lo llevaron (...) Quiero compartir esta distinción con las madres que fueron llevadas por la dictadura, desde la iglesia de la Santa Cruz a la ESMA; con todas las madres compañeras de lucha”.

Dentro de su angustia que supo convertir en lucha, empatía y solidaridad, Nora Cortiñas, a sus 94 años siguió activa, en su silla de ruedas, asistiendo a las históricas rondas en Plaza de Mayo, participando con las mismas ganas en todas las instancias, en la calle y en los escenarios, saludando a todos con una gran sonrisa y transmitiendo esperanzas y valentía.

*Foto de Portada: www.diarioconvos.com

*Foto 2: Antimafia Dos Mil