Domingo 23 Junio 2024

“Autopsia sobre lo impune”

Termina la función y se aplaude con mucha fuerza; con esa intensidad que te sale del alma. Tres actrices en el escenario del Teatro Solís saludan al público. Acabamos de ver la historia de vidas jóvenes, de los años 70, cercenadas por el terrorismo de Estado uruguayo.

Ese terrorismo de Estado que hizo que las jóvenes Silvia Reyes, Laura Raggio y Diana Maidanik, de entre los 19 y 22 años, fueran masacradas a balazos, por la represión, hace 50 años. La cobarde represión de la época, que hoy sigue siendo una amenaza. Una flagrante amenaza, porque estar en plena democracia no es garantía para estar convencidos de que esto no se habrá de repetir. Con el plus,además, de que sobre este hecho, conocido como el caso de las Muchachas de Abril, del 21 de abril de 1974, estuvo sistemáticamente cubierto por el manto de la impunidad, prácticamente desde que se hicieron los primeros disparos. Esos disparos que sobresaltaron a los vecinos; y ese olor a pólvora y carne humana quemada, sumiendo en el pánico y en la impotencia a quienes fueron testigos involuntarios de los hechos.

El espectador sabe perfectamente de qué trata la obra teatral . Sabe la historia de las Muchachas de Abril. Es más, sabe lo que significa ese episodio de muerte y de represión, que desmoronó -hasta hoy- la calma del barrio Brazo Oriental, y en consecuencia, desde la butaca lo ve con el sentimiento y con la razón. Otea en cada una de las escenas, y busca afanoso definir, y rotular la forma en la que tres actrices profesionales y un avezado director teatral, dan forma a la verdad de un hecho histórico. El espectador, desde la primera escena -de la primera parte de la puesta en escena- viaja en el tiempo e imagina. Y cada parlamento que oye, cada movimiento que ve, de las tres jóvenes, lo hace vibrar y lo deja congelado en el tiempo, procurando atrapar en su piel cada microcosmos escénico, para adosárselo al suyo propio, porque el detalle de que conoce la historia, lo lleva a imaginar el momento en el que, luego de diálogo, de esa calma aparente sobrevendrá la tragedia. Ese momento llave de una historia de infamia y de terror. Esos instantes de estruendo macabro desatando el infierno,con una previa en la que -con la frescura militante de esa generación- las tres jóvenes, una de ellas en cinta, viven su lucha,su pasado y su presente, sin sospechar que a muerte está acechando extra muros, amparada en las sombras de la nocturnidad.

Y es ahí cuando la dramaturgia -de Verónica Mato y de Fernando Parodi- hace su carta de presentación, con lucidez escénica, con dinámica- y deja atónito a todos. Hubo destreza y fluidez en conectar la otra historia de la historia, con las historias fragmentadas de una autopsia. Literal, la autopsia de una impunidad lacerante, desgarradora.La historia del después, que es la historia de hoy. La realidad sobre tablas.

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El espectador se acomoda en la butaca y sigue paso a paso, cada circunstancia del relato, en el que a través lenguaje teatral atravesado por lo histórico, se avanza y se avanza, para ilustrar al espectador sobre un contexto dramático, formal y científico, desgranando los pormenores de una tragedia, que ya no pertenece a las tres jóvenes, sino a las tres actrices, que ya libres de su papel, sirven a la historia de un caso que se desnuda al público en su fibra más íntima. Y no hay excusas válidas, que puedan surgir desde la platea, para no entender el mensaje, fusión de arte teatral, audiovisuales,información. En definitiva la realidad de un caso del terrorismo de Estado, cincuenta años después.

Es que de la impunidad trata esta obra, cuya dramaturgia, por la solvencia y la fuerza, que posee cada una de sus secuencias, definitivamente pertenece ya a la comunidad humana que la ve, que la disfruta, en el sentido de entender -a conciencia- qué puede dejar al espectador, una historia real de muerte y de revolución, de militancia y de juventud. Una historia que nos subleva, nos conmueve y nos lleva a la resistencia. Al más inenarrable estado de repudio y de indignación, frente a los hechos, uno de tantos de aquellos días.

¿Cuántas historias del terrorismo de Estado en el Uruguay aguardan pacientemente ser transportadas a las salas del teatro comprometido, con artistas comprometidos, como en este caso las actrices Susana Souto, Camila Vives y Valeria Fontán? ¿Cuántas? Las historias sobran.

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“Autopsia sobre lo impune” es un alegato, más que una pieza teatral. Es una muy buena denuncia, muy bien adaptada a ésta época de culturas de impunidades, de tergiversaciones de verdades, de autoritarismos; es un muy bien logrado arte teatral militante; es una muy buena oportunidad de ver que lo actoral se abraza incondicionalmente, ya no al texto en sí mismo, sino a la idea, al mensaje, a la sustancia de una historia que no es una ficción, que es más bien, una muy dramática página de la historia de los uruguayos que resistieron a la casta militar, y a la casta política que le fue servil, lisonjera y funcional.

“Las muchachas de abril” es el rótulo del imaginario popular, de un hecho trágico; es el titular de un asesinato múltiple; es el desafío, que encaró cada una de las actrices; y es el desafío que se plantea a boca jarro al espectador, para que lo transforme y lo mute, y lo divulgue , y lo haga suyo, para preservarlo del olvido; para preservar la memoria.

“Autopsia sobre lo impune” ha sido y es, y será, una obra de teatro, que no debe ser ignorada; a la que no se la debe dar a espalda , porque es resistencia sobre las tablas, y no es historia banal, ni mucho menos inventada.

Verla, transformarla en nuestro microcosmos para volcarla al gran universo de la indiferencia, y hacerla respetar es una obligación ética, un compromiso militante. Sencillamente porque Silvia, Laura y Diana fueron ellas en la voz y en la presencia de Susana, Valeria y Camila. Fueron ellas, por sí mismas. Libres y eternas.

Presentes entre nosotros, porque el arte teatral se adueño de ellas y ellas del arte teatral, para la denuncia eterna (*).

 

(*) Funciones en el mes de junio los días 18, 19 y 20 de junio, a las 20:30 hrs en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís.

 

*Foto de Portada: Ana Tassino

*Foto 2: Facebook

*Foto 3: Ana Tassino